lunes, 15 de febrero de 2016

Los nuevos misiles convierten en chatarra a los portaviones de Estados Unidos

El portaviones más sofisticado de la Marina norteamericana el “USS Gerald Ford” corre el riesgo de no llegar nunca a ser el símbolo de la potencia naval estadounidense, porque pudiera demostrar su obsolescencia incluso antes de ser construido, afirma Harry Kazianis, en las páginas del semanario “The National Interest”.

Los misiles diseñados por Rusia y China para destruir portaaviones reducen a la nada las ventajas del nuevo navío norteamericano, que ya ha costado a Washington 15.000 millones de dólares.

Los países poseedores de tecnología punta, especialmente las grandes potencias como China y Rusia (a las que el Pentágono considera como la diana principal de sus fuerzas armadas) desarrollan sistemas de misiles de gran alcance capaces de golpear masivamente en numerosos puntos.

Utilizada por un equipo experimentado y combinado con métodos de detección de blancos en alta mar, un arma de este tipo está en disposición de transformar los “superportaviones” en una tumba para 2.000 marines norteamericanos, siendo además su valor de de muchos miles de millones de dólares, escribe Henry Kazianis.

La publicación cita a estos efectos la opinión del analista militar Jerry Hendrix, según el que Rusia y China dispondrían de misiles capaces de destruir portaviones a una distancia de 1.500 kilómetros del litoral.

La Marina ha tomado la decisión interna de limitar el radio de acción de los aviones embarcados a 800 kilómetros. Si queremos atacar al enemigo con estos aviones, las fuerzas navales debieran desplegar estos barcos en la zona cubierta por los misiles “mata-portaviones”. Esta solución constituye un peligro físico para la embarcación y su tripulación”, subraya M. Hendrix.

“Si no dotamos al ejército norteamericano del más caro de los sistemas, que permita golpear a gran distancia, el portaviones formará parte de los barcos de pasado, en su calidad de museo flotante mas deprisa de lo que quisiéramos”, concluye Harry Kazianis.

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