viernes, 20 de noviembre de 2015

No me creo nada

Bianchi

Respecto a los sucesos últimos acaecidos en París, ¿tiene sentido preguntarse quién está detrás o mueve los hilos? Sí, por supuesto, faltaría más, claro que tiene sentido, pero ¿lo sabremos alguna vez? Quizá...

Antes estas cosas de la geoestrategia eran más sencillas: bastaba con preguntar quiénes son los "buenos" y quiénes son los "malos". O, también, preguntar -como hacen los "politólogos" gringos; en la época de la Unión Soviética existían los llamados "kremlinnólogos"- si, oye, fulano, ese que va con plumas en la cabeza y la cara pintada, ¿es de los "nuestros"? Y Flanaghan -siempre es Flanaghan- te contesta: no, ¿no ves que es un indio, zoquete? No es de los nuestros; aquellos que van vestidos con chaquetas azules, aquellos soldados, ¡esos son de los nuestros! ¡esos son los "buenos"! Entonces, como digo, era más fácil entender las relaciones internacionales y estas movidas. Todo consistía en un puro maniqueísmo y se reducía al típico infantilismo yanky, esto es: preguntarse quién cojones son los buenos y quién ostias son los malos. Es simple.

Ahora las cosas son más complejas, o esa impresión da, ¿no es cierto? Yo creo que estas enredaderas y cañamazos arrancaron con el célebre -ya sé que hay otros precedentes históricos- magnicidio (se dice así) del presidente norteamericano John F. Kennedy a finales de 1963. Se habló de que una "bala mágica" (magic bullet), supuestamente disparada por Lee H. Oswald quien, según la Comisión Warren formada para "esclarecer" el asesinato, fue el solito el autor de los disparos y no se hable más, entró por el occipital de Kennedy, atravesó su cráneo y fue a dar al cuerpo del gobernador de Texas (si usted habla español pronúncielo con jota: Tejas) que quedó malherido. Una bala juguetona, ciertamente...

Años después, vino el atentado de las Torres Gemelas en septiembre de 2001 que, para este menda, y otros "conspiranoicos" como yo, fue un autoatentado utilizando el método de la voladura controlada con nanotermitha. A todo esto, se olvida que hubo una tercera torre que se desplomó - como por ensalmo- en cosa de segundos y horas más tarde y sin que ningún avión la impactara. Por no hablar del imaginario avión que impactó en una parte del Pentágono sin dejar rastro...

Ya decimos que no sabemos, al menos yo, qué intrincadísima telaraña zurce y urden los verdaderos autores intelectuales de estos crímenes que, por cierto, sólo parece que duelan cuando toca a Europa. Todavía estamos esperando guardar un minuto de silencio por los masacrados en, por ejemplo, Gaza. No lo sabemos, decimos, pero lo intuímos.

De lo sí estamos ciertos es del efecto psicológico perseguido en la gente, en el pueblo llano, que no es otro que asustarlo, crearle una psicosis. Acojonarlo, meterle miedo, lo mismo con pandemias puntuales que cambios climáticos periódicos que, "oportunos" atentados de vez en cuando para que el personal no se olvide que estamos siempre frente a un enemigo feroz que no nos deja ni cenar tranquilamente en Saint-Denis o divertirse en Bataclan. Con ello se consigue -es un efecto colateral, no el principal- lo que decía el maestro de estos demócratas de pacotilla, Joseph Goebbels, ministro nazi de propaganda de Hitler, cuando apelaba a la emotividad y a los instintos primarios del hombre (ira, orgullo, frustración, odio, fanatismo, etc.), en la exacerbación de éstos para manipular las voluntades y confundir las conciencias.

Acabaré con una observación que es más bien una curiosidad, veamos: no hay televisión, pública o privada, que no lleve a sus platós y estudios, en los programas de los tertulianos, a un militar -vestido de uniforme o de civil- puesto en la materia y en la cosa. Cada canal tiene "fichado" el suyo. Esto es nuevo.

Ahora tal vez se espere que me mofe de esta especie o que asocie militar con facha de manera mecánica, pero ocurre que somos marxistas, lo que nos autoriza a decir que, en contra de lo que se pudiera pensar en alguien tan rojeras como esta página, diré que de lo poco sensato que se oye, en medio del horrísono estridor de tanto bocazas ultramontano y cavernario, gritón e histérico, viene de las opiniones -siempre desde una perspectiva "occidental" y sin traspasar líneas- de los milicos estos. No todos, claro. Ya ves tú... la vida te da sorpresas.

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