domingo, 3 de julio de 2016

El medio es el mensaje también en las elecciones

El ministro Margallo con Manolo el del Bombo
Juan Manuel Olarieta

Si la lucha de clases es el motor de la historia es porque cada uno de los acontecimientos sociales y políticos que se suceden forman parte de esa lucha, lo que no sólo significa que hay dos partes sino, además, un choque entre ellas.

Una explicación -teórica o retórica- sobre cada uno de los acontecimientos de esa lucha de clases, refleja la misma lucha de clases, muestra un punto de vista sobre ella y también un posicionamiento, esto es, una toma de partido. Cuando alguien dice que no toma partido, que es neutral, que sólo se atiene a los datos y que su explicación es “científica” es porque ha tomado partido por la clase dominante, que actualmente es la burguesía.

Las últimas elecciones son un buen ejemplo de que las explicaciones que se están ofreciendo sobre ellas expresan los intereses políticos ligados a la dominación de clase de la burguesía, empezando por lo más elemental, a saber, que lo que a la burguesía le interesa, a pesar de la retórica, no son las propias elecciones, el hecho de que las personas puedan ejercer (o no) su derecho de voto y expresarse de esa manera, sino los resultados electorales, que es algo distinto.

Dado que ese punto de vista es burgués, también es dominante y se transmite a los medios “alternativos”, “progres”, de “izquierdas” y demás. A ellos también lo que les preocupa no son las elecciones sino los resultados electorales. En este caso se muestran sorprendidos por los resultados electorales, pero no por la campaña electoral.

A lo máximo, las candidaturas “del cambio” suelen decir, al más puro estilo burgués, que no han sabido “comunicar” bien su proyecto o su programa, aunque nunca se sabe a qué se refieren con eso porque aquí quien realmente “comunica” son los medios de comunicación, cuya naturaleza política, económica e ideológica no creo necesario explicar ahora.

Ese tipo de lenguaje alambicado y académico quiere poner de manifiesto, de muy mala manera, dos cosas: que quienes se presentan a las elecciones aspiran a utilizar los mismos medios y que eso se debe a la falta de medios propios. Aquí habría que añadir ahora aquello que dijo el canadiense Marshall McLuhan en los sesenta (“el medio es el mensaje”) que se hizo tan famoso, o dicho de otra manera: los medios no son neutrales, lo cual es una obviedad. Si en unas elecciones alguien quiere exponer un mensaje distinto, debe utilizar otros medios también distintos.

Ni siquiera debería hablar de “medios” en plural porque hoy en las elecciones no hay otro medio que la televisión; sabemos que ha habido elecciones porque lo hemos visto por la tele; fuera de ella no ha habido eso que llaman “actos electorales”. Personalmente, por la calle no he encontrado carteles, convocatorias o actos de ninguna candidatura. Absolutamente ninguno.

La conclusión es que no ha habido tales elecciones, ni tales actos electorales, de manera que ese tipo de debates que se entablan en algunos grupos seudorrevolucionarios sobre si votar o no, sobre si presentar candidatura o no, o sobre si apoyar a unos o a otros, son ridículos.

Si se pone como metáfora la polémica futbolística entre los “resultadistas” y los partidarios del “jogo bonito”, la conclusión no deja lugar a dudas: las organizaciones realmente antifascistas y revolucionarias son partidarias del “jogo bonito”, defienden el principio realmente deportivo y deportista de que lo importante es participar.

... o no participar, que es otra forma de participar a la que se podría aplicar todo lo que acabo de enunciar porque, en efecto, no basta con no votar sino que, si así lo decide, una organización realmente revolucionaria tiene que desplegar una campaña activa en torno al boicot.

Como en cualquier otro aspecto de la lucha, en unas elecciones las organizaciones revolucionarias no sólo tienen que adoptar una postura partidista sino militante y organizada. Lo mismo si se presentan que si llaman al boicot, tienen que hacer, en la medida de sus fuerzas, campaña electoral que, como cualquier otra campaña, se expresa en la forma combativa que es típica: reuniones, carteles, pintadas, folletos, etc.

Las candidaturas que se han llamado del “cambio” no es que hayan engañado a sus votantes sólo por el programa, por sus principios o por sus objetivos, sino que su campaña ha sido idéntica a las del no-cambio. Creen que así “llegan a más gente”, una expresión típica del reformismo hispánico desde los tiempos de la transición.

Una organización que quiera cambiar algo -de verdad- no sólo debe “llegar a más gente” sino “llegar” por otros medios distintos que, además, son más poderosos que la televisión y que las redes sociales porque la burguesía no los puede utilizar: es el contacto directo con las masas, el boca a boca, las reuniones, los debates y la movilización de sus fuerzas, en definitiva.

Habría que empezar a criticar el uso de un lenguaje tan repugnante como el de los reformistas: una organización revolucionaria no “llega” a las masas sino que forma parte integrante de ellas.

1 comentario:

  1. "Prefiero salir un minuto en televisión que dar una docena de mítines",o algo parecido dijo el trilero Alfonso Guerra que se acaba de "jubilar" -cobrando- después de treintaytantos años de diputado sin dar ni golpe en el Congreso.
    Le han sacado ahora en la última campaña -como al felón Felipe González,un bicho de mucho cuidado- sólo para frenar y criticar a quienes,precisamente,siguen sus pasos,casi un calco,desde los orígenes de la llamada Transición:Podemos y su líder Pablo Iglesias.
    Bos dias.
    B.

    ResponderEliminar