martes, 12 de julio de 2016

La Unión Europea es el Cuarto Reich

El Brexit hubiera podido convertirse en un buen momento para explicar lo que realmente es la Unión Europea, pero el repertorio de argumentos de los diversos colectivos, especialmente los reformistas, nos ha vuelto a decepcionar. De ellos siempre esperamos mucho más.

Afortunadamente, cuando ya habíamos arrojado la toalla recibimos el artículo de Wayne Madsen publicado ayer en “Strategic Culture” impecablemente titulado “De Bilderberg al Brexit: la historia de un fracaso anunciado” y subtitulado “Los arquitectos de la Unión Europea, los nazis y sus colaboradores concibieron y levantaron el Cuarto Reich”(*).

Madsen cuenta lo que nadie: que el origen de la Unión Europea está en el Tercer Reich, aunque con un “aura decididamente democrático”. La Unión Europea surge de la Comunidad del Carbón y del Acero, formada por seis países en 1951, un proyecto del luxemburgués Robert Schuman, un político francés que sirvió a las órdenes del mariscal Petain durante la Segunda Guerra Mundial, a su vez aliado del III Reich.

Tras la guerra, a Schuman le despojaron de sus derechos políticos por colaboracionista, aunque luego el general De Gaulle le rehabilitó. Entonces Schuman volvió a lo suyo, a recrear un versión corregida del III Reich para Europa.

Para completar el proyecto, Schuman preconizó una alianza militar que proporcionaría fuerza al “Pequeño Reich”: el Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

A Schuman le ascendieron, nombrándole ministro de Asuntos Exteriores y luego Presidente del Gobierno. Sus colaboradores en el proyecto europeo eran Jean Monnet, un agente de la OSS y luego de la CIA, y el canciller alemán Konrad Adenauer que, como alcalde de Colonia antes de la guerra y Presidente del Consejo de Estado prusiano, suministró a los nazis importantes ventajas, comprendidas las de dejar que ondearan sus banderas en el ayuntamiento de la ciudad.

Otro padre fundador de la Unión Europea fue Walter Hallstein, un abogado alemán que perteneció a un grupos de profesionales nazis y que combatió con la graduación de teniente en una regimiento de artillería de la Wehrmacht en el norte de Francia.

A Hallstein le capturaron los aliados, que lo trasladaron a un campo de prisioneros de Mississippi hasta el final de la guerra.

Los libros de historia y la Wikipedia se esfuerzan por blanquear a la biografía de los padres fundadores de la Unión Europea, escribe Madsen, como el príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld, un alemán que se casó con la princesa Juliana de Holanda.

Bernhard era miembro del partido nazi en Alemania, oficial de la policía montada de las SS y de su cuerpo motorizado. En 1940 los colegas nazis de Bernhard, como Himmler, diseñaron los primero fundamentos de una moneda común europea, precursora del euro.

Tras la guerra el príncipe siguió siendo un ardiente defensor de la unidad europea y en 1954 apadrinó la primera reunión de los federalistas del Viejo Continente y sus aliados atlantistas de la OTAN en el Hotel Bilderberg, en Holanda. Desde 1954 la conferencia anual en el Hotel Bilderberg promueve una unidad de Europa bajo los auspicios de Estados Unidos y la  OTAN.

Los proyectos de incorporar a los países del este de Europa fueron diseñados por el otro cofundador del grupo Bilderberg, Josef Retinger, un miembro del gobierno polaco en el exilio en Londres durante la guerra. Las organizaciones armadas que combatían la ocupación nazi en Polonia sobre el terreno trataron de ejecutarlo durante una de sus visitas clandestinas.

Tras el Brexit, recuerda Madsen, los jerarcas de Bruselas como Juncker y Schulz han invocado la teoría nazi de las represalias colectivas para justificar la imposición de represalias draconianas contra quienes pretendan seguir el ejemplo británico, incluido el despido de miles de funcionarios británicos que trabajan en las instituciones europeas y la eliminación del inglés como idioma oficial de trabajo, olvidándose de que Irlanda, Malta y Chipre siguen siendo una parte integrante de la Unión Europea.

El Reino Unido no es el primer país en manifestar su deseo de abandonar la Unión Europea. Groenlandia ya ha votado dos veces en esa dirección, la primera cuando en 1973 Dinamarca se incorporó y otra en 1979, cuando definió su estatuvo interno. Lo mismo sucedió tras la crisis financiera en Islandia, que también votó contra la Unión Europea. Finalmente, el año pasado un 60 por los griegos votaron también contra las imposiciones financieras de Bruselas para seguir dentro del euro.

(*) http://www.strategic-culture.org/news/2016/07/02/the-eu-architects-nazis-and-nazi-collaborators.html

1 comentario:

  1. Bueno, un IV Reich del capital monopolista otánico-sionista, con sede en Wall Street, que tiene en la OTAN su brazo armado. Irlanda optó por el irlandés como idioma oficial dentro de la UE. Malta por el maltés y Chipre por el griego. No hay razón para que en la UE se siga empleando el idioma de tenderos y usureros, inglés. Aunque poco me importa lo que hagan los burócratas del capital.

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