domingo, 29 de junio de 2014

Los oportunistas no nacen: se hacen

Juan Manuel Olarieta

Ni siquiera eso es cuestión de cromosomas: los oportunistas se hacen. Pero no se hacen a sí mismos, como ellos creen, sino que el Estado burgués -quienes llevan sus riendas- los hacen porque los necesitan. Ellos sólo se dejan hacer. Son los sujetos pasivos.

Un Estado necesita su oposición, como el organismo necesita sus propios anticuerpos. Si la burguesía no tiene una oposición, la crea como un traje a la medida porque necesita un determinado tipo de oposición, una oposición domesticada, no una oposición verdadera. Si no hubiera oposición, tampoco habría democracia. Es más, lo que demuestra que hay democracia es que hay oposición, ese tipo de oposición leal que es tan necesaria para la supervivencia del moderno Estado monopolista.

Pero nadie se convierte en oposición de la noche a la mañana. Los aspirantes a opositores tienen que pasar su Via Crucis; no se lo dan todo hecho sino que tienen que poner algo de su parte. En fin, tienen que demostrar cierta valía, cumplir determinadas funciones que son paradójicas: pronunciarse en contra del Estado que defienden.

Se les llama oportunistas porque son gentes sin principios, o sea, que al principio son muy radicales pero acabarán adocenados. Los oportunistas aparecen cuando al Estado, lo mismo que al mando a distancia, se le acaban las pilas y se echa de menos un recambio. Su ascenso es el termómetro que detecta el malestar social. La gente está harta, descontenta y reniega de todo, pero sobre todo del viejo andamiaje oficial, de los gastados partidos e instituciones. Hacen falta caras nuevas, modernas, que digan cosas que no estamos acostumbrados a escuchar. A veces ni siquiera son necesarias migajas para ilusionar a la gente y que todo vuelva a su cauce.

La crisis es a los oportunistas lo que la mierda a las moscas. Proliferan en esos ecosistemas. Por eso nunca hay sólo un único oportunista sino varios al acecho de su oportunidad, a la espera del momento de trepar. A medida que la crisis se profundiza, los oportunistas se multiplican como la gangrena. No debe sorprender que algunos de ellos logren un puñado de votos porque el gran oportunista de los tiempos recientes siempre fue Felipe González, que logró 10 millones de ellos en 1982.

Los del PSOE de hace 30 años sí que eran oportunistas de verdad, no los de ahora. Aquello sí que fueron campañas de imagen, no el circo de ahora. Para ser oportunista hay que ser joven, tener recorrido por delante, ya que, de lo contrario, no te da tiempo para dar el cambiazo. Los viejos no cambian, mientras que a Felipe González le pusieron de "primer secretario" con 33 años. Se preparaba la transición.

Hasta que ocupó su cargo, la secretaría del PSOE era colectiva, algo que está reñido con el marketing moderno, eso que procede de las universidades gringas y que llaman "liderazgo". La política burguesa es electoralismo puro; votamos a personajillos y fantoches, no a partidos, ni a programas. ¿Cómo promocionar a una dirección colectiva? De ahí que con Felipe González en el PSOE se acabaran los órganos colegiados de dirección.

El oportunista es fruto de un diseño. En la transición los oportunistas como Felipe González exhibían una cuidada imagen descuidada: pelo largo, patillas y chaqueta de pana. Lo de menos es lo que uno sea; lo que vale es una imagen que sea nueva, distinta. Por eso en tiempos de la transición al PSOE se le llamaba "renovado". Ya no era el de la guerra, sino un partido a la última moda, lo mismo que la movida madrileña y su lema "Enamorado de la moda juvenil" que cantaba Radio Futura:

Y yo caí enamorado de la moda juvenil
de los precios y rebajas que yo vi
enamorado de tí.
Sí, yo caí enamorado de la moda juvenil
de los chicos, de las chicas, de los maniquís
enamorado de tí.


En la transición la tele no era tan importante y quienes te vendían eran periódicos y revistas. Por ejemplo, el Congreso del PSOE en Suresnes lo promocionó hasta Pedro Rodríguez, un conocido columnista del diario de los sindicatos franquistas "Pueblo", que hizo una reseña del mismo en octubre de 1974. El PSOE necesitaba al franquismo casi tanto como el franquismo al PSOE.

Como toda la política burguesa y demás modas, los oportunistas son de usar y tirar. Tienen fecha de caducidad. Más tarde o más temprano se quedan obsoletos para que la rueda de la política siga funcionando. Son la respiración asistida: estiran un poquito más la agonía, necesitan ganar un tiempo precioso que les permita llegar hasta las próximas ilusiones.

Sí, he escrito ilusiones y no elecciones porque la política burguesa vive de ilusiones más que de elecciones. Me imagino que el lector se habrá apercibido, como yo, de lo siguiente: todos los partidos políticos quieren cambiar las cosas, lo cual significa que todos ellos reconocen que las cosas están mal. Es más, hay partidos y elecciones precisamente porque hay que cambiarlas. Sin embargo, las cosas no van a cambiar nunca mediante los votos, porque para eso están las elecciones: para que todo siga como hasta ahora. De lo contrario, ¿con qué cambio nos engañarían en las siguientes elecciones?

Para quienes votan, la verdadera elección es sólo una: o bien votas a alguien que nunca va a poder poner en marcha su programa electoral, porque nunca va a gobernar, o bien votas a alguien que va a traicionar su programa electoral en cuanto gobierne. Ésta última es siempre mayoritaria, es decir, que la mayoría vota a un oportunista que le va a engañar. Pero casi todos saben que hablar de elecciones y engaños es un redundancia. Lo importante es la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos: el engaño es mayor cuantos más sean los votos. No me refiero a hayan engañado a más votantes sino al aspecto cualitativo del fraude, que se convierte en un fiasco. Las elecciones de 1982 son el mejor ejemplo de ello.

Pero, ¿como lograr muchos votos? Los que buscan votos en la blandenguería política se equivocan de estrategia. En la transición Felipe González, el PSOE y la UGT eran extremistas y radicales, la izquierda de la izquierda. A nadie se les calentaba la boca tanto como a ellos. Cuando Felipe González se oponía a la reforma del franquismo para exigir la ruptura, le acusaban de incitar a la violencia, o sea, al terrorismo. Pero en la política burguesa no importa lo que digan de tí; el caso es que hablen. En eso los tiempos no han cambiado nada: si los franquistas te atacan es para promocionarte.

No hay más que recordar los mítines de Felipe González en contra de la OTAN, entonces el asunto de moda: "OTAN de entrada no", fue el lema de la campaña electoral que recaudó 10 milones de votos. Naturalmente que muy poco después Felipe González nos metió en la OTAN de cabeza y otro del mismo equipo, Javier Solana, fue secretario general de la OTAN, que fue el criminal que ordenó el bombardeo de Yugoeslavia con armamento radiactivo, y así sucesivamente.

De Suresnes (1974) al gobierno (1982) sólo transcurrieron ocho años. Pero mientras en París prometieron construir el socialismo, en Madrid lo que hicieron fue iniciar la reconversión industrial. En Suresnes el PSOE se pronunció en contra de la Unión Europea, pero quien introdujo a España en ella fue el gobierno de Felipe González...

Etcétera. ¿O hay que seguir contando batallitas?

sábado, 28 de junio de 2014

Kyrie Eleison

Nicolás Bianchi

Nací y crecí bajo dos polos: el yo y el Absoluto. Mi búsqueda de lo Último no era una especulación filosófica ni científica sino una liberación y una autorrealización, una religión, un nirvana tras sucesivas metempsicosis y karmas. Al principio, invocaba muchos dioses pero en especial a uno por encima del resto, una suerte de henoteísmo védico, un Absconditum. Ni mitos ni leyendas, ni animismos ni primordiales: lo Último dizque Lo Más de lo Más. Un cristiano diría: la Hostia Bendita.

El Último Principio es absoluto misterio. No es comprensible ni se compadece con las categorías humanas. Ve pero no es visto. Conoce, pero es incognoscible. Está más allá de todo ser empírico.Es la verdadera realidad de todo ser. El resto es sólo un fenómeno subjetivo de Él. Es el principio cósmico y antrópico que llena el universo y pluriverso. Los católicos dirían: el Pantócrator o teofágicas eucaristías.

Los que creemos fanáticamente en ÉL, es decir, LO MÁS DE LO MÁS, el non plus ultra, el finisterre místico, los que libamos el soma iniciático, también practicamos oraciones y doxologías contemplativas, como si nos guiáramos por Upanishad leídos por gurús y yoghis con sus mantras y hare krishnas, hare, hare, rama hare...

Meditamos sobremanera luego de años de contemplación, oración y renuncia al mundo y sus vanidades. Como el santo Antonio en el desierto egipcio o Simón el Estilita, moda que hizo que el desierto –morada de peligros y demonios que vivían tranquilamente- se poblara de eremitas como hoy el Everest está lleno de alpinistas aficionados para sacarse una foto restando emoción y mérito a la proeza. Yo no. Yo me llamo Jeremías que viene del griego “Jeremian”: soledad, llanto, devoción.

Los, vale decir, mandamientos de lo ÚLTIMO ULTIMÍSIMO, lo ulterior y transmundano y sobrenatural, se condensa en estas tesis (que no son de Feuerbach, precisamente): ÉL es el yo y la conciencia pura. ÉL es el fundamento y la base del mundo. ÉL transciende todo nombre y forma visible. ÉL es el centro de unidad y es omnipotente. ÉL es no-dualista en su autoconciencia. ÉL es la esencia de todas las cosas. ÉL es el valor supremo. ÉL es alcanzable sólo místicamente. ÉL está más allá de toda definición y categoría humana. Y, por último y décimo, ÉL es el origen creador, sustentador y controlador de todas las cosas. Estos preceptos se resumen en uno solo, a saber: ÉL es la HOSTIA. Y no decimos “ELLA” porque hasta las Bernardas Albas de este país están a su servicio.

Como epopte de ÉL, capitidisminuido, mi “yo” es espástico y estocástico, apofántico y antífono, apocatástico y anagnórico, paroxístico y apocalíptico (sobre todo para los no integrados y ni ganas). ¿Y quién es ÉL? ¿A qué dedica su tiempo libre? ÉL es el ESTADO DE DERECHO “sub specie aeternitatis”. ¿De qué pensaban que hablaba? ¿De la FIFA?

viernes, 27 de junio de 2014

Pequeño homenaje a Labriola 110 años después

Juan Manuel Olarieta

Es una excusa tan buena como cualquier otra, aunque no sea una cifra redonda: se cumplen 110 años de la muerte del marxista italiano Antonio Labriola que -supongo- seguirá pasando desapercibido para que la manipulación de su obra, lo mismo que la del marxismo, continue su camino.

¿Se dejarían algo en el tintero los clásicos del marxismo? Si podemos transitar de Marx y Engels a Lenin, ¿para qué queremos a Labriola? Lo tenemos casi todo ya cocinado, no hay más que repetir las citas de unas obras muy completas...

Con el pensamiento de Labriola ocurre lo mismo que con el cálculo infinitesimal 150 años antes: existían todas las condiciones necesarias que apareciera una nueva ciencia y, naturamente, apareció de forma paralela e independiente en la obra de dos científicos como Newton y Lebniz. Siempre ha ocurrido así en cualquier tipo de disciplina científica. En palabras de Marx se puede decir que la tarea del científico no es la de una parturienta sino la del partero: sacar a la luz algo que está en pleno proceso de gestación.

Es algo que confirma el carácter científico del marxismo: en el siglo XIX existían las condiciones materiales e intelectuales suficientes para alumbrar una nueva ciencia, la historia, a la que Marx y Engels llamaron materialismo histórico. Tenía que aparecer otra ciencia y apareció, no por obra exclusivamente de Marx y Engels sino de ellos y de otros autores de manera paralela e independiente.

Uno de ellos fue Labriola, un autor que es casi una generación más joven que Marx y Engels y que tuvo la fortuna de encontrar en ellos lo que personalmente andaba buscando tiempo atrás: una explicación científica de la historia, que era la asignatura que impartía en las universidades de Nápoles y Roma. Labriola nunca fue un filósofo ni un historiador sino un científico de la historia, alguien que buscaba una explicación a la historia.

Hasta el siglo XIX los historiadores eran como hoy los periodistas: coleccionistas de hechos, más o menos fantásticos, atribuidos a personajes que también eran más o menos del tipo del Cid Campeador en el poema épico. Desde un principio todo el esfuerzo de Marx y Engels estuvo volcado en acabar con ese tipo de relatos que, como Hollywood, "se basaban en hechos reales", pero ahí acababa todo parecido con la realidad. Marx y Engels llevaron a cabo una "revolución intelectual", escribe Labriola. Su gigantesco esfuerzo por desentrañar los resortes del capitalismo, el mayor que ha conocido la historia del pensamiento humano, con diferencia, no tiene otro sentido que el de explicar la historia, lo cual encierra dos descubrimientos decisivos. El primero es que vivimos en la historia, es decir, que toda la realidad es histórica, cambiante. El segundo es que si el hombre es capaz de entender la historia también es capaz de dirigirla, lo cual -como siempre- hay que entender a la inversa: sólo podemos dirigir la historia si la entendemos.

Lo histórico se opone a lo natural, si esto se concibe -erróneamente- algo como fijo e inmutable, otro viejo esquema que también se había derrumbado en el siglo XIX, la "segunda revolución intelectual", dice Labriola. Es un punto en el que resulta imprescindible recordar aquello que Marx escribe en El Capital: la diferencia entre la naturaleza y la historia es que podemos actuar sobre la segunda pero no sobre la primera.

Es la esencia misma del materialismo, que ahora los seudomarxistas combaten. El marxismo defiende el materialismo y, por consiguiente, no sólo pone en el centro a la materia (y no a la práctica) sino que la pone al principio. Para que haya madera antes tiene que haber un árbol. El trabajo, dice Marx, metaboliza las condiciones naturales y las convierte en condiciones sociales. Eso signifca que hay lugares a los que el ser humano no ha llegado, y ni siquiera conoce de su existencia, aunque cada vez llega más lejos y conoce más. Lo que está al principio, pues, no es la práctica sino la materia. No es casualidad que la economía hable de materia "prima", o sea, de la primera materia.

La historia empieza cuando los seres humanos transforman el árbol en madera con su trabajo. Después la práctica no acaba nunca, de tal modo que sigue transformando unas condiciones sociales en otras diferentes, mejores, más favorables. Por eso Labriola pone a la práctica en el centro no sólo de la historia sino de la ciencia de la historia.

La filosofía de la praxis, que es la esencia del materialismo histórico, todo lo pone a ras de suelo. En una comparación muy típica del siglo XIX Labriola pone el ejemplo de la fisiología, cuyo objeto no es el estudio de la vida sino de los seres vivos. De ahí que la historia no sea otra cosa que "la historia del trabajo", entendiendo que eso "abarca a todo el hombre histórico y social" y que no es una pura actividad sino "conocer en tanto obramos". Podríamos decir que no es tanto la vida sino las condiciones de vida, que se componen de pequeñas cosas, no de hazañas ni grandes aventuras. La historia y la ciencia de la historia empiezan cuando alguien como Engels escribe acerca de algo que a nadie le había interesado jamás: la situación de clase obrera en Inglaterra.

El problema de la historia es que padece el pernicioso influjo de la actualidad, que nos arrastra con el espejismo de toda esa inmundicia de personajes y personajillos a los que ponen en primera plana de las noticias. La historia se escribirá en contra de todas esas noticias y no recordará a ninguno de esos energúmenos que aparecen en ellas. La historia empieza a convertirse en ciencia cuando busca a los verdaderos protagonistas de la misma, que son las masas, o sea, esos millones de trabajadores anónimos que están haciendo la historia ahora mismo en las oficinas del paro, en los polígonos industriales, en los desahucios, en las pequeñas reuniones, en las minúsculas concentraciones... en todas esas cosas, en fin, a las que nadie presta ninguna importancia, salvo los marxistas.

martes, 24 de junio de 2014

'La roja' desteñida

Nicolás Bianchi

Apodo, por cierto, -"La Roja"-, cuyo titular histórico es Chile. Nadie esperaba que España fuera eliminada a las primeras de cambio. ¿Nadie? El fútbol no es una ciencia exacta, pero sí ofrece ciertos sí­ntomas que pueden predecir un resultado.

No vamos a hacer un análisis exhaustivo del desastre "nacional" -no parece este sitio el más adecuado aunque este blog no hace ascos a nada y toca todas las teclas-, pero sí­ dar dos o tres pinceladas para terminar con lo que nos interesa y ya se verá.

Si a lo meramente deportivo vamos, lo primero que saltó a la vista del aficionado fue el precario estado fí­sico de los internacionales. El combinado estatal llegó al Mundial de Brasil con la lengua fuera, jadeante, luego de un Campeonato extenuante. Tal vez esto explique (?) la estratosférica prima ofrecida a los jugadores para "animarles". En este punto, el chascarrillo bien podría decir así: les ofrecemos una pingüe prima descomunal si ganan, y si pierden o hacen el ridículo, se pagan ustedes la estancia aquí o les multamos igual que se quitan puntos en el carné de conducir por infracción cometida. Es un chascarrillo, ya lo hemos dicho.

Por no hablar de los amistosos -promovidos por Villar, presidente de la FEF- jugados en tomar por saco para hacer caja. O la falta de liderazgo ni en el campo ni en el banquillo con un Xavi asfixiado, un Iniesta opacado, un Xabi Alonso despistado y un Casillas destartalado. El declive español ha ido en paralelo al declive detectado en el Barcelona a lo largo de una Liga que, por otra parte, pudo ganarla en el último partido. Del seleccionador, Del Bosque, sólo cabe decir que ha sido leal al esquema culé -el célebre "tiqui-taca"- y, también, al grupo de futbolistas que le encumbraron a lo más alto. Después del descalabro, se "humanizó" declarando que, así como él mira por el conjunto, los jugadores miran sólo por lo suyo, algo que ya intuíamos, ¿no es cierto?

Más se perdió en Cuba, lo que no es óbice para los desgarramientos patrióticos por semejante derrota en el planeta fútbol. Estamos acostumbrados hasta el extremo de que nos entra la risa. Quienes no se ríen tanto son los medios de comunicación -de alguna manera hay que llamarlos para entendernos- que han visto cómo se esfumaba el gran evento comercial del año. Desde enero los principales grupos de Comunicación han venido apostando por el Mundial de Fútbol en la confianza de que supusiera uno de los salvavidas publicitarios del año. Comercialmente hablando, no es lo mismo, ni muchí­simo menos, caer en la previa (tres partidos) que llegar a la final (siete partidos). Y es que con tres partidos el interés comercial decae ostensiblemente. Las grandes marcas planifican sus inversiones de manera creciente a medida que España va avanzando rondas.

El impacto inmediato será para Mediaset, dueño de los derechos, que dejará de ingresar unos quince millones de euros por la caída de la inversión en publicidad. Pero no será el único:los diarios verán volatilizarse una pasta gansa en euros en sus ingresos de junio-julio. Los más perjudicados serán los deportivos, ya que TVE (a excepción de la mentada Mediaset) no ha apostado por el Mundial y la radio puede asumir mejor el desplome por sus menores costes. En el caso de la prensa escrita, los más afectados serán Prisa Noticias y Unidad Editorial, por sus dobles ofertas de diarios generalistas y deportivos. Los presupuestos de "AS" y "Marca" (de ahí­ que últimamente inserten casi hasta porno) se desplomarán junto a los de "El País" y "El Mundo", dos empresas que ya tienen serios problemas de liquidez, aparte de los semisilenciados eres practicados, y que esperaban, como se dijo, el salvavidas del Mundial como agua de mayo.

A ver si va a ser esto lo que lamentan con trenos reales -la guita- mientras fingen jeremiadas dolientes dándose golpes en el pecho por la patria afligida.

Se ha acabado el circo, ahora hablemos del pan.

lunes, 23 de junio de 2014

La ideologia antiterrorista

Nicolás Bianchi

El llamado “terrorismo” es una “lacra” hasta que o bien triunfa, o bien es derrotado. Es entonces que se le explica, se le comprende, se le entiende y, sobre todo, se le historiza. Hay numerosos ejemplos acerca de los que ayer eran “terroristas” y hoy son héroes y hasta Jefes de Estado. Es lo que tiene la lucha de clases y la guerra de clases en sus fases agudas o atenuadas, agrias o mitigadas. En el Estado español –concepto este, ya lo dije, acuñado por el franquismo que aspiraba a crear un “Estado Nuevo” fascista more mussoliniano-, al no haber ruptura democrática, se considera que ETA siempre fue “terrorista”, antes y después del advenimiento místico de la “democracia”. El monopolio de la violencia weberiana –como nos recuerda siempre el atormentado y ríspido gauleiter Joseba Arregui- es del Estado y no hay más que hablar. Quien se oponga a él, con las armas en la mano, sobre todo si son armas obreras, es un terrorista, un forajido (fora exitus, un marginado). Si bien el torturador y colaborador de la Gestapo nazi Melitón Manzanas no ha sido considerado –o igual sí y no me he enterado- un demócrata, el hecho de que fuera ejecutado por ETA lo convirtió, automáticamente, en un “mártir” y una “víctima del terrorismo”. O Carrero Blanco. La lucha armada de no importa qué sigla –siempre que sea revolucionaria- tiene la extraña virtud de convertir en demócratas a sus víctimas aún a pesar de ellas mismas. Una rara metamorfosis. Hasta Jesucristo redijo al pescador Pedro que no blandiera la espada en Getsemaní cuando fue prendido por los romanos, o sea, que iban armados, al menos según San Marcos.

Hace ya algunos años el prestigioso y nada sospechoso de complicidad con organizaciones armadas, el antropólogo santurtziarra Juan Aranzadi, acuñó el vocablo “Ideología Antiterrorista” para desenmascarar la mixtificación que suponía presentar la compleja problemática política contemporánea como una lucha maniquea entre la Democracia y el Terrorismo, entre el Bien y el Mal. Es decir, un combate escatológico entre Buenos y Malos. Otrosí, la historia entendida y contada como un tebeo. La “intelligentsia” dominante no da más de sí. De la secularización de la teología en conceptos políticos modernos –del iusnaturalismo al iuspositivismo, del derecho divino agustiniano a Kelsen- , como decía Carl Schmitt, se vuelve otra vez a la teología política: buenos y malos, amigo-enemigo, el Eje del Mal y Occidente (cristiano), choque de civilizaciones, fundamentalistas y civilizados, terroristas y demócratas… Una interpretación hollywoodiense de la historia, un neoinfantilismo de la misma propio de una película de Spielberg.

sábado, 21 de junio de 2014

¡Policías! ¡Vuestro sitio está en 'Podemos'!

Juan Manuel Olarieta

Hace sólo dos años Pablo Iglesias era muy radical. Seguía siendo un payaso, lo mismo que ahora, pero muy radical, casi de extrema izquierda, como dice la caverna. El 14 de noviembre ante las cámaras de televisión calificó a los policías de matones. Entonces aún le quedaba mucho para trepar hasta donde está ahora. No era diputado sino sólo el presentador del programa de televisión La Tuerka, que es tanto como decir la segunda división del famoseo político.

Iglesias se refería a la detención de una colaboradora de su programa durante la huelga general. Entonces decía cosas como ésta: "A los que gobiernan este país les huelen los pies a franquismo y a muchos policías se les debería caer la cara de vergüenza cuando en lugar de proteger a la gente se convierten en matones al servicio de los ricos".

Al año siguiente ya había ascendido en su fulgurante carrera como estrella de la televisión, pero seguía siendo el mismo payaso radical, casi de extrema izquierda, como dice la caverna. En julio de 2013 en el programa "Te vas a enterar" de Cuatro, calificó a los antidisturbios como "pistoleros uniformados cometiendo delitos ante las cámaras" y "dando palizas". El motivo era que aquellos pitoleros uniformados habían cargado contra una manifestación en protesta por los planes de Sanidad sobre reproducción asistida.

En unos pocos meses las cosas han cambiado mucho. A la policía se le ha caído la cara de vergüenza, o por lo menos la careta. Ya no son matones ni pistoleros uniformados. Iglesias ha podido conocerles mejor y, por fin, ahora puede opinar con pleno conocimiento de causa. Conclusión: no se puede hablar en esos términos de la misma manera que antes.

En este país a la hora de lanzar acusaciones contra la policía la gente tiene la manía de generalizar, y es un error. Durante un acto público celebrado el miércoles en Bruselas Iglesias manifestó que "hay policías que quieren poner grilletes a banqueros y corruptos". Lo mismo repitió en su blog: "A la policía no se le paga para que piense, sino para que obedezca. Es indudable que habrá policías crueles que disfruten pegando y policías de extrema derecha encantados de cargar contra gente de izquierdas, pero también es indudable que habrá agentes demócratas y sensibles que preferirían detener a banqueros antes que a la gente que protesta".

No se puede meter a todos los policías en el mismo saco. Es verdad que hay policías de extrema derecha que son, a la vez, unos sádicos que tienen orgasmos múltiples cada vez que agarran la porra con la mano. Pero no todos son así. También los hay sensibles, que son tan demócratas y de izquierdas como los de "Podemos". ¿Os acordáis de aquello del poli bueno y el poli malo? Pues de eso se trata. Como en todas partes, en la policía hay de todo porque, aunque no lo parezca, los policías también son seres humanos. Tienen su corazoncito.

Por eso mismo ayer "Podemos" se dirigió a la policía animándoles a sumarse a su proyecto político, al que califican de "regenerador", al estilo de Joaquín Costa, como si aún estuviéramos en 1900. Por lo menos a mí no me caben dudas de que el mejor lugar para la policía está en "Podemos".

Según estos campeones del famoseo político, "cuando la policía se convierte en guardaespaldas de los poderosos en lugar de en protectores de los ciudadanos es que nuestra democracia tiene un serio problema". Los de "Podemos" conocen bien a la policía, por lo que en su comunicado repiten los mismos consejos sabios de Iglesias: "A muchos de ellos también les gustaría poner las esposas a los políticos y banqueros corruptos en vez de tener que seguir sus órdenes y arrestar a quienes denunciamos esta situación. Hagámoslo posible. ¡Podemos!"

Pero me parece que esto es una contradicción que no acabo de entender: si a los policías no les pagan para que piensen, ¿por qué piensan?, ¿acaso piensan gratis?, ¿piensan por su cuenta?, ¿piensan diferente de quienes les pagan? Es más: ¿cómo podemos saber si los policías piensan realmente?, ¿acaso "Podemos" no sabe sino que sólo lo sospecha, es decir, que "Podemos" funciona igual que la policía, por meras sospechas?

(Al Excelentísimo Señor Fiscal: quien ha llamado matones y pistoleros a los policías ha sido Pablo Iglesias, no yo, que en este artículo me he limitado a reproducir sus palabras. Si quiere meter a alguien a la cárcel, métale a él, joder, que siempre nos toca a los mismos. ¿O hay que salir por la tele para tener carta blanca?)

jueves, 19 de junio de 2014

La dieta de las lentejas

Nicolás Bianchi

Es la dieta de quienes aspiran a ser intelectuales para engrosar el "stablishment" y reforzarlo aparentando elegir por una opción en el supermercado de las ideologías, como falsa conciencia, que esconde el "pensamiento único", como le llaman ahora a la ideología dominante, otrosí la burguesía (dicen que el proletariado "ha desaparecido", pero la burguesía, desde luego, no; será que se explota a sí misma), y sus estertores decadentes bien que, vale decir, es una decadencia que goza de no mala salud y se regodea con regusto mórbido hundiendo lo que de sano pueda quedar en el cuerpo social mientras se hunde ella misma. Metida de lleno en arenas movedizas bracea agónicamente luchando por sobrevivir. Se hunde más en la ciénaga, pero no lo sabe o, mejor, finge no saberlo. Sólo falta un brazo misericordioso que la finiquite por el bien de la salud pública, un empujón. Pero no se deja. Prefiere morir matando. Se resiste a pasar al Museo de la Historia. De hecho tiene motivos:llevan trescientos años con la manija en la mano. Incluso todavía cree, en la última excrecencia ideológica fabricada en sus laboratorios de "neolengua" -que diría el anticomunista Orwell-, que la Historia tocó a su fin con ella y sus proezas. Un pecado de soberbia castigado por su propia religión en la que nunca han creído, en el fondo, estos calvinistas de hogaño.  Su última tabla de salvación ideológica -la fáctica es la militar-, aparte del olvidado posmodernismo como antigualla que ya anticipara el dramaturgo Alfonso Sastre en los años 80 del siglo pasado, es el relativismo. No el escepticismo positivo -que no positivista a lo Comte- que preconizara Marx en su época para desbaratar residuos supersticiosos, ni un pirronismo cínico -pero también positivo, en cierto modo- de corte individualista anarquizante, sino el peor de los relativismos: nada es verdad o mentira, sino que todo es según el color con que se mira. La burguesía, desde que dejó de ser revolucionaria, ya no tiene principios que defender que no sean etiquetas hueras incoloras, inodoras e insípidas: Estado de Derecho, elecciones, pluralismo y demás juegos prestímanos en los que no cree pero trata de que creamos creando el ilusionista circense "ilusiones" y encantamientos como los que sufría nuestro señor el bueno de Don Quijote hasta que, ya muribundo, se "desencantó". No hay que esperar tanto.

Se volvió -la burguesía- una "clase discutidora" (y represora de quienes son "indiscutibles", es decir, de quienes todavía tienen principios y pelean por ellos). Para ella no existe la verdad (objetiva) sino el punto de vista, la "opinión" (la doxa), el parecer y el... relativismo. Y ello empapuzado con barniz democrático.  El truco es simple pero efectivo:salimos a la calle, con micrófono, hicimos encuesta, pulsamos pareceres, y, ya ven, recogimos opiniones... para todos los gustos. Todo es relativo, pero muy democrático. Quien no lo vea así es un dogmático. Ahora se trata de convertirlo en hábito como quien va a misa, no por creencia, sino por costumbre, ritual, liturgia, sin saber ni lo que hace o dice, maquinalmente.

Las lentejas son un manjar con infamia en el refranero. Primero, una disyuntiva coactiva: "si quieres las comes y si no las dejas". Como diciendo: tú mismo, chaval, eres libre. Lo lógico es catarlas y calarlas (cata y cala), pero hay algo de chantaje subrepticio en ello.  El intelectual puede venderse -como Esaú engañado por el ladino Jacob- "por un plato de lentejas".  Pero ya no hay engaño ni autoengaño: se prestan, se venden, se prostituyen. Son los "lentejistas". Es la "dieta lentejista". No falta quien aspira a más, se cree más guapo y eleva el precio:quiere dos platos de lentejas. Intelectuales de alto standing.

lunes, 16 de junio de 2014

Teoría de la conspiración

Juan Manuel Olarieta

Después de un año del hipócrita escándalo del espionaje masivo en internet, me quedo con las palabras de Obama ante el Senado: "Os aseguro que nadie está escuchando vuestras conversaciones". Muchos creyeron que Obama mentía, como acostumbran a hacer de manera sistemática los presidentes de Estados Unidos, pero no se trataba de eso, como aclaró Dianne Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia del Senado: los espías no vigilaban el contenido de las conversaciones sino "sólo" los metadatos. Le faltó añadir lo que todo buen sofista y jurista diría en un caso así: para eso no hace falta autorización judicial.

Ojo al dato: quienes nos espían no tienen los mismos gustos que nosotros, que sólo prestamos atención al contenido de nuestras conversaciones. Ellos prefieren los metadatos a los datos. Es como si en una carta no les interesara el contenido de la misma sino "sólo" el sobre que la contiene, el sello, el remitente, el lugar de franqueo, la saliva con la que se pega la solapa... Sin embargo, las personas funcionamos al revés: cuando recibimos una carta solemos tirar el sobre a la papelera. Eso es lo que no nos interesa. Sólo queremos saber el contenido, no el continente.

Un marxista petardo vería aquí otra de esas famosas y maravillosas unidades dialécticas: la carta y el sobre, contenido y continente, datos y metadatos. Pero las cosas no funcionan así, no hay tal unidad: a unos les interesa una parte del asunto (el dato) y a los otros la otra (el metadato). Sin embargo, en cualquier discusión siempre hay alguien que dice que se atiene a los hechos o a la realidad, o sea, al dato. Pero ¿de qué realidad habla?, ¿qué parte de la realidad le interesa?, ¿los datos o los metadatos?

De eso se trata: ¿en qué nos fijamos?, ¿a qué parte de la realidad le prestamos atención?, ¿qué es lo que nos atrae de los muchos acontecimientos de la realidad? Nada menos que en "El Capital" el mismísimo Marx aborda este asunto cuando se refiere al fetichismo de las mercancías, de las cuales dice que ocultan bastante más (metadatos) de los (datos) que aparentemente vemos. Resulta que las mercancías, como los sobres, guardan un secreto en su interior: donde los demás no veían más que cosas, Marx dice que también hay "relaciones de producción", o sea, relaciones entre personas, obreros y capitalistas, trabajo, plusvalía...

Sin embargo, la ideología burguesa es tan sumamente superficial que se apoya en lemas tales como "no hay más cera que la que arde", "esto es lo que hay" o "no hay buscarle tres pies al gato". Los marxistas vemos fantasmas por todas partes que los demás no ven, no quieren ver o no son capaces de ver. Así funciona la ideología. Cuando alquien saca una carta del buzón caben dos posibilidades. La primera es que no sea capaz de ver nada más que un sobre que, además, no le interesa porque cree que no hay nada dentro. Por el contrario, si no está abducido por la ideología burguesa, supondrá que algo tiene que haber en su interior, tendrá curiosidad y lo abrirá.

Eso debería ser lo más normal, sobre todo sabiendo -como sabemos- que la burguesía vende gato por liebre. Entonces, ¿por qué nos resignamos con lo que hay? ¿Por qué admitimos que nos den gato por liebre? Antes se solía hablar de la "cruda realidad", es decir, de una realidad sin cocinar. Pero ahora vivimos en tiempos de envoltorios, de metadatos, que crean muchos aspectos diversos de la realidad, y eso nos confunde (nos confundimos y nos confunden). Una actitud científica (y por lo tanto marxista) ante la realidad debería tener en cuenta la mayor parte de sus aspectos, tanto si son explícitos como si van disimulados en el interior de un sobre. Esta actitud es fundamental en la lucha de clases contemporánea ya que la política, igual que la mermelada de frambuesa en los supermercados, va dentro de recipientes opacos.

La politiquería institucional es la única política que algunos tienen en cuenta como realidad, a pesar de que sabemos que es justamente la parte más superficial de la política: partidos, elecciones, parlamento... Hasta el más incauto se habrá dado cuenta de que toda esa politiquería está dominada por los portavoces, las ruedas de prensa y los gabinetes de imagen, es decir, por técnicos que la envuelven exteriormente ante los medios de comunicación. Son ellos los que elaboran toda la parafernalia oficial, empezando por el lenguaje, la puesta en escena y el protocolo. Es lo más parecido al teatro. La politiquería burguesa es el fetiche, el sobre que disimula un contenido algo diferente, que es el que un científico (y un marxista) debería tratar de averiguar.

Alguien diría que "las apariencias engañan", pero tampoco es eso: nos dejamos llevar por ellas. Para evitarlo hay que mirar detrás del telón de este ridículo teatro de la política burguesa para ver qué realidad es la que se oculta detrás. Todo el esfuerzo de la burguesía, por el contrario, se encamina a saciar nuestra curiosidad con "la más completa información", pero siempre ocurre lo mismo: lo único que sabemos con certeza es que la versión oficial es mentira. A partir de ahí hay que empezar a buscar la verdad.

El objetivo de la "versión oficial" es impedir que asomes el ojo por detrás del telón. Si te empeñas en fisgar te llaman "conspiranoico" cuando ellos pasan las 24 de horas del día conspirando contra nosotros, como el caso Snowden demostró el pasado año.

El mundo no sólo se divide entre espías y espiados sino entre conspiradores y conspiranoicos. Una de dos: o formas parte de la conspiración, o te esfuerzas por descubrirla.

sábado, 14 de junio de 2014

Ciudadanía e inmigración

Nicolás Bianchi

El gran revolucionario burgués de la Revolución francesa, Robespierre, pensaba que un hombre no puede ser libre si no goza de los medios de subsistencia para una vida humana digna. Y, en coherencia, abría su país a cuantos lo necesitaron, a la inmigración. Justo lo contrario de lo que pasa hoy con una burguesía contrarrevolucionaria.

Podría decirse que la historia de la Humanidad, al menos un jalón, en su dimensión ético-política, es la historia de la conquista de la ciudadanía. En el momento de la Revolución francesa -esa zancada histórica-, se deja de ser súbdito y se populariza la palabra "ciudadano" (en la actualidad los politicastros y politiquillos se llenan la boca cada dos por tres hablando de la "ciudadanía" y los "ciudadanos/as" obviando que vivimos ¡¡bajo un Reino!!, una monarquía que acaban de refrendar el PPSOE en Las Cortes españolas, en perfecto y vergonzante oxímoron político, lo que se la suda, por descontado) para expresar un ideal de vida compartido. Llamar al otro "ciudadano" equivalía a afirmar la libertad e igualdad. Ya no había "excelencias" ni "ilustrísimas" ni, por supuesto, "altezas" ni "majestades". Por primera vez en la historia, aunque sólo sea en la idea, porque entonces la burguesía tenía ideas, la ciudadanía deja de ser un privilegio reservado a unos pocos para convertirse en un ideal asequible y universalizable: de súbditos a la república de ciudadanos con el individuo pensado como sujeto de derechos. Condorcet decía: "soy francés, pero antes que nada soy hombre". Y Voltaire, que no vio la explosión revolucionaria, gustaba de decir: "políticamente soy ciudadano de Francia, pero filosóficamente soy ciudadano del mundo". Una suerte de cosmopolitismo con el que soñara Kant. Todavía no había nacido Marx para aguar la fiesta con aquello de la lucha de clases -concepto que no acuñó él-, pero jamás insaculó, metió en el mismo saco, a un Saint-Just con un Thiers y admiró la nobleza y belleza de los ideales revolucionarios burgueses en tanto en cuanto quebraban las castas (hoy tan de moda) del Antiguo Régimen.

Es indudable que se trataba de una ciudadanía, vale decir, de "baja calidad" comparada con los estándares actuales. Y más aburrida porque no había fútbol. El sufragio era censitario (o sea, votaban los que tenían cierto caudal, de ahí que se animara a la gente a enriquecerse para poder votar) y la mujer no contaba amén de que la "igualdad" era ideal frente a la desigualdad real pero la generosidad de aquellos principios universales y sinceros resiste la aluminosis de barro con que se cimentan las Constituciones posmodernas de perra gorda de hogaño dizque papel mojado -en su parte dogmática y orgánica, salvo para amenazar como el artículo octavo de la Constitución española de 1978, que, por razones de edad generacional, ya casi nadie votó, que esa es otra, y los que sí teníamos edad, en su día, no la votamos)- como sabe cualquiera que no sea un bausán alienado o interesado.

John Locke, teórico del liberalismo burgués progresista, luchaba contra la idea de una nacionalidad impuesta y, al contrario, a favor del derecho libre a la inmigración e incluso a la libre elección de lugar de residencia y trabajo. Esto se explica por el colonialismo imperante y la demanda de mano de obra en las colonias de los ya incipientes o consolidados imperios. De la metrópolis a las colonias. Y no al revés, como hoy. Con la diferencia de que hoy ponen vallas que llaman "concertinas". O te expulsan una vez exprimido.

viernes, 13 de junio de 2014

Los católicos igual que los nazis

Óscar Miguélez

El 6 de junio el Irish Daily Mail publicaba (1) que, en la década de los treinta, médicos y científicos irlandeses vacunaron en secreto a más de 2.051 niños en instituciones benéficas gestionadas por monjas católicas. El empleo de niños como cobayas humanas se ha destapado como consecuencia de la aparición de los cuerpos de 800 bebés en una fosa séptica en una antigua casa de acogida en Tuam, en el condado de Glaway.

El primer ministro Irlandés, Enda Kennedy ha ordenado una investigación exhaustiva sobre el escándalo. Los niños abandonados y tutelados en hogares irlandeses de acogida en aquella década se cuentan por miles. De ellos más de 2.000 fueron utilizados como conejillos de Indias en vacunaciones forzadas y clandestinas. La depuración de responsabilidades concierne tanto a los científicos como a las instituciones católicas de beneficencia.

Los niños, recién nacidos muchos de ellos, procedían de familias muy humildes, cuyos padres no podían hacerse cargo de su manutención. En algunos casos fueron acogidos en internados católicos y, en otros, entregados en adopción en terceros países. La investigación se encamina a comprobar si las instituciones católicas eran una tapadera para encubrir experimentos con nuevos fármacos.

La investigación también afecta de lleno a la multinacional farmacéutica Burroughs Wellcome, ahora llamada GlaxoSmithKline. Los viejos historiales médicos que se han logrado conservar muestran que entre 1930 y 1936 en Irlanda 2.051 niños y bebés de los hogares de la beneficencia fueron vacunados contra la difteria por cuenta de Burroughs Wellcome.

Los registros también confirman que no es que no hubiera ninguna clase de consentimiento, sino que ni siquiera se preocuparon de solicitarlo. La estimación de los recien nacidos que fallecieron como consecuencia de los experimentos o de sus efectos secundarios tampoco se conoce exactamente, aunque al menos hay constancia de 800 bebés arrojados a una fosa séptica. Pero podría tratarse de la punta del iceberg. Por ello el primer ministro irlandés, Enda Kenny, ha exigido información sobre si aún hay más fosas comunes con enterramientos colectivos de niños o recién nacidos. Dichas fosas se buscan en terrenos anexos a monasterios, antiguos colegios e internados religiosos.

Las sospechas sobre un escándalo aún mucho más amplio proceden de que una revisión de los archivos públicos de las instituciones sanitarias comarcales y municipales, e incluso en el mismo Dublín, no ha detectado ningún caso de vacunación, ni de campaña controlada o autorizada por las organismos competentes de la Administración, y lo que resulta más sospechoso es que tampoco en la multinacional GlaxoSmithKline hay ninguna constancia de dichas vacunaciones infantiles, ni siquiera en sus dependencias centrales en Londres.

Sin embargo, los informes de los experimentos se publicaron en las revistas médicas de la época. Se llevaron a cabo en paralelo a los experimentos médicos de los nazis en los campos de concentración, que dieron lugar a que en Nuremberg se tuviera que redactar un Código Deontológico sobre la práctica de la medicina. Pero los experimentos médicos con seres humanos no fueron sólo responsabilidad de los nazis, ni se acabaron con la II Guerra Mundial. Así lo demuestra que en 1964 se tuviera que repetir una declaración similar en Helsinki.

La salud es un negocio capitalista como otro cualquiera. El empleo de cobayas humanas en experimentos médicos es, pues, una lacra del capitalismo típica de las multinacionales farmacéuticas, especialmente trágica en los países del Tercer Mundo. GlaxoSmithKline está involucrada en varios casos turbios con vacunas. En 2009 fue la causante -con la complicidad del gobierno británico- del desastre sanitario causado por las vacunaciones masivas con Pandermix contra la gripe H1N1, que provocaron narcolepsia, especialmente en los niños y adolescentes hasta los 19 años de edad, que fueron el 80 por ciento de los vacunados. La narcolepsia causada por el Pandermix es un trastorno del sueño que está resultando incurable y ha obligado al gobierno británico a indemnizar a los afectados por ella (2).

Al mismo tiempo resultó condenada por no haber alertado sobre el riesgo de suicidio asociado al consumo del antidepresivo Seroxat y también ocultó los datos negativos referentes a otro de sus fármacos, Avandia, que se utiliza en todo el mundo para tratar la diabetes. En setiembre de 2010 Europa y Estados Unidos recomendaron la suspensión de la venta de este fármaco.

(1) Thousands of children in Irish care homes at centre of 'baby graves scandal' were used in secret vaccine trials in the 1930s, http://www.dailymail.co.uk/news/article-2650475/More-mass-baby-graves-Ireland-Prime-Minister-Enda-Kenny-orders-investigation-memorial-800-dead-babies-planned.html

(2) Brain-Damaged UK Victims of Swine Flu Vaccine to Get £60 Million Compensation, International Business Times, 2 de marzo de 2014, http://www.ibtimes.co.uk/brain-damaged-uk-victims-swine-flu-vaccine-get-60-million-compensation-1438572

Autonomías y lenguas

Nicolás Bianchi

El llamado Estado de las autonomías, tan cuestionado últimamente, fue un arreglo improvisado en el que nunca creyeron sus propios fautores. Un emoliente y una corma a la vez. La pretensión de rebajar las aspiraciones de las llamadas “nacionalidades históricas” dio como resultado su disolución en lo que se dio en llamar “café para todos” inventando taumatúrgicamente autonomías donde jamás las hubo: una chapuza, otra más. Incapaces de resolver el problema en origen, crean otros. Y se lamentan ahora de que ese Estado autonómico es políticamente inmanejable y financiariamente inviable. En realidad, añoran el Estado concentracionario y fingen quejarse del despropósito que ellos mismos han generado.

Recién tuvo lugar un debate sobre estos temas y surgió la recurrente polémica sobre los “pinganillos”. ¿Cómo puede ser, en qué cabeza cabe, que senadores catalanes, vascos, gallegos hablen en sus lenguas vernáculas y no lo hagan en “español”, idioma que todos saben y hablan? Incluso aducen, evidenciando su nulo lábel democrático, el ahorro que supondría en tiempos de crisis en traductores despreciando la función territorial del Senado, al menos en teoría. ¿Por qué, pues, no hablar en la koiné española? La pregunta es capciosa ideológica y lingüísticamente hablando.

El lingüista madrileño Juan Carlos Moreno Cabrera escribió un libro titulado “El nacionalismo lingüístico”, obra luminosa y coruscante, donde desarticula  la mecánica identificación que se hace entre “español” y “castellano”. O la falsa relación y subordinación que se establece entre dialecto y lengua.

Viene a decir el autor, en síntesis, que se trata de llevar la supremacía o superioridad política, demográfica, militar o económica, al terreno lingüístico, el “español” en este caso. Distingue entre dialectos (incluido el castellano como variedad lingüística derivada del latín), que son lenguas, y las “lenguas estándar”, que son registros elaborados –política e ideológicamente por las élites dominantes en su día-, de manera culta y literaria, en base a un dialecto concreto, el castellano en este caso.

Le importa mucho recalcar que el castellano NO se ha transformado mágicamente en “español”, tesis de Menéndez Pidal, para quien, acabáramos, la lengua castellana es la lengua española por antonomasia “siendo el resto de las lenguas peninsulares ciertamente españolas, sí, pero no el español por antonomasia”. Es este pensamiento pidaliano el que priva y prolifera en el corpus nacionalista –inconfesado- lingüístico español. Un nacionalismo velado que no se pregunta que pueda ser posible hablar en el Senado en español canario o sevillano o argentino, algo impensable. ¿Y acaso no se habla del inglés norteamericano para diferenciarlo del de Oxford, como hacía Oscar Wilde en lo que era algo más que una boutade? Y no lo hace porque está interesado en creer que son dialectos –como el “andaluz”- de la lengua estándar española cuando, en realidad, esta última es una abstracción que no la habla nadie pues que las lenguas no nacen estandarizadas sino que son cultivadas de una determinada manera en una cultura concreta a partir de los usos orales. O sea, primero fue el huevo oral-coloquial y, luego, la gallina estándar, y no al revés. Yo le daré al cocoliche (una jerga, ojo, no una bebida).

miércoles, 11 de junio de 2014

¿Cómo es la filosofía marxista?

Juan Manuel Olarieta

Quizá sea posible explicar cómo es la filosofía marxista, el materialismo dialéctico, por comparación con las demás filosofías que ha conocido la historia, poniendo el ejemplo de un partido comunista, que no es otro partido más, de los varios que existen, sino que es un partido distinto. Si tomamos a cualquier otro partido como referencia, un partido comunista no es un partido. Pero lo que diferencia a un partido comunista de cualquier otro no es sólo el hecho de ser comunista, su ideología, sino que como tal partido, como organización, también es diferente, aunque se llame de la misma manera: "partido".

Lo mismo ocurre con el materialismo dialéctico, que no es una filosofía más de las varias que se han propuesto a lo largo de la historia. En ese sentido no es una filosofía sino que es la superación de la filosofía, de todas ellas, del concepto mismo de filosofía. Eso es exactamente lo que dice la Tesis número 11 que Marx escribió sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de distintos modos, de lo que se trata es de transformarlo".

La burguesía cree que Marx y Engles anuciaron el fin de la filosofía, de toda la filosofía, de cualquier clase de filosofía o, al menos, que expresaban desprecio hacia ella. Lo nuevo sería la práctica, la política, la lucha. Es como decir: ya vale de hablar, pongámonos manos a la obra.

El rechazo a la filosofía se refuerza con otra frase de Engels igualmente tergiversada hasta el aburrimiento: "El marxismo no es un dogma muerto, no es una doctrina acabada, terminada, inmutable, sino una guía viva para la acción" (1). Llegaban momentos de menosprecio para la filosofía, de la que habría que despedirse por completo.

Se pueden recordar varias frases de Marx y Engels que conducen a ese tipo de conclusiones opuestas a la filosofía. Resucitando viejos fantasmas Marx dijo en "El Capital" que a Hegel le trataban como a un "perro muerto" (2). Pues muerto el perro se acabó la rabia. ¿Para qué continuar?

El rechazo a la filosofía fue -sigue siendo- característico del revisionismo, de la socialdemocracia alemana de finales del siglo XIX. Bernstein separó la teoría de la práctica afirmando que el movimiento obrero era "independiente del destino de las teorías que se han elaborado sobre él [...] Lo que el movimiento obrero existente debe a las teorías no pesa más que lo que le deben a él las teorías socialistas. Más que producto, el movimiento es actualmente creador de teorías. Hoy, cuando la lucha de los trabajadores en el campo político y económico es más real y efectiva que nunca, no es realmente necesario ponerse nervioso porque el dogma de la lucha de clases pueda sufrir algún daño". El propio Bernstein resumía su concepción en la tesis de que "el movimiento lo es todo, y nada lo que comúnmente se denomina meta final del socialismo" (3).

Entre otras taras, el revisionismo es puro pragmatismo burgués, que se expresa como tal en afirmaciones que hemos escuchado muchas veces, tales como "la revolución se puede llevar a cabo con cualquier teoría", "todas ellas son válidas", "todas caben en las filas del proletariado", "las teorías dividen y la acción unifica"... Lo contrario era (y es) dogmatismo. El marxismo puede hacer tabla rasa, borrón y cuenta nueva; a cada momento la acción empieza de cero, o lo que es lo mismo: el movimiento se repite, no avanza. Es lo que pretendían (y siguen pretendiendo) los revisionistas.

Bernstein y los suyos se convirtieron en la gangrena del movimiento obrero. Durante un congreso de la socialdemocracia alemana celebrado en 1902 un militante tomó la palabra y, en medio del aplauso generalizado de los asistentes, arremetió contra "las cavilaciones de algunos camaradas que no encuentran resonancia entre la amplia masa". Proponía encerrar a todos los teóricos juntos "hasta que se hayan devorado unos a otros".

A veces la Tesis 11 sobre Feuerbach se reproduce de la manera siguiente: los filósofos se dedican a interpretar el mundo, mientras que nosotros lo que queremos es transformarlo y por eso somos algo distinto a ellos, e incluso opuesto: no somos filósofos. Esto es erróneo y tratándose de algo que está grabado en la lápida mortuoria de Marx, el error es muy importante porque la Tesis número 11 lo que sostiene es exactamente lo contrario: para transformar el mundo hay que interpretarlo, es decir, hay que ser un filósofo, entre otras cosas. Lo que ocurre es que un filósofo que quiere transformar el mundo no es exactamente un filósofo tal y como lo hemos conocido hasta hoy (y como lo seguimos conociendo).

"Transformar el mundo" es a lo que los marxistas llaman "práctica", lo cual facilita un poco la compresión de las cosas. Sin embargo, ¿qué es la práctica?, ¿a qué llamamos práctica? Cuando a un marxista le mencionas la palabra "práctica" inmediatamente la asocia a la teoría y piensa en la unidad entre ambas, e incluso en la contradicción entre una y otra. En este sentido se puede decir que la práctica es todo aquello que no es teoría, es decir, que el marxismo está "mezclando" (uniendo) cosas que son muy distintas, e incluso contrapuestas, algo capaz de sacar de quicio al profesor universitario más asentado.

En efecto, la práctica son muchas cosas distintas aparentemente, y ésa es una de ellas: los filósofos marxistas han sacado (y sacan) su filosofía de las bibliotecas apolilladas, las aulas silenciosas y las lecciones tediosas. La filosofía marxista, a diferencia de la filosofía, se escribe por y para los obreros, los explotados y los hambrientos. Una exposición ejemplar de la filosofía marxista es la de Politzer. Hoy ese tipo de exposiciones se lleva a cabo, por ejemplo, entre los trabajadores de cualquier barrio de cualquier ciudad del mundo, que toman contacto con ella en un local inmundo, húmedo y sin luz. Como manual de iniciación a la lectura utiliza el mismo que todos los revolucionarios del mundo: el "Materialismo histórico y materialismo dialéctico" de Stalin.

Por eso a Stalin los profesionales de la filosofía, los que viven de ella, le consideran dogmático, vulgar y superficial: a diferencia de otros, a Stalin los explotados le entienden. Gracias a Stalin y a otros escritos filosóficos parecidos, y no gracias a las facultades de filosofía del mundo, ni a los filósofos, los explotados conocen lo que es una contradicción, quién fue Hegel, que todo está en movimiento... incluso saben que tienen mucho que aprender, que hay algo que se llama filosofía y que no es tan difícil de entender como los filósofos quieren hacer creer. ¿Por qué? Porque quieren mantenernos en nuestra ignorancia.

"El movimiento obrero de Alemania es el heredero de la filosofía clásica alemana", sentenció Engels. Lo mismo podría haber dicho de cualquier clase de filosofía de cualquier otra parte del mundo: que no pertenece a los filósofos sino al proletariado. En eso consiste la superación de todas las filosofías. Lenin lo llamó "partidismo", otra paradoja chocante con la que se superan todas las filosofías: a diferencia de las demás, la filosofía marxista es un asunto "de partido", no de universidad, ni de aulas, ni de masters. Por si alguien está pensando en que la filosofía está fuera, o es ajena, o está en contra de ese tipo de sitios, lo vuelvo a repetir: la filosofía sólo la confinan ahí quienes no quieren que se supere a sí misma.

Pero eso es también sólo una parte del asunto, al que se le debe dar la vuelta: a los herederos, es decir, al proletariado (y muy especialmente a su vanguardia) le corresponde cuidar de esa herencia, lo mismo que de otras herencias que también recibimos y estamos dilapidando. El marxismo no liquida la filosofía sino que la supera. ¿Cómo lo hace? Con filosofía. Pero una filosofía que se ha superado a sí misma es filosofía y no lo es al mismo tiempo...

(1) Engels, carta a Sorge, 29 de noviembre de 1886.
(2) Marx, El Capital, tomo I, Postfacio a la segunda edición, pg.XXIII.
(3) Horst Heimann, Textos sobre el revisionismo. La actualidad de Eduard Bernstein, México, pgs.87, 113, 127, 151 y 152.

martes, 10 de junio de 2014

Sobre el cooperativismo

Nicolás Bianchi

El cooperativismo ya fue ensayado por socialistas utópicos en el siglo XIX como Owen y Fourier y sus falansterios o el mismísimo Lenin aprobando, en un momento dado y bajo la construcción del socialismo, la colectivización agraria como reorganización de pequeñas economías campesinas individuales transformándolas en grandes haciendas colectivas mecanizadas. Una colectivización que empezó, ya fallecido Lenin, en 1929, con los koljoses, es decir, aplicada a los grandes propietarios campesinos.

Sharryn Kasmir, autora del libro titulado "El mito de Mondragón", sobre el movimiento cooperativista en esa localidad guipuzcoana, se fija, no tanto en lo que acabamos de decir arriba, sino en la identificación entre el cooperativismo y la ideología fascista -mussoliniana, en concreto- en la negación de la lucha de clases. Las cooperativas italianas -dice esta autora- fueron beneficiosas para la propaganda fascista. Mussolini las ponía como ejemplo de los ideales del corporativismo donde habrían unas relaciones no conflictivas entre empleados y dirección.

El Estado español nunca fue hostil a las cooperativas de Mondragón-Arrasate en pleno franquismo. Y eso que en España, la primera ley de cooperativas, se aprobó durante la II República, en 1931. Esta ley fue sustituida en 1942 por otra que integraba más a las cooperativas en la órbita fascista obligando a sus socios a afiliarse al Sindicato Vertical.

El nacionalismo vasco de Sabino Arana pretendía -a la defensiva- refugiarse en un pasado mítico en el que, según imaginaba él, no existía el antagonismo entre clases (sociales). Arana y sus seguidores veían la lucha de clases como un concepto "extranjero" al igual que el socialismo. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) imaginaba que el igualitarismo era patrimonio de los vascos. Un igualitarismo que, supuestamente, cumpliría dos funciones: diferenciar al País Vasco de España y, en segundo lugar, desacreditar el socialismo moderno como innecesario para los vascos, igualitarios por naturaleza. Un igualitarismo, pues, comunal y precapitalista orientado más al Antiguo Régimen de corte carlista que al comunismo de una sociedad sin clases.

Algo de esto bullía en la cabeza del padre José María Arizmendiarrieta, sacerdote a quien se le atribuye la fundación del movimiento cooperativista y a quien se le supone como una figura apolítica y no ideológica. Nada más ser ordenado, el padre Arizmendiarrieta llegó a Mondragón en 1941 (él nació en Markina en 1915 y murió en 1976 en Mondragón asistiendo a su funeral Antonio Tejero, entonces gobernador militar de Gipuzkoa) y se encontró con que las organizaciones de trabajadores todavía estaban en activo. La Iglesia Católica, en su "doctrina social", también ha defendido el cooperativismo como un medio para "dignificar" a los trabajadores y, al mismo tiempo, alejarles del comunismo y de la lucha de clases. Arizmendiarrieta se propuso convertir a la clase trabajadora de Arrasate en pequeños propietarios como modo de atenuar -y eliminar- la lucha de clases.

Ha habido sectores de la izquierda -y también en ETA y sus escisiones- que han visto el cooperativismo vasco como si fueran una especie de "islas" de socialismo, una visión idílica del movimiento cooperativista. Lo cierto es que se encuentra sometido a las leyes del mercado capitalista y que, para sobrevivir, necesitan competir con otras empresas. Bajo el capitalismo -dice Santi Ramírez-, las cooperativas tienden a alejarse cada vez más de sus iniciales principios democráticos y asamblearios; a requerir del trabajo de "expertos" que se superpone al conjunto de trabajadores-cooperativistas. Es decir, que las cooperativas, lejos de ser esas idílicas "islas" de socialismo, tienden a reproducir las relaciones de producción capitalistas.

Arizmendiarrieta fundó, junto a cinco jóvenes procedentes de la Escuela Profesional de Mondragón, la primera cooperativa en 1956: ULGOR, inicio de lo que con los años sería el Grupo Cooperativo Mondragón. En 1974 se produjo la primera y última huelga o protesta masiva de trabajadores cooperativistas en Mondragón. Había huelguistas que veían el nuevo sistema de evaluación como un esfuerzo para "profesionalizar" las cooperativas mediante "la valoración del trabajo intelectual por encima del manual". Algo así como la "reválida" que quiere reimplantar el ministro Wert de Educación.

La huelga sólo duró un día y no llegó a paralizar la producción por completo. Desde 1971, los estatutos de las cooperativas prohibían las huelgas internas de forma que el Consejo Rector tuvo total libertad para sancionar a los huelguistas. Muerto Franco y con la amnistía laboral (readmisión de los que estaban en las "listas negras"), Ulgor no lo hizo porque tenía propia normativa y no readmitió a los trabajadores. Los huelguistas hicieron prevalecer la solidaridad de clase frente a la solidaridad entre vascos de todas las clases sociales.

Se fue extendiendo la idea -que llega hasta hoy- de que cuando hay una huelga, los trabajadores de las cooperativas no quieren salir porque ellos no tienen problemas. Es el intento de Arizmendiarrieta de crear una "clase media" en el seno proletario de Mondragón. Y es que, se supone, el cooperativismo eliminaría la contradicción entre el capital y el trabajo. El ejemplo de Fagor parece desmentirlo.

Frases significativas que se atribuyen a Arizmendiarrieta fueron: "la política hay que dejarla en la taquilla, junto a la txapela. Aquí peleamos todos juntos por el proyecto". O esta otra: "siempre hay que llevarse bien con el que manda". Y otra más: "no os metáis en política. Las necesidades unen; las ideologías separan".

viernes, 6 de junio de 2014

El mito de Normandía, el día D

Juan Manuel Olarieta

¿Qué país contribuyó más a la derrota del III Reich en la Segunda Guerra Mundial? En 1945 cualquier encuesta de opinión pública hubiera respondido a esa pregunta de una manera unánime: la URSS. Medio siglo después le han dado la vuelta a la historia: en un reciente sondeo realizado en Francia el 58 por ciento de los encuestados opinó que el artífice de la victoria fue Estados Unidos (1).

La propaganda logra resultados milagrosos. Es capaz de sacarnos hasta la evidencia de los ojos para poner otra cosa en su lugar y, a medida que pasa el tiempo, la historia deja de ser un asunto político para convertirse en cosa de los archivos, los bibliotecarios, los historiadores y las universidades. Pero para entonces la verdad importa una mierda porque necesitamos la verdad como presente, para la lucha de clases, no como fósil.

Suele ocurrir cuando alguien se ve acorralado y parece que te pregunta, cuando en realidad afirma: ¿te crees en posesión de la verdad? Pues si alguien era poseedor de la verdad, se la han robado, como ese sondeo demuestra. Puestos a robar, la burguesía te roba hasta la verdad. Pero si te roban la verdad es porque existe, lo cual contradice a los agnósticos, esos que van por ahí acusando a los demás de dogmáticos por decir que la verdad existe. Ellos creen que sólo hay opiniones subjetivas, que nada es verdad ni es mentira, que todo es del color del cristal con que se mira...

El robo de la verdad es igual que el de la cartera, es decir, no es una opinión, no es discutible. Lo que ocurre es que cuando la propaganda burguesa va logrando sus objetivos, te ponen contra las cuerdas, te convierten en un bicho raro. En historia a eso le llaman "revisionismo": cuando hay un canon histórico impuesto por los investigadores, cualquier otro criterio se mira con malos ojos y entonces ocurre lo de siempre: al historiador lo tachan de autor "polémico", "discutido" y "controvertido". Le ocurre a Grover Furr, por ejemplo. A diferencia de los demás historiadores, no se apoya en hechos sino en teorías que no están bien demostradas; no tiene pruebas de lo que sostiene...

¿Os dáis cuenta? Ya podéis poneros a la faena ahora mismo y demostrarles a esa mafia de historiadores, periodistas y tertulianos que fue la URSS quien llevó a cabo el peso decisivo en la derrota del III Reich. ¿Tenéis pruebas o no? Da lo mismo. Una vez que tengáis las pruebas en la mano no cantéis victoria: vuestras pruebas os convencen a vosotros pero no a ellos. ¿Os habéis creído muy listos o qué?, ¿Acaso sabéis vosotros más que un catedrático de la Universidad de Princeton?

Normandía fue el origen de un mito contemporáneo que dura 70 años: el de Europa "occidental", el del mundo libre y Estados Unidos como su guardián. Si en España le debemos la libertad al rey, en Europa se la debemos a Estados Unidos. El primero nos libró del franquismo y el segundo del nazismo. A ver si os enteráis de una vez. Eso es lo que pone en los libros de historia y no hay más que hablar.

Las universidades no son diferentes a Hollywood, los comics o las tertulias de la tele. Los héroes de la libertad son los que todos conocemos: generales como Eisenhower, Patton, MacArthur y, en segundo plano, el inglés Montgomery. ¿La resistencia? ¿La guerrilla? ¿Las masas son las protagonistas de la historia? Ni hablar. Quien liberó a Francia de la ocupación nazi fue De Gaulle hablando por la radio desde Londres. Sin pegar un tiro. Fue la mejor demostración de que, por difíciles que se pongan, las cosas se pueden cambar pacíficamente, lanzando soflamas por los micrófonos de la BBC.

Stalin, la URSS y el Ejército soviético no salen en las películas. ¿Es posible convencernos de que es a alguien como Stalin al que Europa le debe lo que conquistó en la posguerra? ¿Stalin puede ser el artífice de la libertad? No nos entra en la cabeza. Lo que hizo Stalin fue repartirse el mundo en 1945 con Roosvelt y Churchill como si fuera un pastel de cumpleaños. Porque una vez que estéis a punto de convencer a vuestro interlocutor, se escapará de esa manera: son todos iguales. Cualquier cosa antes que reconocer la verdad.

Es así de curioso. Si en lugar de discutir sobre algo concreto, como Normandía, el debate es más general, no cabe duda de lo que te van a decir: la verdad siempre resplandece por sí misma, estoy dispuesto a dejarme convencer por tus argumentos... Es mentira. Como todo, la verdad es una guerra, una lucha o, por decirlo de otra manera, una contradicción. Ni siquiera es un acto de la inteligencia o del conocimiento, sino también de la voluntad, como decía Gramsci (2). Dejaros de bobadas: no sólo hay quien no quiere saber la verdad sino que no quiere saber nada de nada. Hay quien vive mejor con la mente en blanco. ¿Como os creéis que vais a convencer a alguien así, que no quiere saber nada? Ahora empezar a preguntaros por qué no quiere saber nada...

Ya habéis escuchado las noticias, ahora os contaré la verdad: si las cosas siguen como hasta ahora, los niños en el futuro creerán que la Segunda Guerra Mundial se desató porque la URSS atacó alevosamente al III Reich, que fue derrotado porque Estados Unidos se equivocó de bando, porque Roosvelt debió aliarse con Hitler. Lo leerán en un manual de historia contemporánea de la Universidad de Princeton que escribirá un prestigioso profesor de la misma. Los que no leen ese tipo de libros lo verán en un documental de la tele, o en una entrevista por la radio, o en el Facebook, o en un artículo de la revista Muy Interesante, o en... No se en dónde; de lo que estoy convencido es de que se lo harán leer por cojones.

(1) Frédéric Dabi: 1938-1944: Des accords de Munich à la libération de Paris ou l’aube des sondages d’opinion en France, febrero de 2012, http://www.revuepolitique.fr/1938-1944-laube-des-sondages-dopinion-en-france/

(2) Hay que poner a la voluntad en la base de la filosofía, escribió Gramsci (Antología, pg.435).

Alegoría del transistor

Nicolás Bianchi

En la cancha once contra once disputaban el control del cuero. En las gradas miles de golas permanecian mudas, golletes sin emoción por algún lance del juego, insensibles, ningún aplauso por ese caño meritorio o dribbling plausible del rival. Tampoco, qué menos, abucheo al árbitro que pitó, erróneamente, orsay. Nada. La masa, el público, no rugía. Sólo veía o miraba –que lo aclare Heisenberg- el frufrú del juego. Y, ya se dijo, sin pasmo, sin filosofía, sin asombro. Ningún cántico o sonido, nada. Sólo el garrir de un loro, el humo de los cigarros y el reflejo del sol en el anillo dorado de una bella mujer ajena al partido de fútbol. Hubo chutazo, misil, obús, del volante zurdo que astilló el travesaño y entró unas pulgadas en el útero de la portería, pero el trencilla no lo vio o no lo quiso ver. Un gol-fantasma, como los gobiernos. En los anfiteatros y vomitorios ni protesta ni vehemencia, sólo el segundo principio de la termodinámica, calma entrópica (o neguentrópica). Los jugadores perjudicados no hicieron aspaviento y el juego –que es de lo que se trata- continuó. Sólo volutas de vegueros y tabacos que dibujaban extrañas formas y pompas en el aire de De Chirico que, fantásticas, desaparecían con un tenue ábrego. Sólo en el palco, las élites gesticulaban en soledades sonoras y otros oximorones clamorosos. Gente concienciada. En las barras bravas, robots sin alma. Sólo humo, mucho humo (sense of smoke, not sense of humour). Y soma, abundante soma, el nepenta de A.Huxley. No había pueblo ni nervio, sólo público sociológico abúlico. No había “raza” ni volkisch salvo en el palco de autoridades que, incluso, se contagiaron con tanta desidia y bostezaron. Se justificó la acidia porque hubo gol y nadie festejó. Ni dios, como dice el vulgo. ¿Hubo motivo? No, claro que no. El gol es un orgasmo, un nirvana, pero la gente, el pueblo, el público estaba somatizado, como drogado. Sólo exhalaba humo con los ojos fijos en el campo de juego, moviendo la cabeza como partida de ping-pong. El Stadium, el templo del siglo moderno, la última belleza catártica y sublime arquitectónica de la “arquitextura”, antes del armagedón, alberga las ruinas físicas adiaforéticas y epicenas del homo faber, indiferentes y apáticas. En medio de guerras locales y focales, hambrunas inmisericordes, ni siquiera el deporte-rey, el fútbol, logra despertar a las adormecidas masas y sacarlas del sopor. Pero hubo milagro.

De pronto, en la modorra, se oyó una voz metálica. Procedía de un transistor encendido por un cadáver (se entiende que antes de serlo). Era la voz estentórea de un locutor desatado que, en el páramo, ululaba: “soy español, español, español”. Súbito, el velo del templo se rasgó, los muertos resucitaron y volvieron los amaneceres refulgentes al grito de “a por ellos” y el “viva España”. Volvía, por fin, la alegría de vivir y el derecho a la vida y búscate la vida. Todo gracias a un locutor mediático. El país pareció reanimarse... No sabíamos lo que éramos pero ahora sí lo sabemos gracias a esta estirpe de novela de caballerías que Cervantes pensó que ridiculizó.

jueves, 5 de junio de 2014

¿Nos hemos vuelto todos locos o qué?

Juan Manuel Olarieta

El 18 de mayo del año pasado la Asociación Americana de Psiquiatría presentó la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), conocido como DSM-5, en el marco de su congreso anual, celebrado en San Francisco. Como todo lo que tiene su origen en Estados Unidos, han logrado convertirlo en una obra de referencia en la materia. Es la Biblia para los siquiatras del mundo.

La primera edición del Manual, publicada en 1952, tenía 120 páginas y la cuarta, publicada en 1994, casi alcaza las mil. Una edición especial del “Journal of Mental Health” planteaba en 2010 si queda alguien en el mundo al que podamos considerar mentalmente sano.

Lo mismo escribió Allen Frances, que estuvo a cargo de la edición anterior, el DSM-4, en un editorial del diario Los Angeles Times: “Aprendí a través de una dolorosa experiencia cómo pequeños cambios en la definición de los desórdenes mentales pueden crear enormes e indeseadas consecuencias”. Reconoce que con su obra habían contribuído a la creación de tres falsas epidemias que desde entonces se estaban diagnosticando más de la cuenta.

Pero hay algo que nos alivia del este agobio siquiátrico: la transexualidad ya no es un trastorno mental. Por fin se han curado. Antes eran enfermos; ahora ya no. Pero no me preguntéis que pócima mágica les ha curado de su enfermedad, porque el manual no habla de eso para nada.

Otra enfermedad que también desaparece es lo que antes llamaban “trastorno por hiperactividad sexual”, seguramente no porque los enfermos que la padecían se hubieran curado, sino porque no querían curarse por más pastillas de bromuro que les recetaran. En los tiempos de la Viagra era un trastorno demasiado estúpido.

En mi opinión, los transexuales y los hiperactivos sexuales no estaban locos ni antes ni ahora, pero no se si se puede decir lo mismo de los siquiatras, es decir, no se si los que no están bien de la cabeza son ellos que, como tantos otros científicos, se creen sus propias bobadas.

Resulta que en una sociedad capitalista saturada de publicidad, padecemos adicciones de todo tipo. Ahora a las aficiones se les llama adicciones. El que no es adicto a una cosa, es adicto a otra. Estamos trastornados por todo. Somos sicópatas y sociópatas. Somos adictos al juego pero la publicidad de la lotería, el cuponazo, los concursos, los bingos, las apuestas y el póker están por todas partes. Otros son adictos al porno, a las comilonas, a la cocaína, a los videojuegos, a las compras, a la tele...

Lo que está claro es que estas -y otras- enfermedades son inventadas, es decir, no existen en absoluto. Como bien solía decir el doctor Sydney Burwell, profesor de la Universidad de Harvard, “durante los próximos 10 años la mitad de lo que hoy se enseña a los estudiantes de medicina habrá demostrado ser falso, el problema es que ningún profesor sabe qué mitad”(*). ¿Sólo la mitad? Yo creo que bastante más.

Tampoco cabe descuidar otra posibilidad: que los trastornos mentales sean consecuencia del podrido capitalismo que padecemos, es decir, que en lugar de tomar tantas pastillas deberíamos curarnos de nuestros trastornos, delirios y adicciones saliendo a la calle a sujetar una pancarta.

Sobrevivimos gracias a las pastillas. Los especialistas que no las recetan, como los sicoanalistas por ejemplo, padecen todo tipo de ataques por parte de los lacayos de la industria farmacéutica, un negocio que funciona al revés que el resto del mundo: cuantos más enfermos, más saneada marcha su cuenta de resultados. Allen Frances lo ha calificado como “una catástrofe de salud pública”. Un antidepresivo como el Prozac se vende casi tanto como la Coca-Cola: 10 millones de consumidores diarios.

Lo curioso de este asunto es que no vamos al médico para que nos cure nada sino para que nos recete algo, lo que sea, y los médicos recetan lo que antiguamente se llamaba la purga de Benito: cualquier cosa para remediar cualquier enfermedad. Por ejemplo, el Prozac está oficialmente indicado para los deprimidos, para los obsesivo-compulsivos, para la bulimia, para la pérdida de la autoestima, la anhedonia (imposibilidad de sentir placer), el estrés, la ansiedad, la timidez, la tristeza y -sobre todo- para la distimia, que es una especie de depresión de segunda clase.

Una sociedad podrida todo lo pudre. Cualquiera que sea el diagnóstico, quien realmente está enferma es la medicina. Lo mismo te recetan pastillas para que te duermas, que pastillas para que te espabiles por la mañana. Padecemos sobredosis, sobrediagnóstico, sobrefármacos, especialmente con los niños, que no pueden defenderse, no solamente de los médicos sino tampoco de sus padres, que quieren “lo mejor para ellos”. ¿Cada vez hay más niños hiperactivos o cada vez hay más padres que no aguantan a sus hijos en casa?

(*) Cfr. Riding the waves of change together: are we all paying attention?, Journal of the Medical Library Association, abril de 2008, vol.96, núm, 2, pgs. 85-87, http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2268220/

martes, 3 de junio de 2014

Nacionalismo español (y 4)

Nicolás Bianchi

Como afirmara Máximo d’Azeglio, un ministro italiano en la primera reunión del parlamento de la Italia unificada: Hemos hecho Italia, ahora tenemos que hacer los italianos”. Y es que los “italianos” coetáneos de Manzini eran italianos sin saberlo. Les tuvieron que “construir” una identidad.

Por estos pagos, la nacionalización del pasado adquirió nítidos signos conservadores conmemorándose a Recaredo (que dejó de ser arriano), Santa Teresa o Calderón de la Barca presentado como prototipo del “alma española”. Integrismo católico.

La generación de intelectuales demócratas de 1868, por su parte, elevó las creaciones culturales de la historia castellana a rasgo definitorio de lo español. Los Giner de los Ríos, Galdós, Azcárate, Juan Valera, Salmerón y el ámbito de influencia krausopositivista (en la península nunca entronizó Hegel) en el medio académico, político y periodístico apuntaló el esencialismo español. Acrecentado por el surgimiento de nacionalismos periféricos en el Estado. Aparecen los “Episodios nacionales” de Galdós.

En estas épocas finiseculares, los nacionalismos recurrieron a las ideas científicas en boga, ya al darwinismo social para justificar la supuesta supremacía de un pueblo, ya al organicismo positivista e incluso a filosofías irracionales. El krausopositivismo era una metodología que ligaba el pasado con el presente porque se consideraba que la evolución de un pueblo funcionaba igual que cualquier ser vivo (nacen, crecen, etc.) Por eso se encuentran en los escritores de estos años tantas metáforas sobre la salud o la enfermedad de España, con una constante obsesión por diagnosticar los “males” de esa “España” que tanto les “duele”. Así, en este contexto, se entiende tal vez mejor lo que escribía Unamuno sobre la “salud” del euskera.

El nacionalismo español –que, repetimos, no se reconoce como tal- ha resultado de la convergencia de cuantos intelectuales articularon y crearon la existencia de una misma “nación cultural” previa a la formación del Estado. La nación, algo natural, sería anterior al Estado, algo artificial (para un marxista es justo al revés). Son tiempos románticos. La españolidad concebida como algo primordial estructurada sobre tópicos esencialistas se forjó tempranamente con los reaccionarios del siglo XIX. Semejante corriente llegó a su máxima expresión con Menéndez Pelayo y el menéndezpelayismo como ideología oficial del catolicismo que, me atrevo a decir, todavía dura pues España siempre tuvo propietario.

Y es que en España, dizque el Estado, salvo cortísimos periodos históricos ahogados en sangre, jamás se ha vivido en democracia en los últimos doscientos años. Podrá haber mayor o menor libertad de expresión, pero de poco sirve ésta si se impide la realización material de las ideas, principio burgués consagrado por la Revolución francesa y hoy, por supuesto, pisoteado. Se diría que llevan tanto tiempo manteniéndose a garrotazo limpio que ni saben ni pueden hacer las cosas de otra manera (ejemplos: el Estatut catalán o el Plan Ibarretxe). Son incapaces –ni quieren ni pueden bajo el capitalismo- de resolver ninguna cuestión a la que anhelen las masas, incluida la nacional. Sólo queda barrerlos y abrir las ventanas. Sería un comienzo.

domingo, 1 de junio de 2014

Asesinados dos espías israelíes en Bruselas

Juan Manuel Olarieta

El sábado 24 de mayo alguien disparó una ráfaga con un Kalashnikov dentro del museo judío de Bruselas, matando a cuatro personas. El País tituló que se trataba de un "atentado antisemita". Naturalmente se trataba también de una acción indiscriminada, terrorista, en vísperas de unas elecciones europeas.

Sin embargo, el lunes un diario judío de Estados Unidos, The Forward, decía que se trataba de un "asesinato político" (*). The Forward ocultaba algunos detalles de cierto interés, como que dos de las víctimas pertenecían al espionaje israelí. Uno de ellos, Emanuel Riva, trabajaba para Nativ, una organización pública clandestina de Israel encargada de promover la deserción de judíos soviéticos.

Miriam Riva, la mujer de Emanual, también trabajaba para el Primer Ministro israelí, lo que sus vecinos han confirmado a preguntas de los periodistas. Ambos trabajaban camuflados como "contables".

Nativ fue creada en 1952, depende directamente del Primer Ministro del gobierno de Tel Aviv y mantiene relaciones muy tensas con los otros dos organismos de espionaje: Mossad y Shin Beth. Tras la caída de la URSS en 1990 Nativ fue considerada como una reliquia del pasado, algo en vías de extinción. En 2005 el diario Haaretez decía que Natv sobrevivía gracias al empeño del primer ministro Ariel Sharon, recientemente fallecido.

Pero Nativ no sólo no desapareció sino que su carácter clandestino se estrechó aún más, como lo prueba el goteo de información sobre el matrimonio asesinado en Bruselas. El 27 de mayo el diario Israel Hayom decía que en 2009 el matrimonio Riva fue destinado a Berlín por el Ministerio israelí de Asuntos Exteriores, donde vivieron dos años.

Aquel año el ministro de Asuntos Exteriores era Avigdor Lieberman, un ultranacionalista judío de origen soviético y dirigente de la extrema derecha israelí, que está enfrentada tanto al Mossad como al Shin Beth. De 2006 a 2008 Lieberman fue ministro de Asuntos Estratégicos. Al llegar a su cargo retomó la línea de Ariel Sharon, anunciando que pretendía seguir utilizando Nativ para favorecer la emigración de los 200.000 judíos rusos que actualmente viven en Alemania.

Desde hace siete años la directora de Nativ es Naomi Ben-Ami, antigua embajadora de Israel en Ucrania y antigua consejera política de Lieberman. En 2008 le acusaron de provocar una crisis política con Alemania por el empeño de su jefe de forzar la emigración judía hacia Israel.

En enero de 2008 un artículo del diario Jerusalem Post informaba de la dimisión de Lieberman del Ministerio de Asuntos Exteriores presionado por su plan de enviar a dos emisarios de Nativ a Berlín.

Pero un año después Liberman volvió al gobierno y a su puesto al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y fue entonces cuando enviaron al matrimonio Riva a Berlín.

Con el golpe de Estado en Ucrania, en el que Nativ ha participado activamente, el asunto tomó una nueva dimensión. La organización es una cabeza de puente con los antiguos países que formaron parte de la Unión Soviética y sus choques internos con el Mossad son cada vez más evidentes, lo cual es muy pintoresco porque el servicio secreto isaraelí le acusa de "opacidad" y exige el cese de sus actividades.

En fin, que el tiroteo de Bruselas parece un ajuste cuentas interno dentro de la intrincada madeja de espías que Tel Aviv tiene repartidos por el mundo entero. Más que un atentado antisemita parece un atentado semita.

(*) Was Brussels Jewish Museum Attack a Hate Crime — or Professional Assassination?, 26 de mayo
http://forward.com/articles/198889/was-brussels-jewish-museum-attack-a-hate-crime-o/?