jueves, 19 de noviembre de 2015

Cuando el terror viste ropajes budistas

Deberíamos reflexionar un poco más acerca de los motivos por los cuales nos hemos dejado inculcar un estereotipo de las diferentes religiones, de manera que, aunque no sepamos apenas nada de ellas, las asociamos mecánicamente a ciertos clichés en los que hay causas y efectos, culpables y víctimas que, por cierto, son siempre los mismos. Se repiten cansinamente.

Así, el islam es, per se, la religión del fanatismo, el terror y la intolerancia, mientras que el budismo es todo lo contrario: la paz, el amor al prójimo y el buen rollito. No hay nada más peligroso que un imán, ni nada más inofensivo que un monje budista.

Myanmar, la antigua Birmania, es un país budista en el que hace dos semanas las elecciones las ganó una mujer, Aung San Suu Kyi, que además de dirigir la Liga Nacional para la Democracia, es Premio Nóbel de la Paz.

Todo cuadra. Es el tipo de noticias que nos transmite un cliché de un país y una religión donde todo va bien.

Pero hay un monje budista, llamado Wirathu, que no cabe en nuestros pequeños esquemas. Quizá se pueda resumir su personalidad diciendo que desde 2001 le gusta que le llamen “El Bin Laden budista”.

En Europa diríamos que el monje Wirathu es un fascista porque su objetivo es exterminar a la minoría musulmana de Myanmar (Birmania), los rohingyas, que suponen el cinco por ciento de la población.

El budista quiere un genocidio, apela públicamente a ello, sin pelos en la lengua y, a pesar de las elecciones, dentro de poco correrá la sangre porque las cosas no pintan nada bien para los islamistas birmanos.

A pesar del budismo en Myanmar a los rohingyas de les privó en 1982 de su derecho de voto a causa de una ley impuesta en los tiempos en que el país vivía bajo una dictadura.

... O más bien habría que decir que era un califato porque los militares impusieron el budismo como religión del Estado. A los musulmanes se les privó de su nacionalidad. 1,3 millones de personas dejaron de ser birmanos de la noche a la mañana; desde entonces son apátridas. No tienen ningún derecho ni tampoco a dónde ir.

Pero la dictadura acabó. Llegaron los demócratas y los Premios Nóbel de “la paz”. Ganaron las elecciones, pero cambiaron las cosas tanto como en España durante la transición. Ya saben...

Cuando tras las elecciones a un periodista se le escapó la palabra “genocidio” en referencia a los rohingyas, la presidenta Aug San Suu Kyi dijo que no había que exagerar.
El monje budista es uno de los principales instigadores de las oleadas de violencia contra los musulmanes que se producen regularmente, con el resultado de miles de muertes. Los budistas les asesinan a machetazos con absoluta impunidad, queman sus tiendas y quieren aprobar un ley que prohíba los matrimonios entre personas de diferente religión.

“A principios de abril [de 2013], cuando viajé a Meiktila para investigar la violencia, prácticamente no quedaban musulmanes en aquella ciudad de unos 100.000 habitantes. Unas 18.000 personas, la mayoría musulmanas, se habían visto obligadas a abandonar sus casas y vivían entonces en campos de desplazados internos improvisados en escuelas vigiladas por el ejército. Eran nuevos desterrados en su propia tierra, en un país en el que ya se cuentan por centenares de miles. El acceso a los campos oficiales estaba prohibido a los periodistas, pero era posible visitar un campo clandestino cerca de la ciudad con algo más de 3.000 desplazados musulmanes”, cuenta un periodista (*).

Estamos hablando de Myanmar (Birmania), un país al que la mayor parte de nosotros no seríamos capaces de situar en un mapa. En la televisión las noticias nunca hablan de países así, que no interesan a nadie, que no atraen audiencia sino que la alejan y, por lo tanto, alejan a la publicidad.

Sólo aparece en las guías turísticas, en los documentales exóticos de National Geographic... Si pudiéramos pagarnos el viaje, iríamos con mucha más tranquilidad allá que a Irán. Por eso hay países que no están en las agencias de viajes, ni en las promociones de touroperadores.

Si no se lo creen hagan la prueba. Vayan a una agencia de viajes y pidan un folleto turístico de Myanmar (Birmania) para ver los trajes típicos, la naturaleza ubérrima y los espectaculares edificios, que contrastan con los de Kabul, por poner un ejemplo.

A pesar del monje Wirathu, el budismo no es el problema de Myanmar (Birmania) como el islam no es el problema de Afganistán. A lo largo de la historia ninguna religión ha sido nunca la causa de ningún problema, sino su consecuencia.

Cuando la situación en Myanmar (Birmania) explote porque los rohingyas no se dejen exterminar pacíficamente, entonces ya tenemos la noticia escrita de antemano: los islamistas birmanos se pasan al yihadismo... Hasta entonces todo era un oasis de paz... Etcétera, etcétera, etcétera...

(*) http://www.eldiario.es/desalambre/Violencia-nombre-budismo_0_147335705.html

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