martes, 22 de septiembre de 2015

Los nazis drogaban a sus tropas para enviarlas a la guerra

Después de cinco años de investigar en archivos alemanes, el periodista y escritor alemán Norman Ohler acaba de presentar su último libro de investigación “La borrachera total. Las drogas en el Tercer Reich”. Según Ohler, Hitler, al que siempre describen como abstemio, dio órdenes de que estimularan a sus tropas con Pervitín, una metanfetamina conocida actualmente como “cristal” o “speed”. Entonces se vendía libremente en cualquier farmacia y se convirtió en la droga típica del II Reich.

Ohler ha estudiado documentos que hasta ahora habían permanecidos bloqueados y ha hablado con testigos presenciales, historiadores militares y médicos. El resultado es un libro de hechos precisos, revisado por el historiador Hans Mommsen, que ha escrito el epílogo.

Además de drogar a sus huestes, Hitler también comenzó a drogarse él mismo. Cuando en el invierno de 1944 ordenó su última ofensiva, hacía mucho tiempo que no pasaba ni un solo día sobrio. Casi incesantemente su médico personal Theodor Morell le inyectaba una variedad de drogas y preparados hormonales.

Entre abril y julio de 1940, más de 35 millones de tabletas de Pervitin e Isophan (una versión ligeramente modificada producida por la empresa farmacéutica Knoll) fueron enviadas al ejército y la fuerza aérea alemana. Las pastillas tenían de 3 miligramos de sustancia activa, y se distribuían directamente a las tropas. Las instrucciones recomendaban una dosis de 1 a 2 tabletas para mantenerse despierto.

Los efectos de las anfetaminas son similares a los de la adrenalina producida de manera natural, provocando un mayor estado de alerta. La sustancia aumenta la autoconfianza, la concentración y la indiferencia ante el peligro, mientras que al mismo tiempo reduce la sensibilidad al dolor, el hambre, la sed, y el sueño.

El Pervitin es una metanfetamina creada por la empresa farmacéutica Temmler. Se introdujo en el mercado en 1938 y se convirtió en un éxito de ventas entre la población civil alemana. De acuerdo con un informe del semanario Klinische Wochenschrift la droga llamó la atención de Otto Ranke, un médico militar y director en la Academia de Medicina Militar de Berlín.

En septiembre de 1939, Otto Ranke probó la droga en 90 estudiantes universitarios, y concluyó que el Pervitin podría ayudar a la Wehrmacht a ganar la guerra. Al principio el Pervitin fue probado en los conductores militares que participaron en la invasión de Polonia. Luego, se distribuyó entre las tropas que combatían en el frente.

Los médicos estaban preocupados porque el efecto de la droga disminuía entre los usuarios frecuentes y algunos experimentaban problemas de salud e incluso se produjeron algunas muertes. Leonardo Conti, el ministro de la salud, trató de restringir el uso de la droga. El uso del Pervitin fue limitado a partir del el 1 de julio de 1941, en virtud de la Ley del Opio, pero sólo para la población civil.

Las drogas fueron imprescindibles para los nazis. En enero de 1942, a 30 grados bajo cero, 500 soldados alemanes del frente oriental, intentan huir del Ejército soviético. Tras 6 horas de huida, con la nieve hasta la cintura, los soldados agotados se tumbaban en la nieve y se dejaban morir. Los oficiales decidieron dar Pervitin a sus tropas: “Después de media hora los hombres se sintieron mejor y empezaron a marchar ordenadamente”, informó el médico militar.

En marzo de 1944, hacia el final de la guerra, el vicealmirante Hellmuth Heye solicitó una droga mejor. Los farmacéuticos nazis empezaron trabajando en una píldora aun más potente para las tropas. Poco tiempo después, el farmacólogo Gerhard Orzechowski le presentó una píldora cuyo nombre en código era D-IX y que contenía 5 miligramos de cocaína, 3 miligramos de Pervitin y 5 miligramos de Eukodal, un analgésico a base de morfina. El medicamento fue probado en miembros de la tripulación de pequeños submarinos.

Además, los mandos también suministraban alcohol a las tropas. El alcohol, la droga de los civiles, se difundió ampliamente en la Wehrmacht como recompensa y se vendía habitualmente en los economatos militares. Pero el abuso del alcohol pasó su factura: el comandante en jefe del ejército alemán, el general Walther von Brauchitsch, informó que sus tropas estaban cometiendo “las infracciones más graves” por “abuso del alcohol”. El general refirió peleas, accidentes, maltrato de subordinados, ataques contra los oficiales superiores y “actos sexuales antinaturales” y concluyó que el alcohol estaba poniendo en peligro “la disciplina dentro de las fuerzas armadas”.

Ordenaron a los médicos encerrar a alcohólicos y drogadictos en instalaciones de tratamiento, donde eran evaluados según las instrucciones de la “Ley para la Prevención de la descendencia con enfermedades hereditarias”, sometidos a esterilización forzada y eutanasia. También se ejecutó a los contrabandistas que vendían alcohol metílico como si fuera licor.

Los opiáceos eran otra droga de consumo habitual de los soldados. La adicción a la morfina se generalizó entre los heridos y el personal médico militar durante toda la guerra. Un oficial médico que fue enviado a un pequeño pueblo en 1940, escribió: “Empezamos el día con una copa de coñac y dos inyecciones de morfina. Al mediodía, tomamos cocaína y por la tarde, a veces tomamos Hyoskin”, un alcaloide.


Fuente: http://pajarorojo.com.ar/?p=18367

2 comentarios:

  1. Todos los nazis suelen drogarse antes de ir "a la guerra", por eso en las furgonas de los antidisturbios fuman tantos porros y los secretas toman tanta coca.

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  2. O sea que lo de la superioridad de la raza, nada de nada.
    Se les ha caído un mito.

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