sábado, 30 de enero de 2016

Europa vive el ocaso de su civilización

La bandera argelina ondea en París
Con 5,4 millones de habitantes, a Eslovaquia la Unión Europea le impone una cuota para acoger a 2.300 refugiados.

El gobierno ha iniciado los trámites reglamentarios ante el Tribunal Europeo de Justicia para impugnar esa decisión.

Pero no se trata de que quieran acoger menos refugiados, sino de algo muy distinto. Nada menos que en “Pravo”, una revista checa “de izquierda”, el Primer Ministro eslovaco, Robert Fico, ha calificado la política migratoria de la Unión Europea como un “suicidio ritual”.

Los verdaderos motivos no son de índole económica, no es un asunto cuantitativo, de más o menos refugiados, sino racial. Fico habla de “zumo” para referirse a la llegada de refugiados, con sus “costumbres y religiones” diferentes a las “nuestras”.

Pero no aclara cuáles son las costumbres y las religiones típicamente europeas, las que debemos aceptar y las que debemos rechazar, aunque todo llegará. La Unión Europea quiere reeditar el Sacro Imperio Romano Germánico, una unidad no sólo económica y política, sino religiosa y racial.

Hungría ha hecho lo mismo que Eslovaquia y el Primer Ministro checo, Bohuslav Sobotka, ha convocado una cumbre extraordinaria del Grupo de Visegrad (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) para adoptar una postura común contra la entrada de refugiados en la Unión Europea.

La Unión Europea no tiene fronteras; lo que tiene son barricadas. Desde Bruselas, el periodista argelino Aziuz Mojtari escribió hace un par de días un severo artículo para “Le Soir d’Algérie” titulado “Hacia el final sin gloria de los valores europeos” (*).

Los argelinos ven las cosas de manera muy diferente a nosotros y tienen toda la razón. Absolutamente. No hace falta que Europa se suicide, como dice Fico, ni que los emigrantes acaben con nuestra “maravillosa civilización” porque en Europa hace tiempo que no existe ninguna clase de civilización. Si alguna vez Europa tuvo algo de lo que enorgullecerse, la ha perdido para siempre. Ahora no es más que un pozo de mierda que convendría limpiar lo más rápidamente posible.

No se libra ningún país, aunque Mojtari pone el acento en Francia, y vuelve a tener razón: el gobierno ha presentado un proyecto de ley para privar de la nacionalidad francesa a los emigrantes que tengan dos pasaportes y para lograrlo no le ha importado ni reformar la Constitución ni despedir a su flamante ministra de Justicia Christiane Taubira que, por lo que sugiere su nombre, es de religión cristiana; pero sobre todo es negra (cuando falla una cosa, falla la otra).

En el antiguo escenario de la Revolución de 1789, la palabra “emigrante” es sinónimo de magrebí y de argelino, y Francia no puede olvidar que en 1960 la independencia de Argelia humilló la “grandeza” gala para siempre.

Es una revancha. Ni los políticos ni los medios se libran de la pesadumbre de aquella derrota a manos de lo que creían (y creen) que eran una pandilla de salvajes.

El colonialismo se ha acabado pero Europa sigue viviendo del pasado, del recuerdo de lo que fue y ya no es. ¿Valores?, ¿qué valores?, pregunta Mojtari. ¿Derechos?, ¿qué derechos?. ¿Principios?, ¿qué principios?. ¿Ética?, ¿de qué me habla?

(*) http://www.lesoirdalgerie.com/articles/2016/01/27/print-26-190761.php

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