sábado, 25 de marzo de 2017

La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad

Después de 60 años de la firma del Tratado de Roma –por fin– nos hubieran debido contar la verdad. Pero no ha sido así. Siguen con la cantinela de que la unidad europea se ideó después de la II Guerra Mundial y no antes. Dicen que la unidad europea se edificó para superar el nacionalismo y evitar guerras intestinas; que el nazismo había sido una experiencia funesta para Europa y que Europa debía ser lo contrario del nazismo. Siguen tratando de hacernos creer que las naciones conducen al nacionalismo, el cual es perverso por sí mismo porque, a su vez, conduce a la guerra. Quieren hacernos creer que el proyecto de integración europea nació después de la II Guerra Mundial como antídoto contra las rivalidades nacionalistas internas. Aseguran que durante ese conflicto el chovinismo había alcanzado sus mayores cotas y los europeos comprendieron repentinamente que sus pequeños estados respectivos debían quedar unidos por instituciones supranacionales para que la guerra no volviera a causar estragos en el viejo continente.

Sin embargo, es falso que la idea original de la unificación europea sea posterior a la II Guerra Mundial; es falso que esa idea fuera concebida en oposición a la rivalidad imperialista anterior. Por el contrario, no solo los nazis, sino los fascistas y los colaboracionistas de muchos países europeos utilizaron el europeísmo para justificar la agresión. Los nazis, los vichystas, los fascistas italianos y muchos otros pasaron muchos años antes y durante la guerra elaborando sofisticados programas de integración política y económica de Europa.

El modelo alemán

A mediados del siglo XIX Alemania no existía como Estado unificado. Por tanto, cuando estalla la I Guerra Mundial apenas hacía 50 años que Alemania había entrado en el concierto de los Estados europeos con una sola voz. Fue una loca carrera en la que pasaron velozmente de un situación casi feudal al capitalismo monopolista más salvaje, y de los problemas de construcción interna de un Estado federal al trampolín del control de su propia zona de influencia en el exterior. De vértigo. Una vez edificado su propio país, los imperialistas alemanes creyeron que su modelo federal era válido también para su entorno económico. Se convencieron ellos a sí mismos y se esforzaron en con-vencer a los demás. Su federalismo nacional lo convirtieron en un federalismo internacional, o por lo menos europeo. Surgió el pangermanismo porque fuera de las fronteras aún quedaban alemanes por unificar, desde el Báltico hasta el Mar Negro. Esos países que aún quedaban fuera, las reliquias del Imperio austro-húngaro o del zarista, diezmado por la Revolución bolchevique de 1917, estaban muy atrasados con respecto a la locomotora alemana. Incorporarse a Alemania era como incoporarse al siglo XXI partiendo del siglo XVII. Es bien sabido que los imperialistas alemanes, siempre generosos, se declararon dispuestos a compartir con los demás sus conquistas y sus progresos, antes y después de 1933.

Incluso sus planes de integración europea aseguraban que mantendrían intacta la soberanía nacional de los estados miembros de Europa. No se trataba de una incorporación sino de una integración. No podían presentar sus planes al exterior como una expansión imperialista sino como una integración europea. En la futura Europa nazi no habría amos ni siervos sino socios. Eso es lo que dijo su propaganda durante toda la II Guerra Mundial, consagrando enormes esfuerzos a convencer al resto de Europa de que los progresos económicos alemanes, la infraestructura de transporte y la economía en general eran mucho mejores que en el resto de Europa y que, en consecuencia, Europa debía integrarse según el modelo alemán. Más que los alemanes eran los propios europeos los que debían estar interesados en esa integración. El plan de Hitler de establecer una sola entidad política en toda Europa, su necesidad de buscar respaldo en los propios países ocupados, y muchos elementos centrales de la filosofía nazi, todo ello formaba parte de su pensamiento europeísta.

Los proyectos elaborados por los nazis proclamaban que los estados miembros de la futura “Confederación Europea” tenían que asegurar que en su territorio no se cometieran actos incompatibles con la solidaridad europea y las obligaciones europeas. En 1943 en una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea, Cecile von Renthe-Fink, que ocupaba el rango diplomático de ministro con Hitler, sostenía que las naciones europeas tenían un desarrollo común; decía que Alemania deseaba unir a Europa sobre una base federal; proclamaba que no había intención de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países: “Lo único que se requiere de los estados europeos es que sean miembros leales y proeuropeos de la comunidad y colaboren voluntariamente en sus tareas [...] El objeto de la cooperación europea será promover la paz, la seguridad y el bienestar de todos los estados europeos y su población”. No se trataba de que un estado o grupo de estados dominara a otros sino de que se establecería una relación de alianza y lealtad mutua en vez de los métodos imperiales de la era anterior. En un tono similar, Werner Daitz declaraba que “Europa no se puede administrar de forma centralizada: se debe conducir de modo descentralizado”.

Una versión avanzada del plan nazi sobre la futura “Confederación Europea” volvían sobre el tema del federalismo con la esperanza de encontrar así una solución a la rivalidad entre las potencias imperialistas europeas. Argumentaban que el problema europeo era que una multiplicidad de pueblos tenía que vivir en una superficie relativamente reducida en una combinación de unidad e independencia:

“Su unidad debe ser tan firme como para que nunca más pueda haber guerra entre ellos y los intereses externos de Europa se puedan salvaguardar en su conjunto. Al mismo tiempo, los estados europeos deben conservar su libertad e independencia, para actuar de acuerdo con sus diferentes situaciones y misiones nacionales y cumplir su función particular dentro del marco más amplio, en un espíritu alegre y creativo. La fuerza y la seguridad de Europa no dependen de la subordinación impuesta o exigida por una potencia europea a la otra, sino de la unión de todos. El problema europeo solo se puede resolver sobre una base federal por la cual los estados europeos resuelvan por libre voluntad, basados en un reconocimiento de esta necesidad, unirse en una comunidad de estados soberanos. Esta comunidad se puede designar confederación europea”.

Hasta la hoy fracasada Constitución Europea es una iniciativa de los nazis. El borrador nazi de Constitución para la Nueva Europa proclamaba el derecho de cada país a organizar su vida nacional como considere adecuado, siempre que respete sus obligaciones hacia la comunidad europea. Otros documentos repetían la misma idea. La actual guerra es también una guerra por la unidad y libertad de Europa, escribió Renthe-Fink:

“Sus objetivos son crear y garantizar una paz duradera para los países europeos [...] eliminar las causas de las guerras europeas, sobre todo el sistema de equilibrio de poder [...] superar el particularismo europeo mediante la cooperación libre y pacífica entre los pueblos europeos. La lealtad a Europa no significa sujeción sino cooperación franca basada en igualdad de derechos. Cada pueblo europeo debe participar a su manera en la nueva Europa. El único requerimiento es que los estados europeos sean francamente leales a Europa, de la cual son miembros”.

Finalmente, Renthe-Fink añadía: “Cada estado continental debe permanecer consciente de su responsabilidad hacia la Comunidad Económica Europea”. El autor de los proyectos hitlerianos sostenía que no deseaba una burocracia supranacional, ni siquiera un sistema de conferencias intergubernamentales. Cualquier pretensión supranacional podía generar sospechas hacia las ambiciones imperialistas alemanas.

El europeísmo nazi

El europeísmo es, pues, un invento nazi; ellos fueron los primeros en elaborar planes (económicos y políticos) de integración europea. Si extractáramos algunos discursos de la época de Hitler, Goebbels, Ribbentrop y otros dirigentes nazis sin mencionar la fuente, muchos pensarían que son actuales y que se trata de parlamentarios de la eurocámara.

Mucho antes de llegar al poder, en 1932, el dirigente nazi Alfred Rosenberg ya asistió a un congreso de Europa en Roma. Luego Hitler y todos sus portavoces hicieron frecuentes referencias a Europa durante su época de dominación terrorista, incluso antes de la guerra. Hay varias compilaciones, entre ellas un libro profusamente ilustrado, titulado simplemente Europa, cuya introducción escribió Ribbentrop. En 1937, por ejemplo, declaró en el mitin del partido nazi en Nuremberg que “quizá estemos más interesados en Europa de lo que otros países necesitan estarlo. Nuestro país, nuestro pueblo, nuestra cultura y nuestra economía han surgido de condiciones europeas generales. En consecuencia, debemos ser enemigos de cualquier intento de introducir elementos de discordia y destrucción en esta familia europea de pueblos”.

Poco después, en 1938, Rudolf Hess organizó una presentación en el Congreso del partido Nazi, llamada La lucha por el destino de Europa en el Este, que explicaba por qué la colonización alemana de Rusia llevaría la civilización europea a los bárbaros eslavos.

En 1940 Joseph Goebbels dijo: “Estoy convencido de que dentro de cincuenta años la gente ya no pensará en términos de países”. El jefe nazi de propaganda creía que el federalismo alemán podía ser un modelo para Europa porque la absorción de los estados alemanes por parte del imperio alemán había funcionado. Así los estados europeos se podían integrar armónicamente sin atentar contra su identidad: “Si nosotros, con nuestra perspectiva de la Gran Alemania, no tenemos interés en atentar contra las peculiaridades económicas, culturales o sociales de, por ejemplo, los bávaros y los sajones, tampoco tenemos interés en atentar contra la individualidad económica, social o cultural de, por ejemplo, el pueblo checo”.

Los lacayos europeos de los nazis también aceptaban que Alemania era un modelo: Vidkun Quisling declaró que la Confederación Alemana podía servir como modelo para la cooperación con otros estados europeos. Goebbels aseguraba que “nunca hemos tenido la intención de imponer por la fuerza este nuevo orden o reorganización de Europa. De ningún modo debéis pensar que cuando los alemanes traemos un nuevo orden a Europa lo hacemos con el propósito de sofocar a otros pueblos”. Se explayaba sobre el carácter realista de la integración europea: “A mi juicio la concepción que una nación tiene respecto de su propia libertad se debe armonizar con los hechos actuales y las simples cuestiones de eficiencia y propósito. Así como ningún miembro de una familia tiene derecho a turbar la paz por motivos egoístas, no se puede permitir que ninguna nación europea se interponga en el camino de un proceso general de organización. En el mismo tono, un funcionario del ministerio nazi de Empleo declaró que Alemania podía afirmar que no estaba luchando por sí misma, sino por Europa. Una versión del proyecto nazi de Confederación Europea sostenía que el papel de Alemania en Europa consistía en reconciliar los intereses particulares de los estados europeos con los intereses de Europa en su conjunto. A esta aspiración se sumaba la opinión de que los intereses y necesidades de Alemania están esencial e inseparablemente ligados con los de Europa”.

Con frecuencia los nazis enfatizaban que los estados debían unirse voluntariamente a la nueva Europa. Liderazgo no significa dominación sino protección externa y responsabilidad interna, era su consigna. Hitler y Mussolini no querían sometimiento sino cooperación sincera: “Todos los pueblos europeos que se han probado históricamente son bienvenidos como miembros de la nueva Europa. Su desarrollo nacional y cultural en libertad e independencia está garantizado”. Cínicamente alegaban que los ejemplos de Finlandia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Croacia y Eslovaquia, países militarmente ocupados todos ellos, demostraban que no había intención de intervenir en los asuntos internos de otros estados: “Nuestro único requerimiento es que los estados europeos sean miembros sinceros y entusiastas de Europa”. Los imperialistas alemanes creyeron encontrar, por fin, un nuevo modo de dirigir Europa sin dominarla: “La idea del liderazgo, que será el concepto dominante de la nueva vida internacional de Europa, es la negación de los métodos imperialistas de una época pasada: significa reconocimiento de la confiada cooperación de estados menores e independientes para abordar las nuevas tareas comunales”.

De la misma manera, Arthur Seyss-Inquart escribió que nadie deseaba ver una Europa dominada por Alemania: “Nuestro único deseo es que surja una Europa que sea realmente europea y consciente de su misión europea”. Después de la invasión de la Unión Soviética, Signal, un periódico de circulación masiva en los tiempos gloriosos del III Reich, señaló también que no habría una Europa alemana: “En realidad los soldados del Reich no solo defienden la causa de su patria sino que protegen cada nación europea digna de ese nombre”. El problema estaba en quienes no eran dignos de ese nombre...

Una constante en la estrategia imperialista nazi consistía en hablar de sus socios y vecinos y pregonar la idea de que la búsqueda común de intereses compartidos había reemplazado a la rivalidad y la competencia capitalistas. Los hitlerianos también fueron pioneros de la globalización y dedicaron mucha atención a asuntos como el sentido europeo de comunidad. Anton Reithinger, gerente del monopolio I. G. Farben, en la conferencia de la Comunidad Económica Europea de 1942, habló del equilibrio entre los diversos intereses de los socios del espacio económico europeo, por una parte, y los intereses comunes de todos los pueblos europeos, por la otra: “Para poner estos intereses en práctica se requiere [...] una creencia en la idea europea y en la misión europea de Alemania”.

Los arquitectos de la Nueva Europa

Pero las múltiples declaraciones nazis que se puedan aportar son muy poco comparadas con los planes concretos que dibujaron para la integración económica y política de Europa. No hablamos de que se parezcan a las que luego se pusieron en práctica tras la guerra; lo que estamos diciendo exactamente es que son las mismas, es decir, que la Unión Europea fue diseñada por los nazis.

Los planes nazis de integración europea eran tanto políticos como económicos. Como dijo Heinrich Hunke, se reconoce la necesidad de un orden político para la cooperación económica de los pueblos. Desde mediados de 1941 Goebbels comenzó a intervenir más en la cuestión europea y le dedicó numerosos discursos, mitines y artículos periodísticos. Llenó las páginas de su semanario Das Reich con consignas europeístas: La nueva Europa, El nuevo orden europeo, el Lebensraum de Europa o La visión de una nueva Europa. Entretanto, Ribbentrop señalaba que la lucha contra el bolchevismo, que unía a muchos pueblos del este de Europa, evidenciaba “una creciente unidad moral de Europa dentro del Nuevo Orden que nuestros grandes líderes han proclamado y preparado para el futuro de las naciones civilizadas. Aquí se encuentra el sentido profundo de la guerra contra el bolchevismo. Es signo de la regeneración espiritual de Europa”.

Dentro del Ministerio del Exterior, ese interés culminó con la creación de un comité de Europa en el otoño de 1942. Integraban el comité funcionarios del Ministerio del Exterior y expertos del Instituto para el Estudio de Países Extranjeros. Las luminarias eran Alfred Six, director del Instituto de Asuntos Exteriores -que organizó en 1941 una conferencia llamada La nueva Europa, para 303 estudiantes de 38 países- y Werner Daitz.

En marzo de 1943, se habían trazado planes muy avanzados para una confederación europea. Esos planes adoptaron la forma de constituciones y tratados que delineaban las competencias y la estructura de la futura confederación. El 21 de marzo de 1943 Ribbentrop escribió una nota que comienza así: “Soy de la opinión de que, como ya le he propuesto al Führer en mis actas anteriores, deberíamos proclamar cuanto antes, en cuanto hayamos alcanzado un éxito militar significativo, la Confederación Europea en forma muy específica”. Lo único que paralizó a los nazis en la proclamación oficial de su Confederación Europea fue que el éxito militar significativo que Ribbentrop esperaba no se produjo y las hordas hitlerianas fueron aplastadas en Stalingrado.

El plan de Ribbentrop proponía invitar a los jefes de los estados en cuestión (Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Serbia, Grecia y España) para firmar el instrumento que daría existencia a la Confederación. Junto al memorándum había un borrador que hablaba del destino común de los pueblos europeos y del objetivo de garantizar que nunca estallen guerras entre ellos. También preveía la abolición de barreras aduaneras entre los estados participantes.

En junio de 1943, un funcionario presentó los elementos básicos de un plan para la nueva Europa a un miembro del Comité de Europa. La sección titulada La organización económica de Europa anticipaba un comercio basado en el principio de la preferencia europea frente a los países no europeos, con el objetivo de llegar a una unión aduanera europea, un centro de clearing europeo y tipos de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea; y la armonización de las condiciones laborales, lo que parece querer decir que todos los trabajadores europeos deberían ingresar en campos de concentración. El proyecto también anticipaba conferencias en cada especialidad (trabajo, agricultura y demás) para decidir las políticas aplicables a toda la Confederación.

Este documento fue seguido en agosto de 1943 por una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea en la que Renthe-Fink escribió: “En la tremenda lucha por el futuro de Europa, los alemanes somos campeones de un nuevo y mejor orden donde todos los pueblos europeos hallarán un lugar legítimo y digno. Hasta ahora hemos evitado hacer una propuesta concreta en lo concerniente a la cuestión europea [...] Si ahora presentáramos la idea de una solución confederada, basada en la libre cooperación entre naciones independientes, ella consolidaría la confianza de los pueblos europeos en nuestra política y aumentaría su voluntad de seguir nuestra guía y trabajar por nuestra victoria”.

Aunque los principios encarnados en el acto constitutivo de la Confederación Europea anexos al memorándum especificaban que la Confederación era una comunidad de estados soberanos que se garantizaban mutuamente la libertad y la independencia, está claro que, bajo la batuta hitleriana, la confederación ejercería un control casi total sobre los asuntos internos de sus estados miembros: “La economía europea será planificada conjuntamente por los estados miembros según sus intereses comunes y nacionales, decía el documento. El objetivo era incrementar la prosperidad material, la justicia social y la seguridad social en los estados individuales, y desarrollar los recursos materiales y laborales de Europa [...] para proteger la economía europea de las crisis y las amenazas económicas externas. Sugería que las barreras aduaneras que impiden aumentar el comercio entre los miembros de la Confederación se eliminarán gradualmente y que el sistema intraeuropeo de comunicaciones por ferrocarril, autopistas y vías fluviales y aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan unificado”.

El plan europeo de integración de Renthe-Fink preveía la necesidad de un Consejo Económico compuesto por representantes de los estados miembros, el cual se dividiría en comités destinados al comercio, la industria y la navegación, los asuntos de economía y moneda, las cuestiones laborales y sociales, la alimentación, la agricultura y los bosques. El documento repetía los objetivos definitivos de la Confederación:

“La solución de los problemas económicos, con miras a la inmunidad frente a un bloqueo; la regulación del comercio sobre la base de la preferencia por Europa frente al resto del mundo, con miras a una unión aduanera europea y un mercado libre europeo; un sistema central de clearing europeo y tasas de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea. Los objetivos incluirían la estandarización y mejoramiento de las condiciones de empleo y seguridad social, así como la planificación de largo plazo de la producción industrial, agropecuaria y forestal”.

Como vemos, la producción agropecuaria ocupaba un ligar prominente en los documentos nazis sobre Europa. Era preciso que la agricultura europea fuera autosuficiente.

Los documentos nazis también manifestaban que la integración de Europa era inevitable a causa del desarrollo tecnológico. Solían sostener que la fragmentación de los recursos económicos de Europa era un grave obstáculo para la prosperidad y el progreso social de los diversos países. Se requería coordinación y planificación económica: Con el objeto de alentar el comercio mutuo y crear un gran mercado europeo, se eliminarán progresivamente las aduanas y otras barreras entre los países.

Otro proyecto nazi es lo que cincuenta años después los europeístas llamaron redes transeuropeas, una avanzadilla de la modernidad actual. Según Renthe-Fink, “la experiencia ha mostrado que el actual sistema de comunicaciones de Europa es inadecuado para el aumento de la demanda. La red interna de ferrocarriles, carreteras y líneas aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan común”. También el ministro vichysta Jacques Benoist-Méchin, lamentaba la centralización del sistema de transporte francés, como si París fuera el único centro del mundo, y exigía nuevas arterias que se conectaran con las carreteras alemanas e italianas para dar a la infraestructura de transporte de Francia un carácter genuinamente europeo. Un orador de la conferencia sobre la Comunidad Económica Europea proclamó que “el futuro pertenece al transporte motorizado”.

Las sorpresas de los adelantos nazis no tienen fin. Otro ejemplo es el Tratado Europeo contra el terrorismo de 1977, que está literalmente extraído del Pacto entre Hitler y Mussolini, el llamado Pacto Antikomintern, el acuerdo contra los comunistas. Por eso cuando Rumanía se incorporó a la Unión Europea, emitió una declaración contra el comunismo y, al mismo tiempo, rehabilitó con todos los honores la figura de Antonescu, la versión local de Hitler, Mussolini y Franco.

Europa es justamente eso y nada más que eso.

Cerca de dos millones de niños pasan hambre en España en pleno siglo XXI

El hambre en España es una plaga. Para comprobarlo no hay más que acercarse a uno de los muchos comedores benéficos, donde uno se encuentra con historias como la de Herminia Navarro, panadera y en paro. Ella y sus hijos comen cada día gracias a uno de esos comedores.

El caso de Herminia se incluye entre los cerca de 50.000 que denunció el defensor del pueblo en Cataluña en un informe demoledor publicado en 2013.

Las cifras de hambre han aumentado en seis puntos respecto a 2008 en Cataluña, pero el mapa del hambre en España se extiende a todo el territorio. En Andalucía más de 140.000 niños pasan hambre a diario. En Canarias, la comunidad autónoma más pobre, hay 112.000 niños con problemas de malnutrición. En Castilla y León, casi 77.000 personas necesitan de los bancos de alimentos para poder comer. En Valencia 9.000 familias se ven afectadas por una dieta insuficiente.

En total, cerca de dos millones de niños en España pasan hambre.

Dolors Candells, pediatra, reconoce que “cada vez se ven más familias en las consultas que tienen problemas económicos y que tienen que contar con los servicios sociales y con la familia”.

La dieta de muchos tienen importantes carencias, principalmente de carne y de pescado y una alimentación deficiente de los más pequeños terminará afectando a su salud. Una mala nutrición puede derivar en enfermedades que antes tenían un menor número de niños y en problemas en el desarrollo a nivel físico e intelectual.

Las carencias en la alimentación, en ocasiones, conllevan problemas de atención en el colegio porque no se concentran y no obtienen buenos resultados académicos.

Antes y ahora la desnutrición infantil es consecuencia del capitalismo. No se puede acabar con ella sin acabar con el capitalismo.

http://www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/noticias/cerca-dos-millones-ninos-pasan-hambre-espana_2013080757274b794beb28d44602d050.html

¿Por qué la OTAN desató la guerra contra Libia?

1 Para apoderarse del fondo soberano libio que tenía 150.000 millones de dólares invertidos en el exterior o depositados en bancos occidentales y, en buena parte, embargados a causa de las sanciones económicas

2 Con el dinero, Gadafi estaba a punto de crear un nuevo sistema bancario en África que iba a expulsar al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a otros banqueros occidentales en el continente. Se acabaron los préstamos occidentales abusivos, utilizados para paralizar las economías africanas. En su lugar, un Banco de Inversiones Africano, creado con 29.000 millones de euros, se disponía a ofrecer importantes créditos con tasas de interés muy bajas o incluso sin intereses.

Libia había financiado importantes proyectos de infraestructuras en todo África, lo cual ha permitido empezar a conectar las economías africanas y a romper la sempiterna dependencia de las importaciones de los países occidentales.

3 Gadafi exigió a las multinacionales petroleras estadounidenses, que habían sido actores importantes en la industria petrolera del país, que pagaran a Libia decenas de miles de millones de dólares en concepto de compensación por los daños que habían causado a la economía libia las sanciones impuestas, a instancias de Estados Unidos, por el Consejo de Seguridad de la ONU tras el atentado de Lockerbie, a lo largo de los años 90 y la primera década del siglo XXI.

La CIA pagó millones de dólares a testigos en el juicio por el atentado de Lockerbie para que cambiaran sus confesiones e implicaran a Gadafi, lo cual fue utilizado como argumento para aprobar las sanciones de la ONU contra Libia. El gobierno de Estados Unidos mintió y perjudicó a Libia, así que las empresas petroleras norteamericanas iban a tener que pagar compensaciones por los daños causados.

4 Además del oro negro, Libia tenía oro blanco: agua, inmensas lagunas subterráneas que se extienden hasta Sudán. El gobierno de Gadafi había perforado 13.00 pozos en el desierto y construido acueductos para convertir 1.600 kilómetros cuadrados de desierto en cultivos fértiles.

5 Gadafi vinculó el futuro desarrollo económico de Libia y de África más a China y Rusia que a Occidente. Era solo cuestión de tiempo que los planes de la CIA para derrocar a Gadafi pasaran a un primer plano.

Poco antes de la agresión, el 14 de marzo de 2011, Gadafi prometió otorgar las concesiones petrolíferas que tenían las empresas estadounidenses y europeas a empresas rusas y chinas.

6 Los imperialistas querían dividir Libia, un país “inventado” por los colonialistas italianos, para crear gobiernos en Tripolitania, Cirenaica y Fezzan.

7 Para salir del aislamiento diplomático, Gadafi le financió las elecciones presidenciales a Nicolas Sarkozi en 2007, que le traicionó cuatro años después, convirtiendo a Francia en la máxima responsable de la guerra. Un espía francés fue quien asesinó materialmente a Gadafi cerca de Sirte, disparándole un tiro en la cabeza a quemarropa.

8 No sólo mataron a Gadafi. El antiguo ministro del Petróleo, Chukri Ghanem, apareció ahogado en el Danubio al año siguiente.

Voronenkov: retrato de un traidor que muere lejos

Voronenkov, el retrato de un traidor
Hasta octubre del año pasado Denis Voronenko era diputado de la Duma en Moscú por el KPRF, el partido de Ziuganov, que ostenta el título de “comunista”. Entonces huyó de Rusia y se refugió en las faldas de la Ucrania de Poroshenko y sus huestes fascistas, donde renunció a su nacionalidad, cambiándola por la ucraniana. A partir de entonces se dedicó a despotricar contra Rusia.

El jueves fue asesinado a tiros en plena calle de Kiev y su guardaespaldas resultó herido. La policía rusa le buscaba por fraude financiero y, naturalmente, quienes han disparado en su contra son los que cabe sospechar: agentes de Putin.

Pero Voronenkov tenía muchos enemigos. Tanto en Moscú como en Kiev era un miembro de los bajos fondos que no se separaba de su escolta ni un minuto.

Voronenkov había sido coronel en el ejército ruso y de 2004 a 2007 trabajó para la DEA rusa, el Servicio Federal de Control de Drogas, y luego acusó de narcotráfico al Servicio Federal de Seguridad de Rusia.

En abril de 2001 fue detenido por recibir un soborno de 10.000 dólares para presionar en favor de Yevgueni Trostentsov en la Duma. Cuando la policía rusa esperaba a que su inmunidad parlamentaria caducara en diciembre para detenerle, huyó a Ucrania.

Durante su “exilio” en Ucrania había divulgado una supuesta carta del antiguo Presidente ucraniano Yanukovich, despuesto tras el golpe de Maidan, dirigida a Putin en la que le pedía que enviara los tanques a Kiev. Un montaje muy burdo que sólo se creían en la televisión ucraniana.

Sus declaraciones en los medios rayaban a la misma altura, con frases muy apolilladas. En febrero de este año, en una entrevista con Radio Free Europe/Radio Liberty, comparó a la Rusia actual con la Alemania nazi. Es un Estado expansionista, se ha anexionado Crimea...

Es una pena que los debates parlamentarios conserven sus registros porque uno de los diputados rusos que en 2014 votó a favor de la anexión de Crimea fue... Voronenkov quien, además, escribió en su cuenta de Twitter a favor de ella.

En una entrevista realizada pocos días antes de su muerte preguntó: “Dicen que somos traidores a Rusia y yo digo: ¿A quién traicionamos?” Te contestamos nosotros con un poco de retraso: te has traicionado tí mismo y no sólo una vez, sino varias.

 Mensaje de Voronenkov a favor de la anexión de Crima por Rusia

viernes, 24 de marzo de 2017

La CIA elaboró planes para desatar una guerra contra Siria en 1983

Graham Fuller, la antena de la CIA en Estambul
En relación con el golpe de Estado en Turquía ya hemos aludido aquí varias veces a Graham Fuller, una de las antenas más importantes de la CIA en Oriente Medio (1). Sus vínculos con Siria son menos conocidos, a pesar de ser muy antiguos.

En un documento (que hoy es de acceso público) redactado el 14 de setiembre de 1983, Fuller informaba (2) a sus jefes en Langley de la importancia estratégica de Siria para Oriente Medio y de la necesidad de derrocar al gobierno del Baas, entonces dirigido por Hafez Al-Assad.

“Estados Unidos debe incremntar seriamente la presión sobre Assad dirigiendo ataques militares en secreto simultáneamente contra Siria a partir de tres países hostiles a Siria: Irak, Israel y Turquía”, escribía Fuller y después justificaba los motivos de elegir a esos tres países.

El caso de Irak también lo hemos mencionado aquí (2). Por su parte, Fuller proponía iniciar ataques aéreos desde el país vecino, entonces gobernado por Saddam Hussein, con con el único fin de abrir el gasoducto, del que también hablamos en otra entrada (3). Israel debía presionar militarmente en Libano, que entonces estaba ocupado por tropas sirias, mientras Turquía debía atacar a las bases (kurdas, armenias y comunistas) en el norte.

“Colocado ante tres frente hostiles, Assad probablemente estaría obligado a abandonar su política, que consiste en cerrar el gasoducto. Una conesión así aliviaría la presión económica que pesa sobre Irak y obligaría a Irán a poner fin a la guerra”, en referencia a la que los imperialistas habían provocado entre Irak e Irán.

Fuller consideraba que Siria se enfrentaba a Estados Unidos en dos puntos fundamentales. El primero era su negativa a retirar las tropas de Líbano, lo que perjudicaba a Israel. El segundo era el cierre del gasoducto irakí, que había puesto en dificultades a la economía del país vecino.

Irak era la pieza clave del ataque. En plena guerra contra Irán, el plan de Fuller consistía en trasladar la guerra de Irak a Siria, en la que Saddam Hussein contaría con el apoyo de los demás países árabes, con excepción de la Libia de Gadafi. La apertura del gasoducto permitiría a Irak financiar su guerra contra Irán.

En su informe, Fuller analiza la perspectiva de que Irak tuviera que combatir en dos frentes distintos: Irán en el este y Siria en el oeste. Esa situación podía conducir a Saddam Hussein a pensar que Estados Unidos le estaba tendiendo una trampa para debilitar al gobierno irakí. Para disipar las dudas, el dirigente irakí debía verse arropado por los ataques simultáneos de Israel y Turquía y, naturalmente, por el apoyo pleno del Pentágono, sobre todo el materia de inteligencia.

Al final del documento Fuller analiza el papel posible de la URSS, que en varias ocasiones había pedido a Al-Assad la apertura del gasoducto debido a sus buenas relaciones con Irak. Al enfrentar a dos de sus aliados (Irak y Siria) en una guerra mutua, la URSS tendría muchas dificultades en Oriente Medio.

El león del desierto

La película, estrenada en 1981, relata la biografía de Omar El-Mojtar, un anciano combatiente que se levanta en armas contra los colonialistas -y fascistas- italianos. El levantamiento fracasa y el anciano guerrillero, que interpreta con su habitual maestría Anthony Quinn, es capturado y ahorcado públicamente.

Hasta hace apenas 100 años, Libia era una parte del Imperio Otomano de la que se apoderó Italia. Desde el principio las diferentes tribus del norte de África se opusieron ferozmente a los nuevos amos. Los libios estaban organizados en cofradías o hermandades de tipo feudal, donde los religioso, lo político, lo militar y lo social se fundían.

Las guerras de Libia corrían paralelas a las del Rif, donde los colonialistas españoles enviaron a sus peores carniceros, la legionarios, encabezados por generales como Millán Astray o Franco. Los italianos enviaron en 1932 al general Rodolfo Graziani para aplastar el levantamiento armado de Omar El-Mojtar, “El jeque de los militantes” y “El león del desierto”.

Diez años después, una vez llegados los fascistas al gobierno, Graziani logró capturar a El-Mojtar y lo encerró en el Palacio del Gobierno de Bengasi, a donde fue a visitarle. ¿Quién era aquel anciano indomable que durante años había mantenido la guerra de guerrillas contra el poderoso ejército colonial fascista?

El libro de memorias del general italiano, “Cirenaica pacificata”, escrito al año siguiente, rememora el encuentro. Describe al anciano como un viejo modesto, disminuido y con los pies deformados por la enfermdad de gota que padecía. A pesar de ello, los fascistas le mantenían esposado y encadenado. Cuando el general se acerca, el anciano le tiende la mano, que el otro rechaza. Los fascistas no admiten ninguna clase de treguas.

El colonialismo ejerció de juez y parte abriendo un consejo de guerra contra el guerrillero, que fue presidido por Graziani en persona. Fue la típica farsa que duró una hora y media. En el interrogatorio éste le dice que miles y miles de libios han muerto por su culpa. “¿Merecía la pena?”, le pregunta:

El-Mojtar: Han muerto al servicio de una buena causa. Están en el paraíso
Graziani: Eso es fanatismo religioso.
El-Mojtar: No, eso es fe.


En un momento dado del intercambio, el anciano se siente fatigado y le pide un asiento al general italiano, que accede:

Graziani: Siéntate y escucha. Aún puedes salvar tu vida. Con tu autoridad, ¿puedes lograr la sumisión de los rebeldes de Djebel?

El-Mojtar: Estando preso no puedo hacer nada y, por lo demás, jamás haría eso. Todos hemos jurado morir, uno tras otro, pero no someternos. Yo jamás me sometería por mi propia voluntad. Eso es seguro.


Al día siguiente, los italianos ahorcaron al anciano en el campo de concentración de Soluk ante una muchedumbre de 20.000 personas. Subió al cadalso sujetando sus gafas entre las manos, que se le deslizan de ellas tras el último aliento.

En la escena final de la película, un niño corre hacia el cadáver que cuelga de la soga para recuperarlas, una metáfora de la continuidad de la lucha contra el colonialismo -y el fascismo- en los tiempos que corren. Mueren los héroes ancianos, pero su lucha la continúan desde la infancia otros héroes.

El suelo de Camboya sigue sembrado con las bombas que lanzó Estados Unidos hace 45 años

Camboya ha detenido la retirada de bombas lanzadas por el ejército de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam hasta conseguir más donaciones internacionales para desactivar los restos de 500.000 toneladas de explosivos que cayeron en su suelo durante el conflicto.

Dos barriles repletos de gas lacrimógeno permanecen enterrados en el remoto pueblo de Kokir, en la provincia de Svay Rieng, cerca de la frontera con Vietnam, en una zona que formaba parte de la ruta de suministro del Ejército norvietnamita a través de Laos y Camboya.

Las labores de retirada de las bombas químicas estaban programadas para febrero; sin embargo, el secretario general de la Autoridad Nacional para la Prohibición de Armas Químicas, Nucleares y Radiológicas, Chey Sun, dijo que los artefactos permanecerán enterrados hasta que no se consigan más fondos.

“Necesitamos dinero para los grupos de trabajo, trajes protectores y sustancias para limpiar el lugar. Necesitamos gente para limpiarlo y dinero. No es tan fácil como ir a los campos de arroz y coger ranas o cangrejos”, dijo Chhey Sun al diario local Cambodia Daily.

Chhey Sun espera contar con el apoyo de los países que ya han contribuido en mayor medida a las labores de retiradas de minas y otros restos de guerra, como Estados Unidos, Japón y Australia.

“No hay suficiente dinero de los Estados Unidos”, dijo Chey Sun al citado medio al estimar un gasto de 3.000 dólares para la retirada de los barriles cuya sustancia no es letal.

En contrapartida, la embajada estadounidense en Phnom Penh asevera que en las dos últimas décadas ha contribuido con más de 114 millones de dólares a eliminar “restos mortales de guerra”.

“Nuestro foco primario es remediar las amenazas más peligrosas, como minas y artefactos sin detonar”, dijo el portavoz de la embajada de Estados Unidos en Phnom Penh, Jay Raman, en un correo electrónico.

Raman asegura además que entre 2015 y 2016 el departamento de Defensa de Estados Unidos llevó a cabo un entrenamiento con las fuerzas armadas camboyanas para identificar e inutilizar contenedores de gas CS y poder neutralizar vertidos químicos.

La controversia por los fondos adicionales llega después de que el primer ministro, Hun Sen, haya pedido en varios discursos públicos recientes a la nueva administración de Estados Unidos que perdone la deuda que Camboya tiene con Washington desde los años setenta y que asciende a 500 millones de dólares.

El embajador de Estados Unidos en Camboya, William Heidt, argumentó a los medios locales la semana pasada que “no está en el interés de Camboya mirar al pasado, si no a como resolver esto [la deuda] porque es importante para el futuro de Camboya”.

Casi 20.000 personas han muerto a causa de minas y bombas sin detonar desde 1979 en Camboya, según datos oficiales, aunque la cifra anual se ha reducido drásticamente de miles de muertos al año en los noventa a menos de cien en 2016.

Aún así todavía quedan cerca de 1.950 kilómetros cuadrados por limpiar de minas y bombas “dormidas”, sobre todo en las provincias del oeste, la zona con mayor densidad de minas por la guerra civil camboyana.

En el pueblo de Kokir, los dos barriles con químicos descansan bajo tierra cerca de una escuela en el interior de una pagoda budista, donde estudian dos centenares de niños.

No lejos de las bombas, unos constructores taladran los cimientos para construir un nuevo edificio dentro de la pagoda, mientras ninguna señal alerta de la presencia del gas lacrimógeno.

“Decidimos hacerlo este año [la retirada de las bombas] porque queremos usar este comedor como lugar para celebrar ceremonias. Los ancianos del pueblo nos dijeron que en 1972 los estadounidenses lanzaron bombas químicas en la pagoda, dijo uno de los miembros del consejo municipal, Chhun Sakun.

Al ser consultadas, varias familias de la zona negaron efectos visibles en su salud a causa de los barriles y no mostraron interés en la responsabilidad de Estados Unidos.

Sin embargo, Dom Somhon, jefe del pueblo de Kokir de 75 años, considera que Estados Unidos debería “ayudar al pueblo camboyano por lo que hizo en el pasado en Camboya”.

Los bancos británicos lavan el dinero negro procedente de las mafias rusas

Seguramente nuestros lectores conocen la animadversión que hay en Europa por cualquier cosa que huela a Rusia, Putin o Kremlin. Es posible que también sepan que, desde 2014, hay sanciones económicas contra Rusia, sus exportaciones y sus mercados, acausa de la intolerable anexión de Crimea.

Entonces quizá puedan explicarnos la siguiente noticia con la que nos obsequia el diario británico The Guardian: 17 grandes bancos británicos, como HSBC, Royal Bank of Scotland, Lloyds, Barclays y Coutts, formaban parte de una red de blanqueo de dinero procedente de Rusia que ha transferido 740 millones de dólares (*).

Se trata de una operación, llamada “Laundromat Global” (Lavado Mundial), organizada a escala militar, ya que involucraba al menos a 500 personas, especialmente banqueros y oligarcas.

Según cifras oficiales, entre 2010 y 2014 salieron de Rusia casi 20 millones de dólares, aunque podrían alcanzar los 80 millones. El informe documenta 70.000 transacciones bancarias, de las que casi 2.000 han pasado por bancos británicos y 373 por los estadounidenses.

El dinero salía de Rusia a través de bancos moldavos y letones, desde donde se dirigían hacia Estados Unidos y Gran Bretaña, a bancos como Citibank o Bank of America.

Los datos publicados por The Guardian proceden de documentos obtenidos por la OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project), un grupo que investiga el crimen y la corrupción a gran escala, que ha trabajado en colaboración con la revista rusa Novaia Gazeta.

“Evidentemente el dinero había sido robado o tenía otro origen criminal”, dice la OCCRP.

(*) https://www.theguardian.com/world/2017/mar/20/british-banks-handled-vast-sums-of-laundered-russian-money

jueves, 23 de marzo de 2017

La Guerra de Yemen no se financia con plegarias sino con petróleo

No hay ningún mequetrefe de esos “expertos” en geoestrategia que aparecen por los medios de comunicación que no se llene la boca recurriendo a la religión para explicar la Guerra de Yemen. Es muy sencillo: hablando de países árabes, todos los problemas se reconducen a la religión, sobre todo si se trata de guerras porque el islam es así: violento, agresivo, belicista... Por el contrario, el petróleo no es ni violento, ni agresivo, ni belicista, y los monopolios petroleros tampoco.

El imperialismo tira la piedra y esconde la mano. Para eso tiene a su manada de “analistas” a sueldo, encargados de ocultar los datos más básicos de cualquier guerra. En el caso de la Guerra de Yemen, esos datos se ocultan porque los mequetrefes comen de la mano que les tiende una de las partes de la guerra, Arabia saudí, un país que desde su mismo nacimiento ha desatado numerosas guerras de agresión contra Yemen.

A favor de Yemen juega una pequeña ventaja: a causa del dinero saudí, el interés por ella es ínfimo, por lo que no proliferan esos que ponen a “unos y otros” en la balanza, a los agresores con los agredidos, a las víctimas con los victimarios. En la Guerra de Yemen hay un único responsable que es Arabia saudí, que con la ayuda del imperialismo estadounidense intenta apoderarse de los recursos petrolíferos de Yemen porque los suyos no le resultan suficientes.

Arabia saudí desencadenó su primera guerra contra Yemen en 1934, en la que ocupó las provincias de Jizan, Assir y Najran. En otras dos guerras desatadas en los años setenta del pasado siglo se apoderó de Wadiya y Sharura. En la actual guerra el objetivo es adueñarse de Hadramaut, en el sur, donde en 1979 una multinacional italiana descubrió los primeros yacimientos. Posteriormente apareció más petróleo también en otras provincias, como Marib y Jawf.

Yemen tiene una reservas de petróleo estimadas en 4.000 millones de barriles. En 2010 producía 250.000 barriles diarios y luego apareció el gas. La multinacional francesa Total levantó una central de licuado para destinarlo a la exportación. Riad y Washigton han llegado a un acuerdo para congelar la explotación de los yacimientos durante 30 años. La presión que ejercieron para que el gobierno yemení cesara las prospecciones no surtió efecto.

Gracias a la guerra Arabia saudí se apodera del 63 por ciento de la producción petrolera de Yemen en las regiones fronterizas entre ambos países, en colaboración con el presidente depuesto, Mansour Hadi. Con el petróleo saqueado a Yemen, los jeques saudíes compran las armas y pagan a los mercenarios de Blackwater que mantienen la guerra contra 26 millones de yemeníes. En 20 meses de guerra, Riad ha comprado armas en Estados Unidos por valor de 70.000 millones de dólares.

Estados Unidos justifica su colaboración con la agresión saudí y sus bombardeos con la excusa de la lucha contra Al-Qaeda, la misma a la que apoya en Siria. Sin embargo, recientemente en Yakla, en el centro de Yemen, las bombas cayeron sobre la población civil.

Hasta la fecha el saldo no son divisas sino 10.000 muertos, la mayoría civiles, 40.000 heridos, tres millones de desplazados, 200.000 refugiados y 14 millones que necesitan ayuda alimentaria, de los que cinco millones pueden fallecer en las próximas semanas a causa del bloqueo impuesto por los saudíes.

Mientras, las televisiones se escandalizan por la muerte de tres personas en Londres en un brutal acto terrorista. Entonces, ¿cómo calificar a la Guerra de Yemen?

La miseria se cronifica y convierte en un problema estructural en España

El capitalismo ha instalado a la sociedad española “en la precariedad”, asegura la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales en un informe presentado ayer. La asociación se pregunta si “nos están robando el futuro” y destaca la concepción de que la pobreza se ha convertido en un problema estructural en España porque afecta a un elevado porcentaje de personas y familias, y también por su cronificación debido a las dificultades que estas personas tienen de salir de esta situación.

Unos 20 millones de personas en nuestro país sufren en uno u otro grado situaciones de pobreza. Las situaciones más extremas afectan a entre 1,5 y 3 millones de personas. Estos serían hogares en los que no entra ningún ingreso y personas con ingresos inferiores al 30 por ciento de la mediana de la renta.

En esta categoría de “pobreza severa” se encuentran quienes ni siquiera pueden permitirse comer carne, pollo o pescado una vez cada tres días. Otras situaciones graves de pobreza afectarían a diez millones de personas. Son aquellas que tienen ingresos por debajo del umbral de la pobreza o que tienen muchas dificultades para llegar a final de mes, y graves carencias materiales, como no poder mantener su casa a una temperatura adecuada, la llamada pobreza energética, o han tenido retrasos relacionados con pagos de la vivienda principal.

Al menos otros seis millones de personas viven situaciones carenciales, es decir, que no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos, o no se pueden permitir siquiera una semana al año de vacaciones fuera de su casa. Por todo ello, la asociación considera que la pobreza en España es “un problema sistémico” y “cronificado”.

El informe introduce el concepto de “transmisión intergeneracional de la pobreza”. La falta de movilidad social aboca a la transmisión de la pobreza, ésta se hereda y con ello “se configura lo que algunos definen como un nuevo feudalismo social. Entre los ejemplos propuestos resalta la continua caída de la renta media de los hogares desde 2009 hasta 2015, que da idea del empobrecimiento que afecta a la mayor parte de la sociedad. En estos seis años la renta media por hogar se ha reducido en casi 4.000 euros anuales.

La pobreza se puede hacer crónica especialmente en hogares con menores de edad. “Hay suficientes evidencias de que los niños que nacen y viven su infancia y adolescencia en hogares pobres tienen muchas dificultades para mejorar su estatus socioeconómico y un porcentaje muy elevado de ellos están condenados a reproducir o incluso agudizar la pobreza”, afirman. Los servicios sociales atienden a diversas generaciones de una misma familia y que son conocedores de las grandes dificultades que entraña conseguir, más allá de la subsistencia, superar una pobreza arraigada. “La actual situación estructural de la pobreza en España, por su extensión y por su cronificación, puede estar generando para el futuro nuevos núcleos de pobreza más arraigada, que se reproduce a sí misma y que constituye un camino seguro a la cronificación de situaciones no solo de pobreza, sino de exclusión social”, añade.

“Una buena parte de la sociedad española vive situaciones de precariedad. No son personas o familias pobres, pero se encuentran en situaciones límite, en las que cualquier eventualidad puede abocarlas a la pobreza”. Este núcleo estaría contabilizado en los 6 millones de personas que se mencionaban anteriormente. Entre los aspectos que concretan la precariedad resaltan el alto factor de temporalidad y trabajos a tiempo parcial que existen en nuestro país.

Las desigualdades “han sufrido un gran incremento en España en los años de crisis, no como consecuencia inevitable de la crisis, sino por un modelo político, económico y social injusto, que se inició antes de la crisis, que se ha agudizado durante la crisis y que se mantiene actualmente”. En Europa sólo nos superan en índice de desigualdad países como Serbia, Rumanía, Lituania y Bulgaria.

https://www.cuartopoder.es/deidayvuelta/2017/03/23/la-pobreza-en-espana-se-hace-cronica-20-millones-de-personas-estan-en-riesgo/13269