miércoles, 17 de junio de 2015

Los talibanes no admiten al Califato Islámico en Afganistán

Ayer los talibanes afganos advirtieron al Califato Islámico que no están dispuestos a admitir su implantación en el país centroasiático. El aviso se produjo después de que la semana pasada se produjeran varios choques armados entre ambas formaciones en el este de Afganistán.

Los talibanes reivindican la exclusiva de la lucha contra los imperialistas y sus aliados: “La yihad contra los americanos y sus aliados se tiene que llevar bajo una única bandera”, la de los talibanes del mulá Omar, escribe Akthar Mohammed Mansur, uno de sus adjuntos, en una carta en cuatro idiomas diferentes (dari, pastún, árabe y urdu) dirigida al dirigente de los takfiristas, el irakí Abou Bakr Al-Baghdadi.

Mansur fue ministro durante el gobierno talibán implantado en Kabul de 1996 a 2001 tras la salida de las tropas soviética y la derrota del gobierno de Muhammad Najibullah. “Que dios nos guarde, si venís a tomar decisiones a distancia, perderéis el apoyo de los eruditos, de los muyaidines y de los simpatizantes”, escribe Mansur.

“Para defender sus conquistas, el Emirato islámico de Afganistán [nombre que se dan los talibanes a sí mismos] tendría que reaccionar”, le advierte, sin concretar las medidas que estarían dispuestos a adoptar en caso contrario.

La carta demuestra la preocupación de los talibanes por un posible repliegue de las huestes de Al-Baghdadi a Afganistán. El Califato Islámico pretende extender su dominio más allá de las regiones que ya controla en Irak y Siria, es decir, crear un Estado confesional, que es exactamente el mismo objetivo que tienen los talibanes.

Sin embargo, a pesar de sus coincidencias, no se ponen de acuerdo. A diferencia del Califato Islámico, los talibanes nunca han manifestado ningún interés por ir más allá de las fronteras de Afganistán. Tampoco consideran que el Califato Islámico pueda abrir un segundo frente contra el imperialismo, ni constituya ninguna ayuda en la guerra que libran en el país. La carta demuestra una cierta desconfianza hacia ellos que, en Afganistán también son “occidentales”, o tan extranjeros como los “occidentales” contra los que luchan los talibanes, e incluso una prolongación de esos mismos “occidentales”.

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