jueves, 10 de marzo de 2016

A la ‘mano invisible’ de Adam Smith se le ve el plumero

Adam Smith (1723-1790)
Cualquiera puede imaginarse que si no sabe la causa de un problema, difícilmente le podrá encontrar la solución.

En el caso del capitalismo, los economistas se han enterado -por fin- de que hay una crisis mundial, pero no saben la causa. No se esperaban una crisis; les ha pillado por sorpresa.

Entonces es posible suponer que si los economistas no saben la causa, tampoco encontrarán remedio a los males del capitalismo: paro, miseria, vivienda, guerra...

Pero no es exactamente así: aunque supieran la causa, tampoco le podrían poner remedio por un razón bien simple: porque no la hay. Los males del capitalismo no tienen remedio... dentro del propio capitalismo que los causa.

Sin embargo, los capitalistas nunca dirán que la causa de la crisis es el capitalismo. Por ejemplo, el Banco de Pagos Internacionales -conocido como el banco central de los bancos centrales- ha vuelto a advertir recientemente que sobre el capitalismo se “avecina una tormenta” de alcance mundial.

En realidad, la tormenta no se avecina sino que ya ha llegado. Pero eso no es lo más importante, sino el diagnóstico. Según dicho Banco, la causa de la “tormenta” son los gobiernos de todo el mundo que están implementando políticas monetarias equivocadas.

Es lo que oímos a diario en las tertulias de los periodistas con los partidos políticos: la causa de la crisis son políticas económicas erróneas. Si las cambiamos es posible salir de la crisis.

Como las políticas económicas las implementan instituciones políticas, tales como gobiernos o bancos centrales, lo que se debe hacer es cambiar de gobierno o al personal que está al frente de la gestión pública.

Es el típico análisis burgués, subjetivo e individualista, que habla de las erróneas decisiones de alguien, aunque sea de la “mano invisible” de Adam Smith.

Si alguien no se hubiera equivocado, no habría crisis. Entonces se trata de buscar a los “culpables”, a los cuales se les pone nombre y apellidos para personalizar: Lehman Brothers, ladrillo, burbuja, especulación...

Para salir de la crisis hay que relevar a las personas que se han equivocado al tomar las decisiones y poner a otros en su lugar. En última instancia, como a las personas que toman las decisiones las ha elegido Usted con su voto, no le quepa duda: Usted tiene la culpa de la crisis mundial del capitalismo.

Por sí mismo, sin decisiones equivocadas, el capitalismo sería un paraíso. No hay más que leer los manuales de economía que imparten en las facultades universitarias, que ignoran hasta la palabra crisis.

Por el contrario, Marx construyó la ciencia de la economía política (que es economía tanto como política) sobre la crisis del capitalismo, sobre leyes tales como la “caída de la tasa de ganancia”, es decir, sobre algo que no crece indefinidamente sino que tiene una tendencia a hundirse.

La crisis es internacional, se han equivocado todos, al mismo tiempo y en todo el mundo. Por lo tanto, lo que es un “error” es el capitalismo.

Pero eso mismo se debería decir de otra manera: en realidad, el capitalismo no está en crisis, es decir, en una etapa mala, pasajera, a la que seguirá otra de abundancia. El estado natural del capitalismo es la crisis. Ambos son consustanciales, por lo que no se puede “salir” de la crisis más que saliendo del capitalismo.

Eso, lo más básico, es lo que no vamos a poder escuchar en ninguna tertulia ni en ningún debate electoral.

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