domingo, 8 de mayo de 2016

Los rompecabezas kurdos

La guerra de Siria ha vuelto a poner a Kurdistán en un primer plano, aunque de la manera a la que nos tienen acostumbrados aquí los grupos progresistas y de “izquierda”, especialmente en Catalunya, Euskadi y Galicia. Cuando hablan de “los kurdos” es como cuando se refieren a sí mismos: es imposible saber a quién se refieren exactamente.

Otros utilizan a “los kurdos” como una tercera especie que, en una guerra, es como referirse a algo neutral: nosotros estamos con “los kurdos” quiere decir que no estamos ni con los yihadistas, faltaba más, pero tampoco con el gobierno de Bashar Al-Assad que es capitalista, oligárquico y caciquil, entre otros muchos defectos.

Hablar de “los kurdos” se convierte entonces en un ejercicio de antropología que nada tiene que ver con las clases ni con la lucha de clases, porque al no existir como Estado, “Kurdistán” es una entelequia de la que se puede decir cualquier cosa sin temor a equivocarse.

La heroica resistencia de “los kurdos” frente al Califato Islámico en Kobane no ha ayudado mucho. Tampoco la no menos heroica lucha contra Erdogan porque si identificamos a “los kurdos” con el PKK, como parece desprenderse tantas veces, deberíamos tener en cuenta los llamamientos claudicadores de Öçalan a la paz. O bien sus seguidores no le hacen caso, o bien la paz es imposible, por lo que Öçalan debiera cambiar su consigna.

Pero Öçalan y el PKK no representan a “los kurdos” y mucho menos a los que habitan en Siria, un país en el que han experimentado muchas vicisitudes diferentes que no se quieren tener en cuenta. No nos referimos sólo a “los kurdos” que han llegado a Siria huyendo de Turquía, sino a “los kurdos” que siempre han vivido allá. Tienen muy poco que ver con “los kurdos” de Irak y sus diferentes organizaciones.

El asunto no sólo es complejo sino que es tan complejo que en Siria hay kurdos luchando unos contra otros en bandos diferentes y a la dispersión en función del origen, hay que añadirle la dispersión política y religiosa.

Los ridículos esquemitas que hay que soportar a diario no cuentan que en Siria “los kurdos” fueron un baluarte importante del Estado baasista, hasta el punto de constituir la guardia pretoriana de Hafed Al-Assad, padre del actual presidente, entre otros motivos porque una parte de ellos son de religión alevita, lo mismo que la familia Assad.

Los esquemitas no tienen en cuenta que Öçalan estuvo exiliado y apoyado por los baasistas sirios desde 1979 hasta 1988 y que las milicias del PKK (y otras que ahora combaten contra el Califato Islámico) fueron entrenadas por el ejército regular y por los palestinos del FPLP, hasta el punto de que alguien ha escrito que en Siria el PKK era “un Estado dentro del Estado”.

Cuando en 1971 Hafed Al-Assad obtuvo plenos poderes para gobernar en Damasco, una de sus primeras medidas fue frenar el proceso de “arabización” forzosa de Kurdistán que, entre otras cosas, había supuesto un saqueo de sus tierras.

La sintonía de “los kurdos” con el gobierno baasista era tan estrecha que cuando en 1982 se levantaron los Hermanos Musulmanes en un primer conato de yihad, no se sumaron a ella, permaneciendo impasibles ante la feroz represión que se desató.

Es más, los militantes del PKK colaboraron activamente con los “mujabarat”, los miembros de la inteligencia siria frente a los militantes de las demás organizaciones kurdas. Al gobierno de Turquía no le faltaban razones para asegurar que tras el PKK estaba el largo brazo del gobierno baasista de Damasco.

Los que hablan de “los kurdos” no explican lo que sucedió en Kurdistán durante la Primavera Árabe, ni el papel que cada una de las organización kurdas desempeñó. No cuentan que algunos jóvenes kurdos se fueron a manifestar a Damasco portando banderas... sirias porque la Primavera tenía que parecer exactamente “árabe” y porque así se lo habían encargado sus jefes en Rojava, en Erbil (la capital del Kurdistán irakí) y en Washington.

Fue algo más que confusión. Se trataba de desmoralización. En Irak “los kurdos” no sólo estaban divididos y enfrentados sino que el gobierno “autónomo” de Barzani no era -no es- más que una repugnante camarilla de sicarios del imperialismo y el sionismo.

En marzo de 2011 Bashar Al-Assad aprobó un decreto por el que reconocía la nacionalidad siria a 6.000 kurdos “apátridas”. Por esta y otras señales positivas, el PKK no convocó a salir a la calle durante las manifestaciones de la Primavera Árabe, e incluso fue mucho más allá: se enfrentó a los manifestantes físicamente.

Lo del PKK con Bashar Al-Assad es un amor imposible, lleno de reproches y de ingratitud por ambas partes. El PKK sabe que tiene que luchar, aunque no siempre sabe quién es su enemigo. Cuando acaba por decidirse, toma partido finalmente a favor del gobierno de Damasco, que arma a las milicias del PKK-PYD-PYG y les cede el terreno en julio de 2012.

En ese mismo momento en Erbil, Barzani intenta lo contrario: que “los kurdos” de Siria hagan lo mismo que sus vecinos de Irak, convertirse en un apéndice del imperialismo y unirse a la guerra contra Bashar Al-Assad. Pero poner de acuerdo a los kurdos de Siria es una tarea imposible.

Para lograr la unidad, el PKK-PYD-PYG tiene que admitir a otras organizaciones en el gobierno de las zonas liberadas. Además tampoco es posible crear un ejército kurdo unificado porque hay quienes quieren unirse al “Ejército Libre de Siria”, es decir, reproducir en Siria el mismo esquema que en Irak y transformar a “los kurdos” en sicarios del imperialismo.

En el seno del “Ejército Libre de Siria” ya combatía el batallón kurdo Salahaddin, cuyos milicianos son feroces enemigos del PKK-PYD-YPG porque los consideran “traidores” que trabajan en favor de Bashar Al-Assad. En Alepo, en Ras Al-Ainlas y otras líneas del frente, los combates entre kurdos son tan frecuentes como las treguas. Las negociaciones no versan sobre la victoria o la derrota sino sobre quién va a controlar el territorio en exclusiva.

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