jueves, 29 de octubre de 2015

Lo que quiere Catalunya, ¿es una independencia de papel?

Juan Manuel Olarieta

El martes la CUP y Junts pel Sí llevaron al Parlament de Catalunya un escrito anunciando un “proceso constituyente”, al que califican como “no subordinado”, para crear un Estado catalán independiente.

Ese proceso que el escrito llama de “desconexión” parece versallesco, ficticio, como todo lo que llega envuelto en un lenguaje jurídico. La independencia no comienza con papeles, ni haciendo declaraciones solemnes, ni recogiendo firmas, ni tampoco votos.

Pero es muy posible que sea yo quien esté equivocado. En tal caso, haré otro brindis al sol. Iré a algún ayuntamiento, parlamento autonómico o delegación de gobierno y presentaré mis propios escritos anunciando el inicio de un proceso socialista, aboliendo la propiedad privada por decreto e iniciando el primer plan quinquenal.

No digo que ese tipo de simulacros no sirvan para nada, sino que tienen un defecto importante: no van acompañados de otros actos verdaderos y auténticos que demuestren una determinación real de alcanzar la independencia.

Los independentistas catalanes siguen en el limbo de los gestos y, de momento, no van a ir más allá.

No es algo exclusivo de Catalunya. Cada vez se oye hablar más de “proceso constituyente” por todas partes, pero creo que los que hablan así no saben lo que dicen. Me suena a esos que hablan de autogestión, a los que crean toda clase de cooperativas, a quienes okupan pueblos abandonados para crear su propio Nirvana... dentro del pozo séptico capitalista y fascista, y haciendo como que por encima hay un vacío, o como dice la declaración parlamentaria “desconectado” y “no subordinado”.

En su discurso inaugural la nueva Presidenta del Parlament, Carme Forcadell, dio por concluida la “etapa autonómica”, lo cual es obvio, no sólo respecto a la autonomía sino a todo el entramado institucional del Estado fascista creado en 1939.

Dicha etapa no se ha agotado ahora sino hace ya bastante tiempo. Pero lo que no ha concluido es el Estado y muy pronto se lo va a demostrar a los amantes de los aspavientos, lo cual confirma -por enésima vez- algo que también es obvio: los independentistas no saben con quién se juegan los cuartos, no saben quién es su enemigo y hasta qué punto está dispuesto a llegar para mantener la sacrosanta “unidad nacional”.

La verdadera naturaleza política de este Estado se está poniendo de manifiesto una vez más y para ello ha bastado un gesto infantil, ante el cual está reaccionando de la manera acostumbrada, como si en lugar de tener enfrente al Estado catalán de papel tuviera al Estado Islámico.

Francamente, los independentistas no saben lo que les espera. Se van a enterar de cómo los fascistas entienden la “subordinación” y, sobre todo, la insubordinación, que es un delito militar propio de la tropa de a pie.

La CUP y Junts pel Sí advierten ingenuamente que “no se supeditarán a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional”. Esta mención a un órgano seudo-judicial les pone en simetría con Rajoy y las cloacas de Madrid, que se llenan la boca apelando a las leyes y, sobre todo, a la Constitución y a sus muchos artículos.

A ver si en Catalunya se enteran y entienden lo que significa esa “desobediencia” a la que apelan y que se contradice de plano con su loable deseo de iniciar negociaciones con alguien que les ha dicho por activa y por pasiva que no está dispuesto a negociar en absoluto.

A lo largo de sus 75 años de historia, el Estado fascista español ha demostrado una y mil veces que no negocia nada jamás... excepto que haya fuerzas (militares, diplomáticas, económicas, sociales o políticas) que le fuercen a ello. Entonces lo hará a regañadientes.

El que quiera negociar debe aglutinar esas fuerzas pero, mientras tanto, el Estado aglutinará las suyas para aplastarlas a sangre y fuego. Por eso los independentistas catalanes se equivocan de plano si lo que esperan de Madrid son leyes y sentencias.

Por si acaso me equivoco y desde Madrid les llueven leyes y sentencias en lugar de misiles, espero que su llamamiento a la desobediencia sea verdad y lo demuestren empezando por el principio: por desobedecer.

5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con el escrito y añado derecho de autodeterminación de los pueblos siempre separarse por separarse nunca.

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  2. • A mí lo que me importa es ocupar yo ese sillón y que no me lo ocupe ningún m, me decía a mí mismo el otro día en uno de mis sueños. Y veía aparecer un sinnúmero de liliputienses que lo ocupaban ellos y así me lo impedían.
    • Ahora quiero ser emperador, ya que eso no se lleva y no veo que pueda tener competencia (el amo absoluto al modo del imperio inca, y todos trabajando para un proyecto común, para que no haya así amos de lo nuestro, panzones parásitos a los que engordar a nuestra costa).
    • De verdad: Quiero el mejor destino para la humanidad, al modo en que ya lo comenzaba a ser en el imperio inca o romano. Pero me falta la fuerza e incluso el primer ciudadano que me brinde su apoyo. Si sabéis de alguien que quiera moler mi harina para nutrir con ella al populacho y que se movilicen: ¡Por favor, avisad! Decidles que sino se les va a poner el culo demasiado gordo y después les será imposible levantarse.
    • Disculpad. No sé qué me pasa para arremeter así en contra de nuestros potenciales salvadores: La pucha que los tiró, tan lerdos que da asco ver cómo No reaccionan en contra de ningún abuso, más que pidiendo a los maltratadores que no hagan eso, que sólo quieren trabajo sin importar dónde.
    • Yo votaría por aquel partido que tenga en proyecto bombardear, si me ponen al mando por allá arriba, no importa dónde; yo con obedecer, a camino. Además sería una labor humanitaria: Se quita la mierda vieja y después se reconstruye modernito por una mejor normativa urbanística (tengo ideas al respecto), y habrá pleno empleo para los que sobrevivan.
    • No es coña marinera esto de "La Comedia Humana". Me voy por hoy, que me fatigo.

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  3. Ains, ahí están los comunistas de salón, los funcionarios de la revolución, defendiendo el independentismo de las regiones ricas, el colmo del ridículo. Con tontos así en la izquierda,agitando la banderita del egoismo vamos apañados.

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