viernes, 15 de abril de 2016

Estados Unidos y Rusia: el policía y el pacificador

Karine Bechet-Golovko

A petición directa de Obama, Rusia ayudó a la liberación de un ciudadano norteamericano en Siria, en donde entró de forma ilegal. Estados Unidos apreció el gesto, y lo olvidó de inmediato. Pero no se olvidó de enviar contingentes militares a Europa. El reparto de papeles se confirma: el policía contra el pacificador.

Como señala el ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Obama solicitó de forma especial a Putin su ayuda para liberar un ciudadano norteamericano, detenido en Siria desde hacía cuatro años después de haber entrado ilegalmente y haber cometido varias infracciones.  A instancias de Rusia, fue liberado y enviado a Moscú el 1 de abril, donde fue llevado a la embajada de los Estados Unidos.

El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores espera que Estados Unidos “sabrá apreciar” el gesto. Pero los norteamericanos parecen tener la memoria frágil, porque el portavoz de la Casa Blanca reconocía y agradecía la intervención rusa, pero no estaba al corriente de que hubiera una petición personal.

¿Cómo podría reconocer que su país, la primera potencia mundial sea incapaz, sin la ayuda rusa, de repatriar a sus ciudadanos? Especialmente Rusia, que sigue siendo el mayor peligro de Europa, motivo por el cual, pese a todos los esfuerzos de De Gaulle para hacer salir a todos los soldados norteamericanos, esos soldados regresan. A Estonia, para proteger los países bálticos de una hipotética y fantasmagórica invasión rusa. Pero también a Europa del oeste. Nunca se sabe. Tanques, millares de efectivos y todo lo que lo acompaña.

Curiosamente, esto no proporciona seguridad. ¿Qué van a hacer todos estos militares extranjeros en nuestro territorio europeo? ¿Defendernos de Rusia? ¿Pero de que supuesta agresión?, ¿Del terrorismo? Para eso sería mucho mejor aliarse con Rusia, lo que va a ser más complicado con una presencia militar reforzada.

A principios de los años 50 el hotel Astoria, en la avenida de los Campos Elíseos, se ofrece a los oficiales norteamericanos, que estaban preparando la coordinación de las fuerzas aliadas en Europa. Un búnker, que costó 733 millones de francos de la época, se construyó en Mesnil-le-Roi. ¿Podría servirse de nuevo el mismo plato?

Crear un enemigo para, acto seguido, instalar sobre el terreno una defensa imaginaria; que bonita es la guerra moderna. E, igualmente, por esto, no combatimos demasiado violentamente.

Fuente: http://www.comite-valmy.org/spip.php?article7046

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