domingo, 12 de julio de 2015

El plan europeo de guerra sicológica contra Rusia

La Unión Europea prepara un plan estratégico para contrarrestar la propaganda rusa en Europa. Debía estar acabado para el Consejo Europeo del 26 de junio, pero parece que no se ha acabado de perfilar o, al menos, aún no se ha hecho pública su versión definitiva. No obstante, se ha filtrado un extracto a determinados gabinetes de imagen, que tiene una extensión de nueve páginas.

Los periodistas y corresponsales en Bruselas seguirán bailando al ritmo que marque la Comisión Europea. Como siempre. Pero deberán pasar al ataque, tanto frente a sus colegas de Sputnik, Rusia Today y Ria Novosti, como de otros periodistas que se han mostrado contrarios a las sanciones económicas aprobadas por la Unión Europea. A todos los efectos, tendrán la consideración de “trolls”.

Será considerada como favorable a Rusia cualquier tipo de entrevista moderada o insuficientemente agresiva de altos funcionarios de aquel país, así como la publicación de documentos rusos que no contengan acotaciones despectivas. Ese tipo de artículos y publicaciones serán considerados como parte de la propaganda rusa en el exterior.

El modelo de propaganda rusa a combatir son publicaciones, como la reciente del diario italiano “Corriere della Sera”, que publicó una entrevista neutral con Putin, en la que no le atacaba ni se le menospreciaba. Ha sido severamente criticado por convertirse en una tribuna de propagada rusa. Tuvo que ceder al chantaje y las presiones. Al día siguiente le obligaron a publicar otra entrevista con Paul Bremmer, un diplomático estadounidense, para que realizase comentarios burlescos a las declaraciones de Putin.

Pero la cosa no acabó ahí. Tuvieron que realizar una tercera entrevista con el ministro italiano de Asuntos Exteriores sobre un asunto crucial: Putin. Tampoco sirvió de nada. A pesar de la contrapropaganda, los ataques contra el “Corriere della Sera” no han cedido ni un ápice.

Los planes de contrapropaganda de Bruselas surgieron en diciembre cuando el comisario europeo de vecindad, Johannes Hahn, declaró que la Unión Europea tenía algunas ideas para luchar contra el “creciente esfuerzo propagandístco ruso”.

El primer proyecto de intoxicación mediática lo presentaron el 9 de enero Dinamarca, Estonia, Lituania y Gran Bretaña. Evitaba mencionar la censura directa o las listas negras de medios o de periodistas y subrayaba la necesidad de tener instrumentos para contrarrestar los “esfuerzos de propaganda de Rusia”. Se trataba de llevar la contrapropaganda al interior de Rusia para promover publicaciones con puntos de vistas opuestos a los de Putin, incluso en idioma ruso.

Además, el proyecto pretendía apelar a la reglamentación de los medios en Europa para someter a los periodistas rusos y a quienes se consideran como sus colaboradores si “manipulan, engañan, incitan al odio o propagan la guerra”. Nos parece bien. Pero mientras fustigaba a Rusia, la Unión Europea no cayó en la cuenta de remitir la misma advertencia al gobierno golpista de Kiev y a sus altavoces repartidos por toda Europea, que son muchos.

La Unión Europea no tiene en cuenta que cada día se publican informaciones en Europa informando de que las tropas rusas están invadiendo Ucrania desde Crimea. Esas informaciones van, incluso, acompañadas de fotos que así lo demuestran para poder aparecer en las portadas como grandes exclusivas mundiales. Desde hace un año el New York Times es un especialista en ese tipo de exclusivas a toda plana.

Sin embargo, la Unión Europea no considera que esas informaciones sean falsas ni tendenciosas.

El 6 de febrero la nueva presidencia de la Unión Europea, que corresponde a Letonia, llegó con un proyecto más radical y el Consejo Europeo abordó la cuestión en su cumbre de marzo. Acordaron otorgar a la comisaria de Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, tres meses, hasta junio, para apoyar la libertad de prensa y los valores europeos en Rusia.

Ya se ha puesto en marcha en equipo de trabajo, East StratComTeam, cuyas funciones no se han aclarado y es posible que nunca se aclaren del todo. También han puesto el dinero encima de la mesa. La Federación Europea para la Democracia ha recibido 500.000 euros para un estudio de las oportunidades de “falsabilidad” del pluralismo de los medios rusos. Alastair Rabagliati, director de operaciones de la Fundación ha declarado lo siguiente:

“Con el apoyo de una subvención del gobierno holandés hemos lanzado una iniciativa que va a desarrollar un estudio de 'falsabilidad' para proponer recomendaciones claras sobre la vía a seguir para el desarrollo de iniciativas concernientes a los medios independientes en lengua rusa”.

Es un trabalenguas que cuesta comprender pero, en definitiva, no parece nada distinto a lo que Goebbels hacía en el III Reich.

Antes de la cumbre de la Asociación Oriental de la Unión Europea en Riga, Letonia, el 19 de mayo se presentó el estudio de “falsabilidad” sobre los medios en ruso. Los vecinos de Rusia, siempre tan cariñosos, se encargarán de la contrapropaganda y contarán con las fuentes de financiación y subvenciones a fondo perdido que se le regatean a Grecia.

Una parte importante de la contrapropaganda es la difusión de bulos, rumores y mentiras sobre Rusia, para lo cual cuentan con la dilatada experiencia de la Guerra Fría. Por ejemplo, en 2009 EUObserver aseguró que la agencia de noticias Ria Novosti había intentado contratar a una empresa de relaciones públicas de Bruselas para mejorar la imagen de Stalin.

Definitivamente, en Bruselas han perdido los papeles por completo. Lo que deberían hacer es como en España: aprobar una ley mordaza.

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