martes, 22 de marzo de 2016

El general Castres entierra el mito de los ‘rebeldes moderados’

El general Didier Castres
Caroline Galacteros

La verdad acaba siempre por resplandecer. Al principio hay algunas débiles señales (como el título de esta serie de artículos), y otras veces hay ruidos sordos que se hacen poco a poco más detectables, hasta que acaban por inundar por completo el debate público y alcanzan finalmente el núcleo duro de las tesis oficiales.

Cuando se trata de los rebeldes sirios, amablemente caracterizados desde hace algunos años de moderados, estamos todavía en la etapa de las señales débiles, pero la situación evoluciona en el buen sentido. No podemos por menos que alegrarnos por el reportaje “Una ojeada sobre Siria” (dirigido por Anthony Forestier, presentado por Sarah Soulah y difundido en France 2 el 18 de febrero), que presenta una nueva mirada sobre el conflicto sirio... cinco años después de su comienzo. Frente a las inconsecuencias de la política exterior nacional y a sus consecuencias militares difíciles de gestionar en el aspecto operativo, el propio “establishment” militar se atreve a señalar algunos hechos embarazosos. Los hechos son testarudos y están a mil leguas de la moralina que destila principalmente el Quai de Orsay desde hace tres años.

El general Didier Castres, subjefe de operaciones del estado Mayor de los Ejércitos, fue oído el 16 de diciembre de 2015 por la Comisión de Asuntos Extranjeros, de Defensa y de las Fuerzas Armadas del Senado. Y he aquí lo que el oficial francés saca a la luz del día.

“Las fuerzas de combate del Califato Islámico se estiman en unos 30.000 efectivos en Siria y en Irak, de ellos un 40 por ciento de combatientes extranjeros. Se enfrentan a 140.000 kurdos del norte de Irak, 7.000 kurdos sirios y 130.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Además en Siria existe una constelación de diversos combatientes del orden de unas 100.000 personas, de los cuales Francia considera que 80.000 pertenecen bien a grupos terroristas designados como tales por las Naciones Unidas, bien a grupos salafistas extremistas”.

Aclaremos algunas cifras para medir la amplitud de la distancia entre los datos del mando militar y las gesticulaciones de nuestra cancillería.

Primera información: la potencia del Califato Islámico está ampliamente sobreestimada en nuestros medios de información. Disponiendo solamente de 30.000 hombres (otras fuentes hablan de 50.000) en Iraq y Siria, el Califato Islámico no supone un peso considerable en el aspecto militar. Su expansión territorial desde hace tres años muestra lo que numerosos observadores sirios (entre ellos el arzobispo de Alepo) han denunciado amargamente: los occidentales han hablado mucho, pero extrañamente han hecho poco para destruir esta hidra de color verde oscuro.

Segunda información: si los miembros del Califato Islámico están repartidos de una forma más o menos equilibrada entre Irak y Siria, se puede considerar que hay entre 15.000 y 20.000 combatientes del Califato Islámico principalmente alrededor de Raqqa. Son muchos menos que los otros terroristas islamistas presentes en Siria, de los que el general Castres nos dice que probablemente son alrededor de 80.000 en las zonas que nuestros medios y nuestros representantes políticos califican fácilmente de rebeldes. Tenemos pues una relación de 1 a 4 entre los islamistas del Califato Islámico y los otros (de los cuales una aplastante mayoría, alrededor del Frente Al-Nosra están afiliados oficiosa u oficialmente a Al-Qaeda, cuna original del... Califato Islámico). Las cancillerías oficiales, si tuvieran en cuenta las cifras que les proporcionan principalmente la inteligencia militar, debieran en consecuencia tener sus propósitos mucho más cercanos a los mantenidos por Sergei Lavrov o el mismo Bachar el-Assad. Pero negar la realidad es un pecado muy extendido, y es más fácil acusar a los periodistas de France 2 de repetir la propaganda del régimen sirio que admitir un sesgo político o un déficit de comprensión de la situación. Como, por otro lado, fue más fácil hace algunas semanas acusar a los periodistas de Canal+ de repetir la propaganda del Kremlin en su reportaje sobre la revolución de Maidan y la guerra civil ucraniana en el Donbass.

Tercera información. Quedan pues un poco más de 20.000 rebeldes denominados moderados, según la investigación militar francesa. Son pocos... sobre todo porque combaten en las mismas zonas que los 80.000 terroristas, de los que son en la práctica aliados sobre el terreno. Sobre este punto, invitamos a leer el artículo de Bouger les Lines sobre la escala de colores de los rebeldes que recuerda el mosaico de coaliciones en Siria en el seno de todas las falanges rebeldes, desde el verde pálido al más oscuro, que para algunos son rivales y para muchos avatares presentables de los grupúsculos más radicales, combatiendo juntos muy frecuentemente, principalmente con el Frente Al-Nosra, o por cuenta de éste.

La víspera de esta edificante audiencia del general Castres, el 15 de diciembre de 2015, el ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian prestaba también declaración ante esa misma Comisión del Senado. Si se cruzan las dos declaraciones y teniendo en cuenta que nuestro ministro no podía ignorar las informaciones de la inteligencia militar, la brecha entre ambas se hace inquietante.

“En Siria las dificultades se concentran en el Oeste, en la frontera con Turquía, en donde los ejércitos leales apoyados por Rusia y los pasdarans iraníes ganan terreno en los territorios controlados por los insurgentes, pero menos deprisa de lo que esperaban. La presencia rusa es significativa, con una cuarentena de cazas con base en Latakia. Rusia emplea igualmente su aviación a larga distancia, para los ataques contra Raqqa y Deir Eizzor por bombardeos que despegan del aeródromo de Mozdok, en el sur de Georgia, o con lanzamiento de misiles desde el crucero Moskva, en la orilla de Latakia. Se nota una inflexión de la acción militar rusa. Estimamos así que los ataques contra el Califato Islámico representan entre un 20 y un 30 por ciento del total de ataques rusos estas últimas semanas, contra un 5 por ciento anteriormente. Respecto al apoyo a los rebeldes, la acción militar norteamericana y francesa se ha reforzado, apoyada desde hace poco por los ataques británicos”.

Primera información: si se tienen en cuenta las cifras del ministro Le Drian y se las compara con las del general Castres, se deduce que Rusia repartió un 20-30 por ciento de sus ataques contra los 15-20.000 combatientes del Estado Islámico, y un 70-80 por ciento contra los 100.000 rebeldes (de los cuales 80.000 son terroristas islamistas). Los ataques rusos están pues en perfecta coherencia con las investigaciones militares francesas, lo que no es el caso de los ataques... franceses.

Segunda información. ¿Como comparar la declaración del ministro de Defensa sobre el refuerzo a la ayuda a los insurgentes con la del general Castres sobre los 80.000 terroristas entre los 100.000 rebeldes, sin llegar a la conclusión de la manifiesta imposibilidad de tal comparación?... salvo que se entienda que Francia y los países occidentales apoyan directa o indirectamente el terrorismo islamista.

En tanto que un alto el fuego muy parcial y frágil parece establecerse, pero que los perfiles de un acuerdo político de la cuestión siria parecen estar aún en el limbo, estas informaciones oficiales presentadas a la representación nacional nos dan medida de toda la inconsciencia y la ceguera que han llevado desde hace cinco años a Occidente a entrometerse en el Levante. Estos elementos son elocuentes, pero muy inquietantes. ¿Cómo no interrogarse sobre la función del Califato Islámico? El Califato Islámico y sus terroríficos y espectaculares modos de acción ¿no son, al menos parcialmente, el horroroso biombo que cristaliza la atención popular, mediática y política, el escondite de una empresa mucho mas grave de desestabilización profunda de la región y del mundo? El Califato Islámico hace olvidar a Al-Qaeda, que actúa en segundo plano, y como una eficaz cortina, a la manera de las raíces subterráneas. Sus múltiples avatares, ahora etiquetados como “rebeldes”, “insurgentes” o “islamistas moderados”, se han hecho, en contraste, recomendables, y prosiguen su metódico desmembramiento del Estado.

Fuente: http://galacteros.over-blog.com

1 comentario:

  1. No creo que les importe ya mucho.
    La guerra está ya muy avanzada y todos los bandos "se han vuelto sanguinarios".
    es lo que tienen las guerras.

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