viernes, 20 de noviembre de 2015

Un asunto gaseoso


Dario Herchhoren

El gobierno argentino del General Perón, surgido de las elecciones del 24 de febrero de 1946, significó un punto de inflexión en la historia moderna del país. Perón, es sin duda un personaje controvertido. Algunos lo tachan de fascista, otros lo consideran un revolucionario.

Mi opinión personal es que Perón encabeza un proceso que sigue desarrollándose en la actualidad, y que significó una revolución burguesa en Argentina que deja de ser un país agro-ganadero para convertirse en un país agro-industrial.

La recuperación de la soberanía del estado argentino sobre la energía (gas, petróleo, electricidad), los grandes proyectos hidroeléctricos que se plasman en la realidad; la creación de una Comisión Nacional de la Energía Atómica, que es la primera en América Latina, la recuperación de los transportes, la nacionalización de los depósitos bancarios, la nacionalización de las comunicaciones telefónicas y telegráficas, la creación de la empresa Aerolíneas Argentinas en manos del estado, la creación de la flota mercante del estado, y poco tiempo después la nacionalización de los ferrocarriles, son signos inequívocos de que en la Argentina se estaba produciendo una revolución.

En ese tiempo, el servicio de gas para uso tanto industrial como doméstico estaba servido por una compañía inglesa que se llamaba Compañía Primitiva de Gas, y que producía gas a partir de carbón de piedra, que se importaba desde Inglaterra (concretamente desde Cardiff), o desde Polonia. La existencia de las minas de carbón en Río Turbio, provincia de Santa Cruz, en la Patagonia Austral, y la creación a partir de ellas de la empresa estatal YCF, Yacimientos Carboníferos Fiscales, trae como primera consecuencia que el carbón que se utilizaba para la producción de gas, ya no se hiciera con el carbón importado, sino con el nacional.

Ese carbón nacional producía unas 6.500 calorías, mientras que el de importación solo producía 5.500, y debía pagarse en divisas. La segunda consecuencia, es que el gobierno de la Nación Argentina crea una empresa para la utilización del gas de petróleo, que era expulsado a la atmósfera, y se perdía. Dicha empresa se llamaría Gas del Estado, y aprovechaba el gas de petróleo producido en los pozos petroleros de la empresa estatal YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), creada en 1929 por el General Enrique Mosconi. Los pozos de petróleo de YPF, estaban a unos 3.000 kilómetros de Buenos Aires y el conurbano, que era el gran mercado consumidor de gas, y que luego se extendería al resto del país.

Al frente de la empresa Gas del Estado, se nombró al ingeniero José Canessa, un hombre imbuido de ideas patrióticas, que defendió con enorme energía el proyecto de creación de la empresa Gas del Estado. Se trataba de una obra ciclópea. Había que tender un gasoducto desde Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, en la Patagonia, hasta Buenos Aires y alrededores, y luego hacer el tenido al resto del país, con estaciones y subestaciones de bombeo del gas. A esto hay que añadir que hacían falta tubos sin costura para crear una tubería de más de 3.000 kilómetros. Los tubos se fabricaron en Argentina, en la empresa mixta Tamet.

Pero los intereses del imperio inglés, que se habían visto muy tocados, hacían que la obra fuera atacada por una campaña mediática y con sesudos análisis de "expertos" que consideraron la obra como impracticable. ¿Por qué era impracticable? Simplemente porque los intereses imperiales de la vieja Compañía Primitiva de Gas iban a verse perjudicados.

Ante eso, el gobierno argentino tomó dos medidas de alto contenido económico y político. La primera, nacionalizar la Compañía Primitiva de Gas, y la incorporación de todo su patrimonio a Gas del Estado.

La segunda fue más compleja. Se comenzó el tendido del gasoducto no desde Comodoro Rivadavia hacia Buenos Aires; sino que se hizo al revés. Se trazó desde Buenos Aires hacia Comodoro Rivadavia, que era donde estaba el gas. De no ser así, los intereses imperiales hubieran frenado el tendido, y nunca hubiera llegado al gran centro de consumo que era y es Buenos Aires y el conurbano que tiene 12 millones de consumidores, y no se habría extendido al resto del país.

De más está decir, que la empresa Gas del Estado, sufrió diversos intentos de privatización, y que finalmente el gobierno de Carlos Saúl Menem, la liquidó privatizándola. Pero como el Ave Fénix, Gas del Estado fue renacionalizada, y ahora integra un grupo estatal de energía llamado ENARSA (Energías Argentinas S.A.) propiedad del estado argentino.

Como vemos, la lucha de los pueblos por lograr su independencia tiene muchos vericuetos plagados de peligros. Hay que aprender a sortearlos.

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