jueves, 27 de febrero de 2014

De la astrología a la astronomía


Juan Manuel Olarieta

La evolución histórica de la astrología ilustra claramente la proximidad entre la ideología y la ciencia. Sin embargo, hoy los cazadores de seudociencias se esfuerzan por separar a una de otra. Dicen que no tienen nada que ver, que la ideología y la ciencia son incompatibles, que no hay nada más alejado de un agujero negro que un horóscopo.

Pocos conocimientos ancestrales están tan incorporados a nuestro lenguaje como los astrológicos. Cuando chocamos con otro vehículo decimos que nos hemos estrellado (de las estrellas). Si hemos padecido una calamidad hablamos de un desastre (de los astros). Si alguien no está en sus cabales decimos que es un lunático (de la Luna). Como se ve, la mayor parte de las expresiones de origen astrológico denotan malos augurios, pero si un actor sobresale se convierte en un "astro" o en una "estrella".

Kepler, el fundador de la astronomía, era un astrólogo, lo mismo que otros científicos de aquella época. En una carta que le escribió en 1599 a Mästlin, su profesor, se definió a sí mismo como un "astrólogo luterano". Su biografía es un exponente de que la ciencia no se reduce a los científicos, ni siquiera a los más sobresalientes. Si no todo lo que hacen los músicos es música, tampoco podemos tomar por ciencia todo lo que digan los científicos, y mucho menos lo que digan de sí mismos.

En el Renacimiento la astrología estaba considerada como una ciencia exacta y a veces se la llamaba "matemática celestial". Cuando en 1594 Kepler se incorporó a la enseñanza de matemáticas en la escuela protestante de Graz (Austria), una parte de la asignatura se dedicaba al zodiaco y la confección de horóscopos. En su primer año como profesor, Kepler redactó un almanaque con tres profecías astrológicas que se cumplieron puntualmente: el invierno iba a ser extremadamente frío, los turcos invadirían Austria y habría un levantamiento popular.

Kepler se hizo famoso y el general Albrecht von Wallenstein le pidió que le hiciera su propio horóscopo. El astrólogo se puso a ello y lo interrumpió en 1634 con la profecía de un suceso violento, que también adivinó: Wallenstein fue asesinado el 24 febrero de aquel año.

Por su título, "Mysterium Cosmographicum" (Los misterios del cosmos), es evidente que la primera obra que publicó Kepler es a la vez ciencia y esoterismo. Tan pronto se convierte en el primer defensor de la nueva teoría de Copérnico, como afirma que en los movimientos armónicos de los astros hay un mensaje divino que el hombre tiene que descifrar.

Escribió tres obras sobre esta materia: "De fundamentis astrologiae" (en 1601), "Tertius interveniens" (en 1610) y "Astrologicus" (en 1620). Además, en San Petersburgo, donde se conservan sus manuscritos, hay más de 800 horóscopos redactados por él. Cuando en 1602 sucedió a Tycho Brahe como astrónomo imperial, el cargo comprendía la realización de horóscopos, especialmente centrados en la predicción de acontecimientos meteorológicos (aguaceros, sequías, granizo, huracanes, heladas), que afectaban a la agricultura y a la navegación maritíma y que, a su vez, dependían de las constelaciones y el alineamiento de los astros y los planetas en el firmamento.

Si la ciencia fuera tan distinta de una ideología, como la astrología, a la que se la califica hoy de seudociencia, ¿cómo es posible que ambas convivan en la misma obra de pensadores tan reputados como Kepler? Si una cosa (astronomía) y su contraria (astrología) aparecen unidas a lo largo de la historia, de las biografías y de los escritos, ¿quién se cree autorizado para separarlas?, ¿cómo separarlas? Los inquisidores del siglo XVII, lo mismo que los inquisidores de hoy, lo hacen por decreto, al estilo del que promulgó Colbert, ministro de Luis XIV, en 1666. A partir de entonces la enseñanza de la astrología se prohibió en las universidades francesas. ¿Necesita la ciencia la ayuda de la censura académica para salir adelante?

Una buena parte de los restos arqueológicos de las más antiguas civilizaciones humanas son astrológicos. La astrología es anterior a cualquier religión y las primeras religiones veneraban a los astros del cielo. Todavía hoy algunos planetas llevan los nombres de viejos dioses paganos. Hace 7.000 años la astrología creó las primeras unidades de medida del tiempo, los primeros relojes, la vara solar, y los calendarios solares. En los países islámicos miden el tiempo sólo con las fases lunares, habiéndose convertido la media luna y la estrella en el símbolo del Imperio Otomano y luego de los países de religión islámica, desde el Sáhara hasta Malasia.

La medida más conocida del tiempo son los calendarios y almanaques. La palabra almanaque procede del árabe y significa "ciclo anual". El primero que se conserva impreso data de 1475 y fue elaborado por el astrólogo Regiomontano. Los viejos almanaques se han reproducido durante siglos hasta hace muy pocos años. Además del calendario, incluían el santoral, las romerías y fiestas religiosas, el zodiaco, las fases lunares, los eclipses, las previsiones meteorológicas, los pronósticos agrícolas, poesías, refranes e incluso cuentos populares. Algo tan característicamente científico como es la medición, la transformación de lo cualitativo en cuantitativo, aparecía entremezclado con un sinfín de creencias, costumbres y celebraciones populares.

La astrología nunca tuvo nada que ver con la superchería, que hoy es su imagen de marca. Lo mismo que la medicina tradicional, fue una confusa acumulación de conocimientos profundamente arraigados entre los que siempre fue difícil discernir la verdad de la mentira y de lo que está entre ambas. La ciencia peca por exceso; no es consciente de sus propias limitaciones internas. Reconoce lo que no sabe, pero no lo que cree que sabe, lo cual es un vicio muy arraigado: alardear de aquello que se ignora, lo que alcanza su paroxismo en la ideología dominante, es decir, en ese montón de tópicos y vulgaridades, que se repiten a cada paso y son tanto más soberbios en cuanto todos (la mayoría) los tienen por ciertos.

¿De qué manera Kepler logró el desdoblamiento entre una ideología y una ciencia? De varias maneras, una de las cuales fue la autocrítica, que es la esencia misma de la ciencia. Un saber es científico porque se critica a sí mismo, se pone en cuestión, busca sus limitaciones internas y las vuelve conscientes. Es la manera en la que se desarrolla, mientras que cualquier otra forma de conocimiento acrítico, como la fe, se estanca. Kepler fue el científico que llevó a cabo esa autocrítica, iniciando la reconversión de un cúmulo abigarrado de saberes inconexos en una ciencia.

La tarea que emprendió Kepler empezó desde dentro, justamente al contrario de lo que hoy hacen quienes separan a la astrología de la astronomía. La ciencia se critica a sí misma. A partir de lo que sabía (y de lo que creía saber) Kepler creó una ciencia y con ella un método científico absolutamente riguroso.

Ahora bien, la ciencia no sólo procede de un desdoblamiento de la ideología sino que conduce a otro desdoblamiento. Si la vieja astrología estaba repleta de creencias fantásticas, la nueva astronomía tiene las suyas propias. El big bang no es una hipótesis mejor que el horóscopo de esa revista barata que está en la mesilla de la recepción del dentista, y cuando la autocrítica no aparece por ninguna parte todo vuelve a ser superchería envuelta en ecuaciones diferenciales.

domingo, 23 de febrero de 2014

La Organización Especial en acción

El 20 de agosto de 1941, a las 11 de la mañana, un joven de 22 años al que llaman Fredo se trasladó a la estación de metro de Barbés, en París, para reconocer el lugar. No lo eligió al azar. Los oficiales de la Wehrmacht que habían ocupado la capital francesa se hospedaban en el cercano hotel Carlton y pasaban por allí con frecuencia. A esa hora de la mañana apenas había viajeros. La estación dibuja una curva y desde su emplazamiento, el jefe de estación no puede ver el vagón de primera, frente al cual había una salida a la calle.

Hasta ese día los nazis habían cumplido su objetivo militar sin ninguna clase de resistencia. Al día siguiente un comando armado de jóvenes militantes comunistas compuesto por Fredo junto con Brustlein, Zalkinov y Gueusquin se sitúan meticulosamente en uno de los arcenes de la estación. Un oficial de la Kriegsmarine, Alfonso Moser, espera la llegada del convoy. Cuando se aproxima reduciendo su velocidad, Fredo le dispara dos veces y el oficial alemán cae fulminado. El comando huye.

El operativo fue criticado por todos, incluso por el general De Gaulle, que acusó a Fredo de "terrorismo individual". En Francia la resistencia empezó contra viento y marea, en medio de reproches y críticas. Nada sucedía al azar. Unos días antes, el 19 de agosto, tras una manifestación junto a la estación de metro de Strasbourg-Saint-Denis, los alemanes habían detenido a Samuel Tyszelman y Henri Gautherot, dos jóvenes militanes comunistas, que fueron fusilados inmediatamente en el bosque de Verrières.

Poco antes el Partido Comunista había creado la Organización Especial para combatir a los nazis con las armas en la mano. Junto con Danielle Casanova y Albert Ouzoulias (coronel André), Fredo dirigía los comandos de la Organización Especial.

Uno de los que participó en el operativo de la estación de metro de Barbés era Gilbert Brustlein, otro militante de las juventudes comunistas francesas que había logrado fugarse de la prisión poco antes. El 20 de octobre de aquel Brustlein ejecutó en Nantes a Karl Hotz, el jefe de la Kommandantur. La prensa de entonces calificó a Brustlein de terrorista y a la resistencia de "bolcheviques", "judíos" y "extranjeros" destinados a los pelotones de fusilamiento.

A partir de entonces en París las acciones de los grupos de combate de la Organización Especial se suceden vertiginosamente. El 3 de septiembre Asher Semhaya dispara dos veces contra un suboficial alemán al que hiere de gravedad; tres días después André Kirschen abate a tiros al teniente Hauffmann; cinco días después Semhaya ejecuta a un oficial alemán en el Bulevar Strasbourg; dos días después Kirschen ejecuta a un suboficial de la Kriegsmarine alemana y en otro lugar otro comando de la Organización Especial acaba con la vida de dos oficiales alemanes más.

Fredo había sido panadero, ferroviario y luego obrero del metal. Militaba en las juventudes comunistas desde los 14 años y tenía una dilatada experiencia militar. Había combatido en España con las Brigadas Internacionales, donde fue herido tres veces y alcanzó el grado de subteniente del Ejército Popular de la República.

Los guerrilleros de la Organización Especial eran miembros de las juventudes del PCF y su edad rondaba los 20 años. Los llamaban "el Batallón de la Juventud" o "Grupos Ardientes".

Desde 1939 el PCF era clandestino y sus militanes se llamaban por apodos. El verdadero nombre de Fredo era Pierre Georges y Danielle Casanova era la guerrillera Vincentella Perini, una dirigente de las juventudes comunistas dotada de una extraordinaria capacidad de organización, tanto de las mujeres como de los estudiantes. Había nacido en Córcega, en 1935 participó en Moscú en el congreso de la internacional comunista juvenil y al año siguiente organizó en Francia el movimiento de solidaridad hacia los antifascistas españoles en guerra.

En 1942 fue detenida por la Gestapo junto a George Politzer y su mujer, siendo asesinada en el campo de concentración de Auschwitz al año siguiente.

Por su parte, el padre de Fredo y su cuñado fueron fusilados por los alemanes como represalia. El propio Fredo fue detenido en París el 30 de noviembre de 1942, siendo salvajemente torturado durante varias semanas, primero por los vichistas y luego por los nazis. Logró fugarse cuando le deportaban a un campo de trabajo, se reincorporó a la guerrilla y luego fue uno de los organizadores de la insurrección de París que desalojó a los alemanes de la capital francesa. Más tarde continuó la guerra con el grado de coronel del ejército francés de liberación, hasta que el 27 de diciembre de 1944 murió al estallarle una mina.

De terrorista Fredo se convirtió en un héroe de la resistencia francesa con el apodo de "coronel Fabien". En el centro de París la antigua Plaza del Combate aún lleva su nombre de guerra. Allí el gran arquitecto comunista Oscar Niemeyer edificó la que desde 1967 fue sede de un Partido Comunista que ya era irreconocible. Con el cambio de siglo organizaron en sus salones un desfile de ropa de la marca Prada...

sábado, 22 de febrero de 2014

Crítica del socialismo piojoso

 Juan Manuel Olarieta


[Nota: el adjetivo piojoso deriva de pijo tanto como de piojo]
Sin contar los prólogos, la edición que yo consulto del "Manifiesto Comunista" tiene exactamente 30 páginas, de las cuales Marx y Engels dedican nada menos que 10, es decir, una tercera parte, a criticar de manera furibunda las distintas variedades de socialismo de aquella época: el socialismo verdadero, el socialismo de cátedra, el socialismo feudal, el socialismo pequeño burgués, etc. Es la parte menos leída de la obra porque todas esas corrientes desaparecieron y ya nadie se acuerda de ellas. Visto desde el momento actual es la parte que parece más anticuada. Parece difícil de entender los motivos por los que Marx y Engels dedicaron una parte tan importante de ese documento a corrientes tan extrañas del socialismo. Pero no cabe duda de que si Marx le dedicaron una atención tan preferentes es porque en su época eran movimientos muy extendidos e influyentes entre amplios sectores proletarios. Era importante desenmascararlos y Marx y Engels lo lograron ampliamente. Hoy ya nadie se presenta diciendo: "yo defiendo el socialismo feudal".

Es una enseñanza general del marxismo que Lenin también mantuvo, de manera que hoy nadie se presenta tampoco diciendo: "yo soy menchevique". Por lo tanto, hay que mantener una guerra sin cuartel contra las corrientes que se presentan como proletarias, revolucionarias y socialistas. A causa de esta lucha, en su momento, tanto Marx, como Engels y como Lenin fueron calificados de sectarios, dogmáticos y enemigos de la unidad que todos los proletarios deben mantener "por encima" de las diferencias ideológicas y, seguramente, por encima de todo. Es la consigna de los oportunistas: la unidad es lo más importante. Si Marx y Engels se hubieran unido con los socialistas feudales ¿se hubiera desarrollado más rápidamente el movimiento obrero? Si Lenin se hubiera unido con los mecheviques, ¿hubiera llegado antes la Revolución de 1917?

Pero que hoy nadie defienda el socialismo feudal no significa que no haya socialistas feudales; se llaman de otra manera pero siguen existiendo; que no exista un partido menchevique no significa que no haya mencheviques por doquier. Es más: están hasta en la sopa, diciendo las mismas teorías, lo que pasa es que ahora lo dicen en nombre de Marx, Engels y Lenin porque los oportunistas son como los piojos, las chinches y garrapatas, o sea, parásitos del movimiento obrero desde el mismo nacimiento de éste como fuerza social organizada; se han pegado a su piel y necesitan una fumigación periódica... aunque sea por medios ecológicos respetuosos con el medio ambiente.

Para que el lector no se enfade conmigo voy a confesar algo que nunca he reconocido en público porque me da vergüenza: a mí el socialismo utópico siempre me gustó mucho más que el socialismo científico. Por varias razones; la principal de ellas es que me gustan las cosas imposibles: ¿acaso hay algo mejor que lo imposible? Cuando algo que no puede existir existe, me resulta algo fascinante. Por eso me entusiasman los sueños, la ficción, la imaginación, el guiñol, los cuentos de hadas y los videojuegos; cuanto más imposibles y fantásticos, mejor.

Tengo que aclarar que no es que el socialismo científico no me guste sino que me gusta más el otro; si pudiera elegir preferiría el socialismo utópico sin ninguna duda, e insisto otra vez en que cuanto más utópico es el socialismo de algunos, más me gusta.

Si eso es así, entonces, ¿por qué critico a los utópicos del socialismo? Pues porque creo que engañan a los trabajadores diciéndoles que el socialismo utópico no es utópico sino que es factible: "otro mundo es posible", es decir, que hay varios mundos y podemos elegir el que más nos guste. Si dijeran: el socialismo que yo propugno es utópico, nunca tendrá lugar, entonces no tendría ningún problema con ellos, les defendería apasionadamente. Pero no es así y, por lo tanto, engañan, a los trabajadores. Lo que diferencia al socialismo utópico del científico es que el primero no existe ni va a existir nunca, aunque nos gustara que existiera. Por eso también es el socialismo que le gusta a la burguesía: porque nunca va a acabar con su dominación de clase.

Ahora bien, ¿por qué es científico el socialismo científico? Por algo que se encierra en una sola frase que Marx escribió en El Capital: "El único camino histórico por el cual pueden destruirse y transformarse las contradicciones de una forma histórica de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones". ¿Estaba equivocado Marx? ¿Hay otros caminos históricos diferentes que los que él reconoció? ¿Ha dejado de ser científico el socialismo científico? La respuesta es: no.

Hay dos maneras de demostrarlo: una es seguir el recorrido de todas las corrientes que han ido en busca de otros caminos diferentes y comprobar hasta dónde han llegado; otra es explicar en qué consiste el camino que Marx indicó y por qué es científico, es decir, por qué conduce al socialismo y cómo conduce al socialismo de manera inexorable (nos guste o nos guste, nos guste más o nos guste menos). Esas dos explicaciones forman una sola.

El socialismo utópico es el socialismo teórico, el que sólo existe en los libros, en las aulas, en los programas que se hacen y deshacen en interminables reuniones que duran hasta las tantas de la madrugada. Por ejemplo, a mi no me gustan los supermercados, esas grandes superficies a las que tengo que ir los sábados por la tarde a hacer la compra para la semana; los congelados no me saben a nada, prefiero la pescadería del barrio, e incluso pescar con caña en el malecón, es decir, la autarquía, la mayonesa casera y el pan recién salido del horno.

Las grandes superficies y sus estanterías repletas son como esos escaparates pornográficos de Amsterdam, donde siempre hay más mirones que clientes. La opulencia y el despilfarro han creado el espejismo del superconsumo, una teoría reciente del socialismo piojoso. Sus defensores son una casta aristocrática que tiene la conciencia separada de las tripas. Sus tripas llenas les conducen a la mala conciencia. Al famélico no se le ocurre hablar de superconsumo, no va nunca a los supermercados y hurga furtivamente en los contendores de basura.

En España uno de cada cinco niños padece hambre. Acuden a los colegios de barrio sin desayunar y desfallecen a media mañana. Aunque es cierto que la crisis no ha tocado fondo, es difícil que algunos puedan decrecer más. Desde luego a ellos no se les puede decir que viven por encima de sus posibilidades. Pero a los demás tampoco.

La teoría del decrecimiento hace de la necesidad virtud; con ella la burguesía se adapta a la crisis y fuerza la adaptación de los demás. El capitalismo ya está decreciendo, una etapa que dará lugar a otra, la destrucción, no sólo de mercancías sino -sobre todo- de personas. En todo el mundo lo que las masas necesitan no es menos sino más: más alimentos, más cuidados médicos, más escuelas, más viviendas y más de todo.

El socialismo piojoso y el decrecimiento no son diferentes del capitalismo actual. Para crear algo distinto, una sociedad nueva, no basta con redactar su programa; hay que criticar a los que quieren sostener la espantosa miseria actual barnizándola con nuevos adornos. No hay nada peor que proponer la unidad con los que defienden ese tipo de programas.

domingo, 16 de febrero de 2014

La sublevación de Kronstadt

En marzo de 1921 los marineros de la fortaleza naval de Kronstadt, en el golfo de Finlandia, se levantaron contra el gobierno bolchevique y establecieron una comuna contrarrevolucionaria que sobrevivió durante 16 días, hasta que el gobierno presidido por Lenin envió al Ejército Rojo a través de un mar helado, que logró aplastarla. Defendiendo la revolución socialista perdieron la vida 1.385 soldados y oficiales del Ejército Rojo; otros 2.577 resultaron heridos.

El motín de Kronstadt es el centro de una polémica histórica en la que chocan tesis diametralmente opuestas. Sucede como con mayo de 1937 en Barcelona: lo que para los comunistas fue una contrarrevolución, los demás lo convierten en una revolución y, a falta de otros méritos, se desviven por apuntarse a ella. Hoy de Kronstadt sólo se acuerdan los anarquistas, pero es porque los demás han desaparecido. Ya no hay mencheviques, ni eseristas, ni zaristas, ni kadetes, ni guardias blancos. Entonces parece que quienes dirigieron Kronstadt fueron ellos, los anarquistas, una vez más enfrentados a los comunistas.

En Kronstadt y en mayo de 1937 se produce otra coincidencia: los anarquistas, que se consideran a sí mismos como revolucionarios, saltan al ruedo rodeados de muy malas compañías. En el caso de Kronstadt van de la mano de los reaccionarios, los zaristas y la guardia blanca, pero también de los reformistas, los mencheviques y los eseristas. La revolución francesa ya forjó una Santa Alianza en el bando opuesto. Las uniones sin principios, las coincidencias oportunistas, son típicas de cualquier revolución, donde siempre aparece, además, alguien que se cree más revolucionario que la misma revolución.

Los comunistas se han quedado solos y con fama de represores, ya no sólo de la reacción sino de los auténticos revolucionarios. ¿Cómo es posible que fuerzas sociales tan dispares aprieten sus filas contra los comunistas? Según los anarquistas Kronstadt fue la tercera revolución rusa, una continuación de las de febrero y octubre de 1917. Si eso es así, ¿cómo es posible que los reaccionarios, lo más negro del zarismo, la apoyen?, ¿es posible que la contrarrevolución defienda la revolución?

El ejemplo más clamoroso de esa Santa Alianza anarco-zarista se produjo el 10 de enero de 1994 cuando Boris Yeltsin se unió a ella para defender oficialmente la revuelta contra el poder soviético y rehabilitar la memoria de los amotinados. Contra la URSS siempre ha valido todo, cualquier argumento es bueno, ni siquiera las mentiras han importado nunca.

No obstante, cualquier mentira tiene las piernas cortas. La declaración de Yeltsin en 1994 condujo a un error capital por parte de los mentirosos, sobre todo de quienes se creen sus propias fabulaciones: abrió los archivos históricos, que luego condujeron a la publicación en 1999 de una enorme colección de documentos originales en la editorial de la Agencia Federal de Archivos de Rusia.

La leyenda de Kronstadt, como todas las demás leyendas antisoviéticas, se hundió. Los documentos confirman, sin ningún género de dudas, la naturaleza contrarrevolucionaria del alzamiento de Kronstadt.

Los impacientes no necesitaron tanto tiempo. En 1970 el historiador Paul Avrich, un anarquista originario de Odesa (Ucrania) y profesor de la Universidad de Queens, en Nueva York, ya descubrió documentos originales, como el “Memorándum para organizar un levantamiento en Kronstadt” de los zaristas en el que se detalla la situación militar y política dentro de la fortaleza y el plan para reclutar a un grupo de marineros para utilizarlos contra los soviets. En su obra sobre el levantamiento Avrich reconoció “que los bolcheviques estaban justificados en someter” a los amotinados de la fortaleza.

Sin embargo, Avrich también afirmó que no había ninguna evidencia de vínculos entre los marineros y los guardias blancos antes de la revuelta. Los comunistas estaban mintiendo al equiparar a ambos. Es más: las pruebas que proporcionaban era harto sospechosas ya que procedían de la Cheka, la temible policía soviética, y consistían en confesiones de los detenidos, seguramente obtenidas bajo torturas, etc.

Los documentos que se publicaron en 1999 son aplastantes y proceden de una gama de fuentes que no puede ser más variopinta, ya que además de las soviéticas, incluye informes de las potencias imperialistas, de los zaristas, mencheviques, eseristas y anarquistas. No hubo ninguna clase de torturas a los detenidos porque no hacía falta. Kronstadt fue una contrarrevolución. Los marineros que dirigieron el motín estaban en contacto y actuaban por cuenta de los zaristas. Las declaraciones de los que confesaron durante su detención coinciden exactamente con los testimonios de los 8.000 que escaparon.

Después de aplastar el motín la Cheka abrió una investigación que llevó a cabo Yakov S. Agranov, quien el 5 de abril de 1921 informó a la dirección de la policía soviética que “el levantamiento adquirió un carácter sistemático y fue dirigido por las experimentadas manos de los viejos generales”, o sea, por los más altos militares zaristas.

A los anarquistas se les llena la boca con la libertad. En la URSS ellos querían soviets libres y cuando hablan de "libres" se refieren a soviets libres de comunistas, por lo que no quieren acordarse de que el levantamiento empezó encarcelando al comisario de la Flota del Báltico, Nikolai Kuzmin y otros dirigentes comunistas para que no pudieran exponer sus puntos de vista en las asambleas y acallar los falsos rumores que propagaba la contrarrevolución. La libertad consiste en que sólo hablen ellos. El testimonio presencial de un comunista sobre la asamblea del soviet fue el siguiente:

“En medio de la conmoción y el pánico se pidió apresuradamente un nuevo voto sobre algo. Unos minutos después, el presidente de la reunión, Petrichenko, silenció a la asamblea y anunció que ‘El Comité Revolucionario, formado por este Presidium y elegido por ustedes, declara: 'todos los comunistas presentes deben ser detenidos y no deben ser puestos en libertad hasta que se aclare la situación'. En dos o tres minutos, todos los comunistas presentes fuimos detenidos por marineros armados”.

Stepan Petrichenko, según el anarquista Avrich, fue el marino de Kronstad más destacado en la dirección de la revuelta y previamente a ella ya había intentado unirse a los zaristas. Tras su fracaso huyó a Finlandia, se alió con los guardias blancos emigrados para imponer en la URSS una “dictadura militar temporal” que remplazara al gobierno soviético.

Unos 300 comunistas fueron detenidos en la sublevación; muchos más tuvieron que esconderse o huir. Aunque dicen que están en contra del poder, en Kronstadt, lo mismo que en la II República, los anarquistas se apoderaron de las cárceles. El comandante del presidio era el anarquista Stanislav Shustov, quien propuso fusilar a los comunistas detenidos y la amenaza de ejecuciones masivas de comunistas estuvo a punto de cumplirse. En la madrugada del 18 de marzo, Shustov puso una ametralladora fuera de la celda donde estaban 23 presos comunistas, que salvaron su vida gracias al avance del Ejército Rojo sobre el hielo.

Los amotinados suprimeron el soviet, elegido democráticamente, poniendo en su lugar a un “Comité Revolucionario Provisional” que -en contra de lo que dijo Petrichenko- se eligió a sí mismo y declaró que asumía todo el poder en la fortaleza naval, que es la manera en que los anarquistas acaban con el poder: quedándoselo para sí mismos.

viernes, 14 de febrero de 2014

Colorín colorado este cuento no se acaba nunca

Juan Manuel Olarieta


Con la caída del Telón de Acero en 1990 se acabó la guerra fría y empezó la guerra tibia. Quedó claro que al imperialismo no le bastaba con acabar con el socialismo, ni tampoco con trocear a los antiguos países socialistas, sino que necesitaban entrometerse hasta en los detalles más insignificantes de cada país. Lo curioso es que a eso, a la contrarrevolución, le llamaron revolución, aunque a la expresión le privaron de sus terribles connotaciones peyorativas. Eran revoluciones de guante blanco, de terciopelo, como la checoslovaca de 1989, una transición pacífica del socialismo al capitalismo.

Fueron las revoluciones de colorines en Serbia (2000), Georgia (2003), Ucrania (2004) y Kirguistán (2005), unas experiencias exitosas que a partir de 2011 el imperialismo reprodujo con las Primaveras Árabes, es decir, con países que no tenían nada que ver con el socialismo.

Las revoluciones de colorines se ensayaron por primera vez en Myanmar, la antigua Birmania, a mediados de los noventa, un verdadero campo de pruebas para los ejercicios "no violentos" del imperialismo cuyas constantes se repetirán después y, por ejemplo, en España se manifestaron bajo las denominaciones de 15-M, Democracia Real Ya y demás.

Hasta los años ochenta en las contrarrevoluciones sólo aparecía el Pentágono, los marines y la CIA, es decir, la fuerza bruta, que siempre suscita rechazo y descrédito internacional, y a veces incluso fracasa. Por ejemplo, el golpe de Estado a la antigua usanza contra Chavez en 2002 fue un estrepitoso fracaso. Ahora el Pentágono ha quedado en un segundo plano porque para las maniobras de desestabilización las ONG son mejores que las lanchas de desembarco anfibio. Lo que vemos son instituciones benevolentes como la United States Agency for International Development, la National Endowment for Democracy, la Freedom House o la Open Society Institute de Soros. Las modernas revoluciones de colorines ya no son invasiones externas; ni siquiera tienen un contenido político sino que parecen surgidas de las mismas entrañas de la sociedad civil, de movimientos aparentemente espontáneos, al margen de "la política" y que tienen en común tópicos manoseados, como la democracia o los derechos humanos, que nadie puede dejar de suscribir.

Los medios que hacen de portavoces de la reacción y el imperialismo se encargan de elevar a la categoría de personajes mitológicos a monigotes como la cubana Yoani Sánchez, a la que el New York Times calificó como "la cubana más famosa que no se apellida Castro". Hacen la contrarrevolución adheridos al ordenador, los blogs y las redes sociales. Pero ni por asomo Sánchez tiene el pedigrí de Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz en 1991 e icono de la lucha contra la Junta Militar Birmana. Naturalmente que tales luchas no son sólo "sociales". Suu Kyi es presidenta de un partido que se llama Liga Nacional por la Democracia y su padre es el general Aung San, fundador de "Tatmadaw", el todopoderoso ejército birmano contra el que lucha la hija, que es diputada desde 2012 y siempre ha manifestado su ambición de convertirse en presidenta de su país, lo que puede suceder el año que viene.

Hoy para poner a un pelele en un pedestal es necesario -entre otras cosas- internet. Un ejemplo fue la entrevista del periódico gratuito "20 minutos" a Isaac Mao, calificado como "el primer bloguero chino y uno de los mayores activistas contra la censura en internet", que en 2011 se paseaba de gira por el mundo pronunciando conferencias en defensa de la libertad de expresión. Como reconoció Hilary Clinton, los imperialistas han convertido a internet en el "espacio público del siglo XXI". Es la vía de penetración que necesitan mantener abierta para presionar a determinados países. Para preparar la Primavera Árabe, desde comienzos de 2011 Obama empezó a defender la libertad de acceso a la red, advirtiendo a los Estados árabes que no interrumpieran el funcionamiento de Facebook, Twitter, YouTube, Skype, Whatsapp y otros recursos digitales a través de los cuales imperialismo intoxica y difunde sus consignas.

Aunque internet debía permanecer abierto, en febrero de 2009 se produjo el mayor apagón que ha registrado desde el comienzo de la era digital. Durante 15 días afectó a la totalidad de Oriente Medio, incluyendo Pakistán e India, pero especialmente a Irán, cuyas comunicaciones digitales fueron interrumpidas completamente. Fue un simulacro de guerra. Los imperialistas cortaron simultáneamente los siguientes cables submarinos de fibra óptica: el Seamewe-4 que va de Europa occidental a Oriente Medio y el Sudeste Asiático se cortó cerca de Penang en Malasia; también se cortó en otro punto cerca de Alejandría frente a las costas de Egipto; el Flag que une a Europa con Asia se cortó en dos lugares de forma simultánea: cerca de Alejandría y frente a la costa de Dubai; finalmente el Falcon se cortó cerca de Bandar Abbas, en Irán.

Los imperialistas encienden y apagan las comunicaciones digitales como si fuera el interruptor de la luz de su casa. Aquel mismo año 2009, unos meses después, cuando se celebraban elecciones en Irán, se produjo la situación contraria: el Departamento de Estado exigió a Twitter que mantuviera el servicio a fin de que la oposición al gobierno pudiera hacer uso de la red social en su campaña.

Cuando en enero de 2011 el movimiento del 6 de abril convocó en Egipto un "Día de la Rabia", el gobierno de Mubarak bloqueó internet y los móviles funcionaron con muchas dificultades. "El arma es la red", titulaba el diario El País al mes siguiente. Lo que no concreta es quién tiene ese arma en la mano. Más de un incauto cree que la tiene él y que el teclado de su ordenador es el gatillo.

En Egipto el movimiento 6 de abril nació en 2008 "el Día de la Rabia" como un grupo de Facebook que pronto logró 90.000 seguidores, entre ellos Margaret Scobey, la embajadora de Estados Unidos en El Cairo. Dos cables de Wikileaks fechados en noviembre de 2008 y enero de 2010 pusieron al descubierto el papel de la fundadora del movimiento, la bloguera Israa Abdel Fattah, a la que mencionan expresamente como integrante de un programa (llamado "New Generation") organizado en Washington por el Departamento de Estado para formar nuevos cuadros políticos y sociales al servicio del imperialismo. En mayo de 2008 la bloguera se entrevistó con Condoleeza Rice y al año siguiente con Hillary Clinton.

Desde Birmania a Egipto (o Siria, o Ucrania, o España) el montaje imperialista es idéntico; es el mismo montaje. Por ejemplo, Ahmed Maher, otro de los fundadores del movimiento 6 de abril, declaró al periódico "Los Angeles Times" que admiraba la Revolución Naranja en Ucrania así como a los serbios que derrocaron a Milosevic en 2000. La admiración es tan grande que el movimiento 6 de abril adoptó el logotipo de Otpor (que significa "resistencia" en serbio) y, a medida que uno se adentra en los diversos montajes de colorines, van apareciendo los mismos farsantes.

Otro ejemplo. En una entrevista concedida a la cadena de televisión Al Jazira (9 de febrero de 2011), el portavoz del movimiento 6 de abril, Adel Mohamed, confesó que en el verano de 2009, antes de organizar el montaje de la Plaza Tahrir, en El Cairo, también había asistido a cursillos organizados por Canvas (Center for Applied Non Violent Action and Strategies), que es lo mismo que Otpor. Dijo que le habían adiestrado en técnicas de manipulación de masas y que, a su vez, se había convertido en un formador en los mismos procedimientos de desestabilización política.

Sigamos conociendo personajes, como Wael Ghonim, otro bloguero muy famoso en Egipto porque la policía de Mubarak le detuvo 12 días antes de hundirse, convirtiéndole en un icono. En medio de un baño de lágrimas, contó su vida a la cadena de televisión egipcia Dream 2. Los datos más relevantes que Ghonim desveló es que había estudiado en la universidad americana de El Cairo, vivía en Dubai y trabajaba como jefe de márketing de Google para Oriente Medio. Cuando el locutor le pregunta cómo es posible que un movimiento que presume de no violencia hubiera causado 300 muertos, le responde que la culpa es del gobierno.

El tinglado es una verdadera internacional de las farsas sociales. En un artículo publicado en 2011 en el diario vienés "Presse", el escritor británico David Vaughan Icke escribió que a través del dirigente de Otpor Iván Marovic, la CIA también organizó el movimiento Ocuppy Walt Street.

El dirigente de Otpor y Canvas es Srdja Popovic, que a su vez sigue el guión demagógico escrito por Gene Sharp (Fundación Albert Einstein), un apóstol de la "no violencia", y su más estrecho colaborador el coronel Robert Helvey, un veterano de la guerra de Vietnam, agregado militar de la embajada de Estados Unidos en la capital birmana entre 1983 y 1985, donde en 2007 orquestaron la "revolución azafrán", otra de colorines.

Chavez ya desenmascaró la "no violencia" de Sharp cuando le denunció como uno de los inspiradores de la desestabilización de Venezuela y el golpe de Estado de 2002. Al año siguiente Otpor organizó un levantamiento en Georgia de la mano de Kmara, un movimiento juvenil a 700 de cuyos militantes entrenó en Belgrado. Al año siguiente Otpor trasladó su centro de operaciones a Ucrania, donde adiestraron al movimiento "Porá" que desencadenó la Revolución Naranja, por la que cobraron 60 millones de dólares de Estados Unidos. Finalmente pasaron a Kirguistán, Líbano y otros países árabes.

Los papeles de Wikileaks muestran que a través de Stratfor, una empresa de seguridad de la CIA, Otpor suministra al espionaje imperialista la información que le proporcionan sus redes en varios países, especialmente Venezuela, Egipto y Georgia. El dirigente de Otpor Srdja Popovic trabajó como consejero de Stratfor y preparó para ella un golpe blando para derrocar a Chávez. Desde 2006 Stratfor y Canvas dirigen los pasos de la oposición venezolana. Al año siguiente crearon un movimiento juvenil que ayudó a la oposición a ganar el referéndum convocado por el gobierno para reformar la Constitución de 1999 y luego diseñaron la campaña electoral de la oposición para 2010.

El problema de los movimientos sociales es cuando pasan al desnudo integral; entonces los "pacifistas" dejan su reguero de sangre. En Birmania el levantamiento "no violento" de 1988 dejó cerca de 3.000 cadáveres en las calles.

Con el destape a los "apolíticos" se les ve el plumero. En Egipto el antiguo director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohamed el Baradei, un sicario del imperialismo, mostró su apoyo al movimiento 6 de abril y, a su vez, este movimiento le devolvió el apoyó prestado. Los cables de Wikileaks indican que en julio de 2009 la embajada de Estados Unidos en El Cairo se reunió con un dirigente del movimiento, Ahmed Saleh, quien les informó de que una purga interna había acabado con los nasseristas e islamistas para preservar "la orientación laica y occidental" del movimiento, o sea, su sumisión plena a los dictados del imperialismo.

Ahora bien, hasta aquí no aparece más que la mitad del problema. La otra parte es que en todos los países del mundo hay una profunda crisis que, además de económica, es política e internacional, es decir, una crisis del imperialismo provocada por el reparto de las esferas de influencia que conduce directamente a la guerra imperialista.

En un país estratégico como Egipto las masas, especialmente la clase obrera, vienen saliendo desde 2006 a la calle espontáneamente en una lucha polarizada sobre tres ejes: la carestía de la vida, la quiebra del Estado y la solidaridad con el pueblo palestino. Los montajes del imperialismo demuestran que ante la imposibilidad de contener ese movimiento, dejan a la deriva a sus viejos pilares (Mubarak) y tratan de desviar la atención de la clase obrera (y del mundo) con un relevo de los figurantes.

Por más farsas que los imperialistas organicen, no cabe duda de que también en el mundo árabe la clase obrera ha salido a la calle y que el problema -como casi siempre- no es otro que la dirección de ese movimiento.

martes, 11 de febrero de 2014

Los CJC y el Sindicato Estudiantil


Rafael Boso



(A propósito de un artículo de Guillermo De Tuya, miembro del Buró Político de los CJC y de la Comisión de Movimiento Estudiantil del Comité Central.)


Para los CJC, el "movimiento estudiantil" parece ser que ha llevado consigo un lastre durante décadas y que ya es hora de "superar". Uno de ellos es el reformismo de Estudiantes en Movimiento y otro es la "dirección" del ficticio Sindicato de Estudiantes (lo cúal ya es de por sí curioso que un sindicato ficticio dirija todo un "movimiento" e incluso lo lastre durante décadas). Por tanto, la solución que encuentran es la creación de un sindicato a nivel estatal, que vertebre la "resistencia popular contra el desmantelamiento de la educación pública". Un "sindicato estudiantil a nivel estatal, que supere las divisiones ficticias de corte nacionalista, construido desde la base, donde las asociaciones de centro sean, como en caso de las asambleas de trabajadores, el lugar de decisión."

Sin embargo, todo esto presenta un problema que parece ser que el Buró Político de los CJC no quiere ver, y es la inexistencia del movimiento estudiantil. A diferencia del movimiento obrero o el movimiento burgués, el movimiento estudiantil por sí solo no es nada. El movimiento estudiantil solo se explica si es hacia algún lado, es decir, como la organización de unos determinados estudiantes que van hacia unos determinados fines. Realmente no hay un movimiento estudiantil, sino muchos movimientos de estudiantes.

Por lo tanto, contrario a lo que dice Guillermo De Tuya, el movimiento estudiantil no se puede entender como un movimiento único con fines objetivos y mucho menos como un movimiento cuya realización es autosuficiente. En pocas palabras: no se puede entender como una lucha económica y, en consecuencia, como una cuestión sindical. 


El derecho a la educación pública (que es lo que los CJC quieren proteger), no es un derecho económico de los estudiantes: es un derecho político. Que debe defenderse y, en consecuencia, vertebrarse, a partir de los que ganaron ese derecho, es decir, la clase obrera y los sectores populares. 


Cuando los estudiantes salen a la calle contra los recortes, no están participando del renombrado "movimiento estudiantil", sino del movimiento obrero (sean conscientes o no). Y no están realizando ninguna lucha sindical. Es un movimiento de estudiantes concretos que se reunen para defender derechos políticos concretos los cuales son intereses objetivos de una clase concreta. Es un grupo de estudiantes que están apoyando una lucha obrera. Al igual que puede haber grupos de intelectuales, de cineastas o de músicos que se solidaricen, apoyen y luchen en ciertas batallas del movimiento proletario. 


La historia así lo demuestra en todos y cada uno de los episodios donde los estudiantes han jugado un importante papel. ¿Por qué luchaban los estudiantes? ¿Acaso los movimientos de estudiantes en México en la década de los 60 no surgieron a raiz del imperialismo norteamericano? ¿Y no surgieron las principales organizaciones estudiantiles del Mayo francés como reacción a la colonización de Argelia y a la guerra del Vietnam, como por ejemplo los comités anticolonialistas o los frentes antifascistas de universitarios? ¿Donde está ahí el sindicalismo estudiantil?



Cuando interviene el llamado "sindicalismo estudiantil" es solamente para ir en contra el movimiento revolucionario. Un claro ejemplo es la conocida "Noche de los lápices" ocurrido en La Plata, Argentina, donde los 10 secuestros de estudiantes a mano de la dictadura de Videla se relacionaron con una protesta para reestablecer el llamado "Boleto Estudiantil", es decir, una reivindicación de naturaleza puramente de estudiantes, para reducir el costo del autobús. Pero realmente esa protesta fue un año antes de los secuestros. Los supervivientes luchan hoy día para destruir este mito y reclaman que si fueron capturados fue por su militancia y lucha consecuente contra la dictadura. 

En España también podemos reclamar experiencias de organizaciones estudiantiles con un sentido político, complementario del movimiento contra el Estado. ¿Revertían las movilizaciones de estudiantes de los 60 formas sindicales o complementaban a las verdaderas formas sindicales que eran los obreros como en el caso de la huelga en el cinturón industrial de Madrid en Octubre del 67? 


Que los estudiantes necesitan organizaciones de corte politizado más allá de reivindicaciones por la educación (que también) es algo que estaba claro en el movimiento comunista español y se materializa con organizaciones como los Comités de Lucha Estudiantil (impulsado por la Organización Marxista Leninista de España) o la Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas, cuya publicación (Prensa Libre) trataba temas políticos que denunciaban la reforma del régimen fascista en los 70 y desenmascaraban al carrillismo. El Estado supo que hacer con estos estudiantes que terminaron dando con sus huesos en la cárcel. 


Ya Lenin hablaba de llevar a los estudiantes el programa político, entendiendo que el estudiantado en abstracto no es quien emite las señales y aporta un carácter propio al movimiento político, sino que debe ser el movimiento político quien se interne en el espacio donde se mueve el estudiantado concentrado (como pueden ser las universidades). En 1908, ante una huelga puramente académica en la Universidad de San Petesburgo, Lenin decía a los jóvenes socialdemócratas rusos: "Nuestra tarea estriba en (...) que nuestras viejas consignas -que siguen siendo actuales por completo- de derrocamiento de la autocracia y de convocatoria de la Asamblea Constituyente vuelvan a ser objeto de discusión y piedra de toque de la concentración política de las generaciones lozanas de la democracia". 

Por tanto, no solo basta en las movilizaciones por la educación dar soluciones referentes solo a la educación, en un ejercicio de metafísica cómo acostumbra a hacer los CJC, cuya máxima en estos casos llega a: "por una educación al servicio de la clase obrera y sus hijos/as", algo que no se concreta en nada.





Caeríamos en el más absurdo individualismo y corporativismo diciendo que si en una clase no hay suficientes sillas para los alumnos, es un problema de los alumnos y no de la vulneración de un derecho político. De la misma manera que la falta de camas en un hospital no es un problema del paciente que le toca en concreto esa situación, sino de todos los pacientes: es decir, de todos nosotros, ya que no tenemos lo que nos corresponde. 


Esa especie de religión incuestionable (fruto de dinámicas postmodernistas asumidas por un revisionismo en crisis, como suele ocurrirles con lo que llaman “feminismo de clase” o “ecologismo”) de que es el estudiante quien tiene que luchar por la educación pública, como si fuera, lo que ellos llamarían, el “sujeto natural” de esa lucha, es el verdadero lastre que acarrean todas estas organizaciones llamadas comunistas. No han aprendido nada y están conduciendo a esos movimientos de estudiantes por la educación pública a ser carne de cañón de la pata reformista del régimen (lo que parece no incomodarle mucho al PCPE y CJC) y a desorganizar y a confundir a la lucha popular. 

La conclusión a la cual se quiere llegar es que no tiene sentido alguno hablar de un "Sindicato Estudiantil" que se organice "como en el caso de las asambleas de trabajadores", el estudiantado en general tiene diferentes intereses de clase. De lo que hay que hablar es de organizaciones de estudiantes destinadas a complementar una lucha política, como puede ser la de apoyar al Movimiento de Resistencia Antifascista, es decir, al movimiento independiente (respecto al Estado) de la clase obrera y el pueblo. 




Y aplicar, sobretodo aplicar, nuestros análisis del "movimiento estudiantil" en clave economico-políticas al movimiento obrero. Porque es curioso que Guillermo De Tuya diga que el Sindicato de Estudiantes tiene "claras conexiones con el PSOE y otros elementos antipopulares", que "convoca huelgas fantasmas apoyadas por los mass media" y que provocan la "desmovilización de las y los estudiantes" con estas pantomimas, y sin embargo, los CJC junto a su partido (el PCPE) secunde todas y cada una de los actos, concentraciones, movilizaciones y huelgas de CCOO y UGT, que no es que tengan "claras conexiones con el PSOE", sino que son el PSOE. Que no es que convoquen "huelgas falsas" desde un verticalismo descarado que provoquen la "desmovilización" de los trabajadores, sino que su práctica diaria a favor de ellos mismos, la patronal, provoca la desorganización de la clase obrera.


Solo hay que ver el número de trabajadores sindicados en España y estudiar las luchas obreras más puntales desde la transición hasta hoy, para darnos cuenta que estos "Sindicatos" nunca han contado en nada y cuando lo han hecho siempre ha sido a remolque (después de una negativa sobrepasada por la organización independiente de los obreros). 


Es ahí hacia donde apunta el movimiento obrero. Guillermo De Tuya plantea lo mismo respecto al Sindicato de Estudiantes y Estudiantes en Movimiento (del cual, por cierto, los CJC fueron hasta hace poco uno de sus principales impulsores). Dice que la organización independiente a estas pantomimas se está mostrando "cada día como la fórmula superadora". El Sindicato de Estudiantes es una gota de agua comparado con CCOO y UGT. ¿Hasta cuando los CUO van a dejar de llamar a sus huelgas? ¿Hasta cuando el PCPE va a dejar de crear bloques detrás de estos verdugos del movimiento obrero? ¿Se va a poner a organizar la lucha independiente como pretende hacer en el "movimiento estudiantil" o va a seguir llamando a los jóvenes a afiliarse a las Áreas de Juventud de CCOO y UGT como hacía explícitamente hace poco Ester Cubero, miembro de la dirección de los CJC, en una entrevista? ¿Cuando los CJC y el PCPE van a entender la diferencia entre ir a una huelga falsa (que hay que ir) y secundar, organizar y contribuir a una huelga falsa? 


Resulta que no tienen pelos en la lengua para hablar del Sindicato de Estudiantes como un todo y señalar (correctamente, por cierto) el papel que juega respecto a los estudiantes que se mueven, sin embargo, en vez de hacer lo mismo con los sindicatos del régimen, se limitan a mencionar a unas cúpulas malvadas que tienen secuestradas a las bases revolucionarias. ¿Por qué no especifican, como en el caso del Sindicato de Estudiantes. el lugar que ocupan estos sinvergüenzas en el movimiento obrero? ¿Sería eso dejar de lado a los trabajadores honrados sindicados en CCOO y UGT? ¿Acaso ellos están dejando de lado a los estudiantes honrados del Sindicato de Estudiantes y Estudiantes en Movimiento?


Después de este (obligado) gran paréntesis hay que concluir recalcando que los comunistas deben fomentar e impulsar la creación de organizaciones estudiantiles enfocadas a la lucha contra el Estado, comités de resistencia formados por estudiantes donde se discuta y se realice la labor de complementar el movimiento obrero. Donde se trabaje por hacer llegar a los estudiantes el combate contra todas las vulneraciones de los derechos que realiza este Estado: no solo los de la educación, si no también los de la sanidad, los de la mujer, los de la viviencia, los de la memoria histórica, los de las libertades civiles, los de la soberanía de los pueblos o los del trabajo. No crear un "movimiento estudiantil" abstracto y artificial que tenga sus propios derroteros, sino llevar a las aulas el movimiento independiente de la clase obrera y el pueblo que lleva resistiendo desde hace 75 años a la oligarquía financiera, a sus fuerzas del orden, a sus tribunales políticos y a sus principales capitostes, que se presentan bien en forma de Movimiento Nacional como lo hacían hace unos años o bien en forma de Monarquía Parlamentaria como lo hacen actualmente.

lunes, 10 de febrero de 2014

John Bernal, científico y comunista

John D. Bernal (1901-1971) fue un científico y comunista irlandés que destacó por su labor pionera en el ámbito de la cristalografía de rayos X, biología molecular e historia de la ciencia.

Tras realizar estudios en la Universidad de Cambridge y licenciarse en matemáticas y ciencias en 1922 siguió estudios de postgrado bajo la tutela de William Bragg en los laboratorios Davy-Faraday en Londres.

Hacia 1924 logró determinar la estructura molecular del grafito, una forma del carbono. En la Universidad de Cambridge, y junto con su discípula y futura ganadora del Premio Nobel Dorothy Crowfoot Hodgkin, tomó las primeras fotografías de rayos X de cristales proteicos, dando uno de los primeros pasos para los estudios de las macromoléculas orgánicas basados en cristalografía.

No le otorgaron el Premio Nobel a causa de la Guerra Fría, a pesar de que varios de sus discípulos y compañeros de investigación fueron laureados. Justo por entonces la cristalografía de proteínas se convertía en una herramienta clave para el avance de la biología molecular, pero a Bernal le dejaron fuera. Sin embargo, en 1962 sus colegas Max Perutz y John Kendrew se llevaron el Nobel de Química por sus estudios cristalográficos de las proteínas hemoglobina y mioglobina, y Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins obtuvieron el de medicina por sus descubrimientos sobre la estructura de la doble hélice del ADN.

Siempre le entusiasmó la conquista del espacio exterior. El monolito negro que expresa la inteligencia extraterrestre en la saga de novelas de Arthur Clarke ("2001 Una odisea del espacio") también procede de Bernal. Fue un pionero de las estaciones espaciales orbitales, verdadera ciencía ficción para aquella época. En 1929 propuso la construcción de una estructura en forma de asteroide hueco y esférico, que se conoció como la Esfera de Bernal, de 16 kilometros de diámetro, capaz de mantener contingentes de 30.000 personas en el espacio de forma permanente.

En 1937 le nombraron miembro de la Royal Society de Londres, la máxima institución científica de Gran Bretaña. En 1958 le nombraron para la Academia de Ciencias de la URSS.

En junio de 1994 la revista francesa de divulgación científica "La Recherche" publicó un número especial dedicado a un acontecimiento histórico que se ha querido mantener oculto: el decisivo papel de un comunista en el desembarco de los aliados en las playas de Normandía. Para ello Bernal inventó los llamados puertos prefabricados Mulberry que se usaron en el desembarco y realizó la topografía del terreno y el suelo marino. La Armada Británica le asignó el rango de comandante para minimizar problemas relacionados con tener a un civil al cargo de las fuerzas de desembarco. Tras orquestar el Día D, Bernal desembarcó en Normandía al día siguiente.

Otra de sus aportaciones más importantes concierne al debate sobre el origen de la vida. En los países capitalistas conocemos al soviético Alexander Oparin gracias a que Bernal tradujo su obra al inglés. Pero Bernal propuso sobre el asunto hipótesis novedosas, como la intevención de la arcilla en la formación de quiralidad de las moléculas orgánicas. Luego las investigaciones de James Ferris confirmaron que las arcillas pueden actuar como catalizadores en la formación de las cadenas de ARN. El Premio Nobel Jack Szostak también ha demostrado que las arcillas pueden producir los ácidos grasos que componen las membranas de las células.

Bernal fue profesor en la Universidad de Londres. Junto con el soviético Boris Hessen, revolucionó la historia de la ciencia y sus obras, basadas en el materialismo dialéctico, han tenido gran difusión. En 1939 escribió un libro con el que inició de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, llamado "La función social de la ciencia". En 1954 publicó otra obra maestra "La ciencia en la historia".

Supo generalizar magistralmente los resultados obtenidos por la ciencia en su conjunto, puso de relieve el valor filosófico de la ciencia y su importancia para la historia de la humanidad, aclaró el carácter contradictorio de su desarrollo en las sociedades de clase y su incesante progreso bajo el socialismo.

A la muerte de su amigo, también científico y comunista, Frédéric Joliot-Curie, ocupó la presidencia del Consejo Mundial de la Paz y en 1953 la URSS le concedió el premio Stalin de la Paz por su contribución a la amistad entre las naciones.

En 1923 se afilió al Partido Comunista, una ideología que defendió a capa y espada hasta su muerte, ocurrida en 1971. Por eso en los países capitalistas la obra de Bernal ha sido salvajemente censurada, combatida e ignorada. Sin embargo, después de su muerte, en 1989, se celebró en Hamburgo un Simposio al más alto nivel para conmemorar el 50 aniversario de la publicación de su obra pionera "La función social de la ciencia".

domingo, 9 de febrero de 2014

China mete la cuchara en el avispero ucraniano

El reparto del mundo entre la grandes potencias imperialistas sigue su curso. Mientras Europa naufraga lenta pero inexorablemente, China tiene un proyecto estratégico de penetración en el viejo continente cuya ejecución se ha acelerado desde el estallido de la crisis capitalista en 2007. Eso significa que los chinos otorgan a Europa el mismo estatuto que al Tercer Mundo; no es comensal sino comida.

Por ejemplo, a finales de 2011 China compró la multinacional EDP (Aguas de Portugal), en competencia con capitales alemanes tan fuertes como E.On, con capitales brasileños como Electrobras y CTG, entre otras. La empresa china que se llevó el gato al agua fue China Three Gorges, cuyo capital es cien por cien público. La prensa portuguesa habló de presiones por parte de Dilma Rousseff y Angela Merkel para evitarlo pero comieron el pastel simplemente porque mientras los demás querían pagar el precio, China pagó más de lo que valía por su cotización en bolsa y, además, prometió créditos y proyectos de cooperación internacional.

Aquel mismo mes China propuso a la Unión Europea prestarle ayuda contra la crisis capitalista a condición de que cumplieran una de estas tres condiciones: elevar el estatus de China en el Fondo Monetario Internacional, ampliar sus derechos en la Organización Mundial de Comercio o levantar el embargo de armas europeas a China. La respuesta de la Unión Europea calificó estas propuestas de “humillantes y peligrosas”.

China ya se ha colado en un sector estratégico de la económica europea desde Portugal y ahora trata de hacer lo mismo desde el otro extremo: Ucrania. Hace muy poco el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radosław Sikorski, dijo que como condición para sus inversiones en la economía ucraniana Pekín había pedido al gobierno de Kiev que entre en la Unión Europea, es decir, que a los asiáticos no les interesa su asociación con Rusia. Al respecto el embajador de China en Ucrania, Zhang Xiyun, declaró: “Tengo dudas en cuanto a la veracidad o justeza de la alusión a lo dicho por el Sr. Sikorski. Tal vez las dudas se deban a la justeza de la traducción”.

Obras son amores. En Crimea China tiene un ambicioso proyecto de modernización de los sistemas de irrigación agraria, renovación técnica, desarrollo de complejos agrícolas y de los sistemas logísticos, que deberán estar ligados a una de las terminales de los puertos del mar Negro. Los chinos se han comprometido a contratar mano de obra local y mantener la propiedad de la tierra en manos públicas.

“Desde luego que todo esto pertenece al ámbito de la conspiración”, reconoce hoy La Voz de Rusia. En Crimea algunos dan un tinte geopolítico a esta cuestión que compromete a Rusia. El jefe del Departamento de Relaciones Exteriores del Majlis (Parlamento) del pueblo tártaro de Crimea, Alí Jamzin, vaticinó que como resultado la parte oriental de Ucrania y especialmente Crimea “quedarán para siempre en la zona de intereses geopolíticos rusos o quizás ruso-chinos”.

sábado, 8 de febrero de 2014

Fundamentalismo y pragmatismo. La cuestión ideológica

 Juan Manuel Olarieta
Área Crítica, núm.43, mayo-junio de 1992

"Indudablemente, los demócratas creen en las trompetas, cuyos toques habían derribado las murallas de Jericó. Y cuantas veces se enfrentan con las murallas del despotismo, intentan repetir el milagro" (Carlos Marx)

En la reciente [1990] reunión del Comité Central del PCUS, Gorbachov calificaba de "fundamentalistas" a los que pretendían perseverar en lo que él llamó "viejos errores", a los que se atrincheraban en las ideas de siempre, que él supone ya gastadas, plagadas de fracasos y reñidas con la realidad, o quizá mejor, con el "realismo".

Por su parte, Anguita sostenía lo mismo con otras palabras, también en la última reunión del Comité Central del PCE. Venía a decir que sólo existe aquello que es racional: más o menos aquella frase que se atribuye a Hegel en defensa del absolutismo prusiano: "Todo lo real es racional y todo lo racional es real". En términos castizos: "No hay más cera que la que arde". Hay que dejarse de sueños e ilusiones y atenerse a lo que hay, a lo que verdaderamente existe.

Hace años se decía que todo aquello que desborda la realidad era utopía: no existía y -lo que es peor- nunca existiría. El socialismo utópico estaba desacreditado, pero en beneficio de una forma de socialismo calificado -ni más ni menos- que de científico. Hoy nadie es utópico y al científico se le tacha de fundamentalista, porque verdadera ciencia -dicen- no hay más que a la hora de estudiar la naturaleza. En cuestiones sociales y políticas hay que ser práctico, tecnócrata, moverse por cálculos utilitarios y no por principios o máximas, que solo existen en la religión, en el dogma.

Vamos a tratar de ver cómo, en realidad, lo que constittuye religión pura y simple es este nuevo pragmatismo, tan en boga en todos los ámbitos políticos, ya que si bien antes se reducía a una forma de pensamiento político propio y característico de la derecha, hoy ha contagiado a la izquierda, incluso a los más fervientes y viejos revisionistas. Y vamos a ver también cómo ese pragmatismo es, además, pese a todo su prurito laico, una de las peores y más burdas formas de religión.

La 'paz' de Westfalia

En 1648 la "paz" de Westfalia puso fin en Europa a treinta años de guerras religiosas con las que se trató de frenar el avance del protestantismo, o quizá mejor habría que decir, del capitalismo. El tratado coincidió temporalmente con la revolución inglesa, impulsada precisamente por los puritanos, una variante del protestantismo inglés. En Westfalia se establecieron dos principios básicos en materia religiosa: que los reyes tenían competencia para establecer la religión de sus paises respectivos, y que solo serían reconocidas tres religiones: la luterana, la calvinista y la católica.

En realidad las cosas fueron bastante más lejos, porque el protestantismo significó el declive de la religión (de todas las religiones) en Europa, por varias razones. Entre otras, su idea de "sacerdocio universal" hacía de cada creyente un intérprete del dogma y, en consecuencia, inició una diáspora de corrientes, tendencias y movimientos, dogmáticos cada uno de ellos pero anti-dogmáticos en su conjunto. Inició la separación entre la Iglesia -reformada- y el Estado -burgués- lo que constituía un suicidio, porque ninguna teología podía sobrevivir separada -y por tanto no apoyada- políticamente.

La Iglesia no había sido más que una especie de Estado cuando el Estado no existía como tal, tras la caída del Imperio Romano, y la teología, un sucedáneo de las ideologías políticas: dogma cuando provenía de la clase dominante y herejía cuando se trataba de la clase dominada. En cada lucha contra la herejía no había -generalmente- más que represión de un movimiento popular. Así ha venido sucediendo hasta que la filosofía y la política adquirieron su mayoría de edad y se independizaron de todo ropaje bíblico, lo que históricamente coincide con el avance del protestantismo, que no fue más que un repliegue de la religión hacia el mundo privado, de la conciencia, dejando a las ideologías políticas su propio terreno. Pero lo dejaron abonado de escepticismo, de agnosticismo: tanto en teología como en ideología, los protestantes introdujeron la duda, el anti-dogmatismo, la incertidumbre permanente. Al final, la teoría cede en beneficio de la práctica, la teología en beneficio de la ingeniería y el escolasticismo en beneficio del empirismo. El mundo pasa a dividirse en dos campos: los dogmáticos y los escépticos, los fundamentalistas y los relativistas, los fanáticos y los tolerantes. Por supuesto, "nosotros" lo europeos, los "occidentales" somos los de "mente abierta"; lo de los demás es eso: fundamentalismo, un calificativo con pretensiones despectivas al que se trata de asociar lo peor de la intolerancia religiosa (fanatismo, oscurantismo, barbarie, violencia, etc.).

Ortodoxia

El término "fundamentalista" viene a suceder a aquel otro también denostado de "ortodoxo" y al más viejo aún de "sectario". Hasta hace bien poco se podía ser, en efecto, heterodoxo; es decir, se podían profesar determinadas opiniones y creencias siempre que no coincidieran exactamente con las de otro, sobre todo si ese otro había muerto hace años, porque entonces se caía en el pecado de "ortodoxia". Había que seguir pero discrepar; coger algo y criticar otro poco; tomar de aquí y de allí; cristianos por el socialismo; un poco de Marx, otro poco de Freud; una pizca de Keynes y otra de Marshall; media de anarquismo y otra media de ecologismo.

Se trataba del imperio del sincretismo, de la mezcla, del baile eterno de distintas ideologías que nunca llegan a acostarse juntas. Pero había algo: incoherentes, contradictorias y confusas, esas corrientes ofrecían proposiciones positivas. Ahora ya -casi- nadie se atreve a proponer nada por estos lares, ni bueno ni malo ni regular; todos están a la defensiva, a criticar lo que los "ortodoxos" y "fundamentalistas" proponen, para luego llamarles eso precisamente: ortodoxos y fundamentalistas. Pero eso ya lo saben los propios fundamentalistas.

Hoy predomina el vacío ideológico más espantoso; nadie se atreve ya a dar alternativas, a proponer programas, a convocar a nada; todo suena utópico e inútil. Pretenden que no seamos protagonistas sino espectadores, que observemos los sucesos con frialdad, desde la lejanía. Se puede opinar, comentar y hasta criticar, pero siempre que se trate de lo ajeno, de aquello en lo que no se interviene ni participa. Y los acontecimientos se deben analizar tal y como el periodista o el fotógrafo nos presentan la realidad: en la distancia, como árbitros imparciales.

Tal actitud deriva, como decía Lenin, de la posición clasista de los intelectuales en el capitalismo los cuales "ocupan una posición peculiar entre las otras clases, perteneciendo en parte a la burguesía por sus relaciones, por sus concepciones, etc., y en parte a los obreros asalariados, ya que el capitalismo, a medida que va privando a los intelectuales de su posición independiente, los transforma en asalariados dependientes y amenaza con rebajar su nivel de vida. Esta situación de transición, inestable, contradictoria de la capa social que examinamos, se refleja en el hecho de que en su seno se propagan más ampliamente esas concepciones indecisas, eclécticas, esa mescolanza de principios y criterios contradictorios; esa aspiración a elevarse a los dominios de la retórica y a esfumar con bellas frases los conflictos que enfrentran a los grupos históricos de la población" (Obras Completas, tomo IV, pg.205).

Hoy quedas desacreditado como juez si te conviertes en parte, o sea, si participas. Así que debes renunciar a intervenir para poder opinar. Especialmente si lo que propones se sale de los cánones de lo establecido, o no concuerda con el modo de operar unitario.

Todo esto agravado, además, por el hecho de que "hay que ser" demócrata, aceptar, admitir y no salirse de las pautas de la "mayoría". No importa lo que esa "mayoría" proponga, exija o decida: independientemente de ello, hay que hacer lo que esa "mayoría" resuelva. Tampoco importa cómo se forme esa "mayoría"; se supone que todo funciona automáticamente, que la opinión "mayoritaria" se reúne y se forma espontáneamente, que nadie es capaz de influirla, condicionarla o manipularla en su propio interés. Esa "mayoría" no es más que el mercado (o mejor, el supermercado) de las opiniones, creencias e ideologías en su libre y espontáneo desenvolvimiento. En lo político no hay monopolios: cada hombre tiene un voto. Nadie está en posesión de la verdad absoluta -dicen- por lo que hay que sumar las "medias verdades" de cada uno para poder decidir.

Pragmatismo

El "cretinismo parlamentario" que de tales ideas deriva es una pelicular enfermedad cuyos estragos no datan de ahora, sino que se remontan a 1848; Marx en su "18 de Brumario" lo definió como "una enfermedad que aprisiona como por encantamiento a los contagiados en un mundo imaginario, privándoles de todo sentido, de toda memoria, de toda compresión del rudo mundo exterior".

A los posesos de dicha enfermedad todo les parece neutro, aséptico y funcional. El pragmatismo se convierte en la filosofía de esa "mayoría". Pero el pragmatismo es la filosofía más estúpida que se ha inventado; es la única que ha tenido su origen en los Estados Unidos y fue elaborada por piadosos protestantes. Es la "filosofía de la praxis" pero sin filosofía. No aporta ninguna solución positiva a nada, carece de soluciones o iniciativas novedosas: trata simplemente de convencernos de que la "democracia" y la "mayoría" son como una botella vacía que se puede llenar con cualquier líquido. No hay democracia burguesa, ni democracia popular, ni democracia parlamentaria, ni democracia cristiana. La democracia -según ellos- carece de adjetivos.

Ese mismo relativismo es el que trata de imponer la burguesía hoy por todas partes. No se puede ser creyente ni ateo; hay que se agnóstico porque de lo contrario te tachan de fundamentalista, de teólogo, cuando son quienes así piensan los que no son capaces de salir de la teología, o mejor quizá, de una determinada forma de teología, aquella que impuso la burguesía hace cuatrocientos años, la de la reforma protestante. Fue el calvinismo quien rompió la teocracia medieval, separó la Iglesia -presbiteriana- del Estado -burgués- sobre la base de dos claves: la Iglesia -protestante- carece de organización y jerarquía; es sólo doctrina y dogma; el Estado -capitalista- es sólo organización y jerarquía: carece de doctrina y dogma.

Este Estado burgués calvinista no sólo admite todas las creencias, opiniones e ideologías, sino que, además, es "neutral" ante ellas, tolerante, abierto y no intervencionista: aconfesal en lo religioso, neutral en lo ideológico y abstencionista en lo económico. Tan aséptico como la máquina de vapor de Watt.

Quisiera, no obstante, hacer una salvedad que juzgo intersante. Me referiré a un piadoso calvinista inglés, padre y teórico del moderno Estado burgués, John Locke, quien en su "Carta sobre la tolerancia" dejó escritos cuáles eran los límites de esa tolerancia burguesa: "No deben ser de ninguna forma tolerados -y cito literalmente- quienes niegan la existencia de Dios. Las promesas, convenios y juramentos, que son los lazos de la sociedad humana, no pueden tener poder sobre un ateo. Prescinir de Dios, aunque sólo sea de pensamiento, disuelve todo".

Los modernos intelectuales agnósticos, objetivos, escépticos y fríos no son más que la correa de transmisión, los portavoces de la ideología oficial del Estado burgués: calvinistas empedernidos, vamos. Naturales como el Estado; pragmáticos como el gobierno; asépticos como el comentarista de un partido de "cricket"; vacíos como una botella de "whisky" escocés presbiteriano; cínicos, en fin, como el luterano que piensa que se salvará no por sus obras, sino por su sola fe. La teología protestante, como la de nuestros intelectuales, se singulariza por la predestinación ¿para que tratar de cambiar el mundo que está "condenado" a ser como es, o sea, capitalista? Así convierten la cultura en el nuevo "opio del pueblo".

Esos intelectuales son, igual que el Estado burgués, indiscutiblemente demócratas, partidarios de "lo que diga la mayoría", encadenados siempre a su palabra favorita: "depende". El invento de la democracia -palabra aborrecida hasta entonces- fue obra de otro ginebrino, Rousseau, seguramente vecino de Calvino y tan neutral como él, como la mismísima Suiza, su Cruz Roja y sus cuentas bancarias numeradas; tan mecánicos y objetivo como sus relojes de precisión.

Rousseau, sin embargo, sólo parcialmente redujo los problemas y discusiones políticas a términos cuantitativos y homogeneos: "cada hombre un voto y a sumar" es algo que sólo después han tratado de imponer. Pero incluso algo tan sencillo como eso envuelve una contradicción insoluble: sólo se pueden sumar cantidades homogéneas; la democracia y las "mayorías" no se basan en la pluralidad, en la diversidad, en la heterogeneidad, sino en todo lo contrario.

La construcción del Estado burgués se lleva a cabo sobre la base de la uniformidad a la que se denomina nación que no es más que la burguesía como clase y de la que se excluyen a todos los demás grupos sociales, incluso mediante el exterminio. Burke (irlandés, de padre protestante y madre católica) la definía como una unidad orgánica de rangos ordenados. La concepción burguesa de la nación como unidad, uniformidad y homogeneidad no sólo excluye, por supuesto, al proletariado, sino que además es lo que da lugar precisamente a las diversas, "cuestiones nacionales", a la opresión de las naciones minorizadas que comienza a producirse ya en los mismos orígenes del capitalismo. Así sucedió en Estados Unidos con los indios, en Alemania con los judíos o en España con los moriscos. Se perseguía una homologación cultural, religiosa, social y nacional. El "Estado representativo" de la burguesía no representa a todos, ni mucho menos, sino solo a unos pocos. Un filósofo tan querido por la burguesía como Kant decía que los trabajadores, por ejemplo, no eran personas, sino sólo peones de la sociedad que, por ello mismo, no podían votar en las elecciones. Nos han repetido hasta la saciedad aquello de que "todos navegamos en el mismo barco" cuando, en realidad, unos viajaban en primera, otros fregaban la cubierta y sólo unos pocos se instalaban en la cabina de mando.

Democracia

Pluralismo y democracia son, pues, términos opuestos. No pueden votar los obreros con sus patronos; los carceleros con sus presos; los alumnos con sus profesores; los insumisos con sus generales; los verdugos con sus víctimas. Para poder votar hay que tener los mismos intereses, las mismas necesidades: hay que pertenecer al mismo grupo, al mismo cuerpo social.

Rosseau decía que no bastaba que las leyes fueran expresión de la "voluntad general" sino que, además, debían estar destinadas al "bien común". No puede haber voluntad general ni intereses comunes entre clases, grupos y colectivos opuestos y enfrentados. Lo que normalmente se califica hoy de "mayoría" no es realidad tal mayoría, sino precisamente una minoría oligárquica economicamente dominante. Quien se atiene al criterio de esa "mayoría" no hace más que seguir la política de la burguesía; quien acata esa "mayoría" está esclavizado por la burguesía.

Ni la democracia ni la mayoría tienen nada que ver con lo que ahora existe. No reflejan la voluntad mayoritaria ni se ejercen en interés de la mayoría. La burguesía sólo concedió el sufragio universal cuando pudo formar "mayorías" a medida de sus intereses, cuando fue capaz de conseguir que las elecciones hicieran de una minoría real una mayoría aparente.

Los mecanismos a través de los cuales se obtiene una mutación de esas características son muy variados y prolijos. Hoy una infinita gama de mecanismos que van desde el terror puro y simple hasta la intoxicación ideológica más sutil y refinada. Hoy no es difícil para el Estado de los monopolios recabar en cada momento la "mayoría" justa que necesita. Dispone del ejército, de la banca, de los medios de comunicación, de la ley electoral, de los partidos y de un largo etcétera de herramientas suficientes como para colocar la etiqueta democrática de un día para otro al despotismo más exagerado.

Y todo esto porque el Estado -según los calvinistas- es neutral y apolítico: un día está al servicio de una dictadura feroz y corrupta, y al día siguiente es un servicial gestor de los intereses de la "mayoría"; un día la policía te tortura y al siguiente te indica gentilmente una calle. Si hay dictadura es por culpa de una minoría; si hya democracia es reflejo de la mayoría. En las dictaduras la minoría aplasta a la mayoría; en las democracias, la mayoría respeta a las minorías. En las dictaduras la minoría es siempre minoritaria; en la democracia la mayoría puede transformarse en minoría, y viceversa.

El carácter fraudulento de esa forma de agnosticismo político no puede ser más descarado. Una mayoría no puede ser siempre más que mayoritaria: los órganos políticos deben expresar sus intereses y la gestión pública debe hacerse en su favor. Si no sucede de esa forma lo que hay que cambiar no es la mayoría, no hay que hacer de la minoría la mayoría, sino cambiar el sistema político.

Hoy la mayoría es la clase obrera: la única democracia posible es la que exprese la voluntad de los trabajadores y la única política la que defienda los intereses de esta clase. No basta que un diputado sea elegido por los trabajadores, sino que debe actuar en cada momento en pro de sus aspiraciones. En consecuencia, debe poder ser revocado por quienes le votaron si no promueve las necesidades de sus votantes. No bastan elecciones periódicas: hay que participar consciente y activamente en las decisiones y en la gestión pública. Si la democracia tiene hoy sentido no es más que ese exactamente, y es todo lo contrario de lo que nos rodea.

El diluvio universal

El sistema político así configurado no es relativista ni neutral; tiene un contenido clasista, un dogma, una doctrina, un rumbo: el de desaparecer. Eso significa, al mismo tiempo, una resistencia de su contrario, presupone necesariamente un antagonista, un oponente. La teología no era más que una divinización de la política; y a la inversa. Desde siempre los análisis políticos y teológicos revistieron un aspecto dialéctico; hay cielo o infierno, burgueses y proletarios, buenos y malos, reaccionarios y revolucionarios; virtud y pecado. La lucha de clases era el fondo; la teología proporcionaba la forma, el argumento: legitimaba la represión de unos, lo mismo que la sublevación de los otros. Los príncipes luteranos alemanes aplastaron en el siglo XVI la sublevación campesina de Thomas Müntzer en nombre de la lucha contra la herejía anabaptista. ¿Acaso vaciló el mismísimo Dios en inundar la tierra, ahogando a todos los pecadores y salvando sólo a Noé y a su familia?, ¿Acaso no incendió Sodoma y Gomorra para acabar con todos sus engolfados pobladores?

Es inconcebible pretender analizar cualquier fenómeno social sin comprender el antagonismo que envuelve. Calvino envió a Servet a la hoguera, pero éste hubiera hecho lo mismo con Calvino: la unidad o la trinidad de Dios no podían resolverla de otra manera, no cabían votaciones, "mayorías", "democracias" ni parlamentos. Si los cistercienses hacian del Estado -feudal- el "brazo armado" de la Iglesia -romana- los luteranos invirtieron los términos: los sacerdotes no eran más que funcionarios del Estado, su "brazo ideológico", idea ésta que fue la que finalmente se impuso, incluso en los Estados católicos, hasta que finalmente tan distinguidos funcionarios fueron relevados por otros más eficaces: la policía, los militares y los recaudadores de impuestos.

Fueron los protestantes, pues, quienes convirtieron a los ministros de Dios en ministros del gobierno burgués. Reirnos del Islam y criticar sus normas y costumbres cuando no somos capaces de evaluar críticamente nuestra propia historia, me parece un "intolerable" ejercicio de petulancia. Eso de cortar la mano por determinados delitos, no solamente no es privativo de los países musulmanes, sino que aparece en el Fuero de Vizcaya (teóricamente vigente según la actual Constitución) y fue Kant quien justificó la "ley de talión"; la blasfemia todavía es delito en España; los repertorios de jurisprudencia aún enseñan cómo nuestro Tribunal Supremo declaraba en 1974 procedente el despido de un maestro que en sus enseñanzas no tenía en cuenta la providencia divina; y el "Jefe del Estado" venía nombrando a los obispos con el beneplácito de Roma hasta hace bien poco. Entonces, ¿de qué podemos vanagloriarnos?, ¿Habrá que recordar que en esta España "democrática", lo mismo que en los Estados Unidos, aún existen los capellanes castrenses?, ¿No es la reina de Inglatera al tiempo la jefa de la iglesia de su país?, ¿No nos dicen los medios de comunicación que lo del Ulster es una guerra entre católicos y protestantes? Todas las constituciones monárquicas europeas han declarado "sagrada" la persona del rey, incluída la de alguien como Alfonso XIII. Y tampoco queda tan lejos la imagen del Papa bendiciendo los cañones que Mussolini enviaba a conquistar Abisinia.

Es más: todos los modernos Estados nacionales europeos son construcciones influenciadas por el cisma religioso iniciado por los protestantes y en base precisamente a sus principios políticos. Las propias lenguas nacionales fueron desarrolladas contra el latín papista; la predicación en el lenguaje popular vernáculo es una idea básica de los protestantes. Lutero y Calvino están considerados entre los forjadores de los idiomas alemán y francés respectivamente. "La traducción que Lutero hizo de la Biblia -escribió Hegel- ha sido de un valor inapreciable para el pueblo alemán. Este ha recibido en ella un libro nacional, como no lo tiene nación alguna del mundo católico. Las naciones católicas tienen un sinnúmero de libritos de oraciones; pero no un libro fundamental para el adoctrinamiento del pueblo". En Euskadi sabemos que nuestro idioma escrito hasta hace bien pocos años consistía en devocionarios, misales y salmos religiosos. Que Sabino Arana, nuestro padre fundador (tanto del nacionalismo como del idioma vasco), establece la ecuación "euskaldun = fededun" (vasco = creyente) y que el ideario "jelkide" (nacionalista) no es otro que "Jaungoikoa eta lege zaharrak" (Dios y leyes viejas).

La religión era el opio del pueblo; su función fue siempre recabar e imponer disciplina a los trabajadores en beneficio de las clases dominantes. Los mayores peligros para la religión han derivado siempre de las revoluciones, de las sublevaciones populares, porque demostraban el fracaso y la ineficacia de la función sacerdotal, el divorcio entre el pueblo y el púlpito. El protestantismo fue la cuna que acabó rompiendo el monopolio ideológico de la Iglesia, de todas las Iglesias cristianas. Es por ello que desde su aparición, el Estado burgués ha tenido que ir recambiando a los predicadores religiosos por otros nuevos predicadores; los intelectuales, esos nuevos funcionarios escépticos y cínicos, esos plumíferos que dicen "pasar" de todo, especialmente de "mullahs", de "ayatollahs" y de "guerras santas". En realidad no pasan de nada: no podrían pasar sin el sueldo que les viene del Estado. Porque ellos mismos no son más sacerdotes secularizados; porque su dogma es el relativismo, el pragmatismo, el escepticismo, el servilismo -en fin- hacia sus amos, hacia quienes les pagan.

La Guerra Santa

Vivimos actualmente en una época revolucionaria, de profunda crisis (económica, política, cultural, religiosa, moral, etc.) de modo que, igual que en todas las épocas históricas de cambio acelerado, las masas se aproximan a todas aquellas ideologías que necesitan para orientar y justificar su lucha. Y si en los países de influencia protestante, que son todos los occidentales, esa ideología reviste una apariencia laica, en aquellos otros, como los musulmanes, reviste apariencias religiosas, fundamentalistas. El auge del chiísmo no es más que un esfuerzo del Islam por no caer derrotado frenta al escepticismo occidentalizante (protestante), por no quedar relegado a un estéril y agonizante "opio del pueblo". Que un agnóstico "socialista" como Sadam Hussein invoque a Dios en su guerra por Kuwait después de ocho años de guerra contra el fundamentalismo del régimen iraní, es un giro de lo más importante, ilustrativo del rumbo de los acontecimientos en el mundo musulmán.

A falta de otros recursos ideológicos, la teología islámica -como todas las teologías- es capaz de proporcionar lo necesario para captar el ánimo de los musulmanes de un bando y de otro, lo mismo que la Biblia servía en Inglaterra tanto a los episcopalianos del arzobispo Laudo como a los presbiterianos del reverendo Knox o a los puritanos de Thomas Cartwright. Entre nosotros: la polémica sobre si la Guerra del Golfo [1990] ha sido una guerra justa o injusta, no ha sido más que una discusión teológica, una vieja discusión en términos teológicos, que incluso Lenin utilizó para referirse a la Primera Guerra Mundial como guerra "injusta", o sea, "imperialista". Que alguien trate de calificarla como "santa" no es más que otra forma de hablar de lo mismo. El problema consiste en discutir precisamente si es o no "santa". La tropa que Cromwell reclutaba por las tabernas para hacer la revolución -burguesa- en Inglaterra acabó transformándose en "el ejército de los santos", al que también se le llamó "ironside" (costilla de hierro) porque jamás se rendía: hoy los llamarían fanáticos y fundamentalistas, pero fueron los forjadores de Inglaterra.

El carácter belicoso de la teología brota por todos los poros. El evangelio de San Mateo (26,51) como el de San Lucas (22,47) cuentan que al ir a detener a Jesús cuando rezaba en el huerto de los Olivos, algunos de sus seguidores pretendieron evitarlo sacando sus espadas, hasta el punto de que llegaron a cortar la orreja de un ayudante del Sumo Sacerdote (San Juan 18, 10): no cabe duda, pues, de que se trataba de una organización armada. En otro apartado, el evangelio de San Lucas cuenta (22,36) cómo Jesús recomendaba a sus seguidores que lo vendieran todo y compraran armas, porque iban a ser perseguidos y debían defenderse.

Las guerras de religión del siglo XVII fueron la expresión más clara de ese intento de resolver los problemas políticos a cañonazos: "La existencia de los protestantes -recurrimos otra vez a Hegel- no podía asegurarse sin lucha en ninguna parte, pues se trataba no de la conciencia como tal, sino del poder político y propiedad privada que los protestantes habían tomado contra los derechos de la Iglesia y que ésta reclamaba".

Las diferencias con la ideología secular actual son evidentes; el intelectual tolerante de nuestros días carece de ideas propias y, por tanto, no está dispuesto a luchar por ellas, a sacrificarse; el fundamentalista está convencido y, pese a padecer tortura y cárcel no cede; por el contrario, la misma práctica, el mismo choque de sus ideas con la realidad y con el antagonista, o le hacen cambiar o se las confirman cada vez con mayor rotundidad. El escéptico no quiere verificar sus ideas; dice que él no es el mesías y que no quiere imponer su forma de pensar a los demás; no puede contrastar su pensamiento, de manera que es siempre errático. Por contra, el fundamentalista acaba transformando en ciencia sus convicciones: solo los fundamentalistas han triunfado en la historia porque sólo ellos han estado dispuestos a luchar, a batirse en la "guerra santa".

La clave no es más que esa: la práctica. Las teorías y las teologías se esfuman cuando se enfrentan al "rudo mundo exterior" y se tienen que transformar en ciencia. Y la ciencia no está sólo para interpretar el mundo, sino para modificarlo. En contra de lo que los pragmáticos pretenden, solo hay verdaderas ideas cuando el pensamiento tiene relación con la realidad y pretende cambiarla. Eso no sólo no es utopía, sino auténtica ciencia: socialismo científico.

Que esa modificación requiera violencia no depende más que del oponente, del que pretende seguir beneficiándose de lo existente, de lo real. Según Hegel, "el pensamiento se ha convertido en violencia allí donde lo positivo que tenía enfrente era violencia".