jueves, 3 de septiembre de 2015

La inolvidable biografía de Harriet Tubman

La biografía de Harriet Tubman es la de todos los explotados y la de quienes lucharon contra la explotación. No se pudo recuperar hasta el estallido del movimiento negro en los años sesenta. Su nombre clandestino era “Moisés”, la figura mitológica del “Ferrocarril Clandestino”, la ruta Ho Chi Minh de los negros del sur de Estados Unidos en tiempos de la esclavitud. Sus viajes furtivos a los Estados esclavistas para liberar a las mujeres y los niños la convirtió en un icono de los movimientos negros de liberación.

Su nombre originario fue Araminta “Minty” Ross y nació en 1822 en la plantación propiedad de Anthony Thompson en Maryland. Fue la quinta de 9 hermanos de Harriet “Rit” Green y Ben Ross, dos esclavos pertenecientes a dos familias distintas. Su padre Ben estaba al servicio de Anthony Thompson, un rico terrateniente viudo, mientras que “Rit” al de Edward Brodess, yerno del anterior.

Entre 1822 y 1824 Brodess obtuvo la propiedad de los niños esclavos de la familia, entre ellos la de Minty, vendiendo luego varios de ellos, rompiendo la unidad de la familia Ross. Desde los seis años de edad Minty fue alquilada para trabajar al servicio de varios propietarios, entre ellos la familia Cook. Una de las labores que le encomendaron fue la de atrapar las ratas que había en la plantación una parte de la cual era pantanosa. Para cazarlas debía sumergirse en las aguas, a veces heladas en invierno, por lo que enfermó gravemente.

“Dormía en el suelo, junto al fuego, y lloraba sin parar. Me preguntaba s era yo la única que entraba en casa y me metía en la cama de mi madre. Era extraño porque ella nunca tuvo cama. Sólo una tabla de madera clavada a la pared con paja por encima”, contó luego Minty.

Miss Susan, su dueña, estaba convencida de que a los esclavos había que azotarles regularmente con un látigo. Aquella esclavista brutal golpeaba a Minty en la cabeza, en la cara y el cuello. Al llegar a vieja, aún conservaba las cicatrices. Por lo demás, el trabajo era tan brutal como la vida. De adolescente una viga de hierro le fracturó el cráneo.

En una ocasión un vigilante le pidió ayuda para capturar a un negro fugitivo llamado Barnett y la joven se negó. Aunque Barnett logró huir, el vigilante le lanzó una pesada piedra, que en su trayectoria golpeó a Minty en la sien. Le volvieron a fracturar el cráneo, la llevaron ensangrentada e inconsciente a la mansión, pero como no había cama para tenderla, la pusieron sobre una tejedora, en la que permaneció dos días sin ninguna clase de cuidados médicos.

Aquel incidente cambió su vida y su carácter. Los dolores de cabeza ya nunca le abandonaron. Padecía frecuentes desvanecimientos y en medio de una conversación se dormía, aunque luego despertara de nuevo y continuara la charla. Otras veces no había manera de reanimarla.

Desde entonces las visiones, los sueños y la religión ocupó un lugar importante en la vida de Minty. Se convirtió en una mística. Rezaba frecuentemente y empezó a ayunar todos los viernes. Aunque pertenezcan a la misma secta metodista, el dios de los negros no era el de los blancos. El paraíso de estos estaba en el cielo; el de los anteriores estaba en la tierra.

Los metodistas negros se escinden de los blancos y en las iglesias son las predicadoras negras, como Lerena Lee, Maria Stewart o Sojourner Truth, las que empiezan a tomar la palabra para hablar de explotación y de liberación. Una pastora de Filadelfia, Zilpha Elaw, predica: “Cristo ha enviado a la mujer para anunciar al discípulo Pedro que ha regresado de entre los muertos”.

En febrero de 1831, tras negarse a comer, una joven esclava llamada Henny es golpeada y se revuelve lanzando jabón a los ojos de su dueña. La mata, la corta en pedazos con un hacha y luego esconde los restos en un armario. Unos meses después la ahorcaron en Cambridge, pero las peores pesadillas para los blancos no acabaron: una sedición dirigida por Nat Turner, un esclavo iluminado, mata por noche a los blancos a todos los blancos que puede, cuando dormían plácidamente. A Turner le ahorcan el 11 de noviembre en Virgina. Su cuerpo fue desollado, decapitado y troceado.

Entre 1830 y 1840 Minty trabaja para un constructor de barcos. En 1844 se casa con un hombre libre, un mulato llamado John Tubman, de quien toma el apellido. También aprovecha para ponerse el mismo nombre que su madre.

En 1849 su dueño Brodess muere a los 47 años de edad. Como ha dejado numerosas deudas, corre el riesgo de ser vendida a otro esclavista, por lo que huye de noche, abandona a su marido y conquista su libertad. Se instala en Filadelfia pero viaja frecuentemente a Maryland para liberar a su familia y amigos. Era muy extraño que un liberto se atreviera a viajar a zonas en las que los esclavistas les pudieran reconocer, capturar, azotar y, finalmente, ahorcar.

En Maryland logró liberar a unos 70 esclavos que huyen de la esclavitud por el llamado Ferrocarril Clandestino, una vía de escape que les trasladaba lejos del alcance de los esclavistas. Según censo de esclavos de 1850, la mayor parte de las fugas de esclavos se produjeron en Maryland. Los viajes se organizaron por medio de comunicaciones secretas que sólo un círculo muy reducido de negros conocían.

Los viajes eran de casi 150 kilómetros que se hacían de noche y a pie, por lo que podían prolongarse entre cinco días y tres semanas. Otros eran mucho más largos y acababan en Canadá. Para defenderse de los cazadores de esclavos y de sus perros, Harriet llevaba un revólver y no le asustaba tener que utilizarlo. En una ocasión contó la historia de que escapando con un grupo de esclavos, y cuando la moral estaba baja por la dificultad de las adversidades, uno de los hombre insistió en regresar a la plantación. Le apuntó con la pistola y le dijo: “Continúa o te mataré”. Días después el hombre se encontraba entre los que alcanzaron a llegar a Canadá.

El padre de Harriet, Ben Ross, logró huir en 1840. Tuvo una gran influencia sobre su hija y, una vez liberado, se convirtió en un militante del Ferrocarril Clandestino. Le capturaron en 1857 y su hija tuvo que regresar a Maryland para salvarle la vida. Logró llevarles hasta Canadá.

La habilidad de Harriet para viajar por los Estados esclavistas sin ser detectada siempre ha sido un ejemplo de clandestinidad y buena organización. Un blanco abolicionista como John Brown se interesó por la red de evasión que Harriet había puesto en pie. La Brown llamaba “general Tubman”. A su vez, Harriet apoyó su plan para crear un nuevo Estado con los negros que iban siendo liberados. Brown era partidario de utilizar la lucha armada y organizar un levantamiento general de los esclavos. En 1859 se apoderó de un arsenal en Harpers Ferry, Virginia, pero fracasó y fue ahorcado.

Durante la guerra civil, Harriet viajó a Carolina del sur, donde se trabajó para el espionaje unionista como cocinera, enfermera y exploradora.

En 1860 se trasladó de nuevo a su tierra natal para liberar a su hermana Rachel y a sus hijos Ben y Angerine, lo que finalmente pudo lograr después de varios intentos, cuando su hermana ya había muerto. Fue su última expedición liberadora.

Tras la guerra civil se estableció en Fleming, en el Estado de Nueva York, convirtiéndose en una dirigente del movimiento negro. Acogió en su casa a decenas de huérfanos, antiguos esclavos miserables. Hasta su muerte en 1913, ya muy anciana, jamás abandonó la lucha, ni la lectura. En Estados Unidos el movimiento negro la recuerda cada 10 de marzo, aniversario de su fallecimiento.

En Estados Unidos muchas organizaciones, sobre todo de mujeres negras, han seguido su ejemplo de lucha y llevan su nombre con orgullo.



En 1978 con su biografía se rodó la miniserie de televisión “Una mujer llamada Moisés” (A Woman Called Moses), basada en la novela de Gloria Naylor:

1 comentario:

  1. Gran articulo.Admirable lo de esta mujer

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