lunes, 10 de agosto de 2015

El Golfo de Guinea en el ojo del huracán

Guadi Calvo

Las acciones de las bandas salafistas que actúan en el Magreb y el Sahel, avanzan hacia el sur del continente africano y especialmente hacia la costa occidental, donde se concentran las explotaciones de hidrocarburos más importantes de África subsahariana. El litoral del Golfo de Guinea está desguarnecido y cautivo de diferentes organizaciones criminales dedicadas a la piratería y narcotráfico y es la principal vía de ingreso de armas al continente.

A excepción de Sudán y Sudán del Sur, las más importantes explotaciones petroleras de África se agrupan en torno al Golfo de Guinea, que se extiende desde el Cabo Palmas, cerca de la costa occidental de Costa de Marfil hasta el Cabo López en Gabón, un área muy sensible con conflictos en plenos desarrollo y otros que es previsible estén próximos a iniciarse.

Angola, Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial, Nigeria, República del Congo, República Democrática del Congo y Santo Tomé y Príncipe, Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil, tiene litoral sobre esas aguas y países como Burkina Faso, la República Centroafricana, el Chad y Mali, naciones mediterráneas, se encuentran íntimamente vinculadas y a la vez dependientes de la cuenca del Golfo, en sus contextos comerciales y culturales.

El gran negocio hidrocarburífero (petróleo y gas), esta fundamentalmente explotado por empresas extranjeras como las norteamericanas Marathon Oil, Amerada Hess, Exxon Mobil, Chevron Texaco, Vanco Energy, Ocean Energy; la sudafricana Sasol, la británica Energy Africa (filial de Tullow Oil) Energy Africa, la española Repsol y la malaya Petronas.

La región ha ganado interés geoestratégico para la seguridad energética de los grandes consumidores de hidrocarburos. Hay allí reservas por un total aproximado de 24.000 millones de barriles, un 4,5 % del total de la reserva mundial. También las reservas de gas natural son notoriamente importantes: Nigeria, Angola, Camerún, la Republica del Congo, son los mayores productores del área.

La excelente calidad del petróleo africano, con bajos niveles de azufre; la fácil accesibilidad al abastecimiento; la cercanía y acceso directo a los mercados consumidores occidentales, son factores que han impulsado la inversión extranjera. A tiempo que los contratos espurios que escapan a todo tipo de control por parte de los países donde operan las petroleras, sumado a los índices endémicos de corrupción de los gobiernos y funcionarios africanos, dan como resultado que los pueblos de esos países queden absolutamente al margen de cualquier beneficio.

Los producción alcanza a casi 5,5 millones de barriles diarios. El mayor productor es Nigeria con 2,5 millones de barriles diarios; seguido por Angola con 2 millones, Guinea Ecuatorial con 325 mil; la República del Congo 308 mil; Gabón 230 mil; Chad (125 mil), Ghana (122 mil), Camerún y Costa de Marfil con producciones menores. Además de petróleo, muchos de estos países exportan madera y minerales, algunos de ellos muy demandados por la industria de las nuevas tecnologías.

Dictaduras, mapas y etnias

Al igual que en casi toda África, los países de la región sufren de la conformación arbitraria de sus mapas, que han dejado armados los países que conquistaron el continente dejando naciones multiétnicas, con grandes diferencias culturas, lingüísticas y religiosas. Estas diferencias en muchísimas oportunidades han sido explotadas por las antiguas metrópolis con el fin de conseguir diferentes ventajas.

Más allá de los centenares de lenguas propias la zona del Golfo de Guinea cuenta con tres áreas lingüísticas principales: la francófona, comprendida por Camerún, República Centroafricana, Chad, Gabón, Costa de Marfil; la anglófona: Nigeria, Ghana, Sierra Leona, Liberia y Zambia; y la lusófona, principalmente Angola y Santo Tomé y Príncipe.

Todas las naciones africanas, constituidas esencialmente por tribus y clanes le han dado intrínsecamente una importancia fundamental al jefe, lo que en la contemporaneidad le ha permitido traducirlo en autoritarismo esencialmente militar, siempre empapado por la corrupción fomentada desde las viejas metrópolis. Es por esto que el espectro del golpismo haya sido una presencia constante en las siempre nacientes democracias.

La tentación de solucionar con un golpe militar los conflictos, con mucha frecuencia irresolubles y provenientes de la arbitrariedad de sus fronteras,. dio pie para que las fuerzas armadas a grandes masacres, solo por nombrar los Golpes más recientes en el occidente del continente se cuentan en 2011 Guinea, Níger, Guinea-Bissau, Costa de Marfil; en 2012 Malí, y otra vez en Guinea-Bissau, en 2013 en República Centroafricana y en 2014 Burkina Faso.

La dificultad de crear sistemas democráticos o de representación popular boicotea la posibilidad de encarar una lucha contra la corrupción estatal. Los aceitados sistemas de coimas y retornos, solo cambian de beneficiarios, y los ríos de plata negra continúan fluyendo al ritmo del petróleo y otras commodities. No importa que entorchado generalote asuma, siempre habrá un blanco ejecutivo y un representante de su cancillería que sabrán resolver los problemas con el “nuevo gobierno”.

La inseguridad e inestabilidad son el resultado de estas alianzas entre los gobiernos corruptos africanos, las empresas multinacionales y los gobiernos corruptores de las antiguas y nuevas metrópolis coloniales. Los “daños colaterales” de la corrupción, provocan las periódicas hambrunas, y los altos índices de desocupación, criminalidad, analfabetismo, mortalidad infantil y el descontrol absoluto de la salud pública (SIDA, Cólera, Ébola, Tuberculosis).

Como resultado de estos espectros cotidianos, muchos huyen hacia el norte, buscando una patera que los cruce a Europa, o bien se incorporan a alguna mafia local, lo que incluye la piratería o alguna de las muchas bandas salafistas que, especialmente desde 2011, han incrementado sus operaciones en la región.

A pesar de lo que pueda suponerse, la religión que más avanza en estas geografías no es el integrismo musulmán sino las sectas evangélicas, tan peligrosas como las sectas salafistas.

Las agrupaciones evangélicas, verdaderas estructuras de penetración política y e colonización cultural, son ayudadas por ingentes medios financieros nunca de clara proveniencia. Los cooptados llevan a sus feligreses a una militancia fanática. Están surgiendo así versiones violentas de sincretismos muy particulares, que parecen estar siguiendo los pasos de Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor, el grupo ugandés de acciones tan violentas como Boko Haram, pero con menos prensa.

En los países del Golfo de Guinea existe un predomino del cristianismo, tanto católico como protestante, mezclado con antiguas religiones animistas.
El Islam apenas alcanza el 25 % de sus poblaciones, esencialmente sunitas, aunque existen algunas comunidades chiítas. El islamismo sunita esta siendo financiado esencialmente por Arabia Saudita y algunas monarquías del Golfo Pérsico, lo que conlleva la visión más fanática del Islam, y es la fuente filosófica del extremismo practicado tanto por Estado Islámico como por al-Qaeda.

No hay que ser un experto para entender que el crecimiento de bandas como Boko Haram, el MUJAO (Movimiento por la Unidad del Yihad en África del Oeste), el AQMI (al-Qaeda para el Magreb Islámico), Ansar Eddin están diseñadas, armadas y financiadas por las monarquías del golfo árabe y especialmente por la saudita.

La canción del pirata

La acción de los piratas en el golfo, esta todavía más desbocada que la de los piratas somalíes en el golfo de Adén, desde 2010 cuando “El Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger” (MEDN) se disolvió y muchos de sus hombres se reconvertieron a la piratería marina. El Golfo de Guinea es actualmente la región del mundo con más actos de piratería, los asaltos se suceden todo el año y los piratas abordan los barcos fondeados e imposibilitados de fugarse.
 
A diferencia de sus colegas somalíes que mantienen largas y tortuosas negociaciones con los armadores, los piratas del Golfo de Guinea roban el crudo para venderlo en el mercado negro.

El valor de la carga de un buque petrolero suele superar al de un rescate por la nave en si. A pesar de los cacareados intentos regionales por coordinar políticas para combatir la piratería, poco y nada se ha logrado porque estos países no cuentan con recursos materiales, ni con una real voluntad política de reprimir la piratería. Más bien, los estamentos estatales suelen estar íntimamente vinculados a ella.

En el continente existen dos asociaciones multilaterales: la Comunidad Económica de Estados de África Central (CEEAC) y la Comunidad Económica de Estados de África del Oeste (CEDEAO) que intentan luchar contra la piratería aunando sus esfuerzos y coordinando políticas de seguridad, pero la magnitud y la complejidad de la situación sobrepasan sus capacidades, al igual que sucede con la lucha contra el terrorismo.

La CEEAC ha instalado el Centro Regional de Seguridad Marítima (CSRM), que ha logrado tener algún funcionamiento, pero la CEDEAO, no ha logrado implementar políticas de seguridad común. Aunque en la teoría países como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Sudáfrica, China, India y Brasil colaboran con ella, en la práctica poco y nada se ha avanzado.

Tanto a los traficantes de armas como a los diferentes carteles de la droga de América del Sur -particularmente colombianos- que trafican cocaína rumbo a Europa por vía terrestre desde el golfo hasta el Mediterráneo en sociedad con mafias locales y bandas salafistas, no les interesa el control en la navegación en el golfo ya que sus permeables costas son aptas para introducir sus mercancías.

Aunque la mayoría de los países del Golfo de Guinea adhirieron a los acuerdos de Montego Bay, que normaliza los espacios y el derecho marino a nivel internacional, las naciones del Golfo de Guinea no habían delimitado sus aguas territoriales. Tras el descubrimiento de los yacimientos petrolíferos off-shore, se han apurado para sellar esas delimitaciones pero hasta ahora solo han sido focos de nuevas tensiones y promesas de conflictos, que a la usanza local y azuzados por los vendedores de armas internacionales terminaran violentamente.

La paulatina y constante degradación del medio ambiente, tanto terrestre como marino, ha reducido las áreas tanto de siembra como de pesca. La constante contaminación de las explotaciones petroleras, el robo, el inadecuado tratamiento de ese petróleo y el descuido de los oleoductos, no solo destruye los bancos de pesca sino también las áreas cultivables, reducidas además por el avance del desierto por la tala indiscriminada de bosques en procura de maderas preciosas. La situación han generado no solo más mano de obra desocupada sino una notable reducción de recursos alimenticios de la población autóctona, produciendo las grandes oleadas migratorias que vemos ahogarse en el Mediterráneo.

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