martes, 8 de marzo de 2016

El efecto Goebbels en la era digital

La era digital no sólo refuerza la ideología dominante, que para ejercer su papel dominante, debe ser pueril, simple e incluso cutre, sino que además es una fábrica de debilidad intelectual.

Está ligado a la facilidad de uso. Todo es tan sencillo que no hay que complicarse la vida y, sobre todo, no hay que pensar. Basta echar un vistazo a la Wikipedia o buscar en Google.

En su inmensa mayoría, internet no produce ideas; lo que prevalece en el mundo virtual son reproducciones, el corta y pega de textos que eleva a la categoría de ley ideológica la política de Goebbels: una falsedad que se repite miles de veces se convierte en un tipo especial de verdad.

No es exactamente una verdad, pero se le parece mucho. Se caracteriza porque no necesita demostración, que es la esencia de una verdad de verdad. Si alguien asegura que Stalin fue un tipo sanguinario, jamás le van pedir explicaciones. No es necesario demostrar la ideología dominante por un evidencia sencilla: millones de personas que piensan lo mismo no pueden equivocarse. Es imposible.

En la era digital el efecto Goebbels se llama de otra manera: viralidad, trend topic... Los mensajes rebotan de un sitio a otro, llenando el correo electrónico de basura y, sobre todo en ciertos temas, la inmensa mayoría de páginas web no son otra cosa que eso: basura.

En esencia, internet no es creativo sino reproductivo. Los autores de contenidos son la voz de su amo; carecen de criterio propio; son meros altavoces de lo que otros han dicho, de rumores imprecisos y de cotilleos con pretensiones.

Es el caso de Distrito Seis, que repite el programa de La Sexta de Jordi Évole sobre el trabajo esclavo del franquismo y pretende ser tan sumamente original que lo equipara al “gulag” soviético (*). Su autor no da para más.

Dice que el “gulag” es “uno de los símbolos más representativos” de la Unión Soviética. Ya ven. Lo más representativo de la Unión Soviética no fue acabar con el hambre o el analfabetismo, sino el “gulag” precisamente.

¿Por qué? Porque el pobrecillo que ha escrito eso no sabe que lo extraño es encontrar un país en el mundo en el que no hubiera “gulags”. Tampoco se ha preocupado de informarse. ¿Para qué?

Alguien debería anunciarle de que al acabar la guerra civil española, a los combatientes republicanos que se exiliaron en Francia los recluyeron en campos de concentración. ¿No se ha enterado de que en países tan democráticos como Francia, gobernada entonces por el Frente Popular, había campos de concentración?

Otro ejemplo: en Estado Unidos es conocido el caso de Guantánamo, algo que ocurrió hace medio siglo y sigue ocurriendo ahora mismo.

¿Por qué nadie asocia los campos de concentración a un país como Estados Unidos? Por pura pereza mental, por apatía y por una incapacidad crítica alarmante.

Entre ambos casos hay, además, una pequeña diferencia: en la Unión Soviética en los campos de trabajo recluían a personas condenadas después de un juicio; en Estados Unidos en los campos como Guantánamo (y otros) encierran a personas que no han sido juzgadas jamás.

Al redactor de Distrito Seis le sorprendió que en el franquismo los presos políticos trabajaran como esclavos. Se enteró gracias a la tele y eso le inspiró una asociación de “ideas” propia de su ínfima condición intelectual: el franquismo es como el comunismo.

En cuatro líneas ese tipo de clichés se repiten machaconamente: en la Unión Soviética hubo “millones” de prisioneros que, además, estaban “hacinados” y trabajaban en condiciones “extremas”. ¿Verdad que les suena todo ese tipo de frases manoseadas?

Internet hubiera hecho las delicias de Goebbels y el III Reich. La facilidad de edición llena internet de textos vacíos, tópicos y monótonos, que retratan exactamente a quienes los escriben, con el agravante de que muchas veces creen que han descubierto el mundo con sus tonterías.

Este fenómeno es más que evidente ante asuntos claves de la historia, como la Unión Soviética, en donde la ideología dominante tiene que echar el resto a la búsqueda de intelectos serviles, dóciles, disciplinados que reproduzcan las consignas sin hacerse preguntas.

A quien quiera informarse, de verdad, hay que decirle que el crecimiento intelectual no es un problema de inteligencia, como creen muchos, sino de voluntad. ¿Realmente se quiere informar Usted?, ¿el saber le interesa? Pues sepa desde ahora que eso exige un esfuerzo, obliga a investigar. Se podría decir incluso que obliga a buscar, de no ser porque ahora eso no requiere esfuerzo: se busca en Google y en la Wikipedia, que es como buscar en el cubo de la basura.

Desconfíe siempre de quien se lo da todo hecho, de quien no le llena de dudas, de quien no le obliga a la fatigosa tarea de pensar.

(*) http://distritoseis.es/gulags-franquismo

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