jueves, 30 de junio de 2016

Cuando dejó de llover, el dinosaurio seguía allí (pildorilla)

B.

Madrid. 11 horas. Calle Velázquez 16. Felipe González (el dinosaurio) está esperando una visita (ya no está tan tripudo ni adiposo, pero sigue igual de mofletudo, se conoce que le aconsejaron si iba a salir por televisión o se iba a Caracas a exportar democracia y libertades: había que cuidar la imagen, la estética, es sabido...). De pronto suena el timbre y él mismo abre la puerta. Su invitado le sonríe y le abraza. Es Pedro Sánchez.

La suerte está echada. Se cruzó el Rubicón (hoy lo llaman "líneas rojas"): gobernará Rajoy (la lista más votada) con la abstención del PsoE que hará de leal oposición oficial en el Congreso de los Diputados, mientras los de "Podemos" harán aspavientos, ulularán grititos y acusarán a algún conmilitón de guindarle la pelota en el recreo y por eso no le "ajunta", o sea, oposición "extraoficial" y, lo más grave, sin ser el referente de la "izquierda" en el templo de la democracia sito en la Carrera de San Gerónimo. Puede que alguno pierda los estribos y se ponga histérico. También nos queda por saber si el líder se soltará o no la coleta. O cuál es su "techo electoral".

Hubo un precedente (de soltarse la coleta): fue cuando le exhortó a Sánchez desde su banco en el Congreso que no hiciera caso a gente (por González) con las manos manchadas de "cal viva" que hizo torcer el gesto con mohines de escolar empollón al anticomunista Errejón que estaba sentado a su vera.

A la vera de Iglesias en la única intervención en que estuvo decente y fetén. Será recordado por ello, por decir, tal vez, la única verdad de su vida (política), quizá en un momento de trastorno mental transitorio.

Buenas noches.

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