domingo, 3 de abril de 2016

El retorno de los tontos útiles

J.P.Garnier y B.Drweski

“¿A dónde va Rusia?” ha sido el título de un encuentro-debate organizado el pasado marzo en la librería EDMP, en el distrito XII de París. Una librería cooperativa, sindicalista, revolucionaria, “emancipadora”, etc. En pocos palabras, anarquista. En la convocatoria, una caricatura de Putin como el Drácula de la estepa y de la tundra ya daba una idea de la respuesta. Lo mismo que la temática anunciada: “La situación sociopolítica y económica actual, los movimientos de protesta, la represión de la sociedad civil, la situación de los prisioneros políticos”. Los intervinientes se presentaban como “militantes antiautoritarios de Moscú”. La iniciativa emanaba del Colectivo Koltchenko, que toma el nombre de un “militante sindicalista, anarquista, ecologista, antifascista” ucraniano, Alexandre Koltchenko, que se opuso a la anexión de Crimea. Lo que le ha servido para recibir, por parte de los jueces, “rusificados” por esta anexión, una pena de 10 años en campos de trabajo. Uno de los “buenos”, en resumen.

Un mogollón de organizaciones progresistas francesas firmaron un llamamiento para su liberación [...]

Esta iniciativa parece a priori justificada, aunque los argumentos de las organizaciones en el origen repiten punto por punto las de las ONG “antitotalitarias” financiadas por el millonario estadounidense Georges Soros. Por lo que fuera, esos mismos no habían rechistado ni se habían movido para indignarse, ni aún menos pretendido saber más después de la masacre de decenas de manifestantes ucranianos “pro rusos” refugiados en la Casa de los Sindicatos de Odesa el 2 de mayo de 2014, unos quemados vivos o asfixiados, otros rematados a golpes de barra tras arrojarse por las ventanas para escapar al incendio. Una operación de “limpieza” instigada por grupos neonazis, cuyo papel en la seudo revolución de Maidan y sus prolongaciones serían supuestamente “muy sobreestimadas por la propaganda rusa”, si creemos a los avispadillos de Alternative Libertaire que, como sus colegas en el hexágono, detectan a los fachas en todos los sitios menos en donde están.

Pero no sólo los activistas neonazis ucranianos constituyeron los grupos de choque armados y con cascos que sitiaron e invadieron después la Casa de los Sindicatos de Odesa, como lo testimonian numerosos vídeos filmados por gente que nada tienen que ver con el servicio de información ruso. Su objetivo era “liquidar la chusma pro rusa”, pero el desarrollo de la operación no podría haberse efectuado sin que las autoridades locales intervinieran, dando prueba la policía presente de una notable pasividad, mientras que los bomberos del cuartel que está a algunos minutos batían el récord de lentitud para acudir.

Podría extrañar que en Francia partidos, sindicatos y asociaciones clasificados como de izquierda o de extrema izquierda se hagan eco, sobre estos sucesos, de las mentiras soltadas por los heraldos habituales de la cruzada euro-atlantista. Pero hay que saber lo que atormenta a los ex troskos, altercapitalistas, social-liberales, ciudadanistas y otros anarcoides: para ellos, la historia del socialismo calificado erróneamente de “real” no se detuvo con la caída del muro de Berlín. La Rusia de Putin, a sus ojos, no es más que una prolongación de la URSS de Stalin. Y el enemigo, para ellos, continúa en el Este, dejando a un lado sus fanfarronadas “antiliberales”.

Ciertamente, el mundo capitalista ha cambiado, reconocen; pero, bajo otro nombre, el “totalitarismo soviético” ha sobrevivido. Prefieren implicarse y cantar en el coro “putinófobo”, indiferentes o ignorantes por lo que concierne a Ucrania, ante el incremento del poder de organizaciones fascistas muy reales como Svoboda o Pravy Sektor, con apoyos en las instancias gubernamentales ucranianas.

Dadas estas condiciones, no hay que extrañarse de que  nuestro autoproclamados “antifas” se hayan unido ahora, siendo conscientes de ello, a los militantes del euro-nazismo “sin complejos”, para dar una versión negacionista en tiempo real de los cambios ocurridos en Ucrania desde 2014.

Como se ha hecho habitual, los anarcoides, en especial, meten en el mismo saco el imperialismo “occidental”, al que no se atreven a llamar por su nombre, y que sin embargo es más agresivo y belicoso que nunca, y al gobierno ruso, en el que observan, como en la época de la guerra fría, el espectro recurrente del estalinismo. Es lo que corresponde a la cómoda posición del “ni... ni...”, que colocando unidos a estos dos enemigos del género humano, se ponen de hecho bajo la protección del primero, y se pasan, lo admitan o no, al campo de euro-maidanófilos otanistas. Bien lejos de la fidelidad al combate de militantes comunistas contra toda forma de capitalismo, de imperialismo y de poder estatal.

¡Desde luego que sí! Repitámoslo, hay muchos más idiotas útiles trabajando objetivamente para el imperialismo que en su contra. Ambientes privilegiados aunque se jactan de marginalidad en el mundo del capitalismo globalizado, nuevos principiantes, efectivamente idiotas e útiles, haciendo de fanfarrones de la “subversión” bajo la bandera de la “emancipación”. Se imaginan en las barricadas del coraje y de la abnegación, una forma de darse buena conciencia a bajo coste.

Hay que decir que el imperialismo paga mejor; e, incluso cuando no paga, proporciona más fácilmente al buen bohemio-burgués-izquierdoso su pequeño confort material, su pequeña seguridad profesional o, al menos, no le prohíbe el paso a toda tipo de salón, sala de conferencias y coloquios o incluso cafés-restaurantes más o menos periféricos, en donde el neo-pequeño burgués radicalizado no arriesga nada en absoluto (en tanto que los yihadistas no están interesados) teniendo además ese estremecimiento de placer, esa impresión de felicidad de tener la “valentía” de “luchar” por delegación  en campos de batalla situados a millares de kilómetros contra un enemigo fantasma que no amenaza en nada su vida cotidiana y sus pequeños compromisos diarios con los dominantes. Por el contrario: ¡esta impresión justifica su cobardía!

¡Denuncias a Saddam, a Assad, a Gadafi, a Milosevic, a Nasrallah! ¡Cuánto escalofrío combatiente de bajo coste! ¡Cuántos “nuevos Hitler” destituidos en un clic o en un “debate” en el que todo el mundo está de acuerdo en quien es el malo a abatir! Y cuando se puede tocar algo peor, la reencarnación de Stalin en el Kremlin, ¡qué éxtasis! Entonces es mucho mejor que un videojuego en el imperio de lo virtual. Olvidadas las infamias de nuestros gentiles “aliados”: Mohamed VI, hijo de Hassan II, el sanguinario amigo marroquí de Francia, el colombiano Uribe que dio luz verde a las milicias paramilitares para exterminar a los campesinos recalcitrantes, Netanyahu, que sueña con borrar al pueblo palestino del mapa del “Gran Israel”, y los príncipes del absolutismo democrático de las arenas de Arabia saudí y de Qatar, sin olvidar al nuevo sultán que reina en las orillas del Bósforo, que copia el modelo israelí de terrorismo de Estado para aplastar la resistencia del pueblo kurdo. ¿Con qué avión Rafale nuestro amigo el príncipe Salman, ahora condecorado por nuestro pequeño timonel, machaca hospitales, civiles y monumentos históricos de Yemen? Silencio, algunos gruñidos desaprobadores y escasos por parte de la “izquierda”. más vale pasar página. La Legión de Honor, para el asesino saudí en Siria mediante los yihadistas. Pero Putin, ¡qué horror! Porque luchar aquí y ahora contra el imperialismo y las guerras que causa exige un poco más de fuerza de carácter y de decisión que las fanfarronadas verbales de los marxistas académicos y otros radicales de campus. Y un poco más de riesgos y de incertidumbres, con el estado de urgencia en acción.

A fin de cuentas, este “ni-nismo” de pacotilla no es más que la elección de búsqueda de este mínimo de seguridad para esos “felices escogidos” de la rebelión de confort, más o menos bien instalados en la sociedad del precariado garantizado para todos. Esta sub-clase “media”, política y moralmente mediocre, o mejor dicho, esta “capa social”, que mantiene una cobertura sagrada, mercenarios involuntarios del sistema, se denominaban en la antigua Roma los “clientes”. Como sus antepasados, saben berrear tranquilamente los slogans, radicales o no. Están ahí, en realidad, fingiendo oponerse a los dominantes, pero sin llegar al enfrentamiento.

Juegan un poco el papel, digan lo que digan, de perros guardianes “soft”, (el “smart power” lo exige), apoyando objetivamente mediante su silencio o haciéndose eco débil de la propaganda de guerra oficial, todas las aventuras mortíferas de un “imperio” (como dirían dos de sus gurús, la pareja Negri-Lordon), del cual no llegan a discernir ni la naturaleza ni las fronteras.

Entre los jóvenes lumpen “post-coloniales” de los extrarradios, (que nuestros dirigentes de la verdadera derecha y de la falsa izquierda saben enviar a saltar por los aires para eliminar “a un dictador que no merece estar sobre la tierra”, como dice Laurent Fabius), y los pequeño burgueses blancos y limpios que critican en su burbuja el “neo-liberalismo” y la “oligarquía”, sin reflexionar concretamente en los medios organizativos y estratégicos susceptibles de poner fin a su dominio, están los grandes burgueses mundializados de la jet set, que  tienen todas las facilidades para acentuar la presión sobre los que nos hacen vivir a todos: los trabajadores de aquí y los del mundo.

Fuente: http://www.comite-valmy.org/spip.php?article6999

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