jueves, 31 de marzo de 2016

Del Código Penal al Pecado Original

Ayer el Presidente de la República francesa, François Hollande, renunció definitivamente a lo que alguien ha calificado, acertadamente, como un “golpe de Estado constitucional”. Otros dicen que ha tratado de introducir el estado de emergencia dentro de la Constitución.

El discurso fue el típico de la socialdemocracia de hace 100 años. Si pero no... A pesar de las declaraciones grandielocuentes, Francia ha quedado seriamente tocada por los atentados del año pasado. Los yihadistas han ganado la partida. Además de introducir el estado de emergencia han obligado a Hollande a cambiar la Constitución o, al menos, a intentarlo:

“He decidido [...] cerrar el debate constitucional pero no me desviaré de los compromisos que he contraído [...] para asegurar la seguridad de nuestro país para proteger a los franceses contra el terrorismo. Es mi deber y es mi responsabilidad. Lo asumiré hasta el final y con la fuerza necesaria”, dijo después de recibir a los presidentes de la Asamblea y del Senado.

Pero para llevar adelante su reforma constitucional, Hollande no ataca a los yihadistas sino a la oposición. Necesitaba 3/5 partes de los votos en ambas Cámaras y no los ha logrado. Lamenta más la oportunidad perdida que los 130 muertos en los atentados.

Hollande desvía los tiros. El problema no es la oposición, desde luego. Tampoco son los yihadistas, ni los 130 cadáveres. El verdadero problema es que se ha encontrado con una protesta creciente contra el estado de urgencia. A su vez, las manifestaciones en las calles en su contra han crecido porque todos se han dado cuenta de los continuos abusos policiales.

La costra política estaba de acuerdo en constitucionalizar el estado de emergencia, es decir, en liquidar los pocos restos de derechos y libertades que quedan en Francia, pero ponían pegas a la pérdida de nacionalidad para las personas condenadas por terrorismo. En el Senado algunos querían que eso sólo fuera posible si el condenado tenía doble nacionalidad. Cualquier otro cambio supondría declararle “apátrida”.

“Cuatro meses después constato que la Asamblea nacional y el Senado no se ponen de acuerdo sobre un mismo texto y que el compromiso sobre la pérdida de nacionalidad para los terroristas es imposible. También constato que una parte de la oposición es enemiga a cualquier revisión constitucional sobre el estado de urgencia o incluso sobre la independencia de la judicatura. Deploro profundamente esta actitud”, dijo el Presidente francés.

Por si a alguno le suena, hay que decir que la pérdida de nacionalidad no tiene límite temporal, es decir, que se trata de una condena perpetua. Lo mismo que en España, se trata de crear personas condenadas para toda la vida, es decir, más bien un Pecado Original que un Código Penal. Son castigos que sólo se acaban con la muerte.

Como en todo este tipo de reformas fascistas, el terrorismo no es más que la excusa ideal. Aprovechando que el Sena pasa por París... ese tipo de condenas perpetuas no sólo se pueden imponer en los delitos de terrorismo sino también en los delitos cometidos contra la policía y contra menores.

Decimos fascistas de una manera deliberada porque en Francia el origen de la legislación antiterrorista es el Gobierno de Vichy, como en España también tiene su origen en el franquismo. Esa es la esencia del “golpe de Estado constitucional” que Hollande ha pretendido llevar a cabo. Lo que se lo ha impedido no ha sido la oposición, ni la derecha, sino las riadas de gente en la calle.

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