martes, 5 de enero de 2016

La Tierra se encamina hacia una nueva época de enfriamiento general

Un equipo de investigadores de la Universidad de Northumbria considera que, entre las décadas de 2030 y 2040, el mundo se enfrentará a una nueva Pequeña Edad de Hielo como la que se dio a mediados del siglo XVII y principios del XVIII. Este equipo presentó sus conclusiones en julio del año pasado durante el Encuentro Nacional de Astronomía de Llandudno, en Gales, y sus predicciones contrastan con las habituales que transmiten los medios de comunicación.

Según los estudios que han llevado a cabo estos investigadores el enfriamiento generalizado se produce de forma cíclica y está directamente relacionado con los cambios que sufre el campo magnético del Sol y con las manchas solares que se pueden apreciar en su superficie.

Las manchas varían cíclicamente y tienen una gran influencia en el ambiente terrestre, quedando reflejados gracias a isótopos como el Carbono 14 o el Berilio 10.

Los investigadores de Northumbria han dedicado buena parte de su trabajo a analizar las variaciones que se producen en las ondas emitidas por el Sol y, según los resultados, concluyeron en que este cambia su polaridad en ciclos de 11 años, hecho que influye en la cantidad de manchas solares que se pueden apreciar sobre la superficie del astro. De esta manera, pudieron confirmar que la variación en las ondas hace que haya más o menos manchas y, también, que estas son un buen indicador de la actividad solar.

Siguiendo los datos proporcionados por sus estudios de campo, este equipo investigador ha afirmado que entre 2030 y 2040 habrá un número extremadamente bajo de manchas solares y que, por tanto, la actividad del Sol alcanzará mínimos muy parecidos a los que se dieron durante la Pequeña Edad del Hielo.

Si esto sucede, las temperaturas de la Tierra bajarán y se producirá un enfriamiento generalizado del planeta: el ozono es lo que mantiene calientes las corrientes de aire, y se forma gracias a los rayos ultravioletas que emite el Sol; cuando la actividad solar es intensa, se produce mucho más ozono gracias a las llamaradas solares y, por tanto, si esta actividad disminuye también lo hará la cantidad de ozono atmosférico, motivo por el cual será más difícil mantener calientes las capas bajas de aire de la atmósfera.

Estas previsiones científicas contrastan con las de la cumbre climática celebrada el mes pasado en París, según las cuales el planeta está experimentando un aumento de las temperaturas como consecuencia del incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La prensa acompañó aquella predicción afirmando -falsamente- que el año pasado ha sido el más cálido desde que se tienen registros de temperaturas. Sin embargo, en Polonia han muerto 39 personas desde comienzos de noviembre a causa del intenso frío, con temperaturas que alcanzado los 20 grados centígrados bajo cero.

El año pasado por estas mismas fechas la Agencia Española de Meteorología publicó una gráfica con las temperaturas de los meses de diciembre en la Comunidad Valenciana desde 1950 hasta 2014, es decir, más de medio siglo. En ella se aprecia que el invierno más caliente fue el de 1955. Por lo demás, la tendencia al aumento de las temperaturas de la que hablan los medios de comunicación con tanta insistencia no aparece en absoluto:


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