sábado, 16 de julio de 2016

La caída del Imperio Otomano

Juan Manuel Olarieta

Suele decir Enrique Martínez Montávez, un sabio en estos asuntos, que cuando se habla de Oriente Medio hay que tener en cuenta el componente local, el regional y el internacional. Es lo que corresponde también al analizar el intento de golpe de Estado en Turquía, un Estado que, no lo olvidemos, apenas tiene un siglo de historia y que no hereda al Imperio Otomano, como se supone, sino que se enfrenta a él.

La guerra del Imperio Otomano contra la Turquía republicana fue una verdadera yihad, declarada por las cofradías sunitas contra Mustafá Kemal, llamado Ataturk, el padre de los turcos.

Los comunistas turcos no sólo no tienen la misma concepción del kemalismo, sino que sus posiciones están radicalmente enfrentadas. Hay quien le considera un revolucionario y quien le considera un reaccionario. Hay quien ve la botella medio llena y quien la ve medio vacía.

Pocos Estados modernos se han construido en una guerra permanente consigo mismos como Turquía, de lo que son buena prueba los cuatro golpes de Estado que se han sucedido entre 1967 y 1997, uno cada diez años, en los que los militares siempre han tenido un protagonismo estelar.

El moderno Estado turco es un ejército gigantesco o, dicho de otra manera, el ejército turco es un Estado dentro del Estado. Su fundador desislamizó el país hasta límites que hoy son difíciles de imaginar. Abolió el sultanato y el califato de Estambul, convirtió a la mezquita de Santa Sofía, una de las mayores del mundo, en un museo, abolió “la sharia”, prohibió el velo y las llamadas en árabe de los almuecines en las mezquitas, sustituyó el alfabeto árabe por el latino...

Desde 2002 Erdogan, el AKP y los islamistas gobiernan un Estado que no es el suyo. Son un caballo de Troya, una de las mejores ilustraciones que se pueden poner encima de la mesa para que los reformistas entiendan que el Estado no es un instrumento, ni una herramienta, y que estar en el gobierno no es estar en el poder, como ellos imaginan.

El golpe ha fracasado porque Erdogan aún cuenta con el apoyo del imperialismo. Es otra de las demostraciones de que el origen del moderno islamismo político, desde Afganistán hasta Siria, es otro producto de importación para el mundo islámico.

Es la OTAN la que ha puesto al ejército turco a la defensiva y desde el gobierno Erdogan lleva implementado, por su parte, una purga sistemática de los kemalistas en el interior de sus filas. En 2005 suprimió los poderes políticos del MGK (Consejo Nacional de Seguridad).

Ahora las purgas se intensificarán como consecuencia del fracaso del golpe y los fieles islamistas de Erdogan entrarán en sustitución de los militares golpistas.

Pero las purgas de Erdogan no se han detenido en las fuerzas armadas, sino que se han extendido a otros sectores, como los medios de comunicación o el aparato judicial. Son muchos los que han ido a parar a la cárcel y sobre el resto pesa una amenaza permanente de represalias y despidos.

Tras el golpe llega el contragolpe de Erdogan, que se ha propuesto acabar con los últimos restos de la República laica kemalista. Al imperialismo la liquidación le ha salido mucho más barata que en otros países.

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