lunes, 18 de julio de 2016

La doctrina del chivo expiatorio

A los intoxicadores el atentado de Niza les ha servido para inventarse dos novedades argumentativas para hacernos creer lo más increíble que nadie pueda imaginar. La primera es la “radicalización exprés” y viene de la mano del ministro francés del Interior, Bernard Cazeneuve. La segunda, la del “chivo expiatorio”, procede del propio Hollande.

Hablaremos hoy de esta última, que surge a las 3:52 minutos exactamente del 15 de julio, es decir, inmediatamente después de la matanza de Niza y procede de un tweet en la cuenta personal del Presidente de la República, que dice así literalmente: “Vamos a intensificar nuestros ataques en Siria y en Irak. Continuaremos atacando a quienes nos amenazan”.

Unas horas después, a las 20:15 el primer ministro Manuel Valls declaró a France 2 que el autor de la masacre “es un terrorista, sin duda vinculado al islam radical”. No tenía ninguna clase de dudas.

Deducimos de estas declaraciones que los dos máximos mandatarios franceses ya tenían tomada una decisión antes de la matanza de Niza porque -según dijo la policía- el sujeto que la cometió carecía de antecedentes penales. Si eso es verdad, ¿cómo establecieron Hollande y Valls de manera instantánea el vínculo entre el delincuente y el Califato Islámico?

Ese vínculo no existe, es todo mentira, el atentado de Niza no tiene nada que ver con el Califato Islámico, cuya invocación es como un ritual de vudú moderno. Pero ahora estamos intentando razonar como esos perturbados mentales de políticos y periodistas.

Veamos. La prensa imperialista todavía no ha logrado encajar bien ese vínculo, no saben cómo vendernos esa moto, la de la conexión entre las guerras de Oriente Medio y los salvajes atentados en Francia, Bélgica, España (atentados de Atocha) y otros países europeos. Incluso hay quien niega esa conexión.

Pero si existe, como asegura Hollande, es decir, si Francia está metida hasta las cejas en una guerra, ¿qué otra cosa pueden esperar de ella sino muertos?, ¿se ha inventado una guerra en la que algún bando sólo va a matar y no a morir?, ¿el bombardeo de un avión francés sobre un barrio de Alepo es insignificante en comparación con la matanza de Niza?

Es más, lo que Hollande asegura es que la solución a las matanzas que están ocurriendo en Francia es intensificar los bombardeos sobre Siria e Irak, o sea, provocar nuevas matanzas.

Supongamos que la de Niza ha sido cometida por alguien vinculado al Califato Islámico. Sabemos que el gobierno francés había apoyado pública y expresamente a los yihadistas que se levantaron contra el gobierno de Siria.

También sabemos que los mayores golpes (los únicos) contra el yihadismo proceden del gobierno sirio y sus aliados, es decir, Hezbollah, Irán y Rusia.

Entonces, ¿por qué las ciudades de Francia y Bélgica se han convertido en un objetivo para los ataques yihadistas?, ¿por qué eso no está ocurriendo en las calles de Rusia?

Si como se ha demostrado los Estados del Golfo (y otros como Turquía) apoyan, arman, financian y organizan a los yihadistas, ¿por qué sus víctimas (Francia, Bélgica) nunca alzan la voz contra ellos?

Respuesta: porque el Califato Islámico es el chivo expiatorio de los crímenes del imperialismo en los últimos años, no sólo de los que se vienen cometiendo en Siria o Irak, sino en Afganistán, Libia, Camerún, Somalia, Yemen o Mauritania.

Tras los primeros atentados del año pasado contra la revista Charlie Hebdo y luego contra la sala de fiestas Bataclán, el gobierno francés ha impuesto y prorrogado el estado de emergencia, ha aprobado una ley antiterrorista y ha sacado el ejército a patrullar las calles.

Ya que las leyes represivas permiten tanta manga ancha, algunas voces empezaron a hablar de cerrar las mezquitas salafistas en Francia, detener a algunos imanes, incautar las publicaciones seudoislamistas y otras medidas parecidas, mucho más baratas que lanzar bombas en Alepo, Idlib o Damasco.

No se ha producido absolutamente nada de eso. Tampoco se han iniciado medidas diplomáticas contra Arabia saudí, Qatar u otros países del Golfo. Ni siquiera un comunicado de protesta, ni una retirada de embajadores... Ni una sola acción, siquiera de naturaleza simbólica. Nada de nada.

La política francesa se reduce a dejar hacer al chivo expiatorio. Es absolutamente increíble que en una calle céntrica abarrotada de policías, a ninguno de ellos se le ocurriera, siquiera, disparar a las ruedas del camión para detenerle. No era tan difícil: el camión recorrió dos kilómetros, nada menos.

No hay modo de saber los motivos por los cuales el camión se detuvo finalmente y el interés de la policía por acribillar a disparos la cabina del conductor, mientras que ninguna de la ruedas tiene ni un solo impacto. Parece que la preocupación de la policía nunca fue detener el camión sino matar al conductor, seguramente para asegurar su silencio. Es un hecho incuestionable que coincide con los atentados de enero y noviembre del año pasado, donde todos los autores han muerto a manos de la policía (excepto Sébastien Sarron, que en abril de este año fue suicidado en la cárcel).

Francia no ha hecho nada contra el yihadismo y en el futuro tampoco va a hacer nada. Necesita al chivo expiatorio para seguir construyendo un Estado fascista que le permita seguir imponiendo reformas laborales y hacer frente a la guerra imperialista. Por las buenas o por las malas.

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