martes, 15 de septiembre de 2015

Stalin, un mito moderno

 Juan Manuel Olarieta

Ahora mismo en Francia se ha vuelto a desatar el interminable debate sobre Stalin, la URSS y las purgas en el que se pone de manifiesto de nuevo esa confluencia entre los revisionistas y los trotskistas en contra de la historia y, por consiguiente, de la ciencia.

Al trotskista Jean Jacques Marie se le ocurrió volver a traducir del ruso el Informe de Jruschov al XX Congreso con tan mala fortuna que Grover Furr se le adelantó con su obra “Jruschov miente”. A estas alturas no creo que nadie se sorprenda de que los revisionistas y los trotskistas están en plena sintonía hoy lo mismo que hace 60 años y que su anillo de compromiso sean la mentira, el fraude y la falsificación.

No es un fenómeno nada extraño. En la historia la mentira siempre ha jugado un papel importante y lo que le diferencia de la verdad, que necesita aferrarse a los hechos, es que adquiere vida propia. El tiempo convierte a la mentira en un fantasma o en un mito, en teatro, canciones, lienzos o cine. A veces las leyendas son de color blanco, pero las más morbosas son siempre las negras, ese tipo de relatos turbios en los que el poder se mezcla con su pizca de locura o perversión.

El propio Marie pone de manifiesto que se trata de otra leyenda negra cuando, de un modo retórico, equipara a Stalin con el emperador romano Calígula, estandarte de la maldad, el delirio y el despotismo que acechan a esos grandes personajes que salpican la historia en los momentos cruciales.

Basta hacer una prueba típica: introduce en un buscador la palabra mágica “calígula” y verás todos los brutales crímenes de aquel emperador romano que, como no podía ser de otra forma, el idealismo histórico atribuye a problemas síquicos que tienen relación con excesos enfermizos de todo tipo, personales y políticos. “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, dice la burguesía, seguramente por experiencia propia. No quiere que los demás nos corrompamos como ella.

Si en lugar de “calígula” buscas con la palabra “stalin” no notarás ninguna diferencia, salvo que hay 2.000 años de diferencia. Pero si los “historiadores” nos engañan con acontecimientos ocurridos -o inventados- hace 2.000 años, ¿qué no harán con acontecimientos mucho más recientes?

A diferencia del proletariado, la burguesía necesita mitos, leyendas y fábulas creados en función de sus propias necesidades ideológicas. En el caso de Stalin cuenta con auxiliares que le resultan inestimables porque se trata de renegados, es decir, cuñas de la propia madera, resentidos que dan a la historia un tono testifical: “nosotros estuvimos allí y lo vimos con nuestros propios ojos”, vienen a decir revisionistas y trotskistas.

Jruschov es el prototipo de testigo fiable en cualquier juicio, porque se trata de eso, de un juicio, en el que alguien se sienta en el banquillo a la espera de ser llevado al cadalso. No se trata de historia, en absoluto.

El proletariado no necesita mitos; necesita saber la verdad y, además, explicar los motivos por los cuales su enemigo de clase vive de mitos, los mima y los reproduce insaciablemente, una y otra vez.

La burguesía necesita crear mitos, leyendas blancas y negras, como la de Stalin, lo mismo que el Imperio Romano necesitó crear el mito de Calígula: para dominar, es decir, porque su dominación debe llegar hasta lo más recóndito de las conciencias.

El mito de Calígula se apoya en la obra “Vida de los doce césares” del historiador romano Suetonio. La escribió tras la muerte del emperador, que fue asesinado y condenado después de muerto a la “damnatio memoriae”. A la historia se le dio una vuelta de 180 grados: la infamia no recayó sobre el asesino sino sobre su víctima.

La muerte del emperador no fue suficiente; había que difamar también su memoria para siempre. La biografía de Suetonio no es histórica sino jurídica, repito, un instrumento de poder que se extiende más allá de la vida de las personas. El historiador escribe al dictado; cumple con lo que le obligan los jueces.

Suetonio narra un enfrentamiento entre el emperador y la aristocracia, representada por el Senado. Es la lucha de clases de hace 2.000 años. Atrapado en medio de un reparto del poder político entre unos y otros, el historiador ni es objetivo, ni lo pretende. Ni siquiera trata de restablecer los hechos en su integridad. Simplemente toma partido contra la autocracia y a favor de la aristocracia. Por eso miente, difama, insulta y desprecia a un personaje histórico.

Ya lo denunció otro historiador, Tácito, en sus Anales, pero la verdad nunca ha importado a nadie porque las clases dominantes y los “historiadores” a su servicio siguen necesitando mitos, como Calígula, Robespierre, Stalin o Bashar Al-Assad. Son comodines que representan el Eje del Mal, un tipo de mitos ante los cuales cualquier otra maldad parece menos mala; el mal menor. No hay tertuliano mediocre que ante un apuro no suelte aquello de que “tenemos la menos mala de las formas de gobierno posibles”. ¿No te gusta este Estado? ¡Ten cuidado! Hay otros que son peores aún.

El cine es el gran escaparate para los mitos de cualquier clase, incluidos los romanos. En 1979 el director italiano Tinto Brass dirigió la película “Calígula” con un fantástico Malcom McDowell en el papel del emperador. Han transcurrido 2.000 años y es como si nada hubiera cambiado desde entonces. Como no conoce la historia, la burguesía cree que va a dominar otros 2.000 años más alimentando a los viejos mitos, como el de Calígula, y creando otros nuevos, como el de Stalin.

El papel de la clase obrera es el contrario. Por eso Lenin decía que la verdad es revolucionaria siempre.

4 comentarios:

  1. Pero sobre todo , sobre todo esta el miedo horrible que la burguesía tiene a Stalin o a su ejemplo ;
    No sea que otros conozcan la verdad , que el comunismo si triunfó con el , que no fue un fracaso ;
    Por que entonces alguien de la manada puede erigirse en nuevo stalinista y algunos de esos burgueses verían sus pellejos peligrar o peor aún para ellos sus lomos , que le tienen menos miedo a la muerte que a los trabajos forzados

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  2. Limpiemos toda la manipulación ponzoñosa que hay sobre la tumba de "Koba", él demostró junto al pueblo que el comunismo no es una utopía, es el ejemplo. Difundamos la biografía de Stalin escrita por el PCE-R.

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  3. Si bien es importante enfrentar a los falsificadores de la historia, no lo es menos conocer la historia de lo que realmente ocurrió.

    Documentos sobre la historia de lo que realmente ocurrió son tan escazos, que yo he llegado a decir que es más fácil saber como era Egipto con Tutankamón que como era la Urss de Stalin. Y los documentos que lo describen, escacísimos, lo he dado en llamar piezas arqueológicas.
    Por eso prefiero centrarme en encontrar la verdad de los hechos.

    Pero hay algo más. Despues de años interesado en el tema de Stalin, me he formado la impresión de que no hay Stalinistas, sino solo gente que se da cuenta que le quieren meter el dedo en la boca.
    De ahí que publican toda la grandiosidad de la obra de Stalin, como los dichos de Churchil: Stalin recibió un país con arados de madera y lo entregó dotado con la bomba atómica. También se recuerda que con Lenin y Stalin se pasó de la servidumbre de los mujiks a "los obreros siempre tienen la razón" y buen vivir en 1953.

    Los que conocen de doctrina y defienden a Stalin, dicen que el propio Stalin afirmó que todos somos discipulos de Lenin, el Stalinismo no existe. Así que se declaran leninistas.
    Sin embargo, la humildad de Stalin bien pudiera contradecir la filosofía, en sus conceptos de discurso y doctrina. Las personas solo pueden tener como propio su discurso y cuando se apropian del discurso de otros, como Lenin de Marx o Stalin de Lenin y Marx, entonces a eso la filosofía lo llama doctrina. Cuando Lenin realiza un discurso basado en Marx, eso es la doctrina marxista de Lenin. Distinto sería si Lenin recitara a Marx como un cura en misa, eso no es discurso.

    Entonces, para decir que el Stalinismo no existe, habría que revisar si el discurso de Stalin no contiene cosas que hacen adiciones (u omisiones, modificaciones) de tal relevancia que dicho discurso no llega a constituir doctrina sobre Marx o Lenin, según corresponda.

    En mi opinión, hay aspectos del corpus marxista que son adiciones realizadas por Stalin, que no están presentes ni en Marx ni en Lenin, que por su importancia sustentan que si existe Stalinismo. El Stalinismo se da especialmente en el ámbito de la construcción de la sociedad socialista y avance al comunismo.

    En mi opinión, lo esencial del Stalinismo está en dos párrafos, casi líneas, en Fundamentos del leninismo. En principio, esa opinión me la he formado a partir de constitucionalistas que dicen que el artículo 6 de la constitución Kruschevista de Breznev demolió la idea de socialismo de Stalin, expresada en justamente esos párrafos.

    Es lo siguiente:

    En los Fundamentos del Leninismo está contenido el núcleo fundamental, la esencia misma de todo el pensamiento de Stalin, del cual se puede encontrar raíces en el mismo sentido en Marx, Luxemburgo y Lenin. Fuera del marxismo, Bolivar insiste en la importancia fundamental de la educación.

    Ver pág 39
    “dar al proletariado la posibilidad, primero, de educarse y templarse, constituyendo una fuerza capaz de gobernar el país”.

    Más adelante, Stalin explica el rol del Partido en ese cometido.
    Ver pág 62
    “El Partido es un instrumento de la dictadura del proletariado.
    Pero de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido.”

    Estas palabras de Stalin son extraordinariamente importantes, ya que marcan la diferencia fundamental con el Kruschevismo

    Stalin propugnaba la desaparición del partido una vez cumplida su misión. El Kruschevismo lo estableció como dictadura eterna en la constitución

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  4. Yo no creo que exista un stalinismo en si, sino la continuación de la obra de Lenin de llevar el marxismo a la praxis en medio de los condicionantes que se dan en su aplicación. Considero que el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social y política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre quién determina su ser sino, por el contrario, el ser social quién determina la conciencia. No hay un determinismo económico o de otra clase, en la obra de Stalin, que deviniera en un Stalinismo, venido de una mala interpretación del marxismo, de entenderlo como un dogma, y no como lo que realmente es...un método, una herramienta. Ni un Stalin omnipresente en todo, sino que Stalin siempre se adhirió a las tesis de la mayoría. A mi entender la implantación de la dictadura del proletariado por los soviéticos en la época de Stalin se vio influenciada por unos determinados condicionantes, a los que hubo que enfrentarse sin alejarse para nada del método marxista, sino dentro del concepto de la dialéctica materialista...

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