sábado, 20 de julio de 2019

Los campos de concentración en Estados Unidos: de los indios a los emigrantes pasando por los vietnamitas

Brett Wilkins

La diputada Alexandria Ocasio-Cortez ha provocado una ola de críticas, tanto en la “izquierda” como en la “derecha”, así como en los medios de comunicación, al describir los centros de detención de inmigrantes en Estados Unidos como “campos de concentración”. A pesar de ello Ocasio Cortés no se retractó, citando a expertos académicos y acusando al gobierno de Trump de detener por la fuerza a los emigrantes indocumentados en lugares “donde son maltratados, en condiciones deshumanizantes y donde mueren”.

“Estados Unidos ya organizó campos de concentración cuando reunimos a los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial”, escribió en Twitter. “Es una historia tan vergonzosa que la ignoramos en gran medida. Estos campos aparecen en el curso de nuestra historia. Igual que ahora”. Lo que sigue es un resumen de los campos de concentración civiles en Estados Unidos a lo largo de los años. Los campos de prisioneros de guerra, por horribles que sean, han sido excluidos debido a su condición jurídica en virtud de los Convenios de Ginebra.

Medio siglo antes de que el presidente Andrew Jackson firmara la Ley de Traslado de Indios en 1830, un joven gobernador de Virginia, Thomas Jefferson, proclamó el genocidio y la limpieza étnica como la “solución” a lo que más tarde se llamaría el “problema indio”. En 1780 Jefferson escribió “debemos hacer campaña contra estos indios y el objetivo debe ser su exterminio o desplazamiento a través de los lagos del río Illinois”. A partir de Jackson se introdujeron los llamados “depósitos de emigración” como parte integrante de la política oficial de traslado de los indios de Estados Unidos. Decenas de miles de Cherokis, Muscoguis, Seminolas, Chickasaw, Choctaw, Ponca, Winnebago y otros pueblos indígenas fueron forzados a punta de pistola a abandonar sus hogares y trasladados a campos de prisioneros en Alabama y Tennessee.

El hacinamiento y la falta de instalaciones sanitarias provocaron brotes de sarampión, cólera, tos ferina, disentería y tifus, mientras que la falta de alimentos y agua y la exposición a los elementos causaron muertes e inmensos sufrimientos. Miles de hombres, mujeres y niños murieron de frío, hambre y enfermedades en los campos y en las marchas de la muerte, incluida la famosa ruta de las lágrimas, que tenía cientos y a veces incluso más de 1.600 kilómetros de largo. El presidente Jackson explicó que esta traslado genocida fue una “política benévola” del gobierno de Estados Unidos y que los amerindios “no tienen ni la inteligencia, ni la industria, ni los hábitos morales, ni el deseo de mejorar” necesarios para vivir en paz y libertad. “Establecidos en medio de una... raza superior, y sin apreciar las causas de su inferioridad... deben necesariamente ceder a la fuerza de las circunstancias y a la larga desaparición”, dijo Jackson en su discurso sobre el Estado de la Unión en 1833, el hombre al que Donald Trump nombró su presidente favorito.

Décadas después, cuando los sioux y otros pueblos indígenas resistieron la invasión blanca y el robo de sus tierras, el gobernador de Minnesota, Alexander Ramsey, respondió con un nuevo llamamiento al genocidio y la limpieza étnica. “Los indios sioux de Minnesota deben ser exterminados o expulsados permanentemente más allá de las fronteras del estado”, dijo en 1862, ofreciendo una bonificación de 200 dólares (más de 5.000 dólares en dinero actual) por el cuero cabelludo de cualquier indio fugitivo o resistente. Alrededor de 1.700 mujeres, niños y ancianos de Dakota fueron llevados a la fuerza a un campo de concentración construido en un lugar sagrado. Muchos nunca llegaron. Según Jim Anderson, presidente de la tribu Mendota Dakota, “muchos de nuestros seres queridos murieron durante aquella marcha. Fueron asesinados por los colonos cuando cruzaban pueblos pequeños. Los bebés fueron sacados de los brazos de sus madres y asesinados, luego las mujeres... fueron fusiladas o perforadas con bayonetas”, los supervivientes tuvieron que sufrir severas tormentas invernales, enfermedades y hambre. Muchos no sobrevivieron al invierno”.

Dos años después, el general de la Guerra Civil James Henry Carleton, un asesino indio, obligó a 10.000 navajos a caminar 480 kilómetros en pleno invierno desde su tierra natal en el área de Four Corners hasta un campo de concentración en Fort Sumner, Nuevo México. Formaba parte de una campaña de tierra quemada durante la cual el famoso pionero Kit Carson trató de eliminar a los navajos, cientos de los cuales murieron o fueron esclavizados por colonos blancos y tribus rivales durante lo que se conoció como la Larga Marcha. Los que sobrevivieron a la marcha de la muerte a Fort Sumner sufrieron hambre, falta de leña para calentar y cocinar, frío extremo y enfermedades devastadoras. Las humillaciones diarias incluían la prohibición de las oraciones, las ceremonias espirituales y los cantos.

Se estima que aproximadamente 1.500 personas murieron durante su internamiento en Fort Sumner, muchas de ellas bebés y niños.

Más o menos al mismo tiempo, el ejército de la Unión [nórdico, “antiesclavista”] buscaba esclavos liberados en los territorios confederados y los obligaba a trabajar en los llamados “campos de contrabando” asolados por las enfermedades porque los soldados del norte consideraban a los esclavos fugados o liberados como botín de guerra. “Hay muchas enfermedades, sufrimiento y miseria”, escribió James E. Yeatman, de la Comisión de Salud, después de visitar uno de estos campos cerca de Natchez, Mississippi, en 1863. “No hay una casa en la que no haya entrado la muerte... 75 personas murieron en un solo día... algunas regresaron a sus amos a causa de su sufrimiento”. En un campamento ubicado en Young’s Point, Louisiana, Yeatman de las “terribles enfermedades y muertes”, con 30 a 50 personas muriendo cada día de enfermedad y hambre. Un campamento cerca de Natchez, Mississippi, albergaba hasta 4.000 refugiados negros en el verano de 1863; para el otoño, ya habían muerto 2.000 personas, la mayoría niños infectados con viruela y sarampión.

Los suburbios del infierno

Después de que los pueblos indígenas dejaron de obstaculizar su “destino manifiesto”, Estados Unidos se propuso convertirse, por medio de la conquista y la expansión en el extranjero, en una potencia imperial hegemónica. Tras el derrocamiento de la monarquía en Hawai y la anexión de sus islas, se libró una guerra contra España, que llevó a la toma de las primeras colonias americanas en Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas. Cuando los filipinos se resistieron, los comandantes estadounidenses reaccionaron con extrema crueldad. Haciéndose eco de Andrew Jackson, el presidente William McKinley llamó a esta operación “una asimilación benévola” de Filipinas al creciente imperio estadounidense.

Mientras que el general, “Infierno” Jake Smith ordenó a sus tropas “matar a todos los mayores de 10 años”. En Samar, el futuro presidente William Howard Taft, administrador colonial norteamericano del archipiélago, lanzó una campaña de “pacificación” que combinaba tácticas contrainsurgentes de tortura y ejecuciones sumarias con la deportación y el encarcelamiento en los llamados campos de concentración reconcentrados, que un comandante denominó “los suburbios del infierno”. El general J. Franklin Bell, que espera ansiosamente su nuevo puesto como comandante de las infames batangas reconcentradas, dijo que “toda consideración y respeto por la gente de este lugar cesará desde el día en que me convierta en comandante”.

Lo decía en serio. En diciembre de 1901 Bell dio a los habitantes de los batangas dos semanas para que dejaran sus casas y fueran al campo. Todo lo que dejaron atrás. Sus hogares, granjas, ganado, suministros de alimentos y herramientas, fue robado o destruido por las tropas estadounidenses. Los que se negaron a presentarse en el campo fueron asesinados a tiros, al igual que los prisioneros al azar, cuando los insurgentes mataron a un estadounidense. Las condiciones fueron más allá del horror en muchos reconcentrados. El hambre, las enfermedades y la tortura, incluido el submarino, una simulación de ahogamiento, eran frecuentes. En algunos campamentos, hasta un 20 por ciento de los internados muerieron.

Cuando trataron de apoderarse de comida, 1.300 prisioneros batangas fueron forzados a cavar fosas comunes antes de ser fusilados, 20 a la vez, y enterrados allí. “Para mantenerlos prisioneros, los soldados tenían que recibir raciones más reducidas”, explicó un soldado. “No había más remedio que matarlos”.

Durante las dos guerras mundiales, miles de alemanes, germano-americanos y latinoamericanos fueron encarcelados en campos de concentración a lo largo de Estados Unidos. Sin embargo, su raza y su grado de asimilación relativamente alto los salvó. El internamiento y las condiciones de la mayoría de los estadounidenses de origen alemán eran mucho mejores que en los campos estadounidenses anteriores. Los estadounidenses de origen japonés no tuvieron tanta suerte.

Tras el ataque a Pearl Harbour, Roosevelt emitió el Decreto 9066 en virtud del cual todas las personas de ascendencia japonesa que vivían en la costa oeste debían ser reunidas y encarceladas en docenas de centros de reunión civiles, donde estaban hacinadas, a menudo obligadas a dormir en establos sobre el estiércol, centros de realojamiento, bases militares y “centros de aislamiento ciudadano”, campamentos de cárceles oscuras en el desierto, donde se encarcelaba a los “prisioneros problemáticos”, incluidos aquellos que se negaban a jurar lealtad a Estados Unidos-. Las condiciones variaban de un campamento a otro, pero el hacinamiento, la falta de agua, la escasez de combustible y el racionamiento de los alimentos eran comunes. Muchos campos estaban ubicados en desiertos aislados, infestados de escorpiones y serpientes.

Curiosamente, miles de estadounidenses de origen japonés se ofrecieron como voluntarios para luchar por el país que los encarceló por su origen étnico. Fueron algunas de las tropas estadounidenses más condecoradas de la guerra. Al mismo tiempo, el Tribunal Supremo se unió al gobierno en tres casos presentados por estadounidenses de origen japonés para impugnar la constitucionalidad de su detención. Atrapado en la histeria racista del “peligro amarillo”, la población estadounidense consintió claramente un encarcelamiento inconstitucional masivo. El internamiento duró toda la guerra, a veces más tiempo, ya que muchos detenidos descubrieron que sus casas, negocios y propiedades habían sido robados o destruidos tras su liberación definitiva. El presidente Ronald Reagan se disculpará oficialmente y firmó una indemnización de 20.000 dólares anuales para los ex detenidos en 1988.

Además de japoneses y algunos alemanes, un número menor de italianos e italo-americanos también fueron encarcelados durante la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo ocurre con los nativos aleutianos de Alaska, que fueron evacuados por la fuerza antes de que sus aldeas fueran completamente quemadas para evitar que cualquier invasión de las fuerzas japonesas las utilizara. Casi 900 alemanes fueron encarcelados en fábricas abandonadas y otras instalaciones, sin agua, electricidad ni retretes; la comida decente, el agua potable y la ropa de abrigo eran escasos. Cerca del 10 por ciento de los detenidos en los campos murieron. Otros fueron esclavizados y obligados a cazar focas.

Campos de concentración para los comunistas

En los primeros años de la Guerra Fría, el Congreso aprobó la Ley de Control de Actividades Subversivas de 1950 sobre el veto del Presidente Harry Truman, que condujo a la construcción de seis campos de concentración para contener a comunistas, pacifistas, defensores de los derechos civiles y otros que podrían representar una amenaza en caso de que el gobierno declarara el estado de emergencia. Esta ley fue confirmada por el Tribunal Supremo durante los años de McCarthy del “pánico rojo”, aunque en la década de 1960, el Tribunal Supremo dictaminó que las disposiciones que exigían a los comunistas que se registraran con el gobierno y que les prohibían tener un pasaporte o un empleo en el gobierno eran inconstitucionales. Los campos, que nunca se utilizaron, se cerraron a finales de la década.

En una atrocidad poco conocida, al menos 3.000 okinawenses murieron de malaria y otras enfermedades en campos establecidos por las tropas estadounidenses después de conquistar las islas japonesas en los violentos combates en 1945. Durante y después de la guerra, las tierras y hogares de los pueblos indígenas, las armas de fuego y las granjas fueron demolidas o quemadas para dejar paso a docenas de bases militares estadounidenses. Unos 300.000 civiles se vieron obligados a ingresar en esos campos; el superviviente Kenichiro Miyazato recordó entonces que “había muerto demasiada gente, por lo que los cuerpos tuvieron que ser enterrados en una sola fosa común”.

Por su alcance, ningún régimen de campos de concentración de Estados Unidos podría competir con el Programa Estratégico de Hamlet. En 1961, el presidente John F. Kennedy aprobó el traslado forzado, a menudo a punta de pistola, de 8,5 millones de campesinos de Vietnam del sur a más de 7.000 campos fortificados, rodeados de alambre de púas, campos minados y guardias.

Esto se hizo para matar de hambre a la creciente insurgencia del Vietcong, privándola de alimentos, refugio y nuevos reclutas. Sin embargo, pocos “corazones y mentes” se ganaron, y muchos se perdieron, cuando las tropas estadounidenses y vietnamitas del sur prendieron fuego a los hogares de sus habitantes ante sus ojos antes de que los alejaran de sus tierras y de sus lazos espirituales más profundos con sus venerados antepasados.

Aunque la investigación de los campos de concentración estadounidenses no incluye los campos de prisioneros de guerra, la guerra mundial contra el terrorismo que comenzó durante el gobierno de George W. Bush después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos ha desdibujado las fronteras. Detención de combatientes y civiles. Según el coronel Lawrence Wilkerson, jefe de gabinete del entonces secretario de Estado de Bush, Colin Powell, la mayoría de los hombres y niños encarcelados en la prisión militar de Guantánamo eran inocentes, pero estaban detenidos por razones políticas o para obtener un “mosaico” de inteligencia. Civiles inocentes también han sido encarcelados en prisiones militares, algunas de ellas secretas, en Irak, Afganistán y otros lugares. Muchos detenidos fueron torturados y murieron bajo la custodia de Estados Unidos. Algunos de estos hombres han estado detenidos sin cargos ni juicio durante 17 años, mientras que otros, considerados demasiado inocentes para ser acusados, siguen encarcelados en GITMO, a pesar de podían haber sido liberados hace muchos años.

Ahora es el turno de los migrantes, y a pesar de las feroces protestas de quienes cometen o justifican el crimen de capturar a bebés y niños de los brazos de sus padres y encarcelarlos en celdas gélidas, que los funcionarios del gobierno de Trump han descrito eufemísticamente como “campamentos de vacaciones”, no cabe duda de que los campos de concentración están de nuevo operativos en suelo estadounidense. El intento del gobierno de Trump de describir el encarcelamiento de niños como algo feliz recuerda inmediatamente a las películas de propaganda de la Segunda Guerra Mundial que muestran a los prisioneros de origen japonés felices de vivir... detrás de un alambre de púas.

El actor George Takei, que fue internado con su familia durante la guerra, era todo menos feliz. “Sé lo que son los campos de concentración”, dijo en medio de la controversia actual. “Me internaron en dos de ellos. En Estados Unidos. Y sí, de nuevo estamos abriendo ese tipo de campos”. Takei observó una gran diferencia entre ayer y hoy: “Al menos durante el internamiento de estadounidenses de origen japonés, nosotros y los demás niños no fuimos privados de nuestros padres”, escribió, añadiendo que “‘al menos durante el internamiento’ eran palabras que pensé que nunca más tendría que repetir”.

https://www.counterpunch.org/2019/06/21/a-brief-history-of-us-concentration-camps/

Los trabajadores de Amazon establecen las primeras bases de la lucha sindical en Estados Unidos

Los días de mayor venta de Amazon  el 15 y 16 de julio -llamados Prime Days- han estado marcados por la huelga de los trabajadores y las protestas en Estados Unidos y Alemania. Las protestas estuvieron semicoordinadas, apuntando a Amazon cuando sus almacenes están operando a plena capacidad y la empresa está bajo el fuego de los medios de comunicación.

En Alemania los trabajadores de Amazon organizandos en el sindicato Ver.di han estado en huelga durante dos días como parte de una lucha salarial sostenida. El sindicato dijo que 2.000 trabajadores participaron en siete instalaciones.

Mientras tanto, en Estados Unidos un pequeño grupo de trabajadores abandonó el centro de ejecución de Shakopee cerca de Minneapolis. Otros en un almacén de Chicago se acercaron a su jefe directamente con demandas. Trabajadores y simpatizantes de la región se reunieron para manifestarse frente a dos almacenes en Portland, Oregón.

Al mismo tiempo, organizaciones de derechos de los inmigrantes organizaron manifestaciones en ocho ciudades de Estados Unidos para denunciar la colaboración de Amazon con la policía de inmigración y aduanas (ICE). Amazon aloja la base de datos en línea que la policía usan para rastrear a los inmigrantes que están tratando de deportar. El mitin de la ciudad de Nueva York se llevó a cabo en la terraza de una vivienda de 80 millones de dólares de Jeff Bezos, el propietario de Amazon.

El centro de ejecución de Shakopee, un suburbio de Minneapolis, fue el escenario de algunas de las manifestaciones más conflictivas y exitosas hasta la fecha. Dos veces en el último año, los trabajadores de los almacenes de Amazon han parado para protestar contra objetivos de productividad cada vez mayores y la discriminación contra los trabajadores musulmanes.

Estas acciones, apoyadas por el Awood Center, un centro de trabajadores del este de África con sede en la comunidad de Minnesota, condujeron a las primeras negociaciones entre Amazon y una organización sindical estadounidense. Los trabajadores afiliados al centro se han organizado en torno a la declaración “Somos humanos, no robots” y también hacen campaña contra las represalias y los problemas de salud y seguridad.

Apoyados por el ejemplo de Minneapolis, los trabajadores de un centro de reparto de Amazon en Chicago el 16 de julio iniciaron su propia acción el Prime Day. Entrevistaron a sus compañeros de trabajo para formular demandas y acordaron tres: aire acondicionado, seguro médico y un salario de 18 dólares por hora a lo largo de cada semana de trabajo.

30 trabajadores del turno de noche ocuparon la oficina de un jefe de equipo durante un descanso a las 2:30 de la madrugada para dar a conocer sus demandas. Después de un animado regreso, acordaron reunirse con el gerente del almacén.

“Nuestro objetivo de hoy era conseguir una reunión con la persona que tiene la capacidad de tomar decisiones sobre nuestras exigencias”, dijo uno de los que participó en la acción. “Sabíamos que el mejor escenario era conocer al encargado del sitio y eso es lo que hicimos”.

Después de la reunión, la delegación volvió al trabajo y completó su programa. Los trabajadores que no habían participado estaban ansiosos por saber qué había sucedido. “Otros trabajadores vieron que podíamos hacer que la empresa se ocupara de nosotros”, dice un trabajador que clasifica los paquetes para la entrega. “La gente me hacía preguntas, se ponía en contacto conmigo después de la acción. Esto ha aumentado nuestra visibilidad”.

Los centros de entrega son el último paso en la cadena de almacenes de Amazon. Los artículos llegan ya empaquetados de instalaciones situadas en el inicio de la cadena de suministro, incluidos los centros de procesamiento de pedidos como Minnesota. Los trabajadores de los centros de entrega clasifican los paquetes y los cargan en furgonetas para su entrega. Estas instalaciones han proliferado en los principales centros urbanos como parte del esfuerzo de entrega en un día o en el mismo día.

Los trabajadores del almacén de Chicago normalmente ganan 15 dólares la hora. Como incentivo los jefes han prometido pagar 18 dólares por cada hora extra trabajada a turnos, pero la tarifa más alta sólo se aplica a las horas extras y no a todo el horario de trabajo.

Muchos trabajadores no tienen suficientes horas de trabajo para disfrutar sel seguro médico de la empresa. En Estados Unidos el seguro médico depende en gran medida del tipo de contrato de la empresa.

Un almacén de Amazon puede calentarse mucho porque sus paredes y techo son de metal. En 2012 la empresa anunció que estaba instalando aire acondicionado en sus centros de ejecución después de un cuidadoso escrutinio público e incidentes de alto perfil. Pero el aire acondicionado no se ha instalado en otros almacenes.

En el de Minnesota los trabajadores organizaron una huelga el 15 de julio y se unieron a los piquetes. Informaron que los jefes y la policía estaban vigilando la salida del almacén para averiguar quién paraba, lo que tuvo un efecto disuasivo sobre la participación.

Los organizadores esperaban que 100 trabajadores dejaran la empresa. Al final lo hicieron muchos menos. Sin embargo, los trabajadores y los partidarios de la huelga organizaron un piquete, bailaron y se reunieron hasta que la lluvia y una tormenta terminaron con la acción.

En el mitin estuvo al menos un miembro del sindicato local de trabajadores del transporte 1224, el Sindicato de Pilotos Aéreos Atlas, que es responsable del transporte de las mercancías de Amazon. El sindicato 1224 fue bloqueado durante las negociaciones del contrato con Atlas Air y públicamente atacado por Amazon. En mayo, los miembros convocaron un piquete frente a la junta de accionistas.

Uno de los temas importantes de la huelga de Minnesota fue el alto índice de accidentes debido a la búsqueda constante de productividad. Amazon mantiene una unidad de cuidado en el lugar, AmCare. Los trabajadores dicen que esta unidad es insuficiente para satisfacer sus necesidades en un lugar de trabajo con muchos problemas de salud y seguridad.

“Incluso si se lo pido [a un médico] no te lo da”, dijo Mohamed Hassan, un empleado de Shakopee, a través de un traductor. “No hay médicos en la unidad, ni siquiera una enfermera. Uno de los jefes de Amazon está presente”.

“La gente tiene miedo de ir a AmCare en mis instalaciones”, dice Kimberly Hatfield-Ybarra, una trabajadora de Dallas Amazon que voló a Minneapolis para apoyar la acción. “Porque es tu primer paso hacia la puerta”, dijo en referencia al despido.

El aumento de las cuotas de productividad de Amazon obliga a los trabajadores de los almacenes a elegir entre su salud y el cumplimiento de los estándares cuantitativos (digitalizados). Muchos de ellos se rinden rápidamente debido a la presión o son despedidos.

“Si no vas lo suficientemente rápido, ¿cómo vas a ir al baño?”, dijo Sahro Sharif, un recogepedidos de la fábrica de Shakopee. “Si tienes miedo de no cumplir los objetivos, no quieres correr el riesgo. Las personas mayores, que no pueden alcanzar los objetivos, tienen aún más miedo a perder su trabajo”.

La batalla del agua

Los trabajadores de la planta de Chicago ya han tomado medidas para obtener agua potable decente.

“Sólo había dos o tres estaciones de agua de tanque en el almacén, que siempre estaban sucias y vacías”, dice un trabajador. Los trabajadores hicieron circular un pliego de firmas, que recogió 140 firmas -cerca de un cuarto de la fuerza de trabajo- y la entregaron en una reunión durante el cambio de turno.

La acción tuvo resultados rápidos. Los jefes se apresuraron a comprar agua y a distribuirla a todos durante las horas de trabajo de los equipos. En pocas semanas habían instalado sistemas de agua filtrada y distribuido agua embotellada a todo el mundo.

Después de esta victoria los organizadores escribieron una declaración describiendo lo que habían hecho y cómo habían ganado y la distribuyeron a sus colegas en media página de papel. “Recibimos muchos comentarios positivos”, dice Miller. “La gente ha empezado a sugerir que también nos ocupemos de otros asuntos”.

Los militantes de Chicago se inspiraron en la huelga de Shakopee y esperan inspirar a otros trabajadores de Amazon. “Me gustaría que otros escucharan sobre lo que hacemos y lo tomaran como algo propio”, dice un trabajador. “Demostramos que es factible, y que la gente debería intentar algo en vez de no hacer nada”.

viernes, 19 de julio de 2019

Rusia blinda sus fronteras frente al despliegue militar de la OTAN

Sistema de rades rusos en el Ártico
Valentin Vasilescu

Rusia es un baluarte A2/AD (antiacceso/denegación de zona), equipado con radares de alto rendimiento y sistemas de misiles antibalísticos que hacen impenetrable todo el territorio del país.

Los ejércitos de Estados Unidos y los principales socios de la OTAN y de la región del Pacífico se basan en grupos de invasión naval, con helicópteros y portaaviones que transportan aviones F-35 que son “invisibles” al radar. Con fuerzas de invasión muy grandes, la infraestructura de mando es un mosaico de sistemas cibernéticos que sólo serán compatibles con su despliegue en el teatro de operaciones.

Aunque es miembro de la OTAN y ocupa una posición estratégica en el flanco oriental de la organización, Rumania no representa mucho debido a la falta de conocimiento de la ciencia militar, teniendo en cuenta los planes implementados por el Ministerio de Defensa Nacional.

Rusia no ha adoptado el mismo método que Occidente, pero ha invertido mucho en equipos automatizados para la gestión de todas las categorías de fuerzas armadas. Posteriormente, ha desarrollado sistemas C4I (mando, control, comunicaciones, informática, inteligencia) que integran y unifican las categorías de fuerzas en un teatro de acción bajo un mando único. Cada C4I dispone de sus propias instalaciones de memoria y servidores, equipados con potencia de procesamiento de última generación, utilizando microprocesadores y equipos de comunicación por satélite. Un capítulo en el que Rumanía brilla por su ausencia a pesar de que, en 1989, contaba con el complejo Almaz 2 para la gestión de la aviación y la defensa AA durante los combates.

El C4I es la interfase operativa de todos los sistemas de armamento de reconocimiento, guerra electrónica y defensa que ha permitido la creación de baluartes impenetrables A2/AD. Los sensores gestionados por un sistema C4I incluyen redes de radar convencionales y antibalas (Voronezh VP, DM y M, Daryal, Volga con un alcance de 2.000 a 6.000 kilómetros). Al mismo tiempo, el C4I utiliza sistemas de radar rusos OTH capaces de detectar los llamados aviones “invisibles”, como el radar 29B6 Container y Podsolnukh-E. El C4I también gestiona todos los equipos de guerra electrónica que evitan la vigilancia aérea y espacial, interfiriendo los sistemas de detección y orientación a bordo de los aviones de ataque enemigos (1RL257 Krasucha-4, 1L267 Moscú-1 y Borisoglebsk-2).

El C4I toma el control de las bases aéreas (incluyendo aviones armados con misiles Kinzhal hipersónicos y misiles de crucero KH-101 “invisibles” al radar), defensa antiaérea (Pantsir, Buk, S-350, S-400, etc.). Cada C4I también subordina los sistemas de misiles tierra-tierra Iskander M, los sistemas antibuque K-300P Bastion-P y Bal, los sistemas de misiles de crucero Kalibr y Zirkon a bordo de los buques y submarinos de las distintas flotas (Báltico, Mar Negro, Mar del Norte), etc.

Rusia ha creado bastiones A2/AD alrededor de San Petersburgo, el enclave de Kaliningrado, Moscú, Crimea y la base aérea de Lattakia (Siria). ¿Qué ha impedido a Rumanía construir algo similar a Dobrogea, incluso a nivel microscópico, en los últimos 30 años?

Los bastiones A2/AD se están instalando en unas 5 ó 6 grandes bases aéreas terrestres en la zona polar. Las fuerzas pertenecen al 14 Cuerpo del Ejército ruso en cooperación con la flota rusa del Norte y la 6 Fuerza Aérea que defiende las regiones de Murmansk, Arjangelsk y Nenets.

https://www.ziaruldegarda.ro/unde-are-rusia-bastioanele-invizibile-a2-ad-cu-radare-clasice-si-antibalistice-care-fac-impenetrabil-teritoriul-tarii/

 

Países islámicos apoyan la política del gobierno chino hacia los uigures y musulmanes

Regularmente las grandes cadenas de prensa y las ONG que alimentan sus intoxicaciones se reinventan a sí mismas con los campos de concentración en los que el gobierno chino recluye a un millón de musulmanes uigures.

Forma parte de la doblez con la que el imperalismo y sus medios de propaganda tratan al islam. Por un lado, desde 2001 lo utilizan en sustitución de la URSS y el comunismo. Nos meten el miedo en el cuerpo con el islam, su fanatismo, sus atentados y sus “lobos solitarios”.

Por el otro, el islam es rentable cuando se trata de Rusia o de China. Entonces los musulmanes no nos deben dar miedo sino pena porque en esos países viven oprimidos. Hay que apoyarles y suministrarles misiles portátiles Stinger tierra-aire.

¿Qué opinan los musulmanes del trato que reciben sus correligionarios en Rusia y en China?, ¿no se solidarizan con ellos?, ¿no exigen a Putin y a Xi Jinping que los liberen de los campos de concentración?, ¿por qué los musulmanes no se manifiestan en Estambul, por ejemplo, ante las embajadas de Rusia o China para protestar contra los campos de concentración?

37 países, entre ellos países musulmanes como Arabia saudí, Qatar, Siria y Argelia han escrito a la ONU en apoyo de China, después de la carta enviada por unos 20 países, las grandes potencias imperialistas y sus sicarios, denunciando el internamiento de los musulmanes en la provincia china de Xinjiang.

La intoxicación propagandística ha aprovechado muy bien los tópicos creados a lo largo del tiempo para embaucar a los más cretinos. Por ejemplo, en China no sólo los uigures son musulmanes, sino prácticamente todo la población del noroeste del país practica dicha confesión. ¿Por qué la intoxicacion imperialista insiste en llevar la cuestión a Xinjiang?

También quieren dar la impresión de que el islam en China es un religión marginal o de reciente implantación, cuando la primera mezquita china abrió sus puertas hace más de mil años.

Como todo lo que tiene que ver con las religiones, en Xinjiang no hay absolutamente ningún problema con los musulmanes, ni ningún problema religioso. Es una disputa estratégica entre China y Estados Unidos, donde el islam es un ariete, una herramienta.

Estamos impacientes. Llevamos tiempo esperando que llegue lo inevitable, el punto culminante de cualquier campaña de propaganda, que es la fotografía del campo de concentración, o incluso un vídeo obtenido subrepticiamente por una ONG defensora de los derechos humanos en la que viéramos a unos musulmanes famélicos, desnutridos y hambrientos detrás de unas rejas. Con algo así casi nos hubieran hecho dudar hasta de nosotros mismos.

¿No hay Cascos Blancos en Xinjiang?, ¿no van a llevar a un equipo de rodaje de Netflix?, ¿no hay en Hollywood nadie capaz de escribir un buen guión?

De la alta sociedad a la más baja política

Trump y la alcahueta Maxwell
La red pedófila de Jeffrey Epstein corría en paralelo con una red de espionaje, según denunció Alexander Acosta, el fiscal de Florida encargado de asegurar la impunidad. Acosta lo soltó para autodefenderse: no me quedó otro remedio que llegar a un chanchullo con el pedófilo porque tenía muy bueos padrinos, reconoció.

La historia la ha reconstruido la periodista Vicky Ward para el Daily Beast (1). En 2007 Acosta concluyó un pacto para liberar a Epstein de la cadena perpetua y, a cambio, le recompensaron con un cargo en el gobierno de Trump: la cartera de Trabajo.

El asunto era conocido porque se lo preguntaron a bocajarro a Acosta en el Senado antes de confirmar su nombramiento. “Me dijeron que Epstein pertenecía a un servicio de inteligencia y que debía dejarlo tranquilo”. A los parlamentarios la explicación de Acosta les debió parecer más que suficiente.

Ahora bien, ¿a qué servicio de inteligencia se refería Acosta? Dado que Epstein es judío, parece obvio que se trataba del Mosad, pero trabajar para el Mosad entre la alta sociedad estadounidense ni siquiera es un trabajo.

Para entender el alcance del asunto hay que prestar atención a sujetos como Leslie Wexner, el magnate de la marca de ropa Victoria’s Secret y la hija de Robert Maxwell, Ghislaine, la alcahueta de la red, porque Maxwell trabajó como agente doble para el Mosad israelí y el MI6 británico, y posiblemente Wexner también (2).

Como todos los degenerados, Wexner tiene una fundación que financia iniciativas sionistas, como “Birthright Israel”, un programa que permite a jóvenes judíos estadounidenses viajar a Israel de forma gratuita. El proyecto es una iniciativa de capitalistas y asesores políticos.

Además Wexner dirige también un grupo de presión, Mega, que incluye a otros 20 grandes grupos que proporcionan cobertura al Mossad para influir sobre la política de guerra de Estados Unidos en Oriente Medio.

En 2003 se publicó “Wexner’s Analysis: The Priorities of Israeli Communication” (3), un documento recomendaba a los sionistas invocar repetidamente el nombre de Saddam Hussein durante la invasión de Irak aquel año como pretexto.

Un antiguo oficial de la CIA, Robert David Steele, también cree que Epstein está vinculado a las operaciones de chantaje del Mosad. Las instalaciones de Epstein en la isla estaban equipadas con cámaras de vídeo para comprometer a los pedófilos (4).

Esto explica la liviana sentencia dictada contra Epstein por delitos tan graves, como la violación de niñas. También explica el comentario del fiscal Acosta.

A partir de aquí comenzará la típica ola de especulaciones, más o menos sensacionalistas, más o menos conspiranoicas, para encubrir lo más obvio: que la pedofilia no es más que alta política internacional y un instrumento con el que los degenerados sea chantajean unos a otros.

(1) https://www.thedailybeast.com/jeffrey-epsteins-sick-story-played-out-for-years-in-plain-sight
(2) https://www.wrmea.org/003-september/book-review-robert-maxwell-israel-s-superspy.html
(3) http://wilsonweb.physics.harvard.edu/HUMANRIGHTS/PALESTINE/luntzwexneranalysis.pdf
(4) http://themillenniumreport.com/2017/02/former-cia-officer-robert-david-steele-lays-out-the-purple-revolution-plan/


Más información:
- Además de explotar a los trabajadores, los capitalistas violan a su hijas como hacían los señores feudales

La industria carcelaria en Estados Unidos: cuantos más internados más beneficios

Los niños migrantes y su detención en condiciones inhumanas son un negocio lucrativo en Estados Unidos. Pero además, enriquecen a exfuncionarios que pasaron por el gobierno de Donald Trump. Seis menores murieron mientras estaban retenidos por el Departamento de Seguridad Nacional. La última víctima fue una nena salvadoreña de 10 años que falleció en un hospital de Omaha, Nebraska, en septiembre de 2018. En este registro no se incluyen a casos como el de Angie Valeria Martínez Avalos, que se ahogó con su padre cuando intentaban cruzar el río Grande, en la frontera con México. Quienes sobreviven de a miles en forma penosa están alojados en centros privados como el de Homestead, Florida. Las instalaciones son regenteadas por la empresa Caliburn, cuya junta directiva es integrada por John F. Kelly, exjefe del Comando Sur y exsecretario de Seguridad Nacional del actual presidente. Es tal el descaro con que operan este tipo de compañías, que aquella reconoció como una oportunidad de crecimiento ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores la política de inmigración de EE.UU.

Caliburn es una especie de ave carroñera de las guerras o grandes tragedias humanitarias. Opera en Afganistán, Irak y a través de su filial Comprehensive Health Services (CHS) lo hace fronteras adentro de Estados Unidos. Se financia además con créditos del Bank of América que decidió retirarle su apoyo después de enviar emisarios a visitar Homestead, informó el Nuevo Herald de Miami en junio. Su negocio top es la administración de centros de detención de menores migrantes, donde viven separados de sus padres. La investigadora de Human Rights Watch, Clara Long, denunció que hay niños retenidos cuyos padres viven legalmente en EE.UU. Se ha llegado a ese contrasentido.

CBS News publicó que CHS recibió unos 222 millones de dólares solo para operar entre el 7 de julio del 2018 y el 20 de abril de este año. De esa suma se deduce que en 270 días, Caliburn y su subsidiaria cobraron unos 800.000 dólares cada 24 horas, que volcaron a su faena de alojar en condiciones penosas a menores que ingresan sin papeles a Estados Unidos.

En el marco de redadas que profundizó por estas horas el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas -ICE por su sigla en inglés-, siguen conociéndose datos sobre la situación de los menores detenidos en centros como el de Homestead. Hasta ahí se ha derivado a una buena parte de los niños y adolescentes después de que se cerrara un campo para alojarlos en Tornillo, Texas. La obscenidad de las cifras de financiamiento que tiene este costado de la política migratoria de Trump se resume en un dato: su gobierno lleva gastados al menos 3.800 millones de dólares en subvenciones y contratos para el programa de “Niños extranjeros no acompañados” (UAC).

Caliburn International Corp, que amplió la capacidad de albergar menores en Homestead –es el centro más grande en su tipo de EE.UU-, había planificado cotizar acciones en la bolsa por 100 millones de dólares. Desistió en marzo pasado, acaso por las críticas y protestas que hubo contra sus instalaciones. Ese mismo mes abrió sus puertas a la prensa para que recorriera el predio situado en el estado de Florida. Un vocero de la empresa dijo que desde marzo del 2018 habían pasado por ahí 6.000 niños y que se habían “liberado” –ese fue el verbo que utilizó- a 4.450 con quienes los acogen, que en su mayoría son sus padres o familiares en Estados Unidos. Todo lo que se vio por las cámaras de Telemundo parecía prolijo y en su sitio, como una escenografía planificada y montada para la ocasión.

Pero el rentable centro de Homestead –sobre el que pesa un masivo pedido de cierre de la sociedad civil y la oposición demócrata- no es el único sitio al que van a parar los niños migrantes. El lugar de detención temporal de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos en Clint, Texas, es un golpe demoledor a la sensibilidad de cualquier ser biennacido. No parece el caso de Mark Morgan, su director interino, nombrado por el propio Trump. En enero de este año, le dijo al presentador de Fox News, Tucker Carlson: “Me acerqué a estos individuos a los que se llama ‘menores’ de 17 años de edad o menos, y los he mirado. Los miré a los ojos y me dije: ‘Estos son los que pronto serán miembros de la pandilla MS-13”.

La contracara de esas declaraciones es el testimonio que brindó Warren Binford, profesora de derecho de la Universidad de Willamette, quien pudo ver las condiciones en que se encontraban los niños en Clint: “Estaban enfermos. Estaban tosiendo. Les goteaba la nariz. Estaban muy sucios. Inmediatamente comenzaron a describir el nivel de hambre que estaban sufriendo”. El equipo integrado por la docente y abogada comprobó que “nadie cuidaba a estos niños directamente, que estaban encerrados en estas celdas las 24 horas del día. En muchas de esas celdas solo hay baños abiertos. No hay jabón, no hay forma de lavarse las manos. Y muchos de ellos se ven obligados a dormir directamente sobre el piso debido a la escasez de camas y colchonetas y espacio para dormir”.

Esta es la declamada política de seguridad nacional que tuvo a su frente John F. Kelly, el integrante de Caliburn. Antes había sido jefe del Comando Sur de EE.UU –entre 2012 y 2016-, hasta que Trump lo designó primero como secretario de Seguridad Nacional y después como jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Cuatro meses más tarde de retirarse del gobierno se había sumado a la multinacional que lucra con los menores migrantes.

https://www.pagina12.com.ar/206299-caliburn-la-empresa-que-lucra-con-la-detencion-de-ninos-migr

jueves, 18 de julio de 2019

50 años del primer viaje a la Luna de un astronauta estadounidense

Los altavoces de la propaganda han vuelto a encenderse para festejar -como se merece- el primer viaje del “hombre” a la Luna, aunque en realidad no era exactamente “un hombre cualquiera” sino un estadounidense. Lo que ocurre es que el estadounidense se asimila a la humanidad entera y por eso habla en su nombre.

El estadounidense es capaz de hacer lo que los demás seres humanos no somos capaces.

También es capaz de cumplir el sueño por antonomasia de la humanidad, que no es el de comer todos los días, sino el de viajar al espacio exterior. No tienen Ustedes más que hacer una encuesta por la calle y verán que es así: desde los tiemos del Neolítico la humanidad ha soñado con ir a la Luna y Estados Unidos ha cumplido ese sueño por todos nosotros.

“America first” no es sólo el sueño de Trump sino el de todos: Estados Unidos fue el primer país en pisar nuestro satélite. Que quede bien claro: Estados Unidos es el primero porque es superior a los demás.

La terminología no engaña. Siempre se habló de la “conquista” del espacio y, en consecuencia, Estados Unidos “conquistó” la Luna.

Luego hay quien dice que la ciencia y la tecnología son neutrales, que no son ni calientes ni frías, ni carne ni pescado, pero desde hace medio siglo que la propaganda no descansa gracias a Armstrong, Aldrin y Collins.

Hay quien cree que la Guerra Fría no tuvo nada que ver, a pesar de que siempre se habló de la “carrera espacial” y de que el contrincante era nada menos que la URSS, que desde los años cincuenta había superado a Estados Unidos en todos los terrenos, pero especialmente en tecnología espacial.

El primer satélite artificial que orbitó alrededor de la Tierra en 1957 fue el Sputnik soviético, la primera imagen de la cara oculta de la Luna llegó de la URSS dos años después y en 1961 el primer cosmonauta que giró alrededor de la Tierra se llamaba Yuri Gagarin.

De alguna manera había que tapar aquella afrenta. Para demostrar su superioridad tecnológica, a Kennedy le propusieron varios proyectos importantes, incluido el viaje a la Luna, que fue elegido por su simbolismo.

El programa Apolo consumió el esfuerzo de 180.000 personas dedicadas durante casi una década a preparar el viaje. También consumió casi el 0,8 por ciento del Producto Nacional Bruto estadounidense. Sin embargo, no cambió la superioridad técnica de la URSS en materia espacial.

En 1970 los soviéticos llevaron a la Luna un vehículo teledirigido desde la Tierra que trajo muestras del suelo satelital. A partir de mediados de los años setenta, los cosmonautas soviéticos serán los únicos en girar alrededor de la Tierra a bordo de las estaciones Salyut y luego MIR, mientras que el transbordador espacial estadounidense no voló hasta 1981. La estación espacial internacional no fue tan “internacional” sino más bien soviética.

El doble juego de la guerra imperialista

Macron entre Sarraj y Haftar
Es tanto hipocresía como mentira. Consiste en decir una cosa y hacer la contraria. En Libia las potencias imperialistas reconocen oficialmente a un gobierno mientras ayudan militarmente al otro para derrocarlo.

La gran coartada es la “lucha contra el terrorismo”, mientras la única política del imperialismo consiste en promoverlo, armarlo y financiarlo.

En Mali ocurre lo mismo que en Libia. El gobierno francés, por ejemplo, apoya al gobierno de manera retórica al tiempo que presta asistencia a las fuerzas rivales para promover una guerra civil que perpetue su presencia en el Sahel.

El gobierno libio acusa a Francia de duplicidad, pero “París ha estado jugando un doble juego en Libia durante años”, reconoce Le Monde (*).

El 17 de julio de 2016 un helicóptero que transportaba a tres suboficiales franceses se estrelló en la región de Bengasi, el bastión de Haftar y el Ministerio de Defensa francés afirmó que estaban “de servicio”. Eran agentes de la DGSE, el servicio de inteligencia exterior francés.

Era sólo la parte secreta de la trama porque, al mismo tiempo, otros soldados de las fuerzas especiales colaboraban junto a las tropas de la parte contraria: el gobierno reconocido por la ONU y la mayor parte de los países del mundo.

Es posible que en más de una ocacasión unos soldados franceses se enfrentaran con otros en un tercer país africano. El Comando de Operaciones Especiales (COS) se vio entonces obligado a desmantelar urgentemente su despliegue.

La invasión de Libia desestabilizó Mali y en 2013 París justificó la Operación Serval por su deseo de ayudar al gobierno de Mali a recuperar la totalidad de su territorio, dos tercios de los cuales habían caído bajo el control de tuaregs, grupos separatistas y yihadistas.

Dicho y hecho: en pocos meses París cantó victoria y devolvió las llaves del país al gobierno, encabezado desde el verano de 2013 por Ibrahim Boubacar Keita.

Pero era mentira; las guerras imperialistas no se acaban nunca. Tras la Operación Serval, en 2014 llegó la Operación Barjan. Había que localizar a unos rehenes franceses que estaban secuestrados por los yihadistas y en el norte de Mali, el ejército francés depende de los tuaregs.

A su vez, desde 1960 los grupos tuaregs tratan de emanciparse del control del gobierno central de Bamako. A Mali le preocupan más ellos que los yihadistas, un problema de reciente creación. Los tuaregs no aceptan la creación del Mali como Estado desde su mismo surgimiento.

En toda África, pero en Bamako en particular, saben que el imperialismo ocupa el país con el pretexto de los yihadistas y que si alguna vez ese problema se acaba, seguirá el problema de los tuaregs, pero es necesario que siga habiendo problemas.

En otras palabras: el problema de Libia, el problema de Mali y el problema de África no son los yihadistas, ni los tuaregs sino los imperialistas. No hay nada más.

A principios de abril, pocos días después de una masacre de las milicias Dogon contra civiles Pel en la ciudad de Ogossagou, miles de personas se manifestaron en Bamako contra el gobierno, pero también contra Francia. Si Mali se ha llenado de tropas extranjeras para combatir el terrorismo, ¿cómo es posible que se produzcan esos atentados terroristas?

En África todos saben que el imperialismo no es la solución sino el problema.

(*) https://www.lemonde.fr/afrique/article/2019/05/07/en-libye-comme-au-mali-la-france-joue-un-double-jeu_5459262_3212.html

miércoles, 17 de julio de 2019

Los kurdos ponen el petróleo de Siria en manos de Israel

La dirigente kurda Ilham Ahmad
El petróleo sirio ha caído en manos israelíes, según el periódico libanés Al-Ajbar, que dice tener una carta que autoriza a un agente israelí, Mordechai “Moti” Kahana, a vender petróleo sirio extraído de las provincias orientales incautado por las milicias kurdas de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Esta carta está firmada por Ilham Ahmad, dirigente del Consejo Democrático Sirio y del Foro Político de las Fuerzas de Defensa y de Seguridad.

Ahmad es una de las dirigentes del FDS que apoya con más determinación la alianza de los kurdos con Estados Unidos. Es miembro del partido kurdo Bijak que luchó contra Irán en el noroeste y expresó abiertamente su aversión hacia el gobierno de Teherán.

En los últimos meses ha encabezado una delegación del FDS en Washington para mantenerse al tanto de la verdadera posición estadounidense sobre la retirada de sus tropas y la creación de un protectorado o “zona de seguridad” en Rojava. Se dice que se reunió con Trump gracias a los grupos de presión israelíes que operan en Estados Unidos. Una fotografía con Moti confirma su estrecha relación con los sionistas.

“Estimamos que la producción de petróleo ascendería a unos 400.000 barriles diarios. Pero hoy el promedio es de 25.000 barriles. El derecho a explorar y desarrollar la extracción de petróleo se ha concedido a Kahana y los precios se han fijado entre 22 y 35 dólares”, dice la carta publicada por Al-Ajbar. El contrato de las FDS con Israel aparece “en medio de la presión y las sanciones de Estados Unidos contra Siria y su sector petrolero”, dice el periódico.

Dar carta blanca a Kahana significa que el Consejo Democrático Sirio ha comenzado a actuar como una entidad independiente del Estado sirio, dando a los enemigos de Siria el derecho a disponer del petróleo sirio con la ayuda de Estados Unidos. Esto sucede en un momento en que el FDS controla el 80 por ciento de los campos petrolíferos sirios.

En este contexto en el que Siria atraviesa una crisis energética, el volumen de extracción petrolera es un despilfarro de la riqueza de la población.

La acción significa el fortalecimiento pleno y completo de la alianza entre Estados Unidos, Israel y los kurdos en Siria. La traición de los kurdos no tiene marcha atrás y el futuro que les espera es muy negro si los imperialistas y los sionistas no logran salirse con la suya en Oriente Medio como parece.

En Siria los kurdos están siguiendo el mismo camino que en Irak, uniéndose al eje imperialista y sionista. Al privar a Siria de los recursos necesarios para la reconstrucción, los kurdos siguen el dictado de sus amos: agotar al gobierno sirio e impedir el resurgimiento del país.

Baoshang: por primera vez quiebra un banco en China, un castillo de naipes financiero

F. William Engdahl

En última instancia, el moderno sistema bancario de encaje fraccionario es un juego basado en la confianza. Mientras los prestamistas o depositantes estén convencidos de que su banco es solvente, se mantiene. Si la confianza se rompe, conduce históricamente al pánico bancario, a retiradas masivas y precipitadas y al fracaso de la cadena de un sistema financiero, o incluso a algo peor. La inesperada quiebra, a finales de mayo, de un pequeño banco chino-mongol, Baoshang, llamó repentinamente la atención sobre la fragilidad del sistema bancario más grande y opaco del mundo. Es un mal momento porque China se enfrenta a una fuerte desaceleración económica interna, el aumento de la inflación en los precios de los alimentos y las incertidumbres relacionadas con la guerra comercial son Estados Unidos.

A finales de mayo, por primera vez en tres décadas, el Banco Popular de China (PBOC) y los reguladores bancarios públicos tomaron el control de un banco insolvente. Lo hicieron públicamente y con el objetivo aparente de enviar un mensaje a otros bancos para que controlen los riesgos asociados a los préstamos. Al hacerlo, pueden haber desencadenado el fallo de una de las cadenas de uno de los sistemas bancarios más grandes, opacos y menos regulados del mundo: los bancos regionales y locales de China, que están mal regulados, a veces llamados bancos paralelos. Se estima que los activos totales de los bancos pequeños y medianos de China son aproximadamente iguales a los de los cuatro gigantescos bancos públicos, que están regulados, por lo que una crisis que se extienda a partir de allí podría tener graves consecuencias. Esta es la razón obvia por la que Pekín intervino tan rápidamente para contener la bancarrota del Baoshang.

El Banco Baoshang tenía toda la apariencia de una buena salud. Su último informe financiero publicado en 2017 indicaba un beneficio de 600 millones de dólares para 2016, unos activos de casi 90.000 millones de dólares y menos del 2 por ciento de préstamos incobrables. La crisis de insolvencia ha creado un riesgo creciente en los mercados de préstamos interbancarios de China, similar a las primeras etapas de la crisis de las hipotecas subprime interbancarias en Estados Unidos en 2007. Esto ha obligado al PBOC a inyectar miles de millones de yuanes, hasta ahora equivalentes a 125.000 millones de dólares, y a emitir una garantía de todos los depósitos bancarios para limitar las premisas de una crisis sistémica más amplia. Pero hay indicios de que la crisis está lejos de haber terminado.

El problema es que China ha emprendido uno de los esfuerzos de construcción y modernización más impresionantes de la historia de la humanidad en unos 30 y pocos años: ciudades enteras, decenas de miles de kilómetros de vías férreas para trenes de alta velocidad, puertos de contenedores automatizados, como ningún otro país en la historia, y todo ello con deudas. Por lo tanto, el servicio de esta deuda depende de una economía cuyos beneficios seguirían creciendo. Pero si comienza una sola contracción, las consecuencias son incalculables.

Ahora que la economía se está desacelerando (y algunos incluso hablan de una recesión), las inversiones de riesgo en todo el país se enfrentan de repente a la insolvencia. Los prestamistas de todo tipo reevalúan los riesgos de los nuevos préstamos. El sector de la automoción ha experimentado un fuerte descenso en los últimos meses, al igual que otras industrias. Peor aún, un grave brote de peste africana está diezmando la enorme población porcina de China, lo que resulta en una inflación de los alimentos de casi el 8 por ciento. En este contexto, el PBOC, valientemente, está haciendo todo lo posible para evitar la puesta en marcha de la prensa de billetes, lo que crearía más inflación y debilitaría al renminbi [yuan], por temor a encender una nueva burbuja financiera.

Otro talón de Aquiles es la dependencia de China de los mercados financieros mundiales debido a la deuda de miles de millones de dólares en un momento en que los ingresos por exportaciones en dólares están disminuyendo, incluso antes de la aplicación de los agresivos aranceles comerciales estadounidenses. Si China estuviera aislada de la economía mundial como lo estaba en la década de 1970, el Estado podría simplemente resolver los problemas internamente, borrar los préstamos insolventes y reorganizar los bancos.

Básicamente, el modelo de crédito chino es diferente del occidental. La moneda, el renminbi, todavía no es libremente convertible. El control de divisas no está en manos de bancos centrales privados independientes como la Reserva Federal de los Estados Unidos o el BCE en la UE. Más bien, está en manos del Banco Popular de China, que es totalmente propiedad del Estado y es responsable ante el Buró Político del Partido Comunista. Sus mayores conglomerados industriales no son empresas privadas, sino empresas publicas, incluidos los cuatro bancos más grandes del mundo, la empresa constructora de ferrocarriles más grande del mundo y las gigantescas empresas petroleras. En primer lugar, esto le da a China una enorme ventaja: cuando el Estado ordena, los logros siguen. Los ferrocarriles y las carreteras se construyen sin obstáculos. Por el contrario, en un modelo de planificación o control centralizado, cuando la orden es defectuosa, los errores pueden ampliarse.

En la actualidad, y durante los dos últimos años, Pekín ha estado claramente preocupado por la forma en que puede corregir la explosión incontrolada de “préstamos fuera de balance” o préstamos de bancos paralelos en toda la economía. Desde la crisis de Lehman Brothers en 2008, China ha financiado un asombroso número de proyectos de construcción para modernizar lo que era uno de los países más pobres del mundo hace apenas 40 años, con el fin de evitar la contracción económica y la explosión del desempleo y el malestar social. Desde 2013 ha añadido la ambiciosa iniciativa de la Ruta de la Seda a su lista de gastos, en parte para seguir el ritmo del crecimiento industrial de China en acero e infraestructura a medida que la economía nacional se acerca a la saturación.

Con la crisis mundial de Lehman en 2008, Pekín infló esa deuda como ningún otro país en la historia. Desde 2009 la oferta monetaria de China ha aumentado casi un 400 por ciento, o 20 billones de dólares (133 billones de yuanes), mientras que el PIB anual de China ha aumentado sólo 8,4 billones de dólares. Básicamente, esto no es sostenible a largo plazo. Por lo tanto, se puede sospechar que hoy, dentro de esta enorme expansión monetaria, hay más de un Banco Baoshang insolvente. Sin embargo, en este momento, cuando la regulación financiera está todavía en su infancia, nadie, ni siquiera Pekín, conoce los riesgos reales de contagio de la insolvencia.

El problema con los préstamos implicados en estas cifras es que los créditos emitidos por los llamados bancos paralelos (bancos pequeños y medianos que están mal regulados y no pertenecen al enorme sistema bancario público) están mal controlados y ahora se enfrentan a impagos y quiebras debido a sus préstamos de alto riesgo. La quiebra del Banco Baoshang de repente llamó la atención sobre estos riesgos.

Los grandes bancos se muestran reacios a seguir concediendo préstamos a los bancos más pequeños a través del mercado interbancario, lo que aumenta los tipos de interés de los préstamos. Es poco probable que las garantías dadas por el PBOC de que el caso Baoshang está “aislado” tranquilicen a los prestamistas. Bloomberg estima que, durante los primeros cuatro meses de 2019 las empresas chinas incumplieron con 5.800 millones de dólares en bonos domésticos, más de tres veces la tasa de hace un año. Las autoridades de Pekín, incluido el PBOC, llevan meses dejando claro que quieren reducir los préstamos de riesgo de los bancos paralelos locales y otras instituciones para garantizar que se está abordando la situación.

Tras la inesperada quiebra de Baoshang, el mercado interbancario chino de préstamos se encuentra repentinamente en crisis. Todavía no está claro si las autoridades de Pekín tomarán medidas suficientes para calmar la crisis o si se está produciendo un discreto agotamiento de los préstamos de los grandes bancos a los pequeños bancos regionales a través de préstamos interbancarios. En este caso causará infelicidad, bancarrota y desempleo. Una señal de que todo no va bien es que, según las noticias financieras de Caixin, el 24 de junio el PBOC anunció que permitirá a determinadas empresas de intermediarios pedir prestado hasta tres veces más papel comercial a corto plazo de 90 días para mantener la liquidez circulante mientras tratan de resolver el problema. Se trata claramente de una maniobra que ahorra tiempo.

Otra señal de que Pekín está preocupado es que a principios de junio, las autoridades dieron luz verde a los municipios para aumentar aún más sus ya enormes préstamos para infraestructuras. Los representantes de los gobiernos locales podrán utilizar los ingresos de la venta de bonos como capital en nuevos proyectos de infraestructura que incluyen aún más ferrocarriles y carreteras.

El Ministro de Finanzas de China, Liu Kun, acaba de publicar un informe sobre la situación fiscal regional, local y nacional de enero a mayo. Las cifras no son alentadoras para la política de Pekín de controlar la inflación y las burbujas de activos. Los ingresos totales del gobierno aumentaron sólo un 3,8 por ciento durante el año. Los ingresos fiscales aumentaron sólo un 2,2 por ciento debido a una importante reducción de impuestos. Al mismo tiempo, el gasto público aumentó un 12,5 por ciento anual. En respuesta, Liu Kun anunció que el gobierno exigiría una austeridad de “más del 10 por ciento” para reducir la brecha.

China está gobernada por gente muy inteligente y trabajadora. Ese no es el punto. Sin embargo, volver a poner el genio del dinero fácil en su botella sin grandes desventuras requerirá una habilidad extraordinaria y un poco de suerte.

A principios de 2019 la deuda externa de China se situaba oficialmente en algo menos de 2 billones de dólares, dos tercios de los cuales son a corto plazo. Pero extraoficialmente, los informes indican que las grandes empresas públicas han contratado mucho más que los préstamos extranjeros a bajo interés denominados en dólares y euros. Nadie sabe exactamente cuántos.

Esta situación es una oportunidad para que Pekín demuestre que sus crisis bancarias, como la de Baoshang, están bajo un firme control, y que los chinos son rigurosos en la apertura de sus mercados financieros a las empresas extranjeras como parte de su apertura. China necesita la cooperación de los bancos occidentales para mantener la economía en su impresionante nivel.

Hasta ahora China era aparentemente el gran ganador del modelo de mundialización posterior a 1990. La forma en que Pekín gestione sus problemas bancarios en los próximos meses determinará si su increíble rendimiento continuará. Por lo tanto, el reto es real.

http://www.williamengdahl.com/englishNEO7July2019.php