martes, 17 de mayo de 2016

La renta básica es el fruto de un reformismo putrefacto

El próximo 5 de junio se celebra un referéndum en Suiza sobre la anteúltima imbecilidad que se le podía ocurrir a un reformista: la renta básica. A los suizos les preguntan si quieren una renta mensual incondicional y suficiente para vivir desde el momento del nacimineto hasta la muerte, cualesquiera que sean los ingresos que puedan adquirir por otras vías.

La renta básica no es una cuestión económica, ni asistencial; es una cuestión ética que sólo la degeneración del capitalismo ha podido engendrar en el podrido intelecto de los reformistas.

Desde sus orígenes, el lema del movimiento obrero ha sido “8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de educación”. Los trabajadores nunca se han manifestado exigiendo un salario sin trabajar, sino pidiendo trabajo.

Algún degenerado quiere convertir a los trabajadores en un espejo de lo que son ellos, los burgueses: parásitos.

Algún degenerado pretende que los proletarios se transformen en parias mendicantes, que en lugar de ponerse a pedir unas monedas en la esquina, hacen cola en una ventanilla pública.

Algún degenerado suspira para que la clase obrera se vea obligada a agradecer su limosna al Estado burgués y sus organismos asistenciales y caritativos.

Algún degenerado persigue equiparar al trabajador con el funcionario ocioso que pasa la jornada leyendo el periódico sentado ante su mesa.

La renta básica lleva un mensaje muy claro a los parados: que mientras exista el capitalismo deben perder la esperanza de poder desempeñar un trabajo algún día.

Frente a ese mensaje hay que continuar la lucha en contra del paro, que es tanto como decir por el socialismo.

Nosotros, lo mismo que los millones de parados, sí rendimos culto al trabajo. Queremos trabajar, queremos trabajar menos, queremos mejores condiciones de trabajo, queremos un mejor salario...

1 comentario:

  1. Yo no veo mal una renta básica suficiente para sobrevivir sin tener la necesidad de delinquir ni de prostituirse, que no para vivir una vida plena, además del deber de trabajar a fin de tener el derecho a esa vida plena en otro mundo que no es precisamente el que nos han impuesto los filo-sionistas del mundo (por los judíos, católicos y protestantes...) y demás sistemas religioso capitalistas (por el budismo, islam, etc.).

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