jueves, 18 de febrero de 2016

La vida en Idleb bajo la férula del Frente Al-Nusra

Marie Kostrz

En Idleb y en esa región del noroeste de Siria, civiles y soldados sufren duramente la radicalización de las normas impuestas por Jabhat-Al-Nusra en la vida cotidiana [...]

“Creo que quieren matarme”. Para quienes conocen a Raed Fares y su optimismo inquebrantable, esta confidencia da medida de la gravedad de la situación que domina en Idleb, en el noroeste de Siria. En la noche del 9 al 10 de febrero de 2016, seis combatientes de Jabhat-Al-Nusra, grupo armado afiliado a Al-Qaeda, irrumpieron en los locales de Radio Fresh, en Kafranbel. Se apoderaron del equipo de la radio creada en octubre de 2013, pisotearon las banderas de la revolución siria que encontraron y detuvieron a Raed Fares. Este militante ferozmente enemigo del régimen sirio y cofundador de la radio se hizo célebre en Siria por sus pancartas con mensajes hirientes para el régimen, para el Estado Islámico o para la comunidad internacional.

Si las negociaciones de Hadi Abdallah, otro activista próximo a los islamistas, permitió su liberación in extremis, Raed Fares fue obligado, sin embargo, a realizar un público mea culpa en las redes sociales. Muchas de sus actividades habían molestado a Jabhat Al-Nusra últimamente. “Ya no quieren que se difunda música en la radio, y me acusan de haber violado la charia, difundiendo fotos de pintadas en la ciudad en protesta contra su campaña para que las niñas portaran el niqab a partir de los diez años”, nos resume. Posteriormente, el grupo volvió a amenazarlo numerosas veces, prometiéndole que tarde o temprano pagaría por su libertad de tono.

Las desgracias de Raed Fares son significativas del cambio de comportamiento de Jabhat AL-Nusra en Idleb [...] Dos sucesos militares acompañaron el cambio de actitud del grupo yihadista. En primer lugar, su influencia sobre el terreno creció sensiblemente en el otoño de 2014, cuando se apoderó de las posiciones del Frente Revolucionario Sirio (FRS), grupo rebelde moderado, en  las colinas de Al-Zwiya, al sur de Idleb. Después, en la primavera de 2015, Jeish Al-Fatah (“Ejército de la Conquista”) capturaba los últimos bastiones del régimen en la región. Las ciudades de Jisr Al- Choughour, Idleb y Ariha cayeron en las manos de esa coalición. Creada con la bendición de Arabia Saudita, Qatar y Turquía, reúne en su seno numerosos grupos islamistas y salafistas: Jabhat Al-Nusra, Ahrar Al-Sham, Jound Al-Aqsa, Liwa AL-Haq, Jeish Al-Suna, Ajnad Al-Sham. Otros grupos rebeldes del ELS, no incorporados a Jeish Al-Fath, participan también en el combate.

El control sobre la administración

Una vez estabilizada la situación tras la liberación de las tres ciudades, la situación cambió radicalmente. Mientras que el poder de atracción del grupo ha descansado durante mucho tiempo en su capacidad de aparentar desinterés de lo que pasaba en el campo de batalla, Jabhat Al-Nusra comienza a inmiscuirse en la vida cotidiana de los civiles. Muchos tienen ahora el sentimiento de descubrir su auténtico rostro. “Ahora, se le percibe como el enemigo del pueblo y de la revolución”, sostiene Assem Zeidan. El cambio fue notablemente agudo tras la toma de la ciudad de Idleb. “Cuando fue liberada [en la primavera de 2015] fuimos muchos actores de la sociedad civil a entrevistarnos con Jeish Al-Fatah para iniciar el diálogo”, recuerda un activista de Idleb que quiere permanecer anónimo. El fin: proponer a las diferentes facciones de la coalición la creación de un comité de ocho activistas influyentes de la región de Idleb que se encargarían de organizar la administración de la ciudad, como es el caso en las ciudades controladas por el ESL. Las propias facciones armadas se comprometerían a no interferir en su trabajo. “Rechazaron categóricamente nuestra proposición”, afirma el activista.

La ciudad, que estaba hasta entonces bajo el control del régimen sirio, sufrió una auténtica limpieza. “Los combatientes mataron a civiles, por ejemplo profesores y médicos, porque, para ellos, pertenecer a la administración les hacía aliados del régimen sirio”, atestigua Alia, una joven que abandonó Idleb hace cuatro meses y ahora vive en Turquía. Jabhat Al-Nusra y Ahrar Al-Sham, grupo salafista cuya ideología es muy cercana, comparten ahora el control de la ciudad y la mayoría del territorio de la región de Idleb. Los hospitales, escuelas, tribunales y diversos servicios están ahora bajo su control. El acoso a los habitantes para que las tiendas cierren a la hora de la oración y la prohibición del tabaco forma ahora parte de lo cotidiano. “Los habitantes tiene mucho temor de Jabhat Al-Nusra, porque toda persona conocida por su oposición a sus ideas es considerada como un infiel”, añade.

La caza a los ‘infieles’

Las mujeres no escapan a esta continua vigilancia. “Jabhat Al-Nusra me detuvo porque no llevaba abaya”, denuncia Alia. “Me han convocada ante el tribunal, y me han dicho que si se repetía, me golpearían”. Similares reglas se habían ya impuesto en otras zonas de Idleb, bajo el control de Jabhat Al-Nusra anteriormente. “Antes, cada ciudad era dirigida por un consejo local y tenía un tribunal. En función del grupo armado que la controlara se hacía sentir una determinada influencia, pero se podría decir que no había una intromisión real en la vida civil”, describe el activista de Idleb. Una situación que ha tenido su fin con la llegada de Jabhat Al-Nusra, que se apoderó de dos tribunales en las zonas que controla.

Originaria del pueblo de Kneda, extremo oeste de la región de Idleb, en la sierra de Al-Lattakia, Eshraq vio la represión del grupo sobre el pueblo desde 2013. “Se han recibido órdenes para  que las mujeres lleven el niqab y una abaya”, nos dice. “Si la mujer no obedece, su marido o padre es llamado al tribunal y se le amenaza”. Según esta joven sin embargo nadie en este pueblo ha visto cumplirse las amenazas.

La educación es también uno de los sectores sobre los que el grupo ha tomado el control. Se acabaron los cursos de historia y de filosofía. “Jabhat Al-Nusra nos ha dicho que la historia enseñada era falsa, y que la filosofía es para los delincuentes”, declara Eshraq. En su lugar se enseña ahora la sharia y la vida de Mahoma, mediante cursos religiosos. El grupo ha invitado a los estudiantes a  acudir a la mezquita durante el verano. “Nada era obligatorio, algunos han asistido voluntariamente, porque tenían recompensas pequeñas, como bocadillos, por ejemplo”, lamenta Eshraq.

“Algunos padres no son conscientes de las consecuencias que las lecciones coránicas impartidas por Al-Nusra tienen sobre sus hijos”. Es innegable que Jabhat Al-Nusra, pese a su comportamiento, se labra una base popular. Ahmad forma parte de ella. Vecino de Idleb y antiguo combatiente de la Brigada Escudos de los Conquistadores, ligada al ESL, está satisfecho de la forma en que la ciudad está administrada por AL-Nusra. “Gracias a ellos he podido volver a vivir en Idleb, de donde tuve que huir cuando estaba bajo control del régimen; hoy me siento seguro aquí”, nos dice. “Los que pensaban que Jabhat Al-Nusra se comporta mal no comprenden su mensaje y se engañan, no hacen ningún mal”.

En este contexto, es difícil para los protagonistas de la sociedad civil ejercer algún contrapoder. “Es muy complicado en Idleb, porque la ciudad estaba todavía en manos del régimen antes de que Jeish Al-Fatah la tomase, no hay la misma implantación que en otras ciudades, como en Saraqeb o Maarat Al-Noumam, que llevan liberadas muchos años”, detalla el militante de la región de Idleb que desea el anonimato. Sin embargo, aunque se reúnen, los activistas no están al abrigo de las represalias de Jabhat Al-Nusra. “Hay muchas personas influyentes que han sido detenidas porque los habían criticado abiertamente”, asegura Assem Zeidan, del grupo “Violaciones de Jabhat Al-Nusra”. Es el caso de Mustafá Hammoud Zariq, jefe de policía en el pueblo de Maarat Harma, abatido el pasado febrero, o de Amar Abdou, en prisión desde hace seis meses por haber publicado escritos contra Jabhat Al-Nusra.

Para continuar su trabajo, los activistas, muy dinámicos en la región de Idleb, hacen equilibrios. “Como hay ayuda para los civiles en nuestro centro, y como nuestras acciones no son políticas, nos dejan tranquilos por el momento”, piensa Jaldun, miembro del proyecto Caravana, organizadores de actividades para los niños, apoyo psicológico y cursos sobre higiene y salud para las mujeres. “Intentamos preservar la satisfacción y el apoyo de los padres, es nuestra mejor protección, porque sabemos que en cualquier momento Jabhat Al-Nusra puede venir a detenernos”. Según él, la presión que ejercen los yihadistas sobre la población  acabará sirviendo al grupo, que no puede prescindir de la sociedad civil. “Ayudamos mucho a los civiles, y Jabhat Al-Nusra no tiene esta experiencia”.

Una innegable ventaja militar

La correlación de fuerzas sobre el terreno es favorable en cualquier caso a Al-Nusra, a pesar de que algunas partes de la región de Idleb sean controladas por otros grupos. “Pueden ir a cualquier lugar y hacer lo que deseen, son los más fuertes sobre el terreno”, lamenta Raed Fares. “Cuando me detuvieron, el ESL, que controla la región de Kafranbel, no se opuso a Jabhat Al-Nusra y ni siquiera publicó un comunicado para apoyarme como lo hacia en el pasado”. Por realismo, sin duda, y también por pragmatismo, como explica un jefe de batallón anticarro de la brigada Forqa Al-Chamalia, integrada en el ESL: “El régimen sirio y los rusos intentan retomar las zonas liberadas. Después de Alepo se espera que ataquen Idleb, debemos apartar nuestras divergencias para no debilitar nuestra lucha”. Desde el 4 de febrero, el ejército regular ha efectuado una ofensiva fulgurante en el
norte de Alepo. La región de Idleb está bajo el fuego constante de la aviación rusa desde octubre.

El discurso del grupo salafista Ahrar Al-Sham no es muy distinto. “Tenemos disensiones con Jabhat AL-Nusra, pero desde la intervención rusa está en juego una posible fusión de nuestra dos fuerzas”, anuncia Hossam Salama, uno de los líderes de Ahrar Al-Sham en la zona. Hasta el presente, añade, la afiliación de Jabhat Al-Nusra a Al-Qaeda era la cuestión más problemática. Aunque apoya el establecimiento de un régimen islamista, Ahrar Al-Sham no tiene aspiraciones transnacionales, opuestamente a Al-Qaeda.

Además de esta diferencia fundamental entre los dos grupos existe igualmente una rivalidad territorial, que se traduce estos últimos meses en enfrentamientos. Poco después de la liberación de los últimos bastiones del régimen en la región, Jabhat Al-Nusra intentó tomar ciertos tribunales controlados por Ahrar Al-Sham. Habrá que aguardar al balance de la nueva batalla de Alepo para saber si los dos grupos sabrán poner aparte sus diferencias para hacer frente a las consecuencias que puede causar en la región de Idleb. Las libertades de los civiles quedarán sin duda alguna en un segundo plano.

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