martes, 28 de junio de 2016

La Unión Europea no rescatará a la banca italiana de su quiebra

El gobierno italiano plantea inyectar hasta 40.000 millones de euros a los bancos más próximos a la catástrofe. En los test de estrés que hizo el Banco Central Europeo en octubre de 2014, de los 25 suspensos, 9 fueron para bancos italianos.

Los problemas son los mismos que el resto del capital financiero mundial: endeudamiento y recesión que, aunque se llame “alta morosidad”, es sinónimo de quiebra. Los bancos no están cobrando los préstamos que concedieron.

A diferencia de España, la banca italiana no sólo está cautiva de activos tóxicos procedentes del sector inmobiliario, sino de toda la economía. Otra diferencia es que el capital financiero italiano presume de lo que carece, de fortaleza, y no se reconoce en crisis. A lo máximo reconoce que son sólo algunos bancos los que tienen problemas.

La ceguera no puede ser mayor: mientras el nivel de morosidad -el reconocido de puertas afuera- en España es del 10 por ciento, en Italia es del 18 por ciento.

Como consecuencia de la quiebra, las acciones de los bancos italianos han caído más de un 20 por ciento de media desde principios de este año, hasta el punto de que Monte dei Paschi di Siena, el tercer banco del país, ha llegado a perder más de la mitad de su valor en bolsa.

A mediados de este mes la Bolsa de Milán tuvo que suspender la contratación de algunos de los mayores bancos del país a causa del desplome de sus cotizaciones.

El gobierno italiano ha gastado en sus bancos mucho menos que el español, apenas 3.600 millones de euros entregados a cuatro pequeños bancos regionales y otro poco más al Monte dei Paschi. No pasa nada. Son maestros en el arte del disimulo, aunque ahora piensen recapitalizar a otros.

Pero el verdadero problema es que, lo mismo que los bancos, el Estado también tiene la caja vacía. La  deuda pública es la segunda más alta de la Unión Europea, sólo por detrás de Grecia: el 132 por ciento del PIB.

Después del rescate a Grecia y España, a Alemania, o sea, a la Unión Europea, ya no le quedan ganas de seguir poniendo dinero encima de la mesa. El 1 de enero entraron en vigor las nuevas normas de Bruselas sobre crisis bancarias, que ponen fin a la era de los rescates con dinero público. En adelante serán los accionistas, los acreedores y los depositantes los que se hundan junto con sus bancos.

Naturalmente que no todos se hundirán al mismo tiempo y en la misma medida. Los primeros en pagar la factura serán los pequeños ahorradores, esos ingenuos que, el estilo de los preferentistas en España, creen que el capitalismo es eterno y siguen guardando su dinero en un sitio “seguro”.

Además del empobrecimiento brutal de las masas, un verdadero atraco a mano armada, la segunda consecuencia será el fin del minifundismo bancario en Italia, la desaparición de las pequeñas cajas de ahorro y montes de piedad y la concenrtación nacional e internacional del capital financiero.

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