domingo, 28 de agosto de 2016

Dios nos trajo desnudos al mundo, no con un taparrabos indecente

Como bien saben saben nuestros queridos lectores (y si no lo saben se lo decimos nosotros), la ola veraniega de burkinis ha sido la noticia más importante del mes, con diferencia, porque es la mayor amenaza que pende sobre sobre nosotros como una auténtica espada de Damocles.

Pero puestos a acabar con esta moda canicular, el burkini nos ha hecho olvidar otros riesgos no menos importantes para Europa, como las bermudas, el nudismo, las chanclas, el top less, el after sun y un largo etcétera que no deberíamos descuidar.

Veamos la magnitud de las agresiones que padecemos: la semana pasada una madre de familia decidió meterse en el agua de la piscina municipal de Vence, en Francia, con su pareo atado a la cintura. Seguro que el lector jamás en su vida ha visto tamaña desvergüenza ni ataque a nuestras costumbres cristianas, europeas e incluso occidentales.

Afortunadamente en Francia los organismos públicos, como los ayuntamientos, la policía, el Senado o el Consejo de Estado, velan por los problemas éticos y estéticos de sus votantes, a los que el común de los mortales no presta la atención que merecen.

Además, la desvergonzada madre de 36 años portaba un bikini, por lo que en total suman tres piezas de ropa encima de la piel. Es posible que, “ex abundantia”, también cubriera su cabeza con un gorro de plástico (las crónicas no lo dicen), pero el caso es que los trabajadores de la piscina consideraron que aquello era excesivo y la obligaron a salir del agua.

La mujer no se acomplejó y los trabajadores, por su parte, tampoco se cortaron: llamaron a la policía, que se presentó al borde la piscina al más puro estilo wahabita para convertirse en una policía de la moral, las costumbres lugareñas, el decoro público y los buenos modales, en general.

El follón fue de tales dimensiones que, faltos de noticias sobre atentados yihadistas, en los siguientes días los medios llenan sus espacio con entrevistas a personajes de sainete, como el alcalde de la localidad, Loic Dombreval, que defiende la actuación de la policía porque la vestimenta de los bañistas debe ser “adecuada y decente”.

Falto de otras preocupaciones, que no existen ni en agosto ni el resto del año, el alcalde continúa afirmando a la prensa que un pareo, aunque sea de licra, “no es un vestido de baño tradicional” como exige el reglamento de las piscinas municipales.

Si, es cierto: el ayuntamiento se molestó en aprobar un reglamento para las piscinas en el que, entre otros asuntos importantes, indica cómo deben introducirse en el agua los bañistas y, posiblemente, también cómo deben tomar el sol, la largura de las bermudas, el ancho del tanga, el radio de la sombrilla, etc.

Pero ya saben cómo son de perspicaces los reporteros, que indagan hasta buscar un ejemplar del reglamento de las piscinas municipales y por más que buscaron, no encontraron en qué artículo se prohibía el pareo.

Los periodistas no han entendido nada de la canción del verano: la prohibición del burkini lo ha prohibido todo. No hace falta consultar el Código de Buenos Modales ni nada parecido.

Pero eso no acaba ahí. Tras comprobar que el pareo no está prohibido en el reglamento, los periodistas vuelven al día siguiente a preguntar al alcalde, quien responde lo siguiente: “Si el reglamento presenta algunos fallos, responderemos a ello”.

Tiene razón el alcalde: también en Francia a veces se les olvida prohibir algo. En las siguiente elecciones no debemos votar a quienes sólo prohíban el burkini; votemos a quienes lo prohíban todo, de una vez y para siempre.

Fuente: http://www.lepoint.fr/societe/burkini-viree-de-la-piscine-a-cause-de-son-pareo-26-08-2016-2064001_23.php

No hay comentarios:

Publicar un comentario