martes, 1 de marzo de 2016

Las trampas de las negociaciones de paz sobre Siria

Alistair Crooke
El de la foto adjunta que aparece hablando ante los micrófonos de la BBC es Alastair Crooke cuando era joven. Los oyentes siempre creyeron que Crooke era un periodista al uso y que, como tal, reunía los atributos que se le suponen, como la neutralidad política.

Nada más lejos de la realidad. Con el tiempo Crooke fue adjunto de Javier Solana al frente de los asuntos exteriores de la Unión Europea, un cargo más discreto que seguía escondiendo el verdadero papel de Crooke como espía del MI6.

Ahora Crooke ha salido del armario y concede una entrevista a la competencia (Rusia Today) presentándose como el espía que siempre fue. Es bastante común entre los espías, sobre todo en Estados Unidos, que tarde o temprano pasan de un bando al enemigo y finalmente siempre acaban sustituyendo la discreción propia del cargo por el “glamour” de los micrófonos de radio y las cámaras de televisión.

Ese cambio va ligado al cambio de chaqueta, en el que uno de los términos de la ecuación siempre es siempre URSS/Rusia. Si en un sitio no te escuchan, acudes al enemigo. Algunos lo llaman deserción.

En Rusia Today el viejo espía británico habla de las negociaciones de paz sobre Siria, sobre las que se muestra pesimista. Algunos lo llamarían realista. Crooke califica el alto el fuego como en el baloncesto, “tiempo muerto”, un breve episodio hasta que se reanuda eso que para algunos es sólo un juego, aunque para los sirios es todo menos eso.

Las partes no quieren la paz, dice Crooke. Estados Unidos va a iniciar una campaña acusando a Rusia e Irán de continuar los ataques contra los “moderados”, aunque se trate de verdaderos yihadistas.

El “tiempo muerto” va a permitir que los yihadistas se agrupen y se rearmen para frenar la ofensiva del ejército regular. Si pierden Raqqa no tendrán nada que poner sobre la mesa de negociaciones, dice Crooke.

Crooke también denuncia al servilismo de la Unión Europea hacia Turquía, no sólo en el capítulo de las agresiones contra los kurdos sino también en el de los refugiados, que Erdogan utiliza como instrumentos de chantaje. La Unión Europea ha pagado 3.000 millones de euros al gobierno de Ankara para que se los quede en su suelo y les evite más problemas.

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