lunes, 10 de noviembre de 2014

La crónica negra de algunos asesinatos científicos

  Hoy un asalto armado a un autobús en un barrio de Damasco ha costado la vida a cinco personas, de las que dos de ellas, han sido identificadas como ingenieros atómicos. Aunque las fuentes periodísticas no apuntan hacia los posibles responsables del crimen, es obra del Mossad, y no es la primera que vez que asesinan a científicos árabes e iraníes de alto nivel.

Los asesinatos y las extrañas muertes de determinados científicos es algo mucho más corriente de lo que suponemos, hasta el punto de que en internet hay varias páginas -más o menos conspiranoicas- que hacen seguimientos de las noticias que aparecen sobre este tipo de crímenes.

En los años ochenta, más de 70 investigadores y expertos que trabajaban para Marconi, Plesey y otras empresas punteras en materia de armamento que formaban parte de la "Guerra de las Galaxias" emprendida por Reagan, murieron en Inglaterra en extrañas circunstancias, la mayor parte de ellos por suicidio aparente.

El oficio de microbiólogo parece ser la especialidad de más alto riesgo. En el accidente del vuelo MH17 que sobrevolaba Ucrania en julio de este año fallecieron Glenn Thomas y varios especialistas mundiales en el virus del Ébola. Parecía el peor momento para tener un accidente, si es que fue un accidente...

El 12 de noviembre de 2001 encontraron en estado de coma a Benito Que, especialista en enfermedades infecciosas, en una calle próxima a su laboratorio de la Universidad Médica de Miami, donde trabajaba. La prensa dijo que había sido agredido por cuatro personas armadas con bates de béisbol, pero cuando falleció unos días después, la versión oficial dijo que murió por "una enfermedad".

El microbiólogo Don C. Wiley desapareció cuatro días después de que su colega apareciera en estado de coma. Primero encontraron su coche en Menfis con el depósito lleno y las llaves de contacto puestas, y luego su cuerpo en el río Mississippi, a 500 kilómetros de distancia. Estaba a punto de irse de vacaciones con su familia. Wiley era un inmunólogo especialista en pandemias de gripe, SIDA y Ébola.

El 18 de julio de 2003 David Kelly apareció muerto en un bosque cerca de su casa. Kelly era experto en armamento de destrucción masiva del gobierno británico, trabajó para la ONU como inspector especializado en armas biológicas y efectuó 37 misiones de control en Irak. Su trabajo en la ONU le valió incluso una nominación al Premio Nóbel de la Paz.

Entonces se preparaba la invasión de Irak y era necesaria una coartada para dar carnaza a los medios de comunicación: las armas de destrucción masiva. Al margen de los micrófonos, Kelly denunció a la prensa que el informe de enero de 2002 en el que los servicios secretos británicos afirmaban que Irak disponía de armas de destrucción masiva era un mentira del primer ministro, el laborista Tony Blair, para proporcionarle una justificación para invadir Irak.

El espionaje encontró la fuente que filtraba las informaciones y una vez sabido llegó el cadáver. Inmediatamente Tony Blair pidió al jurista Lord Hutton que realizara una investigación urgente, que nunca se completó, aunque Hutton publicó unas conclusiones en enero de 2004 según las cuales el científico se había suicidado cortándose la muñeca con un cuchillo de jardinería.

Para terminar de aclarar el asunto, Hutton prohibió la difusión de los datos de su historial médico, autopsia y pruebas de toxicología durante 70 años, nada menos, con la excusa de "proteger la privacidad de la familia de Kelly".

Sin embargo, en octubre de 2010, para poner fin a la constante especulación, el gobierno tuvo que desclasificar los archivos de Hutton, apareciendo detalles tan curiosos como que el cuchillo con el que se cortó las venas no tenía sus huellas dactilares...

Según el libro del diputado británico Norman Barker, "The Strange Death of David Kelly", la policía conocía de antemano la existencia de un plan para asesinar a Kelly, pero dejó que siguiera su curso.

Una pocas horas antes de su muerte Kelly envió un correo electrónico a una periodista en la que le advertía que estaban “jugando muchos actores oscuros”.

El aparente suicidio de Kelly ocurrió dos días después de ser interrogado en la Cámara de los Comunes, donde dijo que había advertido a Tony Blair de que en Irak no había armas de destrucción masiva.

Después se confirmó lo que ya se sabía: en palabras de la revista Time, eran armas de "desaparición masiva". Kelly tenía razón y Blair (y Bush y Aznar, el Trío de las Azores) era un farsante.

Una mentira rebotó contra la otra: ni había armas ni Kelly se había suicidado. Por lo tanto, lo mataron para taparle la boca. ¿O no sucedió así?

Pero de paso, matad también al mensajero: la muerte de Kelly causó una disputa entre el gobierno y la "auntie" BBC, que no acabó con la dimisión de Blair sino con la del presidente y el director general de la cadena de televisión.

Tomamos nota: en esta sociedad, o mientes o mueres.

1 comentario:

  1. ● Antes de llegar a la exhaustiva aclaración en torno a la muerte de Kelly (creo recordar que ya había leído al respecto en la "Red Voltaire"), en llegado a la altura «del vuelo MH17 que sobrevolaba Ucrania en julio de este año en el que fallecieron *Glenn Thomas* y varios especialistas mundiales en el virus del Ébola», ya tenía pensado decir que, quienes los mataron *preventivamente*, es porque saben que los científicos -o gente con formación científica- tenemos el mal hábito de hablar ¿demasiado?
    ● El caso es que "habemos" quienes intuimos que con lo del Ébola se pretende vacunar masivamente como en su momento se pretendió con lo de la Gripe A, o que lo modificaron en sus laboratorios con intención de exterminar masas de población, o a efectos de experimentar y/o hacer mayor negocio aún con las vacunas deteriorándonos la salud.
    ● Y teniendo en cuenta que además lo utilizaron en forma de guerra fría en contra de Rusia, pues se les debe reconocer que a modo de cortina de humo *no* está nada mal. Consecuentemente habría que hacerles llegar nuestro reconocimiento, por el hecho de que son unos artistas y, quizás, hacer un llamado también a los familiares para que se inclinen ellos ante tamaña inteligencia de estos genios.
    ● Mi reconocimiento por vuestra labor, que intentaré hacer extensiva en lo posible. De hecho en ello estoy. Saludo

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