viernes, 13 de noviembre de 2015

El ‘mediador’ de la ONU en Libia es juez y parte

Bernardino León
Un correo electrónico interceptado por la revista Middle East Eye indica que Bernardino León, el diplomático español al que la ONU ha enviado como mediador a Libia, trabaja secretamente para Emiratos Árabes Unidos, es decir, que apoya a una de las partes que intervienen en la guerra civil.

Bernardino León fue secretario de Estado de Asuntos Exteriores durante el gobierno de Zapatero. El 31 de diciembre del pasado año envió un correo a Anbdulah bin Zayed Al-Nahyan, ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos a través de una red emiratí segura que publicó el miércoles de la semana pasada el diario “The Guardian”. En el mensaje explicaba claramente que aprovechando su nombramiento de mediador de la ONU, trabaja de hecho para Abu Dabi.

“Todas mis acciones y propuestas han sido aprobadas (y en muchos casos decididas) por la Cámara de Representantes, Aref Nayed y Mahmoud Jibril (con quien mantengo una correspondencia diaria) a petición Vuestra”, escribe León poniendo en mayúsculas la palabra “Vuestra” para destacar el linaje real de Abdullah bin Zayed en Abu Dhabi.

Mahmud Jibril es un influyente político libio instalado en los Emiratos Árabes Unidos. Ocupó el cargo de Primer Ministro del gobierno de transición en Libia tras la agresión de la OTAN que destruyó al país en 2011.

Por su parte, Aref Nayed es el embajador de los Emiratos Árabes Unidos ante la Cámara de Representantes de Libia.

En varios pasajes de su correo, el mediador de la ONU le dice al ministro emiratí: “Puedo ayudar y controlar el proceso mientras estoy aquí. Sin embargo, como usted sabe, no estoy planeando quedarme por un largo tiempo ... Yo soy visto como parcial a favor de la Cámara de Representantes. Aconsejé a los EE.UU., Reino Unido y la UE trabajar con Ustedes”.

León también hace referencia a conversaciones anteriores con Abdullah bin Zayed y suministra informaciones sobre proyectos, destacando las ventajas que aportan a los Emiratos Árabes Unidos.

En un mensaje explica que, en dicho momento, la ONU no representa ningún obstáculo a los intereses del “país del que hablamos”, en referencia a los Emiratos Árabes Unidos, aunque el mediador se excusa diciendo que, evidentemente, no puede saber el giro que tomarán los acontecimientos en el futuro.

“The Guardian” publicó el texto del correo junto con un artículo mencionando que a partir de diciembre de este año, a Bernardino León le nombrarán director de la Academia Diplomática emiratí, un cargo por el cual le pagarán 50.000 euros mensuales. Es el precio de la mordida.

Dicha Academia no tiene objetivos académicos, como dice Bernardino León. Es un grupo de presión presidido por Abdullah bin Zayed que se encarga de promover la política exterior emiratí.

La semana pasada el diplomático español participó en una conferencia de prensa en la sede la ONU durante la cual se excusó por el nuevo cargo que se disponía a ocupar y dijo que siempre había seguido los protocolos del organismo internacional.

Admitió que podría haber hecho las cosas de otra manera, pero se reafirmó en su convencimiento de que había tratado de buscar un acuerdo de paz para Libia, un país devastado después de que  los imperialistas asesinaran a Gadafi en 2011.

“Centenares de libios han trabajado en este acuerdo durante un año entero”, dijo a los periodistas. “A fecha de hoy, ¿es justo decir que el fruto de ese trabajo no es imparcial?”, preguntó.

Tras su destrucción, Libia se enfrenta a una interminable guerra civil en la que cada brazo contendiente es el arma de un país extranjero que codicia sus gigantescas reservas de petróleo.

En un lado está el Congreso General Nacional, con sede en Trípoli, que tiene el apoyo de los adinerados comerciantes de Misrata y la alianza “Amanecer de Libia”, una organización islamista sometida al influjo de los Hermanos Musulmanes y a la de Qatar y Turquía.

En el otro bando está la Cámara de Representantes, elegida en el mes de junio del año pasado para sustituir al Congreso General Nacional, pero que tuvo que instalarse en Trípoli cuando en setiembre la alianza “Amanecer de Libia” tomó el control de la capital.

La Cámara de Representantes tiene el apoyo del Ejército Nacional Libio, dirigido por el comandante en jefe Jalifa Haftar y cuenta con el apoyo de los Emiratos Árabes Unidos, incluido el apoyo militar desde que Abu Dhabi comenzó a bombardear el año pasado las zonas ocupadas por la alianza “Amanecer de Libia” en Trípoli.

Oficialmente Bernardino León trataba de negociar un acuerdo de paz entre ambas partes, el Congreso General Nacional y la Cámara de Representantes, para formar un gobierno de unidad que acabara con una guerra civil que asola al país y que ha costado ya más de 4.000 personas en 18 meses.

Sin embargo, en el correo que envía a Abdullah bin Zayed, el diplomático español declara explícitamente que una conferencia de paz en la que las dos partes implicadas tengan la misma consideración es lo peor que le puede ocurrir a Libia.

“Es [...] una mala opción [...] como Usted [Abdullah bin Zayed] lo ha destacado acertadamente, en la medida en que pondría a las dos partes en pie de igualdad”, escribe el mediador de la ONU ya que obstaculizaría las acciones “legítimas” de la Cámara de Representantes.

Como dice en su mensaje, Bernardino León quiso reconciliar a Haftar con las milicias Misrata y eliminar al Congreso General Nacional y, de paso, la influencia de los Hermanos Musulmanes.

La Cámara de Representantes está reconocida por la mayor parte de los países del mundo como el parlamento legítimo de Libia. No obstante, en medio de la guerra el Tribunal Supremo, que tiene su se de en Trípoli y está controlado por la alianza “Amanecer de Libia”, falló en noviembre que la Cámara de Representantes no estaba válidameente constituida.

El Congreso General Nacional está dominado por los miembros del Partido de la Justicia y de la Construcción, la rama libia de los Hermanos Musulmanes, que los Emiratos Árabes Unidos consideran como una organización terrorista.

Para eliminarlos del escenario, Bernardino León tenía un plan que consistía en unir a la Cámara de Representantes, debilitada como consecuencia de sus luchas intestinas, y lograr el apoyo internacional para Jalifa Haftar, al tiempo que preparaba la “desaparición” del Congreso General Nacional a través de los políticos moderados de Misrata, que se encargarían de su disolución.

“Puedo facilitar y controlar el proceso en la medida en que estoy sobre el terreno”, escribía Bernardino León.

Sin embargo, un año después las negociaciones de paz de la ONU no han logrado nada. En setiembre el diplomático español que la mediación internacional había terminado y que se disponía a presentar un proyecto de acuerdo a las diferentes partes implicadas.

Pero el Congreso General Nacional de Trípoli lo ha rechazado. Las manifestaciones en las calles de Bangasi han sido disueltas lanzando misiles contra la multitud, matando a seis personas e hiriendo a otras nueve.

La parcialidad de Bernardino León no ha supuesto ninguna sorpresa. La ONU tuvo un destacado papel en la destrucción de Libia, en el asesinato de Gadafi y en la guerra civil subsiguiente. A Bernardino León le va a sustituir próximamente Martin Kobler y nada parece que vaya a cambiar porque no es un problema personal sino un problema de la ONU.

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