miércoles, 6 de abril de 2016

Los imperialistas se han llevado 70.000 millones de dólares de Libia

Shukri Ghanem
Ian Hamel

El grueso de la fortuna mantenida por el fondo soberano libio, la Libyan Investment Authority (LIA) nunca fue devuelto al país.

Shukri Ghanem, nacido en 1942 en Trípoli, era uno de los guardianes de los secretos del régimen libio en los tiempos de Gadafi. Consecutivamente ministro de Petróleo y presidente de la National Oil Corporation, desertó en junio de 2011, cuando la primavera árabe se precipita en Libia, refugiándose en Viena, capital que conocía bien por haber representado a Trípoli ante la OPEP.

Allí es donde trabó confianza con Saif al-Islam Gadafi, segundo hijo del “Guía”, estudiante entonces en la capital austriaca. En cuanto a las operaciones financieras, continuó efectuándolas a través de Suiza, principalmente por Ginebra y Bale, mediante su hijo, Mohamed Ghanem, actualmente directivo del banco bareiní First Energy Bank.

El 29 de abril de 2012, Shukri Ghanem tuvo la desgraciada idea de zambullirse en las aguas negras del Danubio vestido, cuando no sabía nadar. ¡Curiosamente, la justicia austriaca descartó rápidamente la pista criminal, acreditando la tesis de accidente! […] Las autoridades austríacas prefirieron cerrar los ojos, al estar Trípoli financiando desde antiguo una de las formaciones políticas locales. Más claramente, según el diario Die Presse, se trataba del Partido Austriaco de la Libertad, una organización de extrema derecha.

“Para mí no existe sombra de duda. Shukri Ghanem, a quien yo apreciaba mucho, fue asesinado. Pero los austríacos no han sido claros en esta sucia historia”, se lamenta el asesor Pierre Bonard, que viene trabajando desde hace tiempo con los cercanos a Gadafi, antes de establecer contacto con el gobierno de Tobruk.

Una historia de familia

Justo antes de la sospechosa muerte de Shukri Ghanem, la justicia suiza se puso sobre la pista de sus múltiples transacciones financieras. Una investigación sobre su hijo, Mohamed, fue abierta el 30 de marzo de 2012 por “blanqueo de dinero” y “corrupción de funcionario público”. Comenzó con el bloqueo de la cuenta en la entidad UBS de la sociedad Goldent Petal, domiciliada en las islas Vírgenes a nombre de Mohamed Ghanem. Suiza, en colaboración con Noruega, descubrió un número incalculable de posibles evaporaciones bancarias.

El pasado septiembre, el periodista del cantón de Tessin Federico Franchini, en el mensual suizo La Cité, enumeró minuciosamente en un espeso dossier, todas estas conexiones libias. Retengamos solamente que las transferencias de Mohamed Ghanem pasan por la sociedad neerlandesa Palladyne, implantada en Países Bajos y administrada por Ismael Abudher, marido de Ghada Ghanem, hermana de Mohamed. ¡Una historia familiar!

Ismael Abudher es también sospechoso de cobros ilegales de intereses cometidos durante la entrada de la Banca Central libia y la Libyan Investment Authority en el capital de sociedades italianas.

La estampida hacia los petrodólares

Si Shukri Ghanem y su familia parecer estar felizmente forrados, lo más grave no es eso. También los bancos y las multinacionales se han aprovechado de las gangas. Remontémonos a 2004. Muamar Gadafi, que había recuperado contactos con los norteamericanos y recibido a Jacques Chirac, abandona definitivamente su rol de terrorista. Libia interrumpe los contactos que había establecido con Pakistán, a través de intermediarios suizos para conseguir la bomba atómica.

El dictador libio es acogido con los brazos abiertos en la comunidad internacional, tanto más cuando puede invertir miles de millones de dólares. Este maná pasa por dos fondos, la Libyan Investment Authority, que dispone de 70.000 millones de dólares y, en menor medida, la Libyan Africa Portfolio (LAP), dotada con 8.000 millones de dólares. La LAP, con sede en Ginebra, es presidida por Bachir Saleh Bachir, nacido en 1946, jefe de gabinete de Gadafi. Este francófono, dueño de una villa justo al lado del aeropuerto de Ginebra pero en el lado francés de Prévessin-Möens, es el hombre clave de las relaciones franco-libias.

El problema es que el entorno de Gadafi, considerado como pestífero, no conocía nada de las finanzas internacionales. Y cuando se lanza brutalmente el agua en 2006 para invertir petrodólares, les tomaron el pelo.

Los millones en sobornos

Entre los bancos que ofrecen sus servicios tenemos a Goldman Sachs y la Societé Generale. En mayo de 2015, el corresponsal en Londres de Le Monde escribía que estos dos establecimientos financieros “vendieron a la LIA muchos miles de millones de dólares de productos financieros, recogiendo unas comisiones muy jugosas. Pero con la crisis financiera estas inversiones se revelaron catastróficas”. Más grave aún, en el caso de Goldman Sachs se habla de fiestas sofisticadas en Marruecos, a gastos pagados, destinadas “a convencer a los empleados libios del interés de los productos financieros propuestos”.

Un boletín de información, Maghreb Confidential, comenta también los “muchos millones de inversiones confiados a Goldman Sachs y a la Societé Generale entre 2007 y 2009, y que se volatilizaron. Anas Buhadi, antiguo “Senior Investment Office” del fondo soberano libio, sería uno de los beneficiarios de esos atractivos viajes a Marruecos.

El mundo es pequeño. El hermano limpio de Anas, Hassan Ahmed Buhadi, es el actual presidente del consejo de la LIA, nombrado por el gobierno de Tobruk. Esperemos que saque a su hermano de este mal paso.

El error de los occidentales

La Libyan Investment Authority (LAP) también invirtió en minas en Jordania, finanzas en Argelia, petroquímica en Egipto, inmobiliarias en Italia y en el Reino Unido, así como en multinacionales como Lafarge y Orange en Francia, Siemens y Allianz en Alemania, Unicredit, ENI y Finmeccanica en Italia. Son fondos bloqueados, lo cual es grave. Para deponer las armas, los combatientes de las múltiples milicias con que cuenta hoy el país exigen ser indemnizadas, algo que no puede hacer el (o los) gobierno(s) libio(s), a falta de fondos financieros.

Las víctimas de los bombardeos occidente no han sido compensadas, y no reclaman globalmente más que 4.000 millones de euros. Como resultado, “sin este dinero, los combates no cesaron después de la caída de Gadafi”, denuncia el consultor francés Pierre Bonard. Sin indemnización, cada uno ha buscado cobrarse “en especie”, esta vez acaparando los pozos de petróleo.

De repente, el caos libio tiene un brillante futuro por delante.

Fuente: http://www.mondafrique.com/70-milliards-de-dollars-loccident-na-rendus-a-libye/

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