jueves, 3 de marzo de 2016

La lucha por el reparto del Mar de China Meridional

“Es indudable, por consiguiente, el hecho de que el paso del capitalismo a la fase de capitalismo monopolista, al capital financiero, se halla relacionado con la exacerbación de la lucha por el reparto del mundo” (Lenin)

En 1990 China se benefició del vacío estratégico creado en el Mar de China Meridional por el abandono por parte de Rusia de sus bases militares en Vietnam, así como como por el cierre de las bases estadounidenses en Filipinas, que mostraba el desplazamiento momentáneo de sus preocupaciones a Irak y Afganistán. El Mar de China Meridional forma parte del Océano Pacífico, abarcando un área de alrededor de 3,5 millones de kilómetros cuadrados que va del Estrecho de Malaca y Singapur al Estrecho de Taiwan. Tiene más de 250 pequeñas islas, atolones, cayos, arrecifes y bancos de arena, la mayoría de los cuales están deshabitados, incluso se inundan durante la marea alta o están sumergidos permanentemente.

La ley china de 1992 sobre el Mar Territorial aprovechó la Convención aprobada diez años antes por la ONU sobre el Derecho del Mar para concretar las regiones que China reclama como propias, que suponen el 80 por ciento de la superficie total del Mar de China Meridional. Son las nuevas fronteras de la Gran China, el viejo Imperio Central.

Para deslindar sus ambiciones los chinos han procedido como los gatos, marcando en su Mare Nostrum una la “línea de nueve puntos” que parte del norte de Filipinas, bordea la antigua colonia española, desciende hasta la isla de Borneo y vuelve a subir por la costa vietnamita.

Además de unos pedazos de tierra firme, la Convención sobre el Derecho del Mar otorga 200 millas marinas (370,4 kilómetros) a partir de la costa del país que resulte titular del territorio. Por ejemplo, las Islas Spratly, que están a unos 230 kilómetros de Filipinas y a más de 1.200 kilómetros de China, forman un centenar de islotes y arrecifes que apenas suman 5 kilómetros cuadrados pero reconocen derechos soberanos sobre una plataforma marina con una extensión superior a los 400.000 kilómetros cuadrados.

Por la zona transcurre un tercio del tráfico mundial marítimo, tres veces superior al del Canal de Suez y cinco veces al de Panamá. El Ministerio de Recursos Geológicos y Minería de China estima, además, que puede contener 17.700 millones de toneladas de petróleo (superiores a los 13.000 millones de toneladas de Kuwait). Sin embargo, científicos estadounidenses han estimado que la cantidad de crudo en 28.000 millones de barriles. Según la Agencia Internacional de Energía la verdadera riqueza de la zona podrían ser reservas de gas natural. Las estimaciones dicen que el área poseería alrededor de 25.000 billones de metros cúbicos de esta fuente de energía, la misma cantidad que las reservas probadas de Qatar.

Varios países de la región, además de China, reclaman las islas y archipiélagos de la región, lo que ha conducido a negar su histórica condición de Mare Nostrum de China que su nombre indica. Mientras Vietnam lo ha rebautizado como el “Mar Oriental”, Filipinas lo llama el “Mar de Filipinas Occidental”.

La escalada de tensión ha llegado a tal punto que la ASEAN aprobó en 1992 una declaración sobre la solución pacífica de las disputas en el Mar Meridional de China y en 2002 a un código de buena conducta.

China evita desplegar abiertamente sus buques de guerra para realizar incursiones en las aguas en disputa. Utiliza buques de sus líneas marítimas civiles, mostrando de ese modo la persistencia de su reclamación y poniendo a prueba la respuesta de los países afectados, lo que le concede un amplio grado de maniobra para escalar o desactivar la tensión sin mayores consecuencias a corto plazo. Pero en ocasiones también ha utilizado buques de guerra, junto al sobrevuelo de sus aviones en las zonas conflictivas.

Filipinas ha entrado en un callejón sin salida con China en el Arrecife Scarborough, que este país llama Isla Huangyan. Está situado a un poco más de 160 kilometros de Filipinas y a unos 500 kilómetros de China. Violando la soberanía de sus aguas, China ha estacionado varios buques no militares. También Filipinas en 2011 envió un buque de guerra al atolón, tras un enfrentamiento con navíos chinos.

La creciente tensión entre China y Filipinas por las reclamaciones territoriales se puso de manifiesto en 2012. La pugna alcanzó cotas preocupantes cuando China amenazó con represalias económicas, e incluso con menciones a la guerra. Suspendió el turismo hacia Filipinas, recomendando a sus ciudadanos no visitar el país vecino y reforzó la inspección de la fruta procedente de su territorio. China es el mayor comprador individual de plátanos de Filipinas.

Por su parte, en el Pacífico Washington se define a sí misma como una “potencia residente“, un término acuñado en 2008 por el entonces Secretario de Defensa, Robert Gates, en una reunión sobre seguridad celebrada en Singapur. Tres años después, en un foro sobre seguridad celebrado en Hanoi, Hillary Clinton, la secretaria de Estado, declaró que para Estados Unidos los asuntos del mar en cuestión son de “interés nacional”.

En la región la superioridad militar de Estados Unidos se remonta a 1945 y sigue siendo indiscutible hoy: 6 de los portaaviones que dispone se encuentran ya en el Pacífico. Pero además de sus propias fuerzas, la estrategia de Estados Unidos se apoya sobre sus fieles aliados, que empiezan por Corea del sur, siguen con Japón, Taiwan y Filipinas, para acabar en Australia.

El carácter del Mar y del Pacífico, en general, es estratégico para Estados Unidos, por lo que sigue trasladando el grueso de sus fuerza militar, para disponer sobre el terreno del 60 por ciento de su fuerza naval desplegada permanentemente hacia 2020. La VII Flota ha relevado al portaviones Kitty Hawk por el más avanzado George Washington y el grupo de destructores ya está dotado con el sistema Aegis. Con la misma idea de golpear más allá del alcance de sus sistemas aeronavales, planea la entrada en servicio de 260 cazas F-35C (invisibles al radar), la ampliación del radio de acción de los F-18 (con depósitos adicionales) y dotarse de más aviones de guerra electrónica EA-18G, todo ello tras haber probado con éxito el aterrizaje autónomo en un portaviones del dron X-47B.

De esta manera Estados Unidos reconoce la creciente importancia del Extremo Oriente, no solo desde el punto de vista comercial. En la misma medida otras regiones (como Europa) pierden relevancia estratégica.

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