lunes, 4 de enero de 2016

El gobierno polaco se vuelve contra sus patrocinadores

Jaroslaw Kaczynski
El pasado 17 de diciembre se produjo un incidente insólito y esperpéntico en el seno de la OTAN que pone de manifiesto las contradicciones que vive la Europa actual. Aquella noche la gendarmería polaca atacó, sin previo aviso, un centro de contraespionaje que la OTAN había levantado en suelo polaco un par de meses antes.

El ataque fue relatado al día siguiente por el diario Gazeta Wyborcza de Varsovia, aunque no tuvo mayor trascendencia periodística, a pesar de que es la primera vez que un país de la OTAN asalta un centro de la propia OTAN.

Si es que es posible encontrar una explicación, habría que buscarla en las victorias electorales del partido Derecho y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski el año pasado.

Los hermanos gemelos Kaczynski se dieron a conocer hace 10 años al llegar al gobierno de Polonia con una agresiva política reaccionaria, católica, patriotera y antirrusa, plenamente alineada con la OTAN y la Unión Europea. Una década después aquella política se ha vuelto del revés, como un calcetín, contra sus patrocinadores, la Unión Europea y el imperialismo estadounidense.

Este mismo año, la crisis de los refugiados en Europa ya puso de manifiesto hasta qué punto podía llegar Europa oriental, en general, y la reacción polaca, en particular, demostrando que el patrioterismo polaco, que no importó mientras sólo se manifestaba contra Rusia, resulta muy incómodo cuando también repudia a la OTAN y a la Unión Europea.

Quien siembra vientos, recoge tempestades. No sólo Rusia tiene un serio problema en Europa central y oriental, sino también la OTAN, es decir, Estados Unidos, y lo mismo cabe decir de la Unión Europea, lo que puede convertirse en un polvorín en el momento más insospechado, si tenemos en cuenta que en Ucrania el fuego está lejos de haberse apagado definitivamente.

Por si no lo recuerdan, les diremos que quien preside actualmente la Unión Europea es un polaco: Donald Tusk. Pero en Varsovia quienes llevan las riendas son otros. En mayo del pasado año el PiS de Kaczynski ganó las elecciones presidenciales, una victoria que revalidó en octubre cuando logró la mayoría absoluta en el Parlamento.

En Polonia no hay, pues, un partido sino un gobierno ferozmente euroescéptico, tanto por lo menos como contrario a Rusia y a la OTAN. Es posible que la reacción polaca no pretenda mantener buenas relaciones con ningún país del mundo... excepto con el Vaticano. El PiS es la política católica en acción: está contra el divorcio, contra el aborto, contra los homosexuales... Las decisiones del gobierno polaco han sido criticadas por la Unión Europea y, de rebote, el gobierno polaco se ha vuelto contra Bruselas.

Desde mediados de diciembre, riadas de protestas contra el PiS recorren las calles de Varsovia y las perspectivas económicas son bastante más que sombrías, empezando por el hundimiento de la moneda local, el desplome de la bolsa y la salida de las inversiones extranjeras.

Como cualquier partido fascista, el PiS ha reaccionado sacando a sus huestes a la calle para contrarrestar las protestas y afirmar que Polonia es víctima de una conjura internacional por parte de todos los demás: la Unión Europea, la OTAN, Rusia...

La tentación de hacer comparaciones con el periodo de entreguerras (1920-1939) es irresistible. Desde su nacimiento, Polonia es el tapón entre dos grandes potencias, como Alemania y Rusia, que desde 1990 Estados Unidos ha convertido en una cuña entre ambos.

El PiS y los Kaczynski son la típica criatura política del imperialismo estadounidense. Su delirante rusofobia les hizo trepar a los cargos que ahora ocupan. Fueron los más fervientes defensores de la instalación del escudo antimisiles en Europa y sus injerencias durante la crisis ucraniana, durante la cual llamaron a la invasión de Rusia, demostró claramente que están dispuestos a prenderle fuego a toda Europa oriental. Ahora el gobierno no está sólo contra Rusia; se ha vuelto contra todos.

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