viernes, 13 de mayo de 2016

El acusado que murió dos veces

Rafiq Hariri
 Otro caso de guerra sicológica

El viernes las agencias prensa anunciaron la muerte de Mustafá Badreddin, jefe militar de Hezbollá en la guerra de Siria. El libanés murió durante un brutal bombardeo del aeropuerto de Damasco.

Es la segunda vez que muere Badreddin porque el año pasado ya lo anunció el New York Times, que tiene la mala suerte de equivocarse casi siempre.

Ambas muertes se produjeron mientras en La Haya el Tribunal Internacional para Líbano le juzgaba por ser uno de los asesinos de Rafic Hariri diez años antes en Beirut.

El referido Tribunal creado por la ONU para investigar el asesinato de Hariri, como todos los demás tinglados de su especie, es una cortina de humo para ocultar a los verdaderos autores del crimen.

Inmediatamente después del asesinato de Hariri se puso en marcha la maquinaria propagandística en el mundo entero para culpar a Bashar Al-Assad (1), lo cual demuestra que la guerra contra Siria se preparó bastante antes de la Primavera Árabe y que nada se dejó a la improvisación.

Junto con Bashar Al-Assad, la propaganda no ha dejado de referirse a Irán y a Hezbollah que, como siempre en este tipo de asuntos, van en el mismo equipaje.

En una entrada anterior ya tuvimos ocasión de presentar a la familia Hariri (2), conocido caballo de Troya de Arabia saudí en Líbano y opositora al gobierno de Siria que en el momento del atentado ocupaba Líbano y que a raíz del mismo anuncia inmediatamente su retirada.

La investigación sobre el asesinato, iniciada por el fiscal alemán Detlev Mehlis, ha quedado en ridículo en múltiples ocasiones, consecuencia inevitable de seguir una pista amañada para imputar el crimen al gobierno de Damasco, a Irán y a Hezbollah.

El fiscal del Líbano Said Mirza mantuvo en la cárcel durante más de tres años a varias personas acusadas de participar en el atentado, para dejarlas finalmente en libertad sin ninguna clase de cargos inculpatorios.

Si se examinan los puestos que los detenidos ocupaban en el Estado, es claro que la represión sirvió para depurar los aparatos de seguridad, poniendo al frente de los mismos a sujetos leales al imperialismo, a Estados Unidos y a Arabia saudí.

Para incriminar a Siria el primer informe del fiscal del Tribunal de la ONU se apoya sobre chapuzas, como la que cometió al entrevistarse con el general Jamil Al-Sayyed, jefe de la Seguridad General libanesa, pocos meses después del atentado: “Hariri ha sido asesinado por los sirios. O Usted encuentra una víctima, o la víctima será Usted mismo”, le amenazó.

El fiscal alemán estaba ligado a los servicios secretos alemanes y estadounidenses  y su nombramiento tenía por objeto ocultar a los verdaderos autores del crimen. Se creía muy listo, pero el general libanés le ganó por la mano grabando la entrevista y llevándola a la prensa.

Los testigos eran anónimos. Uno de ellos, Hussam Taher Hussam, reconoció que había declarado en falso a cambio de una cantidad de dinero que le entregó el hijo de Hariri.

A otro testigo, Mohamed Zuheir Siddiq, el fiscal alemán le presenta como una pieza clave del servicio secreto sirio en Líbano, hasta que se demostró que era el chófer de un general sirio y que estaba perseguido por malversación de fondos.

Al chófer le detienen en Francia en 2005, pero para evitar que el montaje se venga abajo, no conceden su extradición a Líbano.

En 2008 el ministro francés de Asuntos Exteriores Bernard Kouchner riza el rizo del vodevil y dice que han “perdido” al testigo (3).

En 2010 Nasrallah, máximo dirigente de Hezbollah, acusa a Israel del atentado contra Hariri y afirma su desconfianza hacia la investigación de la ONU.

Por su parte, la revista rusa Odnako implica a Alemania en el atentado (4). El fiscal nombrado por la ONU hubiera debido investigar en su propio país tanto como en Líbano.

Al mismo tiempo el periodista francés Thierry Meyssan anuncia que la explosión que mató a Hariri procedió de un pequeño misil cargado con uranio empobrecido lanzado desde un dron fabricado por Alemania (5).

En 2011 el ministro libanés de Interior Marwan Charbel da los nombres de los cuatro militantes de Hezbollah a los que acusa de cometer el asesinato, entre ellos el de Badreddin.

El 16 de enero de 2014 comienza el juicio en rebeldía contra los cuatro en la ciudad holandesa de La Haya.

La farsa aún no ha terminado. En febrero de este año el testigo número 45, Ghaleb Al-Chamaa, amigo de Hariri revela que el fallecido le pagaba 67.000 dólares mensuales a Rostom Ghazaleh, jefe de la inteligencia siria en Líbano en el momento del atentado.

¿Mató a la mano que le estaba dando de comer?

Notas:

(1) La ONU es juez y parte de la guerra imperialista contra Siria:
https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2016/02/la-onu-es-juez-y-parte-de-la-guerra.html
(2) La caída de la Casa Hariri:
https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2016/02/la-caida-de-la-casa-hariri.html
(3) http://www.marianne.net/ASSASSINAT-D-HARIRI-LA-FRANCE-A-PERDU-UN-TEMOIN_a87241.html
(4) http://www.almanar.com.lb/NewsSite/NewsDetails.aspx?id=163593&language=fr
(5) http://www.voltairenet.org/article167550.html

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