viernes, 5 de febrero de 2016

El guerrero antisoviético pone su ejército en el camino de la paz

Ksnia Lukyanova

Contribuir al nacimiento de tu “enemigo público número 1” es un proceso que lleva tiempo, incluso décadas. Para ello hace falta mucho dinero y armamento desviado, campos de entrenamiento y colaboraciones con aquellos países aliados en donde está la carne de cañón preparada para combatir.

Hace algunos años, una entrevista a Sheikh Naim Nabeel, uno de los fundadores de la Yihad en Egipto y miembro de Al-Qaeda desde su creación, hizo caer el velo, ante el testimonio que ofreció sobre la contribución de la CIA a la aparición del terrorismo yihadista.

Para Naim Nabeel, los campos de entrenamiento en Jordania para los futuros combatientes fueron y son financiados por el gobierno norteamericano, de la misma forma que una parte de los muyaidines apoyados por los norteamericanos en aquel tiempo para oponerse al ejército soviético en Afganistán. Una vez finalizado el conflicto afgano, algunos de estos combatientes formaron Al-Qaeda en su primera versión.

Esta última revelación ha sido profundizada por Mike Springman en su libro “Visas para Al-Qaeda”. En los años 80, Springman fue jefe de la sección de visados norteamericanos en Jeddah, Arabia Saudita. Describe en su obra su trabajo cotidiano durante aquel tiempo, obligado regularmente por sus responsables a entregar visados a personas dudosas.

En una entrevista exclusiva con “Sputnik” ofrece algunos ejemplos: “Había un tipo sudanés, refugiado, que estaba en paro en Jeddah; ahora no recuerdo su nombre. Pero la mujer que era el oficial político de servicio, que se ocupaba de los clandestinos de la CIA solicitaba sin cesar una visa para el individuo, y yo siempre me negaba. Finalmente fue a ver al jefe del Consulado, y éste le proporciona la visa. Un día le abordé y le pregunté el motivo. ‘Seguridad nacional’, me respondió”.

Springman explica que todas las personas “elegidas” por las autoridades norteamericanas fueron provistas de un visado estadounidense, teniendo acceso a la libre circulación, pero especialmente a territorio norteamericano, en donde estaban previstos entrenamientos en campos militares secretos. Los combatientes allí formados eran enviados a continuación a Afganistán. Según Springman, estos combatientes fueron situados posteriormente en los Balcanes, en Irak, en Siria, en Libia, y siempre desplazándose gracias a sus visas ilegales. “Yo así lo creo, y es lo que de alguna forma me ha motivado, cuando empecé a pensar en escribir un libro. Veía lo que estaba pasando en Afganistán con los muyaidines, y lo que sucedía en los Balcanes con Yugoslavia, y me decía: ‘Estos tipos siguen ahí’”.

Durante esos años, el Departamento de Estado, en colaboración con la CIA, enviaba a personas como Mike Springman a Jeddah para asegurar la entrega de alrededor de 45.000 visados al año. Para mantener su empleo, no debían plantear demasiadas cuestiones al demandante de la visa. Por esos motivos, Springman fue despedido a los dos años, calificado como “incompetente”. Hasta mucho después no decidió escribir el libro, por numerosos motivos: “Ilustrar a la gente respecto a lo que hacía realmente el gobierno norteamericano, explicar el nivel actual de terrorismo y de tensión en Medio Oriente, demostrar que el gobierno norteamericano está en lo fundamental fuera de control, y que los servicios de investigación y las fuerzas armadas tienen la iniciativa en el equilibro del poder dentro del gobierno”.

Springman considera que los Estados Unidos continúan empleando el mismo método de entrenamiento de la oposición en los países en crisis. El “New York Times” le da la razón con una investigación sobre la colaboración entre la CIA y los saudíes. La antigua relación entre Estados Unidos y Arabia saudí vuelve a florecer con nuevas revelaciones. Según el “New York Times”, Washington y Riad financian conjuntamente algunos grupos sirios rebeldes, proporcionándoles armamento y entrenamiento en campos secretos de Jordania.

Alain Rodier, director adjunto del Centre Français de Recherche sur le Renseignement, explica que esta práctica no es inédita: “Es cierto que los norteamericanos, con el especial apoyo financiero saudí, mantienen un cierto número de movimientos rebeldes, de los que la mayoría tienen bases de apoyo situadas en Jordania, pero, según se ha sabido también, en Turquía. Por lo tanto es cierto que los norteamericanos quieren apoyarse en estos movimientos, en un principio para derrocar a Bachar al-Assad, pero ahora sobre todo para combatir al Califato Islámico. El problema es que el Califato Islámico es una emanación de Al-Qaeda, que se ha desligado de este movimiento hace ahora dos años. En realidad los norteamericanos han creado grupos que se han decantado hacia el islamismo radical y que en este aspecto puede ser algo similar a lo que pasó con Al-Qaeda en los años 90”.

Hoy numerosos países emplean este método, a pesar de que repetidamente ha mostrado el peligro del “efecto retroceso” que lo acompaña. Alain Rodier pone como ejemplo a otros actores de la región que financian a los grupos rebeldes: “En la actualidad es cierto que un determinado número de movimientos rebeldes en Siria están apoyados tanto por Arabia Saudita, por Qatar y por Turquía; en realidad, por los tres países en conjunto. Son desgraciadamente movimientos que están muy cercanos a Al-Qaeda, por no decir infiltrados por Al-Qaeda; pero también hay movimientos considerados rebeldes por las potencias, como por ejemplo los kurdos, que tienen allí el apoyo directo tanto de la coalición norteamericana como de los europeos”.

¿Aprender de los errores del pasado, o cerrar los ojos y taparse los oídos ignorando las evidencias? Tal vez debiera recordarse el artículo de Robert Fisk en “The Independent” el 6 de diciembre de 1993, titulado “El guerrero antisoviético pone su ejército en el camino de la paz”, artículo dedicado en su totalidad al héroe de los Estados Unidos de la época, un hombre de negocios saudí que respondía al nombre de Osama Bin Laden. Cómo siguió la historia lo sabemos muy bien.

Las guerras no tienen siempre el mismo aspecto y por ello es inútil compararlas, pero un cierto parecido asociado a un conjunto de revelaciones merece como mínimo que se planteen algunas preguntas...

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