miércoles, 16 de septiembre de 2015

‘La pantera es un animal que no ataca nunca’

Huey P. Newton
 Negros, esclavos y rebeldes (6)

De manera simbólica se coloca la fecha de inicio del movimiento por los derechos civiles en diciembre de 1955 cuando una negra de Alabama, Rosa Parks, ocupó un asiento en un autobús que estaba reservado para los blancos. Fue el inicio de una campaña que se podría calificar de resistencia pasiva, de boicot, desobediencia civil, manifestaciones y otro tipo de acciones, como sentadas. En ocasiones, con la colaboración de algunos blancos, lo negros se sentaban junto en los autobuses para romper la segregación.

El movimiento fue especialmente importante en el sur, donde el aparheid se aplicaba con más intensidad. Estaba dirigida por organizaciones del estilo de la NAACP y otros del mismo tipo, que no eran movimientos de masas sino más bien selectivos, de los sectores negros más acomodados y, especialmente, la pequeña burguesía. El prototipo más conocido fue Martin Luther King. Por su propia naturaleza, tampoco estaban muy organizados y sus objetivos siempre persiguieron eso que la burguesía califica como “igualdad”: romper las barreras de la segregación, incorporar a los oprimidos a una sociedad creada por sus opresores. Desobedecían las leyes para buscar su lugar dentro de ellas. Por ejemplo, querían votar. El sueño del que hablaba Martin Luther King era el mismo “sueño americano”.

Pero la lucha de clases no es cosa de uno sino de dos, por lo que ese tipo de movimientos no acaban como empiezan porque quien los moldea son las clases dominantes y, en particular, sus aparatos represivos. El movimiento negro, incluso el más tibio, el más pacifista, fue machacado, aplastado y reprimido con una brutalidad característica de Estados Unidos, que no vaciló en sacar al ejército a la calle.

Entonces el movimiento adquirió progresivamente un sesgo distinto. Se convirtió en un movimiento de las masas más oprimidas, de los barrios marginados de las grandes ciudades. De las reivindicaciones políticas pasaron a las sociales y las laborales. Fue un cambio imperceptible y nada meditado por la ausencia de una vanguardia revolucionaria. Incluso las organizaciones cambiaron de nombre y abandonaron el pacifismo. No querían; les obligaron a ello. El grupo “Nation of Islam”, que tenía unos 150.000 afiliados, crea unidades de autodefensa que se preparan para las batallas callejeras contra los antidisturbios.

Uno de los símbolos de aquel giro fue la ruptura de Malcom X con la “Nation of Islam” en 1964, llevando el centro de gravedad de la religión a la política y a la lucha de clases, si bien de una manera tan decidida como confusa. Como buen musulmán, Malcom X no sólo viaja a La Meca sino a África con la pretensión de que los países recién independizados planteen en la ONU el problema de los negros en Estados Unidos. No sólo habla de paz sino también de guerra. No sólo habla a los negros sino también a los blancos, a los amarillos, a los rojos y a los mestizos.

Malcom X no fue el único que aceleró el movimiento, ni siquiera el más importante. Hubo otros, como James Meredith o Stokely Carmichael, que acuñó la expresión “black power” (poder negro) como consigna que ya no pretende integrarse en la sociedad dominante sino que la rechaza y busca alternativas en otros lugares, como la nueva África que emerge. La situación de los negros en Estados Unidos también es colonial. “Black power”, el libro de Carmichael y Hamilton, lleva un subtítulo significativo: “La política de la liberación en América”. La alternativa es, pues, un problema de poder político que no se resuelve con la integración sino con la independencia.

Progresivamente el movimiento va desprendiéndose del lastre que arrastraba en sus inicios. El pacifismo deja paso a la autodefensa. Desde 1957 Robert E. Williams secretario del NAACP en Monroe, Carolina del norte, llamaba a defenderse de las agresiones del Ku Klux Klan. Cuando en 1961 el FBI iba a detenerle, se refugió en Cuba y luego marchó a la República Popular de China.

En torno a la autodefensa se creó en 1966 el Partido de los Panteras Negras. Sus máximos dirigentes fueron Huey P. Newton y Bobby Seale. El primero es hijo de la clase obrera de Luisiana, nacido en una familia numerosa y mantuvo enfrentamientos con la policía desde muy joven que le llevaron a la cárcel. Seal era un tejano que trabajaba como mecánico.

“La pantera es un animal que no ataca nunca”, solía decir Newton. Pero si le agreden -añadía- tiene los colmillos afilados para defenderse. Por eso eligieron a dicho felino como símbolo de su Partido y crearon pequeños comandos armados. Pero la autodefensa no es sólo armada, sino que comprende numerosos aspectos de la lucha contra la represión, como las detenciones, declaraciones y encarcelamientos, que los militantes debían conocer.

Bobby Seale

6 comentarios:

  1. Si el pueblo chileno hubiese estado armado, no le hubiesen podido los fascistas. El pueblo debería llegar a estar armado, doctrinal y bélicamente para poder defender sus intereses en contra de los fascistas, en una lucha sin cuartel hasta barrer con ellos y nunca más volver a quedar indefenso ante posibles enemigos de clase.

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  2. Totalmente de acuerdo.
    El problema es que el "izquierdismo" liberal en Occidente (que algún cavernario encima lo vincula con el Comunismo) prefieren las batucadas y las flautas y perros a los T-34 y los Kalashnikov.

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    1. Y que se le va a hacer si son unos "descastados" que se quejan de los que sí tienen casta para defender sus fascistas intereses, como el jodido coletas. Pa' mí que son una nueva forma de iglesia y de zorras sacerdotales, a las que el apellido del líder quizá les haya servido de inspiración. Qué bien se saben poner la piel de cordero esa casta de mansos, similarmente a los sacerdotes del nuevo testamento. Yo todos los fines de año pido a la gente que si con los árboles de navidad les diese por volver a encender hogueras o plantar cruces, que como yo no tengo TV para informarme que por favor que me avisen para que trate de ponerme a salvo, que sino yo no libro... en un tono rogatorio que les hace reír a los cabronazos que me escuchan.

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