miércoles, 3 de junio de 2015

Los Papas y el copón de la baraja

Nicolás Bianchi

En los tiempos en que en París, iniciada la Revolución francesa, se proclamaban los derechos del hombre y del ciudadano, el Papa Pío VI -último del Antiguo Régimen  feudal- , en su encíclica Quod Aliquantum, defendía que no podía imaginarse mayor tontería que tener a todos los hombres por iguales y libres. Mucho antes, un colega suyo, León X, dijo -o le atribuyeron- aquello de las inmensas riquezas que le había reportado a la Curia vaticana "la invención de Cristo".  Era el papa de las indulgencias, la Tax Camarae, esa suerte de tarifas terrenales para ganarse el cielo que tanto indignaran a Lutero. Inclusive, estos profesionales (palabra que no pondremos en cursiva ni entrecomillada ni en elzeviriano) del "poder espiritual" apostrofaban (los sacerdotes no juzgan: condenan o absuelven, como ahora se pide condenar el terrorismo, como si fuéramos curas o jueces) en las encíclicas de 1816 y 1824 las guerras de independencia americanas, incluida la de los Estados Unidos (entonces 13 colonias británicas), satanizando a los puritanos. Y es que decir Iglesia es decir herejía, algo siamés, sobre todo la Iglesia constantiniana.

En 2006, Luigi Cascioli, nacido en 1934, ex-seminarista, agrónomo, interpuso una demanda en Italia poniendo en tela de juicio la existencia de Jesús, de Jesucristo. Escribió un libro -"La fábula de Cristo"- donde defiende la tesis de que Jesús no existió y, por lo tanto, la teología se derrumba amén del pecado original, la eucaristía, etc. Otrosí: la Iglesia se basa en nada. La demanda la puso contra un sencillo párroco de su pueblo y no contra el Papa (que goza de inmunidad como Jefe del Estado Vaticano que es). No se la admitieron (la demanda), apeló y un tribunal superior hizo comparecer al cura -Enrico Righi se llamaba- para probar la existencia histórica de Jesucristo. Este cura sermoneaba a sus parroquianos sobre Jesús como hijo de José y María, y Cascioli lo demandó (no tanto a la persona como a la carga religiosa de la frase) porque en Italia la Constitución pena abusar de la creencia popular e inventarse cosas para hacerlas pasar como hechos reales. O sea, igual que aquí, claro que allí el fascismo fue derrotado y aquí, pues... mire usted...

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