miércoles, 19 de agosto de 2015

El origen de la guerra sicológica (y 2)

John F. Tracy

Tras confiar a Cantril la tarea de agrupar y revisar los datos de varios años de sondeos y encuestas, la dirección de la Fundación Rockefeller concluyó que el proyecto “proporcionaría los hechos esenciales en cuanto a la formación y las tendencias de la opinión pública cuando se pasa de una situación de paz a la de guerra” en función de factores tales como las relaciones familiares, los niveles de formación y el empleo profesional, así como el origen de los grupos que manifiestan interés o desinterés sobre diversos aspectos.

Ante la inminente entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, Rockefeller entregó 15.000 dólares a la Universidad de Princeton para poner en marcha la Oficina de Investigación de la Opinión Pública. Uno de sus principales objetivos era el de examinar de manera sistemática el proceso de formación de la “opinión pública”, los factores que motivan los sentimientos del “público” hacia ciertos asuntos y, como decía Cantril, “seguir las fluctuaciones de la opinión pública durante la guerra que había comenzado en Europa y en la cual tengo la impresión de que pronto participará Estados Unidos”.

En 1940 la Fundación Rockefeller financió proyectos de investigación sobre manipulación de masas con 65.000 dólares, de los que 20.000 fueron entregados a la Oficina de Investigación de la Opinión Pública de Cantril. Además, con otros 25.000 dólares financiaron la Escuela Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Princeton para investigar las emisiones de radios europeas de onda corta. Finalmente, 25.000 dólares fueron a parar a los bolsillos a Lasswell, especialista en ciencias políticas de la Universidad de Chicago, para crear un instituto en la Biblioteca del Congreso que estudiara las emisiones de radio, la prensa y otros medios de comunicación. En la Universidad de Stanford se creó una estación de vigilancia de las transmisiones de radio de onda corta para evaluar las emisiones procedentes de Asia.

Gracias a métodos de muestreo secretos, Cantril logró predecir el comportamiento de los votantes en importantes referéndums que se celebraron en Canadá y Estados Unidos. A finales de los años 40 Rockefeller ayudó a Cantril y al primer empresario de la “opinión pública”, George Gallup, a crear la “American Social Surveys”, una sociedad sin fines lucrativos que tenía por objeto analizar meticulosamente la evolución de la opinión pública en Latinoamérica.

En 1942 Cantril estableció en la Universidad de Princeton los fundamentos del Research Council, financiado por el magnate de la publicidad Gerard Lambert. El Research Council comenzó a pulsar los estados de opinión relacionados con la guerra y a tratar de anticipar lo que podría ocurrir tras ella. Utilizando a Rockefeller como intermediario, Roosvelt siguió con atención las investigaciones de Cantril para elaborar sus discursos de guerra. El Research Council comenzó entonces a poner en marcha proyectos en el norte de África por cuenta del departamento de guerra sicológica de a inteligencia militar, por la del Departamento de Estado sobre la actitud de los estadounidenses hacia los asuntos exteriores y para Oficina de Servicios Estratégicos, precursora de ls CIA, sobre el estado de la “opinión pública” en Alemania.

Tras la guerra el Research Council de Cantril continuó sus actividades en pro de los intereses del imperialismo, evaluado el estado de la “opinión pública” en Francia, en Holanda y en Italia para aplastar a los movimientos populares y sociales. Durante la mayor parte de sus existencia el Research Council estuvo financiado por la CIA a través de la Fundación Rockefeller, un mecanismo utilizado frecuentemente por Rockefeller para financiar proyectos secretos.

Cuando en 1955 ocupaba el cargo de consultor de guerra sicológica en el gobierno de Eisenhower, Rockefeller concedió a Cantril y a su socio Lloyd Free un patrocinio vitalicio de un millón de dólares, que en realidad procedían de la CIA, para que continuara suministrando informes. Con ese dinero, los universitarios crearon el Instituto Internacional de Investigación Social, del que Rockefeller era uno de sus administradores más importantes.

El interés de Rockefeller por la persuasión en Estados Unidos fue más allá de la guerra. Entre 1938 y 1944 su Fundación gastó 250.000 dólares en la producción de documentales “educativos” a través del American Film Center. A finales de los años cuarenta, los dirigentes de las Fundación intensificaron su interés por la manipulación de la “opinión pública”. Como se reconoce en el informe de 1948, “una buena comprensión de los cambios en la comunicación y en el estado general del espíritu es importante para nuestro sistema educativo, para los dirigentes de las grandes organizaciones y para quienes se interesan por el comportamiento y las opiniones políticas”.

La Fundación Rockefeller emprendió una operación de financiación sin precedentes en la investigación de la guerra sicológica. En 1954 detinaron 200.000 dólares a Carl Hovland, sicólogo de la Universidad de Yale, para financiar estudios sobre persuasión y modificación del estado de la opinión.

Sin embargo, con la guerra fría como telón de fondo, la financiación de este tipo de estudios empezó a ser asumida por el ejército, que la mayor parte de las veces reclutaba a los expertos en ciencias sociales formados bajo la férula de Rockefeller. Como dice el historiador Christopher Simpsons, la financiación gubernamental durante la posguerra supuso al menos el 75 por ciento del presupuesto de la Oficina de Investigación Social Aplicada de Lazarsfeld en la Universidad de Columbia, así como por el Instituto de Investigaciones Sociales que Cantril dirigía en Princeton.

Tradicionalmente, la clase dirigente a la que pertenecían los Rockefeller no distinguía entre estadounidenses y extranjeros. Unos y otros eran los objetivos de la propaganda y la modificación del comportamiento, lo que explica los esfuerzos emprendidos por la Fundación Rockefeller en áreas más generales, como la educación y la ciencias sociales. Cuando uno se sitúa en una perspectiva en la que las fronteras nacionales son consideradas cada vez más como obstáculos a proyectos de poder y de control político-económico, todos y cada uno están sometidos igualmente a maniobras de manipulación y de persuasión, así como a la ingeniería del consentimiento que se pone en marcha.

Sin embargo, el interés de los Rockefeller por una guerra sicológica no constituye más que un capítulo de una saga más amplia. Para dar cuenta de ello, basta contemplar las consecuencias del apoyo aportado a ciertas aproximaciones filosóficas y pedagógicas del sistema educativo estadounidense puestas en marcha desde comienzos del siglo XIX y que han ocasionado un descenso importante en la calidad de las instituciones educativas. Se puede examinar igualmente otras actividades filantrópicas de los Rockefeller, como los intentos de apaciguamiento de una población sobresaltada por la masacre de Ludlow o las famosas donaciones de monedas de diez céntimos de John D.Rockefeller, que han constituido un ejercicio profundo y meticulosamente orquestado de gestión de la impresión.

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