miércoles, 3 de febrero de 2016

Los yacimientos de gas complican las alianzas en el Mediterráneo oriental

El jueves de la semana pasada Israel, Grecia y Chipre anunciaron que van a trabajar conjuntamente para exportar gas del Mediterráneo oriental hacia Europa a través de un gasoducto que recorre los tres países.

Israel y Chipre han descubierto importantes reservas de gas natural en sus aguas jurisdiccionales, lo que interesa mucho a la Unión Europea que, con un porcentaje por encima del 70 por ciento, se considera excesivamente dependiente del gas ruso.

“Con ocasión de este encuentro volvemos a reiterar nuestro apoyo al proyecto de exportar gas del Mediterráneo oriental hacia Europa”, precisaron en una declaración conjunta los primeros ministros de Israel, Benjamin Netanyahu, de Grecia, Alexis Tsipras, y de Chipre, Nicos Anastasiades.

“En este contexto estamos preparados para explorar más adelante proyectos como el gasoducto EastMed”, añade el comunicado, que es otra muestra de las estrechas relaciones de Syriza con el sionismo.

El gasoducto EastMed tendrá un recorrido de 1.700 kilómetros, según la empresa griega ISI Poseidon que lo está diseñando, y permitiría transportar 15 millones de metros cúbicos anuales de gas hacia Europa.

En la rueda de prensa Netanyahu indicó que los tres países formarán un comité conjunto para impulsar el proyecto y que estudiarían la posibilidad de unir la red eléctrica de los tres países a través de un cable submarino.

Explorando el fondo marino cerca de Haifa, Noble Energy y otros monopolios estadounidenses e israelíes descubrieron en 2009 los yacimientos de Tamar y Leviatán, que atesoran 127.400 millones de metros cúbicos de gas natural (*).

Otros monopolios, como la francesa Total, también llevan a cabo prospecciones para buscar nuevos yacimientos en la isla, que espera iniciar las exportaciones de gas a partir de 2022.

Israel también ha reconocido que ha encontrado yacimientos de gas que pertenecen en parte a Líbano pero que planea explotar por su cuenta, aprovechando el vacío político existente en su vecino del norte, entre otras razones porque Israel nunca ha delimitado su límite marítimo con él.

Hezbollah ya ha amenazado con atacar las plataformas costeras de gas israelí. Para impedirlo Israel equipará su flota en alta mar con cuatro nuevos buques de guerra y cambiará su estrategia naval, hasta ahora centrada en la defensa costera y en mantener el bloqueo de Gaza.

A diferencia de Líbano, desde 2010 Chipre tiene un acuerdo sobre fronteras marítimas con Israel. Pero la isla está dividida en dos gobiernos, uno griego y el otro turco, desde la guerra de 1974. La autodenominada República Turca de Chipre reclama una parte de los yacimientos y se ha opuesto a los contratos de perforación submarina firmados unilateralmente por los greco-chipriotas.

Turquía no reconoce los acuerdos fronterizos de Chipre con sus vecinos y teme que los turco-chipriotas se queden al margen. El gobierno de Erdogan quiere convertir a su país en una ruta de tránsito del gas y el petróleo desde el Mar Caspio y desde Asia Central hacia el mercado europeo.

Por ello, rechaza los acuerdos entre Israel y Chipre y apoya al Líbano en su disputa fronteriza con Israel con algo más que palabras. El ejército turco realizó importantes ejercicios navales en el momento de la perforación que realizaron empresas greco-chipriotas, y ha enviado sus propios buques de exploración a aguas que están en disputa, amenazando con perforar en nombre de los turco-chipriotas en los yacimientos de Afrodita, que se encuentran dentro de la Zona Económica Exclusiva de Israel.

Por su parte, en mayo de 2010 comandos israelíes abordaron una embarcación turca que portaba ayuda humanitaria con rumbo a Gaza.

Lo mismo que Turquía, el acuerdo tripartito entre Israel, Grecia y Chipre se aprovecha de la guerra imperialista contra Siria, que también carece de un acuerdo con Chipre sobre los límites de la Zona Económica Exclusiva.

Más complicaciones: el proyecto tripartito también se puede convertir en un instrumento de presión de Israel contra Rusia, a quien hará la competencia en el suministro de gas con destino a Europa.

Que el inicio de la Primavera Árabe (2011) coincida en el tiempo con los descubrimientos de gas en el Mediterráneo oriental no parece ninguna casualidad.

Hasta la protesta de la Plaza Tahrir, Egipto suministraba el 40 por ciento del gas consumido en Israel a precios por debajo del mercado.

Ahora los yacimientos descubiertos no sólo podrían satisfacer las necesidades energéticas de Israel durante los próximos 30 años, sino que le convertirían en un país exportador de energía.

La inestabilidad en Mediterráneo oriental explica al despliegue militar de Rusia en la región, incluida la guerra de Siria. Durante la guerra de Yom Kippur de 1973, la fuerza naval soviética llenó a emplazar 96 buques de guerra, que con tiempo fue descendiendo hasta llegar a cero con la desaparición de la URSS.

El descubrimiento del gas y el estallido de la Primavera Árabe ha revertido la situación y Rusia ha llevado a cabo tres ejercicios navales en el Mediterráneo, a una escala nunca vista.

La realizada en enero de 2013, involucró más de 20 buques de guerra y submarinos de la flota del Mar Negro, Báltico y del Norte, así como la aviación de largo alcance, el Cuarto Comando de la Fuerza Aérea y Defensa Antiaérea. Los ejercicios cubrieron más de 21.000 millas náuticas y probaron la resistencia de los sistemas de mando y control en una gama de escenarios, desde gestión de desastres y la lucha contra el terrorismo hasta defensa aérea y guerra antisubmarina.

(*) http://on.doi.gov/bj8YJQ, http://bit.ly/ZTY8dy

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