lunes, 26 de septiembre de 2016

Tras un acuerdo de paz siempre llega una matanza

Niño asesinado en Hula, Siria, mayo de 2012
Si, en Siria cada vez que alguien firma un acuerdo de paz, es como para echarse a temblar porque después siempre llega una matanza. Pero lo peor es que las matanzas las cometen los mismos que firman la paz. Ha llegado un punto en el que los sirios ya no tienen miedo a la guerra sino a la paz.

El 7 de setiembre los estadounidenses y los rusos firmaron uno de esos acuerdos de paz y se produjo el ataque de la “coalición” al ejército sirio en Deir Ezzor, matando a más de 60 soldados.

Los aviones de la “coalición” se habían equivocado. Le puede pasar a cualquiera. Vas a matar a alguien y acabas con el vecino de al lado que no tenía nada que ver.

Los que no se equivocaron fueron los rusos que, por su parte, unos días después bombardearon un convoy de ayuda humanitaria. Los rusos no se equivocan: donde ponen el ojo ponen la bala.

Suponemos que quienes estén habituados a escuchar este tipo de relatos en los noticiarios se quedarán perplejos. Si no quieren la paz, ¿para qué firman tantos acuerdos y treguas?

Ya hemos perdido la cuenta del número de altos el fuego que se han firmado en Siria. Tampoco somos capaces de recordar el sinfín de ONG humanitarias que desempeñan su benéfica tarea en medio de los tiroteos y bombardeos.

Es la guerra más pacífica y humanitaria que recordamos desde la guerra de Troya. Al principio, cuando la Primavera de 2011, los moderados dijeron que eran pacifistas y que en Siria una guerra civil era impensable, pero hasta el momento lo impensable ha costado unos 300.000 muertos.

Ya nadie se acuerda de que, al principio, la guerra se justificó por razones humanitarias, porque Bashar Al-Assad era un dictador sediento de sangre y había que impedir las matanzas. El remedio es peor que la enfermedad.

En 1945 la Carta de la ONU se firmó para garantizar la paz entre los Estados, la resolución pacífica de conflictos y para impedir que unos Estados se mezclaran en lo que entonces se llamaban los “asuntos internos” de otros.

Tras la caída de la URSS el mundo ya no conoce “asuntos internos” sino todo lo contrario. Ahora los profesores de Derecho Internacional engañan a sus alumnos diciéndoles que existe un fantasmal “derecho internacional humanitario” que obliga a una no menos fantasmal “comunidad internacional” a acabar con los dictadores y las dictaduras para evitar la represión, las detenciones, las torturas, la censura y demás violaciones de los derechos humanos.

Tras la masacre de Hula en mayo de 2012 en la que murieron más de 100 personas, de las que unos 40 eran niños, los medios de todo el mundo reprodujeron las declaraciones de un superviviente de 11 años que se permitía increpar a la “comunidad internacional” con un discurso perfectamente aprendido y argumentado: “el gobierno nos está asesinando y Ustedes no hacen nada por impedirlo”.

La “comunidad internacional” se conmovió por relatos como éste y otros parecidos. Sus respectivos gobiernos, siempre atentos al sentir de la ciudadanía, también se pusieron en marcha, prepararon aviones, munición, misiles...

Pero cuatro años después las matanzas siguen igual, es decir, la guerra ha fracasado porque no ha podido impedir las matanzas sino que más bien parece que las ha alimentado.

Pero en este punto el lector tiene que ser un poco sutil para no confundir una matanza con una guerra y resignarse a admitir la conclusión evidente del “derecho humanitario”: es peor una matanza que una guerra.

Tanto las matanzas como las guerras son siempre son culpa de los mismos. En la guerra siempre matan los mismos, y cuando eso no ocurre es por error, que es la teoría que inventó el Ministro del Interior, Martín Villa, durante la transición: “lo nuestro son errores, lo de los demás son crímenes”.

Este es el fundamento del nuevo “derecho humanitario” que enseñan en las universidades, aunque les faltan algunos detalles por pulir. Por ejemplo, en la matanza de Hula ocurrió lo mismo que ahora: el gobierno sirio firma una tregua y unos días después ejecuta la matanza (o se la imputan que tanto da).

Las matanzas, además de acabar con las vidas humanas, acaban también con los acuerdos de paz. Los que nunca han cometido matanzas, como la de Hula, son los moderados del “ejército libre de Siria”. No necesitan ese tipo de atrocidades porque ellos no han firmado ninguna paz. Están contra la paz; por eso no cometen matanzas sino que hacen guerras.

“Si vis pace, para bellum”.

domingo, 25 de septiembre de 2016

El jefe antidroga de la Guardia Civil condenado por narcotráfico

El jefe del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil de Málaga fue condenado el viernes por la Audiencia Provincial a diez años y medio de prisión por narcotráfico.

El tribunal considera probado que el dirigente del EDOA, que tenía la graduación de teniente, favoreció el tráfico ilegal de drogas y que no solo recibió contraprestación de alguna operación sino que también consiguió obtener méritos policiales.

Al jefe del EDOA se le condena por dos delitos contra la salud pública y otro de falsedad y han sido absueltos ocho acusados, entre ellos cuatro agentes del instituto armado.

Además, la sentencia condena a otras 26 personas por los delitos de pertenencia a grupo criminal, contra la salud pública, falsedad documental, robo con violencia, tenencia ilícita de armas y blanqueo de capitales. Entre los acusados había varios guardias civiles, entre ellos el que fuera jefe del EDOA, presuntos traficantes, confidentes y una abogada.

El juicio comenzó el 14 de octubre de 2015 y durante el mismo el fiscal sostuvo que había una actuación coordinada o dirigida por un grupo de guardias civiles del EDOA, encabezado por el teniente.

El objetivo de la trama era obtener beneficios, económicos o profesionales, mientras que los informantes lograban cantidades de drogas y, en ocasiones, conseguían que estos agentes del EDOA hicieran la vista gorda en determinados operativos.

Queda pendiente de juzgar a un sargento del EDOA que se fugó en septiembre de 2015 antes de comenzar el juicio y que se tendrá que enfrentar a una petición fiscal de 55 años de cárcel por ser uno de los principales acusados de la trama.

Este agente, al que le pesaba una orden internacional de busca y captura, fue detenido a finales del pasado agosto en el aeropuerto Madrid, tras aterrizar de un vuelo procedente de México.

Entre los condenados por blanqueo de capitales y falsedad en documento mercantil también se encuentra una abogada, que era la esposa del guardia civil fugado, ya que diseñó una operación con apariencia de legalidad para la colocación de dinero de origen criminal.

Los escasos medios que han publicado esta noticia no se ofrecen los nombres ni las fotos de los condenados, algo que jamás ocurre con los demás condenados, cuyos datos airean a los cuatro vientos. Los medios de comunicación protegen a los guardias civiles, aunque estén condenados por nacotráfico. Se les ve el plumero.

El control ideológico en la universidad: los mecanismos informales de censura

[...] Una de las teorías económicas, la neoclásica, ha ocupado la totalidad de la disciplina y cómo, en el ámbito de la investigación y la docencia, la purga de economistas heterodoxos fue más o menos completa, ya que se fue expulsando o cooptando a los díscolos. Eso supuso que a partir de los años 80 desaparecieran de los planes de estudio, las investigaciones y las principales revistas, y al mismo tiempo, que los expertos que eran contratados para las jefaturas de estudios de la OCDE, FMI o Banco Mundial, como gobernadores de los principales bancos centrales o como ministros de Economía y finanzas de los principales países del mundo, manejasen únicamente el modelo neoclásico.

Esta reducción de la economía a una de sus teorías ha tenido consecuencias evidentes a la hora de dirigir nuestras sociedades, pero la gran dimensión del problema también ha contribuido a oscurecer cuestiones laterales que ese hecho plantea. Por ejemplo, ¿es posible imponer un modelo teórico concreto en el mundo del conocimiento, como es el universitario? Y si es así, ¿está ocurriendo en las ciencias sociales y en las humanidades? Según las respuestas de los académicos consultados, no solo es factible, sino que es lo que está ocurriendo. Existe una censura informal que funciona a través de los mecanismos de recompensa que se activan para los investigadores que utilizan los marcos teóricos adecuados y que condenan al resto a la invisibilidad y a una carrera académica marginal.

El ‘régimen de verdad’

Esta imposición ha sido evidente en el campo económico en España, como subraya Xavier Martínez Celorrio, profesor de sociología de la Universidad de Barcelona: “En toda disciplina compiten diversos paradigmas cuya lucha por el poder académico da lugar a campos de control simbólico que se traducen en cátedras, plazas de profesorado, financiación para investigación y dominio en publicaciones. El paradigma neoliberal está más que defenestrado en el terreno empírico de la economía desde la crisis de 2008, pero su vigencia se ha reforzado por la fuerza del campo de control simbólico que ha construido en las últimas décadas. Se ha construido un ‘régimen de verdad’, que diría Foucault”.

Pero no solo se trata del campo económico, sino de que el resto de ciencias sociales también vive males similares. Como explica Víctor Sampedro, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, se van marcando una serie de controles y de filtros en los que unas escuelas preponderan por encima del resto. Por ejemplo, existe una obligación de ser cuantitativo y manejar grandes bases de datos, (y cuanto mayores mejor), lo cual supone que aquellas instituciones y países que cuenten con las bases de datos más completas sean los únicos que pueden hacer ciencia, pero también que cuando emergen nuevas tendencias sociales no pueden ser investigadas, porque todavía no existen los datos suficientes.

Además, se han primado clarísimamente la teoría de la acción racional y el enfoque economicista. En la ciencia política toda la investigación ha ido hacia la sociología electoral tratada con estos modelos. Eso hacía imposible, por ejemplo, analizar los procesos de movilización que, como el 15 M, hemos vivido en los últimos años. Por decirlo en otros términos, el mismo paradigma que se utiliza para analizar la economía se está trasladando a las ciencias sociales, que comienzan a ser examinadas desde el prisma del individualismo metodológico.

Una empresa privada evalúa los currículos académicos

El mecanismo para ejercer este control ideológico en la universidad, explica el periodista, economista y doctor en sociología Andrés Villena, es el sistema de evaluación que se ha implantado, del que depende la trayectoria académica de cada docente, y que otorga una importancia crucial a los artículos JCR. Cuando se refieren a estas siglas, muy populares en la universidad, aluden al “Journal of Citation Reports”, “un ranking elaborado por la empresa Thompson-Reuters. EL JCR, a través de la Web of Science, contiene el conjunto de revistas que cumplen con las condiciones imprescindibles para estar en la primera división: que sus artículos hayan sido citados, a ser posible, por autores en otras revistas prestigiosas, que su índice de impacto supere un determinado nivel, etc. De esta forma, queda definido un conjunto de revistas o journals en los que cabe casi toda la ciencia publicada a lo largo de un año. Si no estás en el JCR, tus contribuciones corren mucho más riesgo de pasar desapercibidas. Y cuando la crisis ha creado un auténtico tapón de expedientes esperando para entrar en la universidad, este tipo de méritos se han convertido en imprescindibles”.

El problema de fondo, asegura Villena, no es solo que los mecanismos de objetividad que establece, como la llamada revisión ciega (el artículo recibido es delegado por un editor a dos revisores que no conocen a quien examinan), no funcionen del todo, porque el editor puede conocer al autor del artículo y desviarlo a revisores afines, o porque estos puedan detectar quién es el autor por el tema tratado o la manera de enfocarlo, “sino que la gran mayoría de estas revistas están controladas por los mismos modelos teóricos, de manera que producir algo diferente y que sea publicado se convierte en una tarea improbable”. Los artículos que se recogen en revistas que no sean JCR, por interesantes que puedan resultar, no producen efectos académicos, por lo que en esta “carrera en la cinta mecánica” por la subsistencia en la que universidad está inmersa, casi nadie quiere perder tiempo en investigaciones que, por valiosas que sean, resulten ineficaces a la hora de asegurarse un futuro laboral.

El ‘colegio invisible’

El concepto a través del cual se entiende la vida académica, explica Andrés Villena, es el de “colegio invisible”. Para publicar en los JCR tienes que pertenecer a esa capilla que, sin estar institucionalmente establecida, opera de forma continua y facilita el acceso a las publicaciones importantes. Eso supone que tus investigaciones deben restringirse a lo que esa red de poder entiende útil, “de forma que el campo de cosas sobre el que se puede escribir se restringe a introducir un matiz en los debates que ellos están manejando. Si eres Stiglitz puedes investigar y te lo publicarán, pero si no lo eres no podrás entrar diciendo teorías similares a las que él maneja. No hay una censura expresa, a la antigua, pero está claro que hay cosas en las que sabes que debes entrar y en otras en las que no”.

Las consecuencias de este sistema se dejan sentir en varios órdenes. En un sentido, la universidad se convierte, asegura Villena, “en una meritocracia de contactos, en la que no puedes ser un manta, porque si no no estarías, pero si careces de los vínculos precisos tu carrera será efímera. Para conseguir ese respaldo es frecuente que se tengan que dar algunas clases del catedrático, o aparecer en tercer o cuarto lugar en los artículos del departamento”.

En segundo lugar, asegura Alfonso Pérez Agote, catedrático de la Universidad Complutense, los resultados en cuanto a conocimiento son muy decepcionantes. Así ocurre en sociología, donde todos están como idiotizados intentando que les publiquen en revistas que ningún sociólogo lee. Echas un vistazo, por ejemplo, al “American Journal of Sociology”, (una de las más prestigiosas) y te encuentras con una gran serie de banalidades y tonterías. El método de evaluación que tenemos es terrible porque lleva a nuestros investigadores a intentar colocar un articulito en estas publicaciones, que hacen a base de leerse los tres o cuatro últimos libros y realizar un apunte medianamente inteligente, en lugar de estar metidos en proyectos de investigación.

Pocos libros y muchas cifras

Este contexto resulta muy llamativo, según Pérez Agote, “porque las viejas generaciones eran muy de estar en casa con los libros en lugar de montar investigación, y hoy cuando estás metido en un grupo potente para investigar, no te sirve para nada. Muchos jóvenes te dicen que no pueden perder el tiempo en eso porque tienen que hacer JCR para sacar su acreditación y poder ser contratados como doctores. Esto es un problema muy gordo”.

Coincide Rosa Agost, decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universitat Jaume I, que señala cómo “la gente que empieza ahora, que tiene un camino muy duro por delante y que sabe que si no consiguen cinco publicaciones potentes en seis años no tendrá sitio en la universidad, deja de estar en proyectos y se encierra en casa para redactar los JCR, lo que deteriora la investigación con mayúsculas”.

Como tercer efecto, asegura Pérez Agote, está el hecho de que la calidad desciende, de manera que “hay pocas revistas buenas, y la mayoría de ellas están circunscritas a un disciplina concreta. La revista del CIS (la más importante en España) ha dado un giro muy particular, que ha venido de la mano de aquellos que salieron de la universidad pública pero luego pasaron por el Instituto de la Fundación Juan March, el de José María Maravall, que está intentando convertir la sociología en una disciplina numérica. Y no es malo en sí mismo, siempre que haya una teoría detrás, lo cual no suele ser el caso”.

Pero eso no significa que no haya resistencia en la universidad, o que todos los profesores se limiten a publicar aquello que les generará rentabilidad. “En educación, por ejemplo, sabemos que se está colando la sustitución del paradigma cualitativo por el cuantitativo, y que si quieres aparecer en los rankings tienes que estar ahí, pero a pesar de eso también hay quienes tratan de publicar artículos que saben que les serán inútiles a la hora de la evaluación, pero que abordan temas de gran interés para la disciplina. En España también hay gente crítica que trata de compaginar lo que se nos impone desde arriba y lo que resulta importante para las disciplinas teóricas en las que trabajamos”.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-09-25/asi-funciona-la-censura-en-la-universidad-espanola_1264799/

Antifascistas revientan un homenaje a Primo de Rivera en Cádiz

Ayer estaba prevista en Cádiz la presentación de un libro escrito por Pepe de las Heras en el Hotel Las Cortes, en la calle San Francisco, sobre la figura del fascista José Antonio Primo de Rivera.

El acto había sido organizado por la Asociación Hispania Cronos, que tenía prevista la presentación del libro a las 18 horas. Cuando unas diez personas que iban asistir al acto se hallaban en la puerta del Hotel esperando la hora del comienzo, llegaron los antifascistas gritando “¡No queremos nazis!”

Los convocantes patearon a uno de ellos por llevar una camiseta de Brigadas Amarillas y se produjo un enfrentamiento tumultuario “cuerpo a cuerpo” en la calle. El centro de la capital gaditana quedó destrozado, con las señales de tráfico arrancadas y destrozos en el mobiliario urbano.

Luego llegaron tres vehículos radio patrulla adscritos a la Comisaría Provincial que intentaron, sin éxito, detener a los antifascistas, al mismo tiempo que escoltaban a los fascistas para garantizar que pudieran celebrar el acto en el Hotel sobre el fundador de la Falange, que fue ejecutado por la República en 1936.

El libro y su presentación pública forman parte del descarado ascenso del fascismo en España. Pepe de las Heras ha realizado una versión anovelada de un guión para una película hagiográfica que se presentará próximamente.

Tenemos al fascismo hasta en la sopa, debidamente escoltados y protegidos por la policía para que no padezcan ningún percance en sus actos oficiales.

Putin: la etapa de los compromisos internacionales ha pasado

El interés por Rusia rara vez trasciende la política exterior. Sin embargo, ésta no se podría entender sin la interior donde, desde mayo, Putin ha iniciado una serie de cambios importantes, especialmente en el terreno económico.

Con su lucidez característica Bechet-Golovko lo resume perfectamente: “La etapa de los compromisos internacionales ha pasado; para negociar ventajosamente hay que tener una posición fuerte y clara” (1).

Algo parecido había escrito William Engdahl: “A pesar de los progresos impresionantes hechos por Rusia en el terreno de la política exterior, el país puede estar debilitado por una economía fatalmente débil” (2).

El 25 de julio Putin pidió al denominado “Club Stolypin” que preparara un plan de impulso económico porque para hacer frente a los imperialistas en todos los terrenos, hay que impulsar también el crecimiento económico y estrechar filas en el terreno político, lo cual no se puede hacer sin la depuración de los viejos cuadros y el nombramiento de nuevos equipos dirigentes.

Lo mismo que Theresa May en Reino Unido, Putin quiere poner fin a las viejas políticas monetarias implementadas desde los ochenta, que nunca van más allá del corto plazo, la especulación, las burbujas y el enriquecimiento golfo de cuatro oligarcas. En Rusia estas políticas tienen un nombre, Alexei Kudrin, el antiguo ministro de Finanzas, ahora defenestrado.

Putin se ha descubierto a sí mismo en Bismarck. Ahora persigue un desarrollo económico a la manera prusiana. El economista en boga es el alemán del siglo XIX Friedrich List. Tras la ola “mundialista” vuelve el “nacionalismo” en todos los terrenos, sobre todo en el económico. Con él vuelve el Estado, las empresas públicas, la política industrial, el proteccionismo, el déficit público... e incluso los viejos planes quinquenales o, al menos, una versión capitalista de ellos.

Todo empezó el 25 de mayo cuando, después de dos años de vacío, Putin convocó el Presidium del Consejo Económico. En el verano llegó la destitución de Serguei Ivanov, cabeza de la administración presidencial del Kremlin y luego la de Livanov, el ministro de Educación e Investigación. Sus sustitutos, A.Vaino y O.Vassilieva, no están dentro de los círculos de adeptos de la OCDE, escribe Bechet-Golovko, porque “representan el interés nacional frente a la visión globalizante”.

Los nombramientos han sido seguidos de la llegada al servicio de inteligencia exterior de S. Narchkin, que tendrá que lidiar con una situación internacional especialmente tensa. No hay más que repasar el blog Katehon para ver que los eurasiáticos de Alexander Duguin están de enhorabuena.

Pero esa moneda tiene un reverso, que es la guerra. Recientemente Duguin escribía que “la Tercera Guerra Mundial nunca ha estado tan cerca”(3). No le falta razón. Lo mismo que en 1931, cuando el gobierno soviético aprobó el Primer Plan Quinquenal, sin un fuerte impulso al desarrollo industrial, Rusia no podrá hacer frente a la agresión imperialista que se le viene encima.

(1) http://www.comite-valmy.org/spip.php?article7626
(2) http://journal-neo.org/2016/08/02/putin-nyet-to-neo-liberals-da-to-national-development/

(3) http://katehon.com/es/article/la-iii-guerra-mundial-nunca-ha-estado-tan-cerca

sábado, 24 de septiembre de 2016

El manual del buen yihadista se imprime en Turquía

El ejército sirio ha descubierto un manual impreso en Turquía con instrucciones para los yihadistas. En este manual se les enseña “la buena marcha de la guerra en suelo extranjero” y el uso de armas nucleares.

El manual fue publicado en lengua árabe en la ciudad turca de Estambul y sus editores ni siquiera trataron de ocultar los orígenes del libro, el cual cuenta con el logotipo de la editorial turca Guraba, información de contacto e incluso el Número Internacional Normalizado del Libro (ISBN, por sus siglas en inglés) en el interior.

El soldado sirio que encontró el libro declaró que estaba lleno de odio y llama a la guerra contra las personas que se oponen a la ideología takfirí. El manual además incluye instrucciones sobre lo que se debe hacer con “los enemigos y sus propiedades”, según el soldado sirio.

Además añadió que este libro también describe cómo “quemar las ciudades capturadas por los combatientes extremistas, la forma de cortar todos los árboles, destruir toda la vida, la forma de ejecutar prisioneros de la manera correcta”, entre otros.

Según este libro, los takfiríes tienen el derecho a casarse con sus cautivas. Incluso menciona el posible uso de armas nucleares, declaró el soldado.

En Europa la policía ha capturado varios de estos manuales, algunos de ellos van dirigidos a las madres para que inculquen la yihad a los niños desde pequeños. Otros son relativos a las diversas maneras de captar nuevos adeptos. Buscan jóvenes sin expectativas laborales, no necesariamente musulmanes y mucho mejor si no son demasiado religiosos.

Ya no los buscan en las mezquitas. Los yihadistas hacen uso del Islam pero a su antojo. El objetivo es conseguir adeptos que no se sepan el Corán, como los hermanos Abdeslam, detenidos en redadas de droga. El manual lo explica: “No les separes de su familia, su estilo de vida, no le hables de los problemas de los musulmanes, que no sospeche que le estás reclutando”.

Los perfiles son gente, moldeable, que viva alejada del centro de las ciudades, estudiantes de 15 años mejor que universitarios y gente con problemas.

La fase de reclutamiento debe durar tres semanas de acercamiento: “Acompáñale al trabajo o la universidad y al rezo. Llámale a diario y envíale mensajes de móvil con contenido religioso. Invitarle a comer o a cenar y hazle regalos”, escriben. Eso rompe barreras y acerca a cualquiera.

A los dos meses hay que inculcarle la yihad, la necesidad morir matando: “Hay que conseguir que anhele los placeres del paraíso y tenga miedo al infierno”.

La guía dice que hay evitar a los cobardes para que no se echen atrás.

Fuente: http://alwaght.com/es/news/68636

viernes, 23 de septiembre de 2016

Fondo de reptiles: los periodistas que se venden al mejor postor

Belén Moreno

Se conoce como fondo de los reptiles a las subvenciones secretas que el gobierno hace a la prensa para que esta se muestre una posición más favorable hacía sus políticas. Fue una práctica muy extendida en Europa durante el siglo XIX.

La acuñación de la expresión fondo de los reptiles, para referirse al pago secreto a la prensa, proviene de una afirmación de Otto Von Bismarck tras ganar la guerra prusiana-austriaca en 1866. El reino de Hannover, aliado austriaco, es el más castigado por la derrota, su rey Jorge V debe exiliarse dejando atrás toda su fortuna que a partir de ese momento será gestionada, a través de un Real Decreto, por Prusia para “la vigilancia y la defensa contra las maquinaciones de la casa de Hannover y sus agentes contra Prusia”. Los intereses generados de esa fortuna serán utilizados por el canciller prusiano para la creación de un fondo secreto, al que únicamente tienen acceso Guillermo I y el propio Bismarck. El fondo se usará para fomentar las actividades propagandísticas y para la creación de un sistema informativo dentro y fuera de las fronteras alemanas. Bismarck, cansado de las intrigas de los partidarios de los Hannover, pronunció la célebre frase: “Utilizaré su dinero para perseguir a estos reptiles malignos hasta sus propias cuevas”. De esta manera se convirtió en el fondo de los reptiles.

Los políticos europeos de la segunda mitad del siglo XIX vieron en la prensa una valiosa plataforma propagandística, convirtiéndose automáticamente en un instrumento fundamental para trasladar sus mensajes, atacar al oponente, revelar sus políticas y hacer campañas para conseguir votos. En España, la instauración de las elecciones trae consigo la proliferación de los partidos políticos y con ellos las campañas electorales que tratarán de contar con el apoyo de la prensa para conseguir sus fines.

El partido del poder tratará, sobre todo a partir de la Restauración, controlar el mayor número de periódicos, que se convertían en “periódicos sapos”, diarios que se mantenían gracias a las ayudas gubernativas. La ley de Policía e Imprenta de 1883 impulsada por Sagasta había instaurado un régimen informativo mucho más abierto y libre, se había suprimido la censura previa, la necesidad de la posesión de una licencia especial para la creación de un periódico nuevo y, el depósito previo de publicaciones. Por ello había que buscar fórmulas nuevas para controlar a la prensa.

El embajador de España en Berlín, Francisco Merry Colom, había tomado buena nota de las prácticas del Canciller de Hierro, Bismarck, respecto al control de la prensa. En 1854 el prusiano había aprobado una ley marco de Prensa que prohibía la censura previa, pero mantenía la licencia especial para la creación de nuevos periódicos y el depósito de una considerable suma como confianza. Además, se desarrolló un sistema de vigilancia para controlar a la prensa “liberal” que consistía en la creación de gabinetes de prensa de los diferentes ministerios, encargados de resumir artículos y redactar rectificaciones y contestaciones; la creación de periódicos gubernamentales poniendo al frente los denominados hombres de paja, es decir, periodistas supuestamente independientes que en realidad estaban bajo las órdenes del gobierno; y un fondo secreto que en 1865 contaba con un presupuesto de 350.00 florines. La práctica más habitual era realizar un pago mensual al redactor más influyente de la publicación. Los órganos de prensa se convirtieron en auténticos instrumentos al servicio de la política de Bismarck.

El embajador, el 22 de abril de 1875, escribió las siguientes palabras al gobierno español: “La prensa aquí está toda en manos de gente desacreditada. Los fondos copiosos que Bismarck tiene destinados para subvencionar periodistas en Alemania y a favor de Alemania (los hay subvencionados en todas partes), se llaman públicamente “Fondos de reptiles”: de ellos está encargado un jefe de administración que todo el mundo conoce”.

Francisco Merry aconsejaría a Madrid seguir el ejemplo alemán a través de los fondos reservados del Ministerio de Gobernación. Y Madrid siguió el ejemplo, el profesor Carlos Seco Serrano encontró en el archivo de Dato de la Real Academia de Historia datos concretos referidos a los años 1899 y 1900 de las subvenciones a la prensa.

La suma total destinada a los “gastos reservados” mensualmente oscila entre las 31.000 y las 36.000 pesetas dentro de los cuales encontramos los pagos a la prensa. El concepto del pago podía ser diverso, desde una gratificación en metálico, un pago mensual o, lo que solía ser más común, a través de suscripciones.

Algunos periodistas como Joaquín Rallo, director de La Discusión solicitaban al gobierno una ayuda más cuantiosa: “Que la subvención sea fija y algo más crecida, ya que las ideas que este periódico defiende, y la política que le inspira, deben tomarse más en consideración por la respetabilidad de las personas que le apoyan”.

Pero, otra de las formas de controlar a la prensa fue la creación de periódicos. A finales del siglo XIX en España “quien pretendiese hacer carrera política –comenta Rosa Cal- debía contar con las páginas de un periódico”, así lo hicieron, por ejemplo, José Canalejas con el Heraldo de Madrid, Sagasta con La Iberia, Silvela con El Tiempo, Blasco Ibáñez con El Pueblo de Valencia, Pablo Iglesias con El Socialista o Lerroux con El Progreso.

Los periódicos en aquel momento se habían convertido en el cuarto poder y solo será sustituida su influencia por los nuevos medios de comunicación emergentes, primero la radio, luego la televisión y finalmente Internet.

Fuente: http://belenmoreno.wordpress.com/2010/02/08/el-fondo-de-los-reptiles/

La CIA y Arabia saudí en la historia inconfesable de Al-Qaeda (y 2)

La congresista Tulsi Gabbard
Maxime Chaix

El New York Times confirmó indirectamente los propósitos de la parlamentaria norteamericana Tulsi Gabbard. Tres semanas antes de los atentados del 13 de noviembre había denunciado en la CNN el apoyo clandestino a Al-Qaeda por parte de la CIA en el frente sirio, criticando que la Agencia tenía como objetivo derrocar a Bashar Al-Assad apoyando a unos rebeldes, muy lejos de la moderación que nos había sido descrita hasta entonces. Como ella afirmó durante esa entrevista, “Estados Unidos y la CIA deben detener esta guerra ilegal y contraproducente para derribar el gobierno sirio de Assad, y deben focalizarse en nuestro enemigo real, los grupos islamistas extremistas. Porque actualmente estamos viendo la causa de que sea contraproducente: actuando (...) para derrocar al gobierno sirio de Assad, estamos reforzando a nuestros enemigos, los islamistas extremistas”.

Antes de dar detalles más amplios sobre esta política clandestina y sus consecuencias, ella recuerda que “no ha existido una votación en el Congreso para autorizar el uso de la fuerza, para autorizar una guerra que tiene por objetivo derrocar un gobierno soberano. Desde que yo he tomado posesión [en la Cámara de Representantes] no ha habido ningún voto, ni tampoco antes de que fuera elegida [en 2013]. Por tanto el pueblo norteamericano no ha tenido la oportunidad de expresarse, de aprobar o desaprobar esa guerra. Por consiguiente, esa guerra es ilegal”. Es muy probable que el carácter ilícito de estas operaciones explica porque el presidente Obama, la anterior secretaria de Estado Hillary Clinton y otros altos responsables norteamericanos han ocultado sistemáticamente el papel esencial de la CIA en el conflicto en Siria, como recientemente lo ha señalado el profesor de la Universidad de Columbia Jeffrey S. Sachs.

En esa entrevista en la CNN, Tulsi Gabbard también explicó que esta guerra secreta “es contraproducente porque actualmente las armas norteamericanas van a las manos de nuestros enemigos de Al-Qaeda y otros grupos, grupos islamistas extremistas que son nuestros enemigos jurados. Son esos grupos los que nos han atacado el 11 de septiembre, de los cuales se supone que tenemos que buscar su derrota, pero sin embargo los apoyamos con armas para derrocar el gobierno sirio (...) Yo no quiero que el gobierno de los Estados Unidos proporcione armas a Al-Qaeda, a islamistas extremistas, a nuestros enemigos. Creo que es un concepto muy simple: ¡no podemos vencer a nuestros enemigos si, al mismo tiempo, se les arma y se les ayuda! Es algo absolutamente insensato para mi (...) Hemos discutido de esto [con responsables de la Casa Blanca] a la vez durante las sesiones [parlamentarias] y en otras ocasiones, y creo que es importante que los ciudadanos de Estados Unidos se levanten y digan: ‘Mirad, no queremos ir [a Siria] y hacer lo mismo que con Saddam Hussein, hacer lo que pasó en Libia con Gadaffi, porque son países que se han hundido en el caos y que han sido conquistados por terroristas islamistas a causa de la acción de Estados Unidos y de otros [países]’”.

Entrevistado algunas semanas después de estas declaraciones, Nafeez Ahmed señala que “la representante Gabbard es una política de primera línea en el seno del Partido Demócrata”, del que desempeñaba la vicepresidencia antes de unirse al equipo de campaña de Bernie Sanders. Este buen conocedor de los arcanos de Washington añade que ella dispone de un “acceso a informaciones gubernamentales confidenciales relativas a las políticas extranjeras y militares de Estados Unidos, ya que pertenece a importantes omisiones parlamentarias: la Comisión de la Cámara de Representantes sobre las Fuerzas Armadas y la correspondiente a Asuntos exteriores. Por eso sus críticas hacia las políticas clandestinas de la administración Obama en Siria deben tomarse muy en serio”.

Sorprendido por el hecho de que declaraciones de Tulsi Gabbard no hayan suscitado la indignación nacional en Estados Unidos, Naffez Ahmed añade que “su testimonio en la CNN, lejos de ser una ‘teoría del complot’ infundada, confirma el apoyo de la CIA a favor de grupos afiliados a Al-Qaeda en Siria, operado principalmente mediante socios regionales tales como los Estados del Golfo y Turquía”. Siendo hoy de notoriedad pública estas acciones clandestinas, suscitan cuestiones incómodas sobre la forma en que los intereses geoestratégicos a corto plazo de Estados Unidos y de sus aliados continúan amenazando la seguridad nacional de nuestras democracias y desestabilizando un número creciente de países. Finalmente, menos de una semana después de los atentados del 13 de noviembre, Tulsi Gabbard presentó una proposición de ley, cuyo fin es “detener inmediatamente la guerra ilegal y contraproducente destinada a derrocar el gobierno sirio de Al-Assad”, no habiendo sido nunca discutida ni votada esta iniciativa en la Cámara de Representantes.

El Congreso no controla las operaciones de la CIA

El artículo del New York Times citado anteriormente señala también la importancia de los jefes de estación de la CIA en Arabia saudí, que son descritos como “los auténticos lazos” entre Washington y Riad desde hace muchas décadas. El Times remonta los orígenes de esta relación opaca  y mixta a la creación del Safari Club. Movilizando fondos extranjeros en los años 80, esa red ha permitido financiar las operaciones clandestinas de la CIA en Angola, en Nicaragua y en Afganistán escapando a la supervisión del Congreso norteamericano. Dicho sistema de financiación se adoptó en 2012 en la guerra de Siria, y esa institución no pudo controlar lo que el Washington Post describió en 2015 como un “vasto esfuerzo [anti-Assad] de muchos miles de millones de dólares implicando [la CIA], a Arabia saudí, Qatar, Turquía” y sus aliados, a través de “una de las mayores operaciones clandestinas” de la Agencia. Conforme a la doctrina de la “negación plausible”, la financiación exterior que moviliza no se ha sometido a la supervisión del Congreso, que no puede ejercer su control sobre las actividades y los presupuestos de los servicios especiales extranjeros.

Resulta de ello que Estados Unidos pueden fácilmente rechazar las críticas del aumento de grupos extremistas en Siria hacia sus aliados de Próximo Oriente, mientras que la CIA apoya activamente sus operaciones de los “Military Operations Centers”, bases secretas en Turquía y en Jordania desde las que se han entregado millares de toneladas de armamento a las milicias anti Assad, también a las más extremistas.

Si las políticas impuestas desde hace 40 años por los jefes del espionaje norteamericano y saudí esconden aún muchos secretos, no hay duda de que han favorecido la creación y la internacionalización de las redes yihadistas que amenazan ahora la paz mundial. Como explicaba Yves Bonnet, antiguo responsable de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST) “la CIA y Arabia saudí han creado el terrorismo mesiánico del que se reclaman Al-Qaeda y el Daesh”. Citando de nuevo a Nafeez Ahmed, “las redes muyaidines afganas han sido formadas y financiadas bajo la supervisión de la CIA, del MI6 y del Pentágono. Los Estados del Golfo han aportado sumas de dinero considerables, mientras que los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI) han asegurado la unión sobre el terreno con las redes militantes coordinadas por Abdullah Azzam, Osama bin Laden y sus cómplices. La administración Reagan, por ejemplo, proporcionó dos mil millones de dólares a los muyaidines afganos, completados por otro aporte de la misma cantidad de Arabia saudí”.

Tras recordar estos hechos bien conocidos, Nafeez Ahmed pone en cuestión una falsa idea que ha sido continuamente repetida por una gran mayoría de expertos y periodistas internacionales desde el 11 de setiembre: “Según la creencia popular, esta configuración desastrosa de una colaboración entre Occidente y el mundo musulmán en la financiación de extremistas islamistas habría finalizado con el hundimiento de la Unión Soviética. Como he explicado en una declaración en el Congreso un año después de la publicación del informe de la Comisión del 11 de septiembre, esta creencia popular es errónea (...) Un informe clasificado de los servicios de inteligencia norteamericanos, revelado por el periodista Gerald Posner, ha confirmado que Estados Unidos eran plenamente conscientes del hecho de un acuerdo secreto alcanzado en abril de 1991 entre Arabia saudí y Bin Laden, residente entonces bajo vigilancia. Según ese acuerdo, Bin Laden estaba autorizado a abandonar el reino con su financiación y sus seguidores y a continuar recibiendo un apoyo financiero de la familia real saudí con la única condición de abstenerse de ir en contra y desestabilizar el propio reino de Arabia saudí. Lejos de ser observadores lejanos de este acuerdo secreto, Estados Unidos y Gran Bretaña participaron en él activamente”.

Según el último libro de Peter Dale Scott, este acuerdo de abril de 1991 entre Bin Laden y la familia real saudí se ve corroborado en el libro premiado con el Pulitzer de Lawrence Wright sobre Al-Qaeda y el 11 de setiembre. Según otras fuentes fiables, este acuerdo se habría renovado en 1995, según Anthony Summers, después en 1998, según Ahmed Babeeb. Paralelamente, según el antiguo diplomático y oficial consular norteamericano en Djedda, Michael Springmann, “la CIA transfirió [a muyahidines que habían combatido en Afganistán] hacia los Balcanes, Irak, Libia y Siria, proporcionándoles visados USA ilegales”, afirmando haber descubierto que el consulado en el cual él trabajaba era en realidad “una base de la CIA”.

A la vista de los elementos estudiados en este artículo, lejos de ser la nebulosa inasible que se nos describe en los medios occidentales, la red de Al-Qaeda ha sido empleada por los servicios especiales norteamericanos y sus socios también después de la guerra fría, a fin de desempeñar diferentes objetivos geoestratégicos inconfesables. Como hemos analizado, se trata de hechos corroborados que nos permiten, quince años después del 11 de septiembre, medir hasta que punto las políticas clandestinas de la CIA y sus aliados están fuera de control. Las informaciones que demuestran que las fuerzas apoyadas por la Agencia en Siria combaten a aquellas que apoyan las operaciones del Pentágono sobre el terreno son una ilustración edificante.

La guerra contra el terrorismo es una guerra mundial


Un estudio en profundidad de la historia de Al-Qaeda indica que el aumento mundial de la yihad armada se origina en las relaciones turbulentas entre los responsables de la CIA y sus homólogos saudíes, cuyo reino es descrito por numerosas fuentes autorizadas como el principal patrocinador de las organizaciones islamistas a través del mundo. De la yihad afgana al takfirí sirio, las acciones clandestinas de la CIA masivamente cofinanciadas por los petrodólares saudíes han reforzado hasta el presente la nebulosa Al Qaeda, y ello pese al 11 de septiembre, la mal llamada “guerra contra el terrorismo”, y los recientes atentados que han golpeado a las poblaciones occidentales. Como hemos estudiado, estas operaciones de la CIA han sido a menudo delegadas en los servicios saudíes y otros socios extranjeros, lo que explica porque es tan difícil comprender el peligroso juego de la Agencia ante el terrorismo islamista.

Poco tratada en los medios, la historia inconfesada de Al-Qaeda debe ser explicada a la opinión pública porque, como demuestra la tragedia siria, las lecciones de la yihad afgana no han sido evidentemente comprendidas por nuestros dirigentes. Nuevas catástrofes ligadas al terrorismo son de temer en el mundo occidental, principalmente debido al regreso de Siria de combatientes extremistas a sus países de origen. En un contexto de guerra perpetua que genera anualmente miles de millones de beneficios para las multinacionales de la energía, del armamento, de mercenarios, y de la inteligencia privada, los dirigentes occidentales ¿tienen la voluntad de detener estas intervenciones y redefinir una estrategia para el cercano Oriente menos militarizada y más constructiva?

Después de quince años de una “guerra contra el terrorismo” que ha amplificado considerablemente esta amenaza, que ha potenciado una privatización masiva de las operaciones militares, y que ha producido la muerte de más de un millón de personas solamente en Irak, en Afganistán y en Pakistán, esta preocupante cuestión merece plantearse.

Y respecto al casus belli que ha legitimado esta guerra perpetua, también subsiste una cuestión también preocupante. Los principales acusados de los atentados del 11 de septiembre aún no han sido juzgados por los tribunales militares de Guantánamo. Aunque las confesiones conseguidas bajo tortura son jurídicamente inadmisibles, no es menos cierto que el mayor crimen de la historia moderna de Estados Unidos nunca ha sido objeto de ningún proceso. El Congreso norteamericano acaba de autorizar a las familias de las víctimas de estos sucesos a demandar a Arabia saudí por su supuesto papel en esos ataques, pese al veto del presidente Obama, que impidió la promulgación de esta ley.

En este contexto, a la vista de la relación entre el reino de los Saud y la CIA, este análisis escrito por Jean-Pierre Chevenement en 2004 es hoy aún más pertinente: “La propagación del terrorismo islamista, ciertamente lamentable, también proporciona una coartada ideal a la empresa de recolonización de Medio Oriente y la dominación mundial, a la escala de un ‘nuevo siglo americano’, al que se lanzó la administración de George W. Bush. La historia de la vuelta de las milicias wahabitas de Osama bin Laden contra Estados Unidos, que les habían apoyado contra la URSS en Afganistán, supone tantas zonas sombrías que nos podemos preguntar si la cooperación tan estrecha entre la CIA y los servicios saudíes del príncipe Turki, rota solo quince días antes del 11 de setiembre aclararía de forma útil las circunstancias de un acontecimiento que abrió una nueva página en la historia de las relaciones internacionales: como Atenea saliendo armada del muslo de Júpiter, aquel día se decretó la ‘Cuarta guerra mundial”.

Fuente: http://maximechaix.info/?p=3605

jueves, 22 de septiembre de 2016

La CIA y Arabia saudí en la historia inconfesable de Al-Qaeda (1)

Gulbuddin Hekmatyar, padrino de Bin Laden
Maxime Chaix

Quince años después del 11 de septiembre, cuando el Congreso norteamericano acaba de autorizar a sus ciudadanos a demandar a Arabia saudí por su supuesto papel en estos atentados, la “guerra contra el terrorismo” lanzada poco después del hundimiento de las Torres Gemelas no encuentra final. En este contexto, un número creciente de expertos designan al militarismo occidental presente en el proyecto “Gran Oriente Medio” como un factor principal de amplificación de la amenaza terrorista. Una menor atención se ha concedido a las políticas clandestinas de la CIA, los servicios secretos saudíes y sus aliados, que sin embargo están en el origen de esta plaga.

Todo observador atento está al corriente del papel central de estas agencias en la creación y asesoramiento de Al-Qaeda, desde la campaña antisoviética de los años 80 en Afganistán hasta el apoyo de los grupos armados que intentan derrocar a Bashar Al-Assad en Siria. Una inmersión en un período turbulento y mal entendido de la historia reciente de los servicios especiales norteamericanos y sus principales socios.

La ‘segunda CIA’: el Safari Club

Tras el escándalo del Watergate, el Congreso impuso a la CIA severas restricciones legales y presupuestarias. En respuesta, los oficiales de la Agencia crearon una red alternativa denominada Safari Club, por el nombre de la lujosa residencia de vacaciones en Kenia en donde se reunían sus miembros. Como ha explicado el antiguo diplomático canadiense Peter Dale Scott en su última obra, “El Estado profundo norteamericano”, durante los años 70 importantes funcionarios en activo o retirados de la CIA estaban descontentos con las reducciones presupuestarias efectuadas bajo el mandato de Carter por Stansfield Turner, director de la Agencia.

En respuesta, organizaron una red alternativa denominada Safari Club. Supervisada por los servicios secretos franceses, egipcios, saudíes, marroquíes e iraníes (entonces bajo el Sah), el Safari Club estaba secundado en Washington por una “red privada de investigación”, según Joseph Trento. Esta red reagrupaba oficiales de la Agencia tales como Theodore Shackley y Thomas Clines, que habían sido marginados o desplazados por el director de la CIA Stansfield Turner. Como el príncipe (y antiguo jefe de los servicios secretos saudíes) Turki ben Faisal explicará más tarde, el objetivo del Safari Club no era solamente el intercambio de investigaciones, sino también “la explotación de operaciones clandestinas que la CIA no podía ejecutar directamente debido al escándalo del Watergate y de las reformas que siguieron”. Así se puso en marcha una especie de “segunda CIA”, hostil al presidente Carter, pero favorable al que le iba a suceder, el antiguo gobernador Ronald Reagan, un fiero oponente a los acuerdos entre Estados Unidos y la URSS.

El BCCI, la ‘segunda CIA’ y la creación de Al-Qaeda

En aquellos tiempos, el Safari Club tenía necesidad de una red de bancos para financiar sus operaciones anticomunistas. Con la bendición del director de la CIA George Bush padre, el jefe de los servicios secretos saudíes Kamal Adham transformó el banco BCCI en una auténtica lavandería internacional de dinero. Siempre según Peter Dale Scott, en los años 80, el director de la CIA William Casey tomó decisiones cruciales en la dirección de la guerra secreta en Afganistán. En cualquier caso, fueron elaboradas fuera del marco burocrático, y fueron preparadas con los directores de los servicios de investigación saudíes, con Kamal Adham en primer lugar, y luego el príncipe Turki ben Faisal. Entre estas direcciones podemos citar la creación de una legión extranjera encargada de ayudar a los muyaidines afganos a combatir a los soviéticos. En otras palabras, se trata de la puesta en marcha de una red de apoyo operativo conocida con el nombre de Al-Qaeda desde el fin de esa guerra entre la URSS y Afganistán.

Casey afinó los detalles de ese plan con los dos jefes de los servicios secretos saudíes, así como con el director del Bank of Credit and Commerce International (BCCI), banco pakistano-saudí del que Kama Adham y Turki ben Faysal eran accionistas. Haciendo esto, Casey dirigía entonces una segunda Agencia,  una CIA extraoficial, construyendo con los saudíes la futura Al-Qaeda en Pakistán, mientras que la jerarquía oficial de la Agencia en Langley “pensaba que eso era imprudente”.

Masivamente financiada por los petrodólares de los Saud, entre ellos aquellos obtenidos de las cajas negras de los contratos de armamento gestionados por su embajador en Washington, el príncipe Bandar ben Sultan, la operación de apoyo a la yihad afgana acabará en el esfuerzo de los señores de la guerra extremistas, de los traficantes de opio y de heroína en los años 80. En una obra anterior, que fue recomendada por el general Bernard Norlain, cuando dirigía Revue Défense National, Peter Dale Scott explicaba que en mayo de 1979 los servicios secretos pakistaníes de ISI pusieron a la CIA en contacto con Gulbuddin Hekmatyar, el señor de la guerra afgano que ciertamente se benefició del menor apoyo en su país.

Islamista radical, Hekmatyar era también el más importante traficante de drogas muyahidin, y el único que había desarrollado un complejo de seis laboratorios de transformación de la heroína en el Beluchistán, región de Pakistán controlada por el ISI. Esta decisión tomada por el ISI y la CIA desmiente la habitual retórica norteamericana según la cual Estados Unidos ayudaba al movimiento de liberación afgano. De hecho, apoyaban los intereses pakistaníes (y saudíes) en un país frente al cual Pakistán no se sentía seguro. Como declaró en 1994 un dirigente afgano a Tim Weiner, periodista del New York Times, “nosotros no hemos elegido a los jefes de la guerra. Estados Unidos han creado a Hekmatyar proporcionándoles armas”.

Ahora, su deseo es “que Washington los abandone y les obligue a no matarnos, para protegernos de esta gente”. Finalmente, a principios del año 2002 Hekmatyar llamará a la “guerra santa” contra Estados Unidos desde su exilio en la capital iraní, antes de instalarse en Pakistán para organizar las operaciones anti-occidentales en Afganistán.

Los petrodólares saudíes financian a los talibanes y a Al-Qaeda

En los años 90, los petrodólares saudíes y el discreto apoyo de la CIA, del MI6 y del ISI favorecieron la emergencia de los talibanes. En efecto, según el investigador y periodista británico Nafeez Ahmed, que fue consultor en las investigaciones oficiales sobre los atentados del 11 de septiembre y del 7 de julio, a partir de 1994 y hasta el 11 de septiembre, los servicios de investigación militar norteamericanos, así como de Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán han proporcionado secretamente armas y fondos a los talibanes, que cobijaban a Al-Qaeda. En 1997, Amnistía Internacional deploró la existencia de “lazos políticos estrechos” entre la milicia talibán, que había conquistado Kabul, y Estados Unidos. Bajo la tutela norteamericana, Arabia saudí continuaba financiando las madrasas. Los manuales redactados por el gobierno norteamericano a fin de adoctrinar a los niños afganos con la ideología de la yihad violenta durante la guerra fría fueron entonces aprobados por los talibanes. Se integraron en el programa base del sistema escolar afgano y fueron ampliamente empleados en las madrasas militantes pakistaníes financiadas por Arabia saudí y el ISI, con el apoyo de Estados Unidos.

En un mundo en el que, citando al general De Gaulle, “los Estados no tienen amigos, sino solamente intereses”, Nafeez Ahmed explica estas políticas clandestinas de apoyo a los talibanes en el hecho de que las administraciones Clinton y Bush esperaban servirse de estos extremistas para establecer un régimen fantoche en el país, a la manera de su bienhechor saudí. La esperanza vana y manifiestamente infundada era que un gobierno talibán asegurara la estabilidad necesario para instalar un oleoducto trans-afgano (TAPI) dirigiendo el gas de Asia central hacia Asia del sur bordeando Rusia, China e Irán. Estas esperanzas fueron canceladas tres meses antes del 11 de septiembre cuando los talibanes rechazaron las propuestas norteamericanas. El proyecto TAPI fue bloqueado a continuación, debido al control intransigente de Kandahar y de Quetta por los talibanes; en cualquier caso, este proyecto está ahora en curso de finalización, pero notoriamente sin la participación de las grandes empresas occidentales.

Recordemos que la multinacional californiana Unocal, absorbida por Chevron Texaco en 2005, negocia este proyecto con los talibanes entre 1997 y la primavera de 2001, con el apoyo del gobierno estadounidense. El régimen del mullah Omar protegía a Osama bin Laden y a sus hombres en aquel tiempo.

Siguiendo en los años 90, las políticas clandestinas de la CIA y de sus aliados británicos, saudíes y pakistaníes favorecerán el apogeo global de Al-Qaeda, una realidad documentada pero ampliamente ignorada en el mundo occidental. En este mismo artículo, Nafeez Ahmed recuerda que, como el historiador británico Mark Curtis describe minuciosamente en su sensacional libro, “Secret Affaires: La complicidad de Inglaterra con el islam radical”, los gobiernos de Estados Unidos y del Reino Unido han continuado apoyando secretamente redes afiliadas a Al-Qaeda en Asia central y en los Balcanes tras la guerra fría y por las mismas razones que anteriormente: la lucha contra la influencia rusa y ahora china, con el fin de extender la hegemonía norteamericana sobre la economía capitalista mundial. Arabia saudí, primera plataforma petrolera del mundo es el intermediario de esta estrategia anglo-americana irreflexiva.

Tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la CIA endurece su política antiterrorista deteniendo arbitrariamente, torturando y liquidando a presuntos miembros supuestos o comprobados de la red de Bin Laden en el marco de la “guerra global contra el terrorismo”. Sin embargo “hacia mediados [de la década pasada] la administración Bush decidió utilizar a Arabia saudí para enviar millones de dólares a los yihadistas asociados a Al-Qaeda, extremistas salafistas e islamistas de los Hermanos Musulmanes. La intención era reforzar a estos grupos a través de Próximo Oriente y Asia central, con el objetivo de enfrentar y rechazar la influencia geopolítica del Irán chiíta y de Siria”.

En 2007 el gran periodista Seymour Hersh informa en detalle del despliegue de esta estrategia en el New Yorker, citando cierto número de fuentes gubernamentales procedentes de los medios de la defensa y de la inteligencia en Estados Unidos y en Arabia saudí. Así, la administración Bush reivindicaba una “guerra contra el terrorismo” apoyando a la vez a grupos yihadistas a través de los servicio saudíes, una política de guerra “por delegación” que encuentra sus orígenes en Afganistán en los años 80, y que se impondrá a Siria tres decenios más tarde.

La CIA coordina el esfuerzo de guerra contra Assad

En enero de 2016, cuarenta años más tarde de la creación del Safari Club, el New York Times reveló que Arabia saudí había sido “con diferencia” el principal financiero de la guerra secreta de la CIA en Siria, bautizada como “Operación Timber Sycamore”. Este diario cita el papel principal del príncipe Bandar ben Sultan en la misma, cuando dirigía los servicios saudíes entre julio de 2012 y abril de 2014, reconociendo que esta operación de “numerosos miles de millones de dólares” anuales había llevado al reforzamiento de los grupos yihadistas en Siria, con la complicidad de la CIA. Según el Times, “los esfuerzos saudíes [en Siria] fueron dirigidos por el ostentoso príncipe Bandar ben Sultan (...) quién pidió a los espías del reino comprar millares [de metralletas] AK-47 y millones de municiones en Europa del Este para los rebeldes. La CIA ha facilitado algunas (sic) de estas compras de armamento para los saudíes, entre ellas un vasto acuerdo con Croacia en 2012. Durante el verano de ese mismo año, estas operaciones parecían estar fuera de control en la frontera entre Turquía y Siria, con los Estados del Golfo como transmisores de dinero y armas a las facciones rebeldes, incluyendo grupos de los cuales altos responsables norteamericanos tienen el temor de que estén ligados a organizaciones extremistas como Al-Qaeda”.

En realidad, pese a esos temores de Washington, la CIA coordinaba clandestinamente desde enero de 2012 al menos dos redes de aprovisionamiento de armas financiadas por las petromonarquías del Golfo y Turquía: una serie de entregas aéreas desde los Balcanes, que fue recientemente objeto de una profunda investigación del BIRN y de la OCCRP, confirman el papel central de la CIA en ese tráfico ilegal de armas; y otra vía de aprovisionamiento desde Libia, según las revelaciones nunca desmentidas del periodista de investigación Seymour Hersh.

Fuente: http://maximechaix.info/?p=3605

Los aliados ‘marxistas’ del imperialismo en Oriente Medio

Bandera del PJAK kurdo
Ayer el presidente de Irán, Hasan Rohani, se entrevistó en Nueva York con el de Turquía, Erdogan. Tras la reunión, Rohani manifestó que Irán siempre y en todas las etapas será un amigo y hermano de Turquía: “Estamos dispuestos a desarrollar nuestras relaciones con Ankara en todos los ámbitos, incluido el transporte, la industria y la energía”.

El dirigente iraní expresó su apoyo a la “amistosa y fraterna Turquía”. Por otro lado, Rohani transmitió en nombre de Teherán una “profunda tristeza” por la intentona golpista en Turquía y expresó su disposición a ayudar a recuperar la estabilidad y la seguridad en el país otomano.

Rohani señaló que el fallido golpe de estado se produjo en Turquía tras una serie de incidentes que algunas potencias habían planificado “contra nuestra región”, añadiendo: “No tenemos la menor duda de que con el esfuerzo y el empeño conjunto podremos paralizar el camino que el enemigo ha planeado contra nosotros”.

“El terrorismo es una amenaza contra todos, y el papel de ambos países en la lucha contra el terrorismo y la inseguridad en la región, especialmente en Siria e Iraq, tiene mucha importancia”, explicó el presidente iraní.

Cuando Rohani se refiere al terrorismo no sólo incluye a los yihadistas, sino también al PJAK, que es la delegación del PKK en Irán, y cuando se refiere al enemigo, alude al imperialismo. Para Irán se trata de los diferentes brazos de la misma hidra, contra la que está empeñado en una batalla desde la revolución de 1979.

En Irán ya existían dos organizaciones independentistas kurdas, el PDKI y Komala, mientras que en 2004 los imperialistas fundaron una tercera, el PJAK, tras la invasión de Irak porque las otros dos estaban en una situación de extraordinaria debilidad. El imperialismo necesita un movimiento independentista fuerte bajo su control.

Tras la invasión de Irak, los imperialistas querían llevar la guerra al interior de Irán con el PJAK y la OMPI. En agosto de este año, un dirigente del PJAK, Siyamend Moini, declaraba con motivo de los enfrentamientos en Hasaka, entre kurdos y sirios:

“Iran tiene que entender claramente que cualquier tipo de ataque a Rojava no va a acabar en Rojava. Existe una probabilidad de estalle una guerra dentro de Irán. Hay fuerzas gigantescas que desean transferir esta guerra a Irán con todas sus fuerzas. Cualquier contra nuestro movimiento también es un ataque contra nosotros [PJAK] y la posición y la reacción del PJAK sobre ese asunto está clara. Irán teme el estallido de una guerra civil. Con los cambios que han ocurrido en los gobiernos regionales, cambios en la naciones-estados, es inevitable. Esos cambios pueden ser como los que han ocurrido en Irak y en Siria o se pueden hacer de manera pacífica. Si Irán no elige la segunda opción, una guerra civil es inevitable” (1)

La sucursal del PKK en Irán no se preocupa por ocultar su naturaleza servil hacia el imperialismo. En 2015 desató una “intifada” en Irán inspirada en la Primavera Árabe, a partir de la cual se habría de desencadenar una guerra, continuación de las de Irak y Siria.

La base de operaciones del PJAK es la misma que la del PKK: las montañas Qandil, a 15 kilómetros de la frontera de Irán, donde las fuerzas de ambas organizaciones son entrenadas por consejeros militares estadounidenses, israelíes y británicos.

Lo mismo que en Siria con el PYD, el uso de una marca diferente se debe a que el PKK está en el listado de organizaciones de naturaleza terrorista de Estados Unidos y del Consejo Europeo, lo que no ocurre con el PJAK y permite una financiación abierta de dicha organización.

Hasta ahora ha habido otro motivo adicional diferenciador: mientras Turquía ha sido un aliado fiel del imperialismo, Siria e Irán son Estados cuya destrucción es uno de los objetivos primordiales del imperialismo. En este empeño, tanto el PYD como el PJAK son meros instrumentos. Por el contrario, el apoyo al PKK por parte de Estados Unidos sólo ha aparecido a la luz más recientemente y ha provocado un golpe de Estado en Turquía, como ha manifestado Rohani de forma indirecta.

Dos años después de la fundación del PJAK, la Secretaria de Estado Condolezza Rice aprobó un aumento de 75 millones de dólares para el fondo de propaganda antigubernamental y grupos de la oposición que operaban dentro de Irán, lo que promovió una carta del congresista Dennis Kucinich dirigida al presidente Bush en la que le preguntaba si la Casa Blanca “coordinaba y apoyaba” al PJAK desde Irak, aprovechando la ocupación militar derivada de la guerra.

Bush negó cualquier apoyo a dicha organización, a pesar de que los propios militantes reconocen que se trata de la misma organización. El año pasado el Wall Street Journal publicó un amplio reportaje que tituló “Los aliados marxistas de América contra el Califato Islámico”. El PKK son esos “marxistas” aliados con el imperialismo. En una entrevista, una militante, Zind Ruken, destacaba los vínculos entre las diferentes sucursales de la misma organización: “A veces soy un PKK, a veces soy un PJAK, a veces soy un YPG. Eso no es realmente importante. Todos son miembros del PKK”(2).

No nos preguntaremos ahora por las razones que tuvo uno de los más autorizados portavoces mediáticos del imperialismo para entrevistar a unos “marxistas” que, además, también están considerados como “terroristas” en Estados Unidos.

Ni unos (imperialistas) ni otros (PKK) se han preocupado por esconder sus mutuos vínculos, en donde la sacrosanta cruzada contra el Califato Islámico sólo desempeña el papel de coartada. De otra manera no se explica que esa alianza se haya trabado también con el PJAK, cuyo campo de batalla es Irán.

El 12 de junio de 2006 un portavoz del PJAK, Ihsan Warya, no escondió a la revista Slate que al PJAK le gustaría convertirse en un “agente de Estados Unidos”, trabajar conjuntamente con el imperialismo contra Irán, por lo que se sentían decepcionados de que no hubieran establecido contacto. La cooperación del imperialismo con los kurdos durante la guerra de Irak, decía el portavoz, contrastaba con el vacío hacia los kurdos que luchan contra el gobierno de de Teherán (3).

Según el periodista Seymour Hersh, la creación del PJAK en 2004 fue iniciativa de Estados Unidos, para lo cual con el apoyo del ejército israelí (4).

A finales de 2006, un dirigente del PKK admitía a la prensa libanesa que Estados Unidos había contactado con los kurdos que luchaban en Irán. Añadía además que si Estados Unidos estaba interesado en el PJAK, tambien estaba interesado en el PKK, ya que ambos grupos eran miembros del KCK (Confederación Democrática de Kurdistán) (5).

En agosto del año siguiente, Haji Ahmadi, máximo responsable del PJAK visitó Washington para ampliar la ayuda política y militar de Estados Unidos al movimiento kurdo iraní. Luego trató de rebajar el alcance de la vista, afirmando que sólo llevó a cabo “contactos limitados”.

Sin embargo, Biryar Gabar, un comandante del PJAK de Sanandaj reconoció a Newsweek que las reuniones de Haji Ahmadi en Washington fueron “al más alto nivel” y que versaron “sobre el futuro de Irán”.

En una entrevista concedida en abril de 2009 al diario turco Akşam, el presidente del Consejo Asesor de Inteligencia de la Casa Blanca entre 2001 y 2005, Brent Scowcroft, admitió que Estados Unidos “apoyó y promovió” al PJAK en la época de Bush, mientras que Obama dejó de hacerlo posteriormente (6).

El apoyo al PJAK, en el que también está involucrado el Estado de Israel, no es ningún secreto sino un asunto bastante documentado en el mundo universitario. Eso favorece que la bibliografía al respecto empiece a ser abundante. Por ejemplo, así lo afirma Nader Entessar de la Universidad del Sur de Alabama (7)

Lo mismo sostiene Suleyman Elik de la Universidad Medeniyet de Estambul (8). En idéntica línea, Robert Scheer y Reese Erlich han escrito recientemente que Israel está apoyando la lucha armada del PJAK dentro de Irán, aunque mantiene en secreto su ayuda (9).

Notas:

(1) http://rojhelat.info/en/?p=9146
(2) http://www.wsj.com/articles/americas-marxist-allies-against-isis-1437747949
(3) http://www.slate.com/id/2143492/?nav=fo
(4) The Next Act, The New Yorker, 19 de noviembre de 2006 (http://www.newyorker.com/fact/content/articles/061127fa_fact).
(5) http://www.dailystar.com.lb/article.asp?edition_id=10&categ_id=2&article_id=77119
(6) Ihsan Bal, M. Turgut Demirtepe, USAK Yearbook of Politics and International Relations International Strategic Research Organization (USAK), vol. 5, 2012, pg. 43.
(7) Kurdish Politics in Regional Context, In Kurdish Politics in the Middle East, Rowman & Littlefield, 2010, pg. 205.
(8) Iran-Turkey Relations, 1979-2011: Conceptualising the Dynamics of Politics, Religion and Security in Middle-Power States, Routledge, 2013, pgs. 91-92.
(9) Iran Agenda: The Real Story of U.S. Policy and the Middle East Crisis, Routledge, 2016, pg. 140.