martes, 29 de marzo de 2016

La policía es lo primero y lo más importante

Tras la captura de Salah Abdessalam en Bruselas, la fiscalía belga organizó una conferencia de prensa para agradecer a los periodistas que no hubieran informado de una noticia que era conocida por anticipado.

Los periodistas se miraron unos a otros desconcertados y quienes no estaban al tanto del secreto, que eran la mayoría, se indignaron, tanto por su marginación como por la autocensura de sus colegas.

Pues sí, señoras y señores; la libertad de expresión tiene esa insospechada faceta: la de saber algo y callarse, es decir, la de publicar lo que les da la gana.

Ustedes no sabían -por eso se lo contamos nosotros- que hay algo mucho más importante aún que la libertad de expresión: que la policía detenga a un delincuente. Eso es algo que merece algunos sacrificios.

Habrán escuchado mil veces afirmar que hay una contradicción entre la libertad y la seguridad y que ésta es más importante que aquella. Esto es más falso que un billete de tres euros. Verán:

1. La tarea de los fiscales es perseguir a los malvados
2. Para cumplir con esa tarea deben mantener la boca cerrada
3. Si son unos bocazas, incumplen con su función
4. La tarea de un periodista es informarse para informar a otros
5. Si no lo hacen también incumplen con su tarea

Se trata, pues, de un incumplimiento por partida doble: nadie hace sus deberes. Afortunadamente aún hay quien exige explicaciones a las personas por ello. Naturalmente no nos referimos a España sino a otros países.

El redactor jefe del diario belga Le Soir lo cuenta así: “Hacia las 9,30 recibí dos llamadas, una del centro de crisis y la otra del gabinete del Primer Ministro, pidiéndonos que nos distanciáramos, que no citáramos precisamente los barrios en los que ocurrían las operaciones para no comprometerlas. Reuní a los jefes de servicio y tomé la decisión de aceptar”.

El periodista, pues, reconoce que no se debe al periódico, ni a sus lectores, sino al Primer Ministro. Es posible que luego, a pesar de todo, no le importe hablar de entelequias como “objetividad” e “independencia”.

No es la primera vez que ocurren este tipo de cosas. Sophie Lejoly, de la Agencia Belga, confiesa que ya ocurrió tras los atentados de París en enero del año pasado.

En privado los periodistas reconocen que su tarea se subordina a las necesidades de las operaciones policiales y no necesitan que nadie les diga lo que deben o no deben hacer. Simplemente impera la autocensura como la cosa más natural del mundo.

¿Saben? La policía es lo primero y lo más importante.

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