jueves, 21 de abril de 2016

La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (4)

A raíz de una denuncia interpuesta por varios movimientos sociales, en 2010 el Tribunal Constitucional de Costa Rica prohibió la experimentación biomédica en el país hasta que hubiera una ley que la regulara.

Pero las multinacionales farmacéuticas se lo guisan y se lo comen. Desde 1986 tres ejecutores de los experimentos médicos en Costa Rica han ocupado el cargo de ministro de Sanidad. Han sido ellos los que han aprueban las normas que reglamentan el negocio.

En Costa Rica es un grupo selecto de médicos el que realiza el grueso de los experimentos médicos, con la misma fórmula que en todos los ejércitos mercenarios del imperialismo: la subcontratación CRO (Contract Research Organization), que lava la imagen de las multinacionales farmacéuticas como verdaderas promotoras de la experimentación clínica.

Entre 1993 y 2004 un mercenario de una CRO local dirigió 50 ensayos clínicos, que representaban el 27 por ciento de todos los ensayos que se realizaron en el país. El director de otra CRO dirigió 24 (el 12 por ciento del total).

Se trata de personal de confianza de las multinacionales. Más de la mitad de los 83 ensayos que realizó el sistema público de salud en 2004 tuvieron lugar en el Hospital Nacional del Niño.

El negocio de los experimentos con seres humanos es de tal calibre que en Costa Rica han llegado a crear una universidad privada. Tras obtener una excedencia en el sistema público de salud, un lacayo de las multinacionales se apoderó del decanato de la Facultad de Medicina de la nueva Universidad que, seis años después, ya había realizado 216 experimentos.

La Universidad privada y los subcontratistas CRO del negocio han organizado su propio Comité de Ética de Investigación Clínica para aprobar con más facilidad los ensayos que gestionan. Los llaman “Comités Privados”.

Además de matar y arriesgar las vidas de los pobladores del Tercer Mundo, las condiciones en las que se lleva a cabo la experimentación médica pone en muy serias dudas la validez de la ciencia misma.

Una buena parte de lo que la ciencia conoce (o cree conocer) sobre el VPH (Virus del Papiloma Humano) procede precisamente de Costa Rica. Los ensayos clínicos más importantes para probar la vacuna del papiloma de la multinacional GSK también se llevaron a cabo en Costa Rica.

Las investigaciones tienen un presupuesto de más de 20 millones de dólares. Empezaron en 1985 en Guanacaste, la región más pobre de Costa Rica. Los subcontratistas CRO habían sido altos cargos del Ministerio de Sanidad.

Las condiciones en que se lleva a cabo la experimentación médica en el Tercer Mundo están muy lejos de la transparencia y, por lo tanto, difícilmente se puede reproducir.

En un experimento iniciado en 2004 en Costa Rica los matasanos que trabajaban por cuenta de la multinacional GSK estudiaron la efectividad de una vacuna VPH que no tenía carácter preventivo porque las mujeres que ya estaban infectadas previamente por el virus.

El prototipo de conejillo de Indias en el Tercer Mundo es de un nivel cultural muy bajo. No comprende el alcance de los ensayos ni sus posibles consecuencias. Ni siquiera comprende que participa en un experimento y que tiene que cumplir estrictamente las indicaciones que recibe. A no ser que se le supervise de cerca, lo más probable es que no las cumpla. Si enferma, puede acudir a otro médico que desconoce su participación en el ensayo o automedicarse, sin ponerlo en conocimiento del personal que dirige el ensayo.

Una experimentación opaca e incierta conduce a una medicina de las mismas características, que es la que se imparte en las facultades correspondientes.

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