jueves, 7 de julio de 2016

‘¿Qué supone el Brexit para los judíos’

Carlo Strenger, un comentarista del diario israelí Haaretz, se pregunta en su columna por las repercusiones del Brexit sobre Israel: ¿qué supone para los judíos?, ¿es bueno para Israel? Sólo le faltó preguntar: ¿qué hay de lo mío?

Lo debería saber. La respuesta la dejó clara el primer ministro Cameron poco antes del referéndum, cuando dio un mitin en la sede de la organización caritativa judía “Jewish Care” en el que concluyó que si el Reino Unido permanecía en la Unión Europea sería bueno para Israel.

¿Por qué? Lo siguió explicando el propio Cameron: el Reino Unido es “el mejor amigo de Israel”, la salvaguarda de los intereses israelíes en la Unión Europea, el seguro que bloquea cualquier polémica hostil hacia el Estado hebreo, que se opone al boicot a las exportaciones israelíes, a las desinversiones y a las sanciones. “¿Queréis que salgamos de la habitación, que no podamos influir sobre el debate que haya”, preguntó Cameron a los judíos británicos.

En su mitin el primer ministro también puso a Irán encima de la mesa y prometió que si el Reino Unido permanecía dentro de la Unión Europea, estaría en mejores condiciones para impedir que Irán fabricara armas nucleares.

No se puede explicar mejor la política que durante decenios han implementado los británicos en Oriente Medio, impidiendo cualquier clase de ataque hacia Israel, ni siquiera en un debate, es decir, ni una sola información negativa en los medios de comunicación.

La mejor muestra fue la defensa cerrada que en 2014 hizo el propio Cameron de Israel durante la salvaje agresión contra la población de Gaza, en la que fueron asesinados 2.200 palestinos.

No es nada nuevo dentro del partido conservador, cuyas posiciones contrastan con las de Corbyn y los laboristas, que han calificado a Hamas y Hezbollah como “nuestros amigos”.

Las posiciones de Corbyn eran conocidas antes de que en setiembre se pusiera a la cabeza de los laboristas. Desde entonces se inició la típica campaña intoxicadora de las prensa británica en su contra: los laboristas son antisemitas. Es la típica “polémica” orquestada artificialmente para concluir que los laboristas son como los nazis.

Es lo mismo que ha venido haciendo la caverna mediática en España con Podemos, acusándoles de chavistas y pro-iraníes, obligando a Iglesias y sus compinches a ponerse siempre a la defensiva, a justificarse, a dar explicaciones innecesarias y, en definitiva, a obligarles a hacer lo que más les gusta: bajarse los pantalones a la mínima.

Desde setiembre en el Reino Unido ha ocurrido lo mismo con los laboristas, lo que ocurre es que un periodista de investigación, Asa Winstanley ha descubierto lo que ya sabíamos de antemano: que la campaña estaba orquestada por un grupo de presión sionista, que había emprendido una “caza de brujas” cuyo destino era siempre el mismo: toda lucha contra el sionismo es una lucha contra los judíos (no sólo los de Israel sino todos los judíos del mundo).

Aunque nadie se ha preocupado por ponerlo de manifiesto, el referéndum sobre el Brexit se ha desenvuelto en este contexto turbio de agresividad e intoxicación por parte de la prensa británica, un verdadero clima de terror en el que el fascismo, el racismo, el patrioterismo y la xenofobia tienen su mejor caldo de cultivo.

Como todos los reformistas, los laboristas han sucumbido a esta presión, demostrando la manera que tiene la burguesía monopolista de domesticar las veleidades de los que hablan de cambiar algo, hacer algún gesto, aunque sea mínimo.

Los laboristas llamaron a permanecer en la Unión Europea y también han sido derrotados. Bruselas es el principal socio comercial de Israel, a pesar de las fuertes críticas que Netanyahu ha lanzado en su contra, acusándola también de... antisemitismo y llamando a los judíos europeos a emigrar a Israel, que debe ser el único país del mundo que acepta encantado a los emigrantes... o por lo menos a cierto tipo de emigrantes.

Las críticas israelíes hacia la Unión Europea conciernen, primero, al acuerdo nuclear con Irán. Pero también al boicot europeo a los productos fabricados en las colonias judías construidas ilegalmente en tierras palestinas. Según los nuevos reglamentos de Bruselas, los productos fabricados en dichas colonias deben ser etiquetados de manera que se pueda conocer su origen, lo que impulsó en toda Europa la campaña de boicot total a Israel.

Ambas decisiones han conducido a que Israel no considere a la Unión Europea como un aliado fiable y a que Cameron tratara de asumir en Bruelas un papel más propio de un grupo presión israelí que de un país socio.

Pero la salida de la Unión Europea ha servido también para poner en marcha uno de los argumentos favoritos de cualquier tipo de burguesía: el chantaje y la guerra sucia. Una ONG sionista, llamada Regavim, que defiende los intereses de los colonos judíos en Jerusalén este y la Cisjordania ocupada, divulgó un vídeo falsificado en el que un combatiente palestino enmascarado que decía pertenecer a “la banda de Gaza dirigida por Hamas”, llamaba a los británicos a permanecer en la Unión Europea porque ésta “defiende a los palestinos”.

Los referendums y las elecciones burguesas son como la burguesía misma. Vale todo: la mentira, el engaño, el fraude, el chantaje, la burla... “El fin justifica los medios”.

Regavim es uno de esos submarinos de última generación que el imperialismo ha puesto en funcionamiento desde la caída del Telón de Acero en 1990, a medio camino entre la típica ONG y el típico grupo de presión, o sea, de chantaje, que encuentra en los medios de comunicación repugnantes, como los británicos, su caldo de cultivo ideal.

A medida que la Unión Europea adoptaba medidas inconvenientes para los sionistas, estos se han puesto en marcha con los instrumentos en cuyo manejo son maestros. No perdonan ni una, ni siquiera aunque se trate de un aliado tan fiel durante decenios, como Bruselas.

Ahora, sin dejar del todo de castigar a la Unión Europea, Israel tiene que buscar alternativas, empezando por el Reino Unido. Pero los sionistas no ponen todos sus huevos en la misma cesta. mantienen un papel destacado en el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

Por su parte, la llamada “autoridad palestina” no es que no tenga dónde poner sus huevos; es que no tiene huevos.

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