lunes, 22 de junio de 2015

La masacre de Ocoee

En 1920 Ocoee, una localidad cercana a Sanford, Florida, contaba con unos 1.000 habitantes, la mitad de ellos negros. A dos de aquellos negros, Moses Norman y Julius “July” Perry, se les ocurrió ejercer un derecho tan elemental como el de sufragio.

Para se tuvieron que empadronar y pagar el “impuesto electoral”, que siempre fue un pretexto típico para impedir que los negros pudieran votar, a pesar de que tenían derecho a hacerlo.

El día de las elecciones, el 4 de noviembre, Norman y Perry acudieron a las urnas, pero no les permitieron votar. Además los blancos se indignaron que hubieran tenido el atrevimiento de ejercer sus derechos. Era intolerable, así que los blancos decidieron darles un escarmiento. Por la noche 250 terroristas del Ku Klux Klan se reunieron y empezaron a incendiar y asesinar. En total destruyeron 25 casas y asesinaron a 50 personas.

Al día siguiente por la mañana apareció el cuerpo de  “July” Perry colgando ahorcado de una farola.

La orgía de destrucción se prolongó durante casi una semana. Para que disfrutaran de total impunidad a los terroristas del Ku Kux Klan les nombraron ayudantes de la policía. De esa manera pudieron controlar la ciudad y no permitieron a nadie entrar o salir a menos que tuvieran un permiso especial.

Fue uno de los primeros casos de limpieza étnica. Los negros tuvieron que abandonar sus casas y perdieron las tierras que cultivaban. Los blancos se apoderaron de ellas, las dividieron y las vendieron a 3,75 dólares por hectárea.

Ningún negro volvió a la ciudad hasta 1981. Durante 61 años los asesinos disfrutaron en un paraíso étnicamente perfecto.

Julius “July” Perry

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